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\\
ANTOLOGÍA
DE
POETAS LÍRICOS CASTELLANOS
N
BIBLIOTECA OLASÍOA
TOMO CCV
J\ IN J. v^ Jmí V^ vJ 1 /\. -^w .....^»^.. ■ .1 ui, I
DE
DESDE li FORMACIÓN DEL IDIOMA HASTA NUESTROS DÍAS
ORDENADA POR
D. UECEUIÍO IMÉNDEZ T FEITO
De la Real Academia Española.
TOMO VII
MADEm
LIBRERÍA DE HERNANDO T G.^
Calle del Arenal, núm. ix.
i898
r
ES PBOPIEDAD
Imprenta de Hernando y C.^, Quintana, 33.
ADVERTENCIA PRELIMINAR
Con este séptimo volumen termina la exposi-
ción de la lírica erudita y artística de los tiempos
medios. Las últimas manifestaciones de esta es-
cuela dentro de la literatura del siglo xvi, y su
resistencia contra la invasión del gusto italo-clá-
>
sico, serán oportunamente estudiadas cuando lle-
guemos á tratar de la edad de oro.
Como las poesías selectas de los autores & quie-
nes nos referimos en este tomo han sido ya im- .
presas en los anteriores , nos limitamos á aña-
dir, á título de mera curiosidad bibliográfica, la
imitación ó paráfrasis de las Bucólicas de Virgilio
hecha por Juan del Enzina, la cual sólo se halla
en las primitivas ediciones de su Cancionero, to-
das ellas rarísimas.
/
rtB
\
PRÓLOGO
Por el número y variedad de sus producciones; por
el feliz consorcio que en muchas de ellas hicieron la
musa popular y la erudita; por su doble carácter de
poeta y preceptista; por su importancia en la historia
del arte lírico-musical, y, finalmente, por su venerable
representación en los orígenes de nuestra escena, es
Juan del Enzina el ingenio más digno de estudio entre
cuantos florecieron en tiempo de los Reyes Católicos.
No pretendemos abarcar en este bosquejo los múltiples
aspectos de tan interesante figura. Sólo á título de
poeta lírico figura en esta antología Juan del Enzina, y
á tal consideración habremos de subordinar nuestro
trabajo, donde sólo inciden talmente pueden entrar los
demás merecimientos artísticos que hacen el nombre de'
Enzina tan recomendable.
La biografía de este preclaro varón, casi ignorada
hasta nuestros días, á pesar de los loables conatos de
D. Gregorio Mayans en su Noticia de los traductores
'de Virgilio; de D. Leandro Pernández de Moratín en
su obra clásica sobre los Orígenes de nuestro teatro; de
Tomo VII. 1
II LÍRICOS CASTELLANOS
m
Gallardo en sus inestimables cédulas bibliográficas, y
de Fernando Wolf en un breve artículo de la Encielo^
pedia de Grüber, va recibiendo en estos últimos años
inesperada claridad por virtud de los felices hallazgos
y de las doctas inducciones de varios eruditos y afi-
cionados (1). Quedan, sin embargo, muchos vacíos y
no pocos puntos opinables, que sólo en una monogra-
fía podrían tratarse á fondo.
Ateniéndonos á lo más cierto y averiguado, comen^
zaremos por decir que no hay duda en cuanto al año
del nacimiento del poeta, aunque pueda haber alguna
en cuanto á su patria. Nació en 1469, puesto que tenía
cincuenta años cumplidos al emprender su peregrina-
ción á Jerusalén, en 1519, según él mismo declara, en
pésimos metros, en su Trivagia (2). Fué hijo de la ciu-
dad de Salamanca, ó de un lugar cercano llamado En-
cina, según opinaba D. Bartolomé Gallardo, fundándo-
se en estos versos de un villancico suyo:
(1) Cañete (D. Manuel): Teatro completo de Juan del £nzina,
publicado por la Academia Española ea 1893, con adiciones del
Sr. Barbieri.
Asenjo Barbieri (D. Francisco): Cancionero musical español de
los siglos XV y XV J^ publicado por la Academia de San Fer-
nando en 1890.
Gotarelo (D. Emilio): Juan del Enzina y los orígenes del Tea-
tro español (articules publicados en La España Moderna^ 1894);
Mitjana (D. Bafael): Sobre Juan del Enzina^ músico y poeta.
Nuevos datos para su biografía. Málaga, 1895.
(2) Los años cincuenta de mi edad cumplidos,
Terciado ya el año de los diez y nu€ve,
Después de los mil v quinientos encima
Y el fin ya llegado de la vera prima.
Que el día es prolijo, la noche muy breve;
Mi cuerpo y mi alma de Eoma se mueve,
Tomando la vía del santo viaje-
PRÓLOGO lll
¿Es quizá vecina
De allá, de tu tierra?
—Yo soy del Encina,
Y ella es' de la sierra...
Á lo cual paede añadirse este paso, todavía más sig-
nifícativo, en que el poeta parece distinguir entre su
nacimiento en la aldea y su crianza en la Universidad
salmantina:
Aunque sos destos' casares
De aquesta silvestre encina,
Tú sabrás dar melecina
I
A mis cuitas j pesares,
Pues allá con escolares
Ha sido siempre tuerto...
De los alegres tiempos de su vida estudiantil queda
memoria en el Auto del Repelón, primero aunque rudí-
simo esbozo del entremés castellano. Puede conjeturar^
se que fué en Humanidades uno de los primeros discí*
pulos del maestro Nebrija, puesto que la doctrina mé-
trica que en su Arte de la poesía castellana expone está
substancialmente conforme con la que aquél había en-
señado en su Qramátka Castellana, Es sabido que Ne-
brija volvió de Italia en 1473, y qu6 la primera edición
de su Arte latino se hizo en 1481, que es aproximada-
mente la fecha en que Juan del Enzina debía contarse
entre la regocijada turba escolar de Salamanca, que be-
bía de los labios del ilustre filólogo andaluz la enseñan-
za y el espíritu del Renacimiento. Entonces adquirió
Enzina la cultura clásica de que da muestra en su ele-
gante paráfrasis de las Bucólicas virgilianas, y que le
fué útil hasta para sus ensayos dramáticos, donde se
nielan las reminiscencias de la antigua poesía pasto-
IV líricos castellanos
ríl con la tradición del drama litúrgico y popular de
los tiempos medios.
La vocación poética, asi cómo la musical, se desarro-
lló muy pronto en Juan del Enzina. La mayor parte
de las obras de su Cancionero^ según él añrma en la
dedicatoria á los Reyes Católicos, «fueron hedías desde
los catorce años hasta los veinte y cinco»\ por lo cual in-
voca en su favor el privilegio de menor edad. Proba-
blemente como músico, más bien que como poeta, entró
muy joven al servicio del duque de Alba D. Fadrique
Alvarez de Toledo, acaso por recomendación de su
hermano D. Gutierre, cancelario de la Universidad de
Salamanca en los mismos años en que Enzina estudiaba.
La época de mayor actividad literaria de nuestro
poeta puede fijarse entre 1492, iecha de su imitación
de las églogas de Virgilio, y 1496, en que por primera
vez aparecieron sus obras recopiladas en un Cancione"
ro, que, además de la parte lírica (poco aumentada, y
aun mermada, en las ediciones sucesivas), contiene ya
ocho de sus piezas dramáticas, cuyas rúbricas nos in-
forman de las circunstancias de la representación, que
fué puramente doméstica, tomando parte en ella el au-
tor mismo, que hace frecuentes alusiones á los sucesos
de su tiempo, por lo cual es fácil casi siempre la deter-
minación de las fechas. Aderezábanse estas sencillas
representaciones, ora sagradas, ora profanas, con la
música y letra de los villancicos que el mismo Juan
del Enzina componía para solaz de sus nobles patro-
nos, y que en gran parte se encuentran asonados en el
Cancionero musical de la biblioteca de Palacio, que des-
cifró é ilustró Barbieri.
La más antigua de estas composiciones escénicas.
PROLOGO V
qae es una égloga de noche de Navidad representada
eu 1492, nos permite fijar la feclia en que Juan del
Enzina entró como familiar en el castillo de Alba de
Termes, paesto que en. ella se maestra muy alegre é
ufano, porque sus señorías le habían ya recebido por
suyo. Fué sin duda el director dé espectáculos, el ar-
bíter elegantiarum de su palacio, lo mismo en las rego-
cijadas noches de antruejo ó Carnestolendas, que en
aquellos días en que devotamente se conmemoraban la
Pasión ó la Resurección de Nuestro Señor Jesucristo.
De una de las églogas de Juan del Enzina consta
que fué representada en presentsia del príncipe Don
Juan, que debe contarse entre los mecenas de nuestro
poeta, puesto que á él está dedicada la traducción de
las bucólicas virgilianas. La inesperada muerte de
aquel príncipe en 1497 itispiró al vate salmantino una
que llamó Tragedia trovada, sin duda por lo doloroso
del asunto; pero que nada tiene de dramática, siendo
meramente un poema en coplas de arte mayor, confor-
me al estilo de Juan de Mena.
De 1498 es una égloga, comúnmente llamada la de
las grandes lluvias, por aludirse en ella á las copiosísi-
mas que cayeron en dicho año. De ella se infiere que
Juan del Enzina pretendió inútilmente por aquello^
días una plaza de cantor, vacante en la catedral de Sa-
lamanca (1).
(1) Juan.
Y acuntió que en aquel día
Era muerto un sacristán.
ROBBIOAOHO.
¿Qué sacristán era, di?
Juan.
ün huerte canticador.
VI líricos castellanos
Quizá el fracaso de esta pretensión suya fué lo que le
indujo á buscar fortuna en Italia como profesor de su
Antón.
¿El de Ift igreia mayor?
J(7AN.
Ese mesmo-
RODKIGAOUO.
¿Aquese?
Joan.
Sí.
BODRIOAOHO.
. Jaro á mí
Que canticaba muy bien.
MiOUBLLEJO.
¡Oh, Dios lo perdone, amén!
Antón.
Hágante cantor á ti.
RODRIQAOHO.
El diabro te lo dará,
Que buenos amos te tienes;
Que cada que vas é vienes,
Con ellos muy bien te va.
MiOUELLEJO.
No están ya
Sino en la color del paño;
Más querrán cualquier extraño
Que no á ti que sos d'allá-
RODRIGACHO.
Dártelo han, si son sesudos.
Juan.
Sesudos é muy devotos;
Mas hanlo de dar por votos.
'RoDKIGACHO.
Por votos no, por agudos.
Aun los mudos
Habrarán que te lo den.
PEÓLOGO Vil
divino arte. Del largo periodo en que residió en Eoma,
y que fué sin duda capital para el desarrollo de su ta-
lento artístico en el doble concepto de la música y de la
poesía, tenemos muy obscuras, vagas y contradictorias
noticias, algunas délas cuales deben rechazarse en ab-
soluto, como la de haber sido Juan del Enzina, en tiem-
po de León X, maestro de la Capilla Pontificia; cargo
honorífico que entonces, y aun mucho después, no se
concedía más que á obispos y altos personajes eclesiásti-
cos, como oportunamente recuerda Barbieri. Pudo ser,
y es verosímil que fuese, cantor de la capilla del Papa;
pero ni aun eso se ha probado hasta ahora con docu-
mento fehaciente.
Muy natural parece que influyesen en el gusto de
Juan del Enzina los primeros conatos de 1& Talía ita-
liana, como influyeron poco después' en Torres Naha-
rro; pero lo cierto es que la única pieza de nuestro sal-
mantino que con certeza conste haber sido compuesta
en Boma, la Égloga de Plácida y Victoriano (que el
autor del Diálogo de, la lengua prefería á todo lo restan-
te de sus obras], aunque más larga que cualquiera otra
JVÁS.
Mía fe, no lo sabes bien;
Machos hay de mí sañudos.
Los unos no sé por qué?
E los otros no sé cómo,
Ningún percundio les tomo,
Que nunca lie lo pequé.
MlQUBLLKJO.
Á la fe.
Unos dirán que eres lloco,
Los otros que vales poco-
Juan.
Lo que dicen bien lo sé.
YHI fr LÍRICOS GASTULLAKOS
de SUS farsas, sagradas 6 profanas, nada presenta en
su artificio que substancialmente la distinga de las anter
riores; y si alguna inñaencia coetánea puede reeono-
oerse en ella es la de la famosa novela de Diego de San
Pedro, Cárcel de amor, en lo que* toca al suicidio del
héroe; y la de las irreverentes parodias de G-arci Sán-
chez de Badajoz en la Vigilia de la enamorada muerta,
que fué probablemente la principal razón que tuvo el
Santo Oficio para poner esta égloga en su índice.
Lo que no puede dudarse es que algunas de las pie-
zas de Juan del Enzina fueron representadas en Boma
y ante un auditorio, si por una parte muy aristocráti«
co, por otra nada ejemplar en. sus costumbres y di-
versiones. Así lo prueba un curiosísimo documento na
citado todavía por los eruditos españoles, aunque di*
vulgado ya entre los italianos. Stazio Gádio, escribién*
do al Marqués de Mantua desde Eoma, le describe una
cena que en la noche del 10 de Agosto de 1513 había
dado el Cardenal su primo, á la cual había asistido el
marquesito Federico Gonzaga, qú^ ¿ la sazón no pa-
saba de los diez años; siendo los demás comensales el
Cardenal de Aragón, el Cardenal Sauli, el Cardenal
Coniaro , algunos obispos y caballeros y la cortesana
Albina, El jueves anterior la recreación había sido en
casa del Cardenal de Arbórea, donde se había recitada
en español una comedia de Juan.de la Enzina, asistien-
do á ella piú puitane spagnuole che uomini italiani (1),
Ambas fiestas fueron verdaderas orgías, y todavía se
(1) A. jSraf, Atfraverao il Cinquecenio (Torino, 1888), pági-
nas 264-265, refiriéndose á la carta publicada por Luzio en su Me-
moria sobre Federico Gonzaga oatagio alia corte di Giulio II
(en el Are. della R. Societá Romana di storia patria).
PROLOGO IX
refieren otras más escandalosas en la correspondencia
del mismo agente mantuano (1).
Faede afirmarse casi con seguridad qae la comedia
representada en el banquete del Cardenal de Arbórea
fué la de Plácida y Vitoriano, que Juan del Enzina com-
puso en Roma, según termiDántemente afirma Juan de
Valdés, y de la cual Moratin cita una edición romana
de 1514, que no ha sido descubierta hasta ahora, pero
que debe de existir, puesto que su fecha concuerda ad-
mirablemente con los datos transcritos. Y como no ea
de suponer que á tan ilustres personajes como los que
realzaron el esplendor de aquel fastuoso sarao se les
fuesen á servir manjares fiambres, creemos sin escrú-
pulo que la égloga fué escrita ad hoc y representada por
primera (y aaaso única vez) en los primeros días de
Agosto de 1613.
Y aquí la imaginación puede darse libre camino, re^
construyendo á su placer aquella pagana fiesta, con
cuyo tono cuadraban á maravilla los chistes más que
deshonestos de Eritea y Falgencia, que debieron de ha-
cer^ morir de risa al Cardenal Cornaro, no menos que
á la signara Albina.
Para entonces la fortuna ñiostraba mejor semblante
(1) Por ejemplo, la cena de 11 de Enero d^l xnismo año 1513,
también en caca del Cardenal de Ma&tua, y en la caal, ademán,
de los comensaleA ya citados (entre los cuales no falla, por su-
p^nesto, la famosa Albina), estavíeron el Arzobispo de Salerno»
el de Spalatro, el Obispo de Ficarico, Bernardo da Bibblena (que
fué después cardenal, autor de la desvergonzadísima comedia
Calandria, una de las más antiguas del teatro italiano) y el bufóa
de León X^ Fr. Mariano, que hizo k la mesa sus acostumbrados
caprichos^ Por final, dice candorosamente el narrador: Dopo cena
iasao Judicar á Tf. Ex, che 9i fece.
<
X líricos castellanos
á Juan del Enzina, acaso por inflajo de algún Mecenas
desconocido, que bien pudo ser el Cardenal de Aragón.
Obtuvo» pues, sucesivamente, aun antes de ser clérigo
de íuisa, varios beneficios y prebendas eclesiásticas que,
según era frecuente en la relajada disciplina de aque-
llos tiempos, tuvieron más de nominales que de efec-
tivos, salvo en lo de cobrar las rentas, puesto que de
la residencia se curó poco ó nada, pasando la mayor
parte del tiempo in curia.
Según noticias que un curioso del siglo pasado ex*
tracto en el archivo de la Santa Iglesia de Salamanca,
y que desde aquella ciudad fueron comunicadas en 1 867
á D. Manuel Cañete, cuando se ocupaba en preparar su
edición del teatro de Enzina (1); el Papa Alejandro VI,
en 15 de Septiembre de 1502, hizo merced á nuestro
poeta de una ración de la catedral de Salamanca, va-
cante por muerte de Antonio del Castillo. En la Bula
se llama á Enzina Clérigo salmantino, Bachiller, fami-
liar de S. S. y residente en la curia romana.
Seis años después había ascendido de la categoría
de racionero á la dignidad de' arcediano de Málaga.
El archivo capitular de aquella iglesia, explorado
en buena hora por el ínleligente aficionado musical
D. Baíael Mitjana, nos ofrece interesantes y copio-
sos datos sobre esta época de su vida. Extractaremos
lo más esencial.
(1) El docamonto original no ha sido encontrado aiin, por
haber cambiado de nameración los legajos de aqael archivo,
pero no parece qne pnede dudarse de sa existencia, pnesto que
lo qae se^ cita de su contenido nada afirma qae sea inverosímil,
y qne no encaje perfectamente con todo lo demás qae sabemos
de la vida de Enzina.
PKÓLOGO Xí
£q el acta del cabildo celebrado el día 1 1 de Abril
de 1509 consta: que el honrado Pedro Rermosüla, veci-
na desta dicha cibdad, exhibió una preaentación firma-
da del Bey D. Fernando, dando conocimiento al ca-
bildo de que el Nuncio de S. S., con asentimiento del
obispo de Málaga D. Diego Ramírez de Yillaescusa,
había hecho colación y canónica institución al licenciado
/>. (sic) Juan del jEnzina, clérigo de la diócesis de Sa-
lamanca, del Arcedianazgo Mayor y calongia á él
anexa, desta dicha iglesia y cibdad de Málaga, por
renuncia que había hecho en «ud manos el licenciado
D. Bodrígo de Enciso, maestro en Sagrada Teología
y último poseedor de aquella dignidad. Tomóse jura-
mento y dióse posesión al mencionado Pedro de Her-
mosilla, como procurador de Juan del Enzina, firman-
do el acta Gonzalo Pérez, notario apostólico y secreta-
rio del Cabildo.
Hasta el 2 de Enero de 1510 no consta que Juan
del Enzina residiese en Málaga, ni se lee su nombre
en ninguna acta capitular. En Marzo de dicho año fué
comisionado por su Cabildo para ir á la corte, junta-
mente con el canónigo D. Gonzalo Pérez, para que
cparesciesen ante SS. MM. el Bey y la Beina, y ante
su Conseio é Contadores mayores, y practicasen cuan-
tas diligencias fuesen conducentes sobre la Dotación y
Privilegio destfi Santa iglesia y de su mesa capitular. »
Acompaña á esta acta una «Nómina é Instrucción de
los documentos que se entregaron á los dichos señores
y de lo que habrán de solicitar, y particulares que ha-
brán de tener presente» , documento de gran valor,
porque al pie de él se conserva el único autógrafo
hasta ahora conocido de la firma y rúbrica de Juan
¿
XII LÍRICOS CASTELLANOS
del Enzina, archiñiaconuB malacítanus. En 14 dé Oc-
tubre fué llamado por los señores del Cabildo, y en 20
de Noviemjbre daba cuenta del feliz resultado de su
comisión.
A todo esto el arcediano poeta continuaba sin orde-
narse, de lo cual sus émulos se valieron para excluirle
del Cabildo, á lo naenos por algún tiempo, y reducir á
la mitad los emolumentos de su prebenda. En 14 de
Julio de 1511, «se expuso por el señor Arcediano Don
Juan del Enzina, que había llegado á su conocimiento
que el Cabildo había ordenado ciertos estatutos en qtte
se mandaba que el presidente que por derecho fuese
en la dicha iglesia, no pudiese convocar á Cabildo sin
expreso mandato de todo él. Que dicho señor, como
presidepte, derogaba y contradecía el citado estatuto,
por quanto era en perjuicio de los demás presidentes y
le quitaba su libertad de presidencia. Se acordó que se
le oía y que se le daría respuesta, y se le mandó salir
fuera del Cabildo. — Luego se trató y platicó por el Ca-
bildo que niogán canónigo lii dignidad que no fuese
ordenado tw sacris, no debe ser admitido á Cabildo ni
ser recibido su voto, así por lo que disponen los cáno-
nes, como por el estatuto de esta Santa Iglesia. Y asi
se acordó que se notificase al dicho señor Arcediano de
Málaga, y al licenciado Pedro Pizarro, canónigo, que
mientras aquéllos no eran ordenados in sacris, se abs-
tengan del ingreso en dicho Cabildo si no fuese por su
mandado. » Y en el acta de 2 1 de Agosto se previno
que «al señor Arcediano se le diese la mitad del pan
que le cabía por el repartimiento, por quanto por na
estar ordenado de sacerdote según derecho, no debía
percibir más de la mitad de su prebenda».
PRÓLOGO XflI
Asi y todo, Juan del Encina debía de ser personaje
de mncha cuenta en su iglesia. Lo prueba el haber
llevado su representación en el Concilio Provincial de
Sevilla. Consta en el acta de I."" de Enero de 1512, que
se le concedió «poder para que pareciese ante el Reve-
rendo Sr. Arzobispo de Sevilla en el Concilio Provin-
cial que se hacia; en nombre de este ilustrísimo Cabil-
do, y su mesa capitular, para que solicite las cosas que
le convengan y fueren en pro y utilidad deste Cabildo,
y apele de las que contra éste se dieren. » Y del cum-
plimiento de la comisión testifican varios libramientos
á favor de Enzina por cuenta de los gastos de su viaje
á Sevilla.
Pero como siempre tenia puestos los ojos en Boma,
centro de sus añciones artísticas, pronto halló medio
de volver á visitarla, aunque sin abandonar el cuidado
de lo^ negocios de su Cabildo. En 7 de Mayo de 1512,
solicitó y obtuvo que los capitulares le concedieran to-
dos los días que le cupiesen de recles, para ir á Roma
y otras partes donde dijo tener necesidad de ir. En 15
de Noviembre seguía allí, puesto que se le encomendó
la diligencia de traer el privilegio de coiifirmación de
su iglesia, «por cuanto era persona hábil y entendida
y se hallaba al presente en aquella ciudad».
Allí compuso la Égloga de Plácida y Vitoriano,
pero no creo que pudiese dirigir la representación ni
saborear los vítores con que Ínter pocula la celebrarían
los alegres comensales del Cardenal de Arbórea, por-
qae en 1 3 de Agosto (el mismo mes en que se repre-
sentó) estaba ya de vuelta y asistía á un cabildo en
Málaga. Su residencia fué cortísima, como siempre.
Primero la eludió con una comisión en la corte de
■\
XIV LÍRICOS CASTELLANOS
Castilla sobre cierto pleito (acta de 7 de Octubre^ y
luego no pensó más que en volver á Eroma, donde te^:
nía altos protectores granjeados sin duda con su talen-
to de músico y poeta. En 31 de Marzo de 1514, anun-.
ció á sus compañeros de coro que estaba ya de cami-
no, y les requirió formalmente para que se le abonaran
todos los días de recles. Esta vez el Cabildo no quiso
pasar por ello, y le castigó privándole de parte de su
beneficio. Pero los tiempos eran de tal laxitud canóni-
ca, y tan bien quisto andaba en la curia romana el cas-
tigado Arcediano, que no le fué difícil obtener antes
del 14 de Octubre «ciertas bulas» del Papa León X,
«sobre la diligencia de su ausencia, para que estando
fuera de su iglesia, en corte de Roma, por suya pro-
pria cabsa ó ajena, ño pudiese ser privado, molestado
ny perturbado, no obstante la institución, erección ó
estatutos de la dicha iglesia».
Y en efecto, todo el año de 1515 permaneció en la
alma ciudad^ á la sombra del gran Mecenas de los
literatos y artistas del Renacimiento. Pero apenas
había vuelto' á poner el pie en tierra española, el 2J
de Mayo de 1516, recibió una carta en que el Obispo
de Málaga, D. Diego Ramírez de Villaescusa, Presi-
dente que había sido de la Chancillería de Vallado-
lid, y á la sazón Capellán Mayor de la Reina Doña
Juana, le intimaba, bajo pena de excomunión y de
privación del beneficio, comparecer en la dicha villa
de Yalladolid, donde entonces se hallaba la Corte,
para tratar con él de ciertos negocios, que ignoramos
cuáles fuesen, pero que seguramente no le pararon
perjuicio, quizá porque continuaba escudándole la pro-
tección del Papa Médicis, á quien debió por aquellos
PBÓL060 XV:
días el nombramiento de «Sub- Colector de Espolios de
la Cámara Apostólica»» cargo lucrativo y holgado, que
le permitió continaar faltando á la residencia todo
aqtiri año y el siguiente, y librarse finalmente de ella,.
mediante permuta que hizo con D. Juan de Zea, del
Arcedianazgo Mayor de Málaga, por un beneficio
»mple de la iglesia de Morón. Asi se notificó al Ca-
bildo en 21 de Febrero de 1519, con presentación de
una carta real de Doüa Juana y D. Carlos, autorizan*
do la permuta, y una bula del Papa León X confír>
mandola.
Kesignó Juan del Enzina el Arcedianazgo en ma-
nos de S. S., pero no consta que tomase posesión del
beneficio de Morón, ni apenas hubiera tenido tiempo
para ello, puesto que en Marzo del último año había
sido ya agraciado por el Papa con el Priorato mayor
de la iglesia de León, del cual se posesionó por procu-
rador el día 14 del expresado mes, constando en el
acta capitular que seguía residiendo en Boma (1).
(t) Dice acii esta acta, descubierta por D. Juan López Cas*
trillón y comunicada por él á Barbieri, que la dio á luz en 'sa
Cancionero Musical (pág. 29) :
«En el cabildo alto de la iglesia de León, lunes, catorce dias
»del mes de marzo de mil é Quinientos ó diez é nueve años,
«estando los señores en su cabildo, seyendo primiciero el revé
»^endo señor D. Felipe Lista, chantre de la dicha iglesia, es-
otando el señor Antonio de Obregón, canónigo en nombre é
ooomo procurador del señor Juan» del En'zina, residente en la
«corte de Boma, presentó ante los dichos señores una bulla é
«presentación del Prityrazgo de la dicha iglesia, fecha al dicho
«.Tuan del Encina por nuestro muy santo padre por resignación
»de mi señor Gttrcia de Gibraleón* é por virtud de lA cual é del
«juramento fulminado pidió é requirió & los dichos señores que
«le diesen la possesión, é laego los dichos señores le dieron la
«dicha possesión é le asignaron locación in capitulo et choroi e
XVI LÍRICOS CASTELLANOS
' Por entonces se había verificado ana mutación ra-
dical en su espirita, frivolo y mundano hasta aquella
hora, entregado no sólo á los deleites artísticos, sino á
otros menos espirituales. Su edad, que ya pasaba de
los cincuenta años, y sin duda desengaños y pesadum-
bres que la vida no perdona á nadie, habían abierto
su ánimo á ideas de devoción y de reforma moral, y
empezaban á labrar en su interior un^ hombre nuevo.
Qaería ser verdadero sacerdote y prepararse á tan su-
blime ministerio con ayunos, limosnas, romerías y pe-
regrinaciones. Así lo anuncia, en versos más píos que
elegantes, al principio de la Trivagia:
Los años ciacaenta de mi edad cumplidos,
Habiendo en el Mundo yo ya jubilado^
Por ver todo el resto muy bien empleado,
Retraje en mí mesmo mis cinco sentidos, •
Que andaban muy sueltos, vagando perdidos.
Sin freno siguiendo la sensualidad.
Por darles la vida confoime á la edad.
Procuro que sean mejor ya regidos.
Agora que el vicio ya pierde su fuerza.
La fuerza perdiendo por fuerza su vicio,
Conviene á la vida buscar ejercicio,
Que vaya muy recto, y acierte, y no tuerza.
El libre albedrío, que á vicio se esfuerza,
Al tiempo que tiene su flor juventud,
Gran yerro sería, si á la senectud,
Que le es necesario, virtud no le fuerza.
Con fe protestando*mudar de costumbre,
Dexando de darme á cosas livianas.
))jaró en forma de ánima de su parte de observar sus estatutos
\)et conauetudinet. Testigos los señores Francisco de Robles é
»Matheo de ArgüeUo ó Alonso García, canónigos.»
PROLOGO XVf {
Y á com{)OQer obras del Mundo ya vasas:
Mas tales que puedan al ciego dar lumbre.
• •••«•«•••'•>••'•••••*•••••••■•••■••••••••••
¡Oh voluntad mía! ¿Qué quieres obrar
Agora en tal tiempo, sino romerajes,
Ayunos, limosnas y peregrinajes,
Que á tal tiempo debes orar y velar:
;0h Sol de Justicia! alúmbrame el alma,
Y el cuerpo y la vida me limpia de escoria:
No puedo sin gracia entrar en la Gloria,
. ^■i haber la Corona de Triunfo y de Palma.
Así que ya venga la Gracia, y no tarde,
Ni tarde la vida de se convertir,
'Agora no es hora que yo más aguarde.
Habiendo cumplido los años cincuenta,
A me preparar, á dar á Dios cuenta,
Mostrándome pigro al bien y cobarde.
Bntonces resolvió ir en peregrinación á los Santos
Lugares y decir allí su primera misa :
9 ^
Tomemos la vía de Jerusalem,
Do fué todo el precio de tu Redempción.
Las jornadas pueden seguirse una á una en el itine-
rario poético que á su vuelta publicó en Roínaen 1521
con el título de T^-ivagia, obra de devoción más que de
literatura, pero que ofrece algún interés como viaje y
se recomienda por lo candoroso y sencillo del relata.
Eran los unes de la primavera de 1 5 10 cuando Juan
del Enzina salió de Roma por la puerta del Pópulo y
tomó la vía dé Ancona, visitando en «1 tránsito la San-
ta Gasa de Loreto en compañía de tres Dálmatas
Disformes de traje, mas no ie persona,
De honestas costumbres, según lo que víaj
Tomo VII. 2
T
XVilI ÚRICOS CASTELLANOS
Hiciéronme, cierto, baena compañía,
, Maguer yo pensase ser gente ladrona.
En Áncóna se embarcó para Venecia con tres frai—
les flamencos, pero «los vientos contrarios y perversos
aires» les hicieron desembarcar á media navegación y
tomar postas hasta Chiozza, de donde pasaron por
agua á la ciudad reina del Adriático.
Mucho le deleitó el maravilloso espectáculo de Ve-
necia, aunque la encontró algo lasÜmada 6 decaída en
su comercio á consecuencia de los descubrimientos y
navegaciones de los portugueses, á cuyas manos co-
menzaba á pasar el tráfico de la especería. El trozo en
que canta las grandezas de la ciudad de las laguna»
es uno de los más felices que tienp el poema :
ciudad excelente, del Mar rodeadaí
En agua zanjada, de zanja tan fina,
Tan única al mundo, y tan, peregrina,
Que cierto parece ser cosa sonada .i
No sé quién la puede saber comparar,
Según el extremo que en olla se encierra,
Que estáis en la mar, y andáis por la tierra,
Y estáis en la tierra, y andáis por la mar:
Las más de la^ calles se pueden andar
Por mar y por tierra, por suelo y por agua:
De Palas es trono, de Marte gran fragua,
Que bien cien galeras, y aun más puede armar.
Aquel mesmo día, no harto y cansado
De ver y rever tan gran maravilla,
Topé con personas de nuestra Castilla,
Que cierto me. bebieron muy mucho alegrado...
Estos castellanos le dieron nuevas de la llegada, po-
cos días antes, de un ilustre peregrino que también se
encaminaba á Jerusalén, D. Fadrique Enriquez, Mar-
PRÓLOGO XIX
qués de Ribera y Adelantado Mayor de Andalucía
1)6 sangre may noble, de ilustre lioaje,
De quatro costados de generaciones,
Eoriquez, Riberas, Me ndozas. Quiñones:
Se&or muy humano, muy llano, en su traje,
Muy gran justiciero, verídico y saje,
Más hombre de hecho que no de apariencia...
Este gran señor, pues, que se hallaba rico de mué-
bles y herencia y que á su vuelta á Sevilla había de
«ternizar su nombre juntando las lindezas del arte
mudejar y los primores del Renacimiento en el maravi-
lloso ediñcio vulgarmente conocido con el nombre de
Casa de Pilatos, había salido de la suya de Bomos
en 24 de Noviembre de 1518 con poco acompañamien-
to de criados; y, uniéndose á él los demás romeros, fle-
taron pasaje en dos naves, que se hicieron á la vela
para Levante el 1.^ de Julio de 1519. En las dos mil
millas de navegación que hay de Venecia á Jaffa no
tuvieron accidente alguno de tormenta, viento contra-
rio ni asalto de corsarios. Pasaron de largo las costas
de Istria, Esclavon^a, Dalmacia y Albania : se detu-
vieron dos días en la isla de Rodas, ocupados princi-
palmente en la contemplación de las devotas reliquias
que allí había; y sin hacer gran caso de las poéticas
' islas del Archipiélago
Con lábulas falsas muy mucho estimadas,
atravesaron pacíficamente el golfo de Setelías y sur-
gieron en Joppe ó Jaffa, donde tuvieron que esperar
en los barcos cinco ó seis días, hasta que se les diera
salvoconducto y una escolta de guardas y guías mo-
ros y turcos. Hicieron el viaje en asnos, malas y ca-
XX . líricos castellanos
meUos, y el 4 de Agosto llegaron á Jerusalén, donde
fueron recibidos y aun agasajados, en lo que consentía
su pobreza, por el guardián y los franciscanos del Mon-
te Sión. Más de doscientos peregrinos habían salido
de Venecia, pero antes de llegar al término del viaje
, habían perecido catorce. Dos 6 tres de ellos habían
muerto de sed y calor en la terrible siesta que pasaron
en el desierto de Eamah.
El aspecto físico ^e la Tierra Santa, no menos que
el abandono en que yacían iglesias y santuarios, im-
presionó dolorosamente ál poeta :
. La tierra es estéril y muy pedregosa...
Yo, cierto, lo tengo por admiración*
Que aquella haya sido la de Promisión:
Con todo la estimo por más que preciosa.
¡Oh tierra bendita, do Christo nació,
Do grandes injurias por nos padeció,
Pasiones, tormentos, y al ñn cruda muerte,
Mis ojos indignos y apliegan á verte,
Y á do resurgiendo al Cielo subió!
A esta cristiana efusión no corresponden desgracia-
mente las fuerzas de nuestro ingenioso autor, que ha-
bía nacido para la poesía ligera y no para la sublime,
y que se encuentra como anonadado bajo el peso de la
terrible majestad del argumento. Su descripción es un
puro inventario sin ningún color poético, en versos
que apenas lo parecen, y que allá se van con la prosa
rudísima de su compañero de viaje el Marqués de Ta-
rifa. Tres noches oró y meditó en el Santo Sepulcro
Juan del Enzina, con pío y contrito corazón, pero sin
que una centella de poesía bajase á su alma. El carbón
PRÓLOGO XXI
de Isaías no encendió sas labios : quizá f aera éste el
mayor castigo de sus devaneos anteriores.
En el Monte Sión dijo su primera misa dos dias des-
pués de llegar : véase de qué modo tan pedestre nos
da noticia del mayor acontecimiento de su vida espi-
ritual :
Dios sea loado, que gracia me dio,
Que el día primero, que allí dentro entré,
Con el Marqués mesmo me comuniqué,
Que un Capellán suyo nos comunicó (1):
Y aquel fué Padrino, que me administró
En mi primer Misa, que allá fui ¿ decilla
Al Monte Sión, dentro en la Capilla,
A do el Sacramento Christo instituyó...
En el mismo tono están hechas todas sus descripcio-
nes, hasta la de Belén, hasta la del Calvario. Tanto
prosaismo aflige, sobre todo cuando se recuerdan los
versos profanos del poeta. Acaso la edad, madurándo-
le el seso, le había agostado la lozanía del iogenio.
(I) Es decir,- nos dio 'la comunión.
Este capellán del Marqués de Tarifa, á quien algunos han
confundido «con Juan del Enzina, se llamaba Juan de Tamayo,
según consta en un documento del Archivo de la casa de Al-
calá (hoy de Medinaoeli), dado á luz por Cañete y Baibieri:
« Yo Gil de Galdiano, canónigo de Tudela, doy fe que confe-
sé al Sr. D. Fadrique Enríquez de Bibera, Marqués de Tarifa,
en Jerusalón, dentro en la Iglesia del Santo Sepulcro, sábado
en la noche seis dias del mes de Agosto de quinientos é diez é
nueve años, é yo Jvtm de Tamayo, clérigo español, doy feo como
otro día siguiente, domingo siete del dicho mes de Agosto en la
mañana, comulgué al dicho señor Marqués dentro en la capilla
del Santo Sepulcro diciendo misa encima dól con su hábito
blanco vestido y con la cruz de la orden de Santiago, puesta en
él, y porque es verdad firmamos aqui nuestros nombres. Fecho
en Jerusalén, etc., etc.»
XXtl LÍRICOS CASTELLANOS
conjefura que se fortalece teniendo en cuenta que la
Trivagia es la última producción suya que conocemos.
Por maravilla se registra en sus versos alguna impre-
sión pintoresca, como el recuerdo de la vega de Gra-
nada en presencia del valle de Jericó :
Que propio semeja, si buen viso tengo.
La..vega en España, que vi de Granada.
Sobre la vuelta no da pormenor alguno, salvo que
se embarcaron en Jafa el 1 9 de Agosto, y que em-
plearon más de dos meses en la travesía, con veintidós
días de escala en la isla de Chipre, pá.8ando en todo el
viaje mil penalidades, en que el Marqués de Tarifa dio
continuo ejemplo de humildad, resignación y fortaleza.
En Venecia fué la despedida y dispersión de los via-
jeros, encanfinándose el Marqués á Sevilla, donde en-
tró en 20 de Octubre, y dirigiéndose Juan del Enzina
á Roma, donde le placía vivir, y donde imprimió al
año siguiente la tantas veces citada relación de su viaje
en 213 coplas de arte mayor (1), la cual, á pesar de su
(1) Esta primera edición de la Trioagia está citada por Ni-
colás Antonio; pero no sé que ninguno de los bibliógrafos mo-
dernos haya llegado á verla. Hay muchas posteriores, entre ellas
las de Lisboa, 15S0; Sevilla, por Francisco Pérez, 16Q6; Lisboa,
por Antonio Alvarez, 1603; Madrid, 1733, por Francisco Martine/.
Abad, y 1786, por Pantaleón Aznar.(que es la más común), con
el titulo de Viaje y Peregrinación que hizo y escribió en verso
castellano el famoso poeta Juan del Enzina^ en compañía del Mar-
gues de Tarifay en que refiere lo más particular de lo sucedido
en su Viaje y Sanios Lugares de Jerusalem. Algunas de estas
ediciones llevan unida la relación en prosa del Marqués de Ta-
rifa, asi encabezada: "Este es el libro de el viaje que hize á Je-
rusalem, é de todas las cosas que en él me pasaron^ desde que safi
de mi casa de Bornos, miércoles 24 de Noviembre de Jól8, hasta
PROLOGO XXKI
«
exiguo mérito literario, logró, por su doble carácter de
libro de viajes y libro de devoción, más popularidad
que ninguna otra de las obras de Enzina, llegando sus.
impresiones hasta ñnes del siglo pasado.
En el preludio de la Trívagia anunciaba el poeta
una nueva edición de todas sus obras, delante de las
cuales iba como batidor aquel poema, cuyo número
de estancias no había querido que llegasen á trescien-
tas, por no entrar en competencia con Juan de Mena :
Y porque ya el pueblo de mí nuevas haya,
Viaje ¡súsl andar: tú sé precursor
Del advenimiento de aquella labor
De todas mis obras, que ya están á raya.
Labor qué es en Lacio nacida y en Roma,
Vor dar cuenta á todos, y á gloria do Dios.
Jamás tan gran causa, tan justa y tan buena
Yo tuve de obrar, como hora me sobra;
Por tanto yo quiero que vaya mi obra
En arte mayor que más alto suena:
Mas no que traspase mi cálamo y pena,
Poco más ó menos, do coplus docieutas.
Pues llevan en todo la flor las trecientas,
Nioguno se iguale con su Joan de Mena.
Tal compilación quedó en proyecto, y ninguna obra
de Enzina posterior á la Trivagia ha llegado á nos-
otros. Es más; tampoco tenemos noticias seguras de lo
JSO de Octubre de 1520, que entré en Sevilfa, yo Don Fadrique
JBnrriquez de Ribera, Marqués de Tarifa. No puedo decir si en
las más antiguas se halla el Romance y suma de todo el viaje de
Joan del Encina, que comienza :
Yo me partiera de Roma
tara Jerusalén ir...
romance pedestre y de ciego, de cuya autencidad dudan algu-
nos, no sé con qué fundamento.
XXIV LiaiCOS CASTELLANOS
restante de su vida. No consta qae llegase á residir im
su priorato de León, ni siquiera se sabe cuánto tiempo,
le conservó. Algunos dicen que fué canónigo de la ca-
tedral de Salanianca y catedrático de música en su
Universidad, pero ninguna de estas especies tiene
comprobación hasta ahora. También es incierta la fe-
cha de su muerte, que el cronista de Salamanca Gil
González Dávila (1) pone en 1534, añadiendo que fué
enterrado en ]a catedral y que allí i^e le erigió un mo-
numento, de todo lo cual no queda ningún otro ves-
tigio.
Afortunadamente la riqueza de las obras de Juan
del Enzina compensa con creces esta penuria de datos
acerca de su vida. Son estas obras de dos géneros: mu-
sicales y literarias. El hallazgo de las primeras, ignora-
das hasta nuestros días, y que han venido á derramar
inesperada luz sobre uno de los periodos más obscuros
é importantes de nuestra evolución artística, se debe ex-
clusivamente á la pasmosa y feliz diligencia del castizo
é inolvidable compositor español D. Francisco Asenjo-
Barbieriy que juntó á los lauros de la inspiración crea-
dora los del estudio razonado y erudito de la historia
de su arte. Barbieri tuvo la suerte de descubrir en la
Biblioteca del Palacio de nuestros reyes un inaprecia-
ble Cancionero musical de los siglos xv y xvi, le trans-
cribió en notación moderna, y le ilustró con abundan-
tes comentarios y notas biográficas de los poetas y de
los compositores. Entre unos y otros descuella induda»
blemente Juan del Enzina hasta por el número de sus
(1; Historia de las antigüedades de la ciudad de Salamanca
1602, pág. 576.
PRÓLOGO XXV
obras, que llega á sesenta y ocho, contándose entre*
ellas la mayor parte de los villancicos con que termi-r
nan sus piezas dramáticas, lo cual permitiría hoy mis-
mo ejecutarlas acompañadas de la música que les puso
su autor; y es dato que puede servir á los in teligentes
para penetrar más á fondo el peculiar carácter de esté
embrión de drama lírico-musical, en el que se hallan los
más remotos orígenes del espectáculo conocido entre
nosotros con el nombre de zarzuela. «
En nuestra incompetencia para juzgar á Juan del
Enzina como artista musical, nos remitimos al juicio
de quien lo fué tan eminente. «Cuando todos los com-
positores de Europa (dice) procuraban en sus obras
hacer gala de los primores del contrapunto, con des-
precio casi absoluto del sentido de la letra, hallamos
en el Cancionero muchas composiciones en las cuales la
música se subordina de una manera muy notable á la
poesía. En esto Juan del Enzina se muestra á gran
altura, siendo sus obras dignas de particular estudio;
alguna dé ellas se adelanta de tal modo á su siglo, que
parece escrita en el presente» (1). '
Esta eücacia expresiva, esta subordinación de la
música á la letra, que jaeces tan competentes como
Barbieri y Pedrell estiman como el carácter más vi*
^ible de la individualidad artística de Juan del Enzi-
na, se explica muy naturalmente por su educación lite-
raria y por su doble condición de músico y poeta. Por
(1) Véase el Cancionero musical de los siglos XV y XVI, trans-
crito y comentado por Francisco Asenjo Barbieri^ individuo de nú-
mero de la Real Academia de Bellas Artes de San Femando. Pu-
hlicalú la misma Academia. 1890. £1 número total de composiolo-
nes del Cancionero (todas con letra y música) son 460.
XXVI . líbicos <24STBLLAN0S
'QSte inseparable maridaje qne en su mente se estable*
cía entre las dos artes del sonido, se comprende tam -
bien que como poeta brillase sobre todo en los villan-
<:icos y otras composiciones ligeras destinadas á ser
pnestas en música; y qne sean musicales y no pinto-
rescas las condiciones que principalmente realzan sus
versos.
- Hemos dicho que el mismo poeta, siendo todavía muy
joven, recogió los que hasta entonces tenía hechos, eñ
un copioso Cancionero, impreso en Salamanca en 1496,-
y reimpreso en Sevilla, 1501: Burgos, 1605-, Salamanca,
1507 y 1509; Zaragoza, 1512 y 1516 (1). Todas estas
(l) Cancionero tfe las obras de Juan del Enzina,
Colofón: < Deo gracias. Fué impreso 0% Salamanca á teynte
dias del mes de Junio de Mill.CCCC. e XC VI años, tí Fol., let. gó-
tica, 196 hojas, sin incluir el titulo. (Biblioteca de la Beal Aca-
demia Española. Hay otro en la del Escorial).
— Sevilla, 1501, por Juanes de Pegnicer y Magno Heibst,
16 de Enero de 1501. (Biblioteca ducal cíe Wolfembüttel.)
— Cancionero de todas las obras de Juan del Enzina^ con otras
añadidas.
tFué empremida esta presente obra en la muy nol/le^e muy leal
cibdad de Baragos por Andrés de BurgoH, por mandado de los hon
rrados mercaderes Francisco aada e Juan Tliomas Aavario: la qual
se acabó á xiii dias de Febrero en el año del Señor MHl y quinien-
tos y cinco, ^ Fol., let. gót., 101 hojas. (Bibliotec:t Nacional; pro-
cedente de la de Bolh de Faber.)
— Cancionero de todas las obras de Juan del Enzina.
€Fué esta presente obra emprimida por Hans Gysser alemán de
Silgenstat en la muy noble e leal cibdad de Salamanca: la cual
acabóse á V, de enero del año de mili quinientos e siete. ^ ^Biblio-^
teca de Palacio.)
— Cancionero de todas las obras de Juan del Enzina, con las
coplas de Zambardo, e con el Auto del Repelón... e c(m todas otras
cosas nuevamente añadidas. ^
<Faé esta presente obra emprimida por Hams Gysser, alemán
de Silgenstat, en la muy noble e leal cibdad de Salamanca: la qual
PBÓL060 XXVII
ediciones se caentan entre los libros más peregrinos de
la bibliografía española, y probablemente habo otras
que no han llegado á nuestros tiempos. No es igaal el
contenido de todas ellas, siendo muy notables las aña-
diduras que en la parte dramática contienen las de Sa-
lamanca, 1507 y 1509: esta úkima, la más completa, ó
digámoslo coü propiedad, la menos incompleta de todas.
Fuera de la colección quedaron siempre otras obras de
Enzina, como el poema de la Trivagia, no compuesto
ni impreso hasta 1521, y las églogas de Plácida y
Viioriano y Cristino y Febea, De varias poesías in-
sertas en una ú otra de las ediciones del Cancionero,
como los famosos Disparates trovados^ la Justa de Amo-
res, y la Tragedia á la muerte del Principe Don Juan,
se conocen ediciones sueltas; y de seguro hubo más, eii
esa forma de pliegos sueltos» que fué durante el primer
tercio del siglo xvi el vehículo principal de nuestra
poesía popular y popularizada. Ya antes de 1496 co-
rrían mucho, no sabemoa. si de molde ó de mano, las
composiciones de Juan del Enzina, y había quienes se
kís usurpaban y corrompían^ y otros que se burlaban
de ellas y de su autor. De estos detractores y maldi-
dicha obra se acabó á 7 del mes de Agosto del año de 1j09 años. >
Fol , let. gót., 104 hojas. (Biblioteca Imperial de Viena, y Biblio-
teca particular que faé de D. Pascual de Gayaügos.)
— Zaragoza, 1512. (Mayáis es el único que cita esta edición.)
— Cancionero de todas las obras de Juan del Enzina...
c Fué imprimido el presente libro llamado Cancionero, por Jor-
7> Cocí, en ^arago^a. Acabóse a xv dias del mes de deziembre.
Año de mili e quinientos e deziseys años, Fol., let. gót., 98 hs. do-
bles. (Biblioteca Nacional. Magnifico ejemplar que perteneció k
D. Agustín Duran. Salva tuvo otro.^
Gallardo (tomo II de su Ensayo, art. Enzina) es quien más
detalladamente describe la inayor parte de estas ediciones.
I
XXVIII líricos castellanos
cientes se queja él bajo su acostumbrado disfraz de
pastor, en nna de sus Representaciones^ prometieiido
sacar para Mayo (de 1496) la copüación de toda$ sus
obras... por que no pensasen que toda su obra era pasto-
ril, más antes conociesen que á más se extendía su saber.
MATEO
Déjate desas barajas,
Que poca ganancia cobras:
Yo conozco bien tus obras:
Todas no valen dos pajas.
JUAN
No has tú visto las alhajas
Que tengo só mi pellón;
Esas obras que sobajas,
Son regojos e migajas
Que se escuelan del zurrón.
Aunque agora yo no truyo
Sino hato de pastores,
Deja tú venir el .^ayo,
Y verá» si saco un sayo
Que relumbren sus colores.
Sacaré con mi eslabón
Tanta lumbre en chico rato,
Que vengan de cualquier hato
Cada cual por su tizón.
Darles he de mi montón
Bellotas para comer;
Mas algunas tales son,
Qu en roer el cascarón
Habrán harto que hacer.
MATEO
Pues yo te prometo, Juan,
Por más ufano que estés.
Que te dé yo más de tres
PRÓLOGO XX£X
Que lo contrario dirán;
Quó bien sé que mofarán
. De tus obras é de ti...
Los contemporáneos sabrían muy bien quiénes eran
estos émulos literarios de Juan del Enzina, pero nos-
otros mal podemos^ adivinarlos 4 través de los disfra-
ces de Juan el Sacristán, de Pravos e/ Gaitero, del Ca-
rillo de Sorhajos, del Sobrino del Herrero y otros tales
€on que el poeta los apoda, retándolos con singular
arrogancia y satisfacción de sí propio ante sus señores
los Duques de Alba: ^.
Delante de e&ps señores .
Quien me quisiere tachar,
Yo me obrigo de le dar
Por un error mil errores.
Tenme por de los mejores;
Cata que estás engañado;
Que si quieres de pastores
O si de trobas mavores,
De todo sé, ¡Dios loadol
Y no dudo haber errada
En algún mi viejo escri 10}
Que cuando era zagaiito
Non sabía cuasi nada;
Mas agora va labrada
Tai^ por arte mi labor,
Que aunque sea remirada,
No habrá cosa mal trobada,
Si no miente el escritor... . ,
En el prólogo del Cancionero repite estas quejas,
tanto por lo que toca á la depravación que sufrían los
partos de su ingenio como respecto de la censura
agria y descomedida que algunos hacían de ellos:
«Andaban ya tan corrompidas y usurpadas algunas
XXX • LÍRICOS GAStBLLANOS
>>obrecilIas mías que como mensajeras Labia enviado
> adelante, que ya no mías, mas ajenas se podían Iht^
»mar; que de otra manera no me pusiera tan presto á.
»sumar la cuenta de mi labor- é trabajo. Mas no me
)>pude sufrir viéndolas tan mal tratadas, levantándo-
»les falso testimonio, poniendo en ellas lo que ya
»nunca dije ni me pas<í por pensamiento. Forzáronme
» también los detractores y maldicientes que publica-
^»ban no se extender mi saber sino á cosas pastoriles é
» de' poca autoridad; pues si bien es mirado, no menos
> ingenio requieren las cosas pastoriles que otras; mas
» antes yo creía que más. Movíme también á la copila*
i>ción destas obras por verme ya llegar á perfeta
:!>edád y perfeto estado de ser vuestro siervo.»
Antes de entrar en la vasta selva de las poesías de
Juan del Enzina, conviene decir algo de su doctrina
literaria, expuesta en un breve, pero muy curioso tra-
tado, que con el título de Arte de la Poesía Castellana
encabeza sü CancionerOj y eis la principal, aunque no
muy lucida muestra, de la preceptiva de fines del si-
glo XV. Juan del Enzina pertenecía á la escuela de los
trovadores cortesanos, y su opúsculo está, como no
podía menos, en la tradición de las artes poéticas pro*
vénzales, que se remonta basta el siglo xili con la
Dreita maniera de trabar de Ramón Vidal de Besalú;
adquiere á ipaediados del xiv proporciones de farrago-
sa enciclopedia en los Leys d' amors de Guillermo
Molinier, y pedantesca sanción en el malhadado Con-
sistorio de Tolosa; recibe aplicación á la lengua cata-
lana en los diccionarios rítmicos de Jaime March y
Luis de Aversó, que en tiempo de D. Juan I tras-
plantan á Barcelona aquella institución ya entonces
PRÓLOGO XXYI
anacrónioá y fanesta á los progresos de la legitimv .
poesía; y logra eco en Castilla merced al candido
diletiantümo de D. Enrique de Villena en sas trag-
mentos del Arte de la Gaya Sciencia, y á la varia y cu-
riosa erudición del Marqués de San tillan a en su céle-
bre Proenno al condestable de Portugal, Pero si Villena
es un mero repetidor de las artes métricas de los tolo*
sanos, Santillana, hombre de mucho más entendimien-
to y de i)aás selecta y digerida cultera, lector asiduo de
los clásicos, italianos en su original y de los latinos si-
quiera fuese en traducciones, se eleva á ciertos concep-
tos generales acerca de la poesía, no reduciéndola al
mero artificio de los verbos, y presenta ya, aunque en
embrión, algunas ideas estéticas.
Juan del Enzina, venido en edad más adelantada,^
cuando ya había triunfado en nuestras escuelas la
pura noción del Renacimiento, por el esfuerzo de
aquel gran varón «6¿ dotíssimo maestro Antonio de Le-
»brixa, el que desterró dé nuestra España los barbaHs-
»mo5 que en la lengua latina se habían criado», tomó
por modelo su Arte de romance^ según él mismo con-
fiesa. Y así como el Nebrisense había creído, algo pre-
maturamente, que nuestra leugua estaba tan empinada
épolida, que más se podía temer el descendimiento que
la subida, así su discípulo salmantino, creyendo con
toda ingenuidad que (nnutica había estado tan puesta en
»la cumbre nuestra poesía é manera de (robar», enten-
dió ser cosa muy provechosa «ponerla en arte é ence-
»rrarla debajo de ciertas leyes é reglas». El Renaci-
miento penetra de varios modos en esta Poética; y ante
todo realzando el concepto del arte por sus orígenes
semi-divinos (puesto que en verso se dieron los orácu-
XXXI I LÍRICOS CASTELLANOS
. ios 7 vaticinios), por su mayor antigüedad sobre la ora •
toria, por su maravilloso efecto para excitar y aquie-
tar los ánimos é iüdacirlos y arrastrarlos á la guerra
ó á la paz, como lo prueban los clásicos ^'emplos de
Tirteo y de Solón, alegados á este propósito por Enzi-
na; y, finalmente, por el prestigio y la veneración de
que le rodearon los antigaos como parte esencial de la
coas, publica. «Que cierto si no fuera la poesía facultad
«honesta, no creo que Sófocles alcanzara magistrados,
>preturas y capitanías en Atenas, madre de las cien-
»cias de humanidad.» A los ojos de Juan del Enzina
el título clásico de poeta vale mucho más que el de tro-
vador, con toda la diferencia que hay de señoí' á esclavo,
de capitán á hombre de armas suhjeto á su capitáUf de
música á cantor, de geómetra á pedrero. No cita poeta
alguno español anterior á Juan de Mena, y declara
paladinamente que los grandes modelos están en la
Italia antigua y moderna: «De aquí creo haber venido
«nuestra manera de ti'obar, aunque no dudo que en
» Italia floreciese primero que en nuestra España é de
»alli decendiesse á nosotros, porque si bien queremos
»con8Íderar según sentencia de Virgilio, allí fué el so-
plar del linaje latino, é quando Roma se enseñoreó de
«aquella tierra, no solamente recebimos sus leyes é
«constituciones : más aún el romance, según su nombre
»da testimonio: que no es otra cosa nuestra lengua sino
»latín corrompido... Cuanto más que claramente pare-
»ce en la lengua italiana haber habido muy más anti-
9guos poetas que en la nuestra: así como el Dante é
» Francisco Petrarca é otros notables varones que fue-
»ron antes, é después, de donde muchos de los uues-
jtros hurtaron gran copia de singulares sentencias,
PaOLOGO XXXIII
i>el cual hurto, como dice Virgilio, no debe ser vitu-
:»perado, mas diño de mncho loor cuando de una len-
»gQa en otra se sabe galanamente cometer. Y si que-
;^remos argüir de la etimología del vocablo, si bien
>miramos, trovar, vocablo italiano es,, que no quiere
» decir otra cosa trovar en lengua italiana, sino hallar.
i» ¿Pues qué cosa es trovar en nuestra lengua sino hallar
«sentencias é razones é consonantes é pies de cierta
«medida adonde las incluir é encerrar? Asi que con-
ocluyamos luego el trovar haber cobrado sus fuerzas en
«Italia é de allí esparcidolas por nuestra España,
«adonde creo que ya ñorece más que en ninguna otra
«parte.»
Olvida, pues, Juan áél Enzina, no solamente la an-
tigua poesía narrativa y juglaresca, la cual no cree-
mos, ain embargo, que mirase con tanto desdén como
^1 Marqués de Santillana, relegándola á las gentes de
baja y servil condición, puesto que él mismo hizo ro«
manees, si bien puramente líricos, y glosó felizmente
algunos temas de la canción popular; sino la misma
escuela del Mediodía de Francia, la que fué madre de
todas en el lirismo cortesano, la que inició á ^españoles
y á italianos en las artes de trovar. ¡Fenómeno por
oierto digno de consideración! En esta Poética, que si
496 atiende sólo á lo que enseña sobre el mecanismo de
la versificación parece un fruto tardío de la escuela
tolosana, como que desciende todavía á explicar las
galas del encadenado, del retrocado, del redoblado^ del
multiplicado y del reiterado, ni una vez suena A nom-
bre de los pro vénzales, inven tprQs de tan revesada téc-
nica. No solamente se habían olvidado ya sus versos,
sino que tampoco se leían sus poéticas. El artificio de
Tomo VII. 8
XXXIV LflllCOS CASTELLANOS
SU prosodia se había incorporado ya en la métrica de
naestros poetas palaciegos, y nadie se cnidaba de sa
origen.
. Reaparecen también en el Arte de trabar ciertos con-.^
ceptos generales de la preceptiva clásica : la distin-
ción aristotélica entre la ciencia y el arte, deñnida
como conjunto de observaciones sacadas de la flor dtl
M90 de varones doctísimos é reducidas en reglas é precep-
tos; la alianza del ingenio y del estudio, tal como en
la Epístola á los Pisones se recomienda : « Bien sé
)>qne machos contenderán para esta facultad ninguna
»otra cosa requerirse salvo el buen natural, y conceda
»ser esto lo principal y el fundamento; mas también
»afírmo polirse y alindarse mucho con las observacio-
»nes del arte, que si al buen ingenio no se juntase el
»arte, sería como una tierra frutíferayno bienlabrada»»
Pero de los críticos antiguos á quien con más frecuen-
cia cita es á Quintiliano, y en su doctrina sobre la edu^
cación del orador se apoya para inculcar al poeta la
observancia de los preceptos de la elocución pura, ele-
gante y alta, y el continuo ejercicio de la lectura en loa
mejores autores latinos y vulgares para formar el esti-
lo y adquirir copia de sentencias. Y aun en la parte,
métrica procede con ciertas aspiraciones clásicas, solici-
tando en el poeta entendimiento, no ya sólo de los gé-
neros de versos, sino de los pies y de las sílabas y de
la cuantidad de ellas, si bien en esta parte no va tan
lejos como el maestro Nebrija, que, asimilando nues-
tros mStros á los latinos, encontraba en los romances
tetrámetros yámbicos, y en los versos de arte mayor
adonices doblados. Juan del £nzina no entra en tan
eruditas disquisiciones, para las cuales se reconoce fal-
PRÓLOGO XXXV
to de saber; y traza un brevísimo arte de versifícación
enteramente práctico, redaciéndose lo demás del tra*
lado á algunas observaciones de puntuación y lectura
. y á otras bastante sensatas sobre las licencias y los
colores poéticos^ de los cuales dice que no se deben usar
muy á menudo, porque «el guisado de mucha miel no
es bueno sin algún sabor de vinagre» (1).
Más claramente todavía que su Poética (en la cual
luchan dos inñuencias contrari&s y quedan muchos ves-
tigios del gusto de la Edad Media) marca la dirección
de Juan del Enzina en las vías del Renacimiento clá-
sico, muchos años antes de su ida á Italia, su traduc-
ción libre, ó más bien adaptación, de las Bucólicas de
Yirgilio al metro castellano : la más antigua que yo
sepa que de ningún poeta latino se intentase en esta
forma. Las traducciones de la Eneida y de las Metamor-
Josis, de las Heroidas, de la Farsalia y de las Trage -
dios de Séneca, hechas en el siglo xv, habían sido en
prosa, generalmente rudísima, calcando groseramente
el texto al modo de las versiones interlineales, sin
ninguna atención al sentido poético, y con un hipér-
baton tan estrafalario y pedantesco que para entender
la versión es preciso recurrir continuamente al original.
Juan del Enzina, que era poeta, procedió con las Bu-
cólicas muy de otra manera que D. Enrique de Ville-
na don la Eneida ^ y en vez de prosa crespa, dislocada
y rimbombante, hizo hablar al mantuano en coplas de
arte menor, muy anacrónicas ciertamente, pero fáciles
(p He reimpreso dos veoes este tratadito, primero en los
apéndices al tomo II de la Historia de las ideas estéticas en Es-
paña, y después en el tomo V de esta Antología.
XXXVI líricos castellanos
y graciosas. Interpretó libremente á Virgilio con un
desenfado que ya degenera en irreverencia y parodia,
cambiando los asuntos de las églogas, aplicándolas á
]hs circunstancias históricas de su tiempo, haciendo
hablar á los pastores arcádicos la lengua de los la-
briegos del campo de Salamanca: todo esto con brío,
con desenvoltura, sin romper los odres bastante estre-
chos de la versificación cortesana, pero derramando en
ellos, aunque á pequeñas gotas, un licor mucho más
suave y exquisito que el que antes solían contener.
No se le ocultaban las dificultades de su empresa:
lo poco trabajada que estaba todavía nuestra lengua
poética para tales ensayos, lo que él -llama: «el gran
»deíeto de vocablos que hay en la lengua castellana
)>en comparación de la latina; de donde se causa en
» muchos lugares no poderles dar la propia significa-
»ción, cuanto más que por razón del metro é conso-
)>nantes seré forzado algunas veces de impropiar las
» palabras, é acrecentar é menguar, según hiciese á mi
»caso, é aún muchas veces habrá que' no se pueda
»traer al propósito... Mas en cuanto yo pudiere é mi
» saber alcanzare, siempre procuraré seguir la letra
» aplicándola á vuestras más que reales personas, y en-
»derezando parte dellas al vuestro muy esclarecido
^principe D. Juan. Por no engendrar fastidio á los
» lectores desta obra (añade en la dedicatoria al Prin-
»cipe) acordé de la trobar en diversos géneros de me-
»tro y en estilo rústico, por armonizar con el poeta que
^introduce personas pastorilea »
Indicaremos algunas de estas aplicaciones á la his-
toria contemporánea. En la égloga primera: Melib^...
«habla en persona délos caballeros que fueron despo-
PRÓLOGO XXXVff
»jados de sqs haciendas, por ser, rebeldes, coDJ arando
>oon el Bej de Portugal que de Castilla fué alzado»;
y Títiro, en nombre de los arrepentidos, que no perse-
veraron en su rebeldía y contumacia contra la Reina
Católica.
Aun es más singular la transformación de la égloga
segunda, donde el hermoso Alexis, por quien suspira-
ba el pastor Coridón,, está transformado en Fernando
el Católico, á cuyo favor aspira el poeta :
CoridÓD, siendo pastor
Trovador,
May afíciouado al Rey,
Espejo de nuestra ley.
Con amor
Deseaba su favor;
Mas con mucha cobardía
No creía
De lo poder alcanzar.
Por los montes se salía
Cada día
Entre sí solo á pensar...
La égloga tercera está aplicada «á los privados del
»señor Key D. Enrique, y á muchos grandes que con
«envidia dellos, é aun ellos mesmos entre si, sembra-
»ron gran discordia en nuestra Castilla, é algunos de-
diles tentaron alzar por Eey al Principe D. Alfonso
»su hermano... E con esto las maldades tanto se mul-
»tiplicaron y enjambraron en este reino, que no sola-
> mente lo de la corona real, mas aun las propias ha-
»ciendas unos á otros se robaban, é como malos pas-
atores ordeñaban ajenas ovejas. «
La pintura de la nueva edad de oro, del restaurado
imperio de Saturno y Rea, que se profetiza en la églo-
,>
XXXVIII LÍRICOS CASTELLANOS
ga cuarta, el poeta, prescindiendo de la interpretación
qne era tradicional en las escuelas cristianas, la trae
al tiempo de los Beyes Católicos, en que «ya los me-
inores no saben qué cosa es temer las sinrazones é
> demasías que en otro tiempo los mayores les hacían»,
y en que «la Santa Inquisición va acendrando é cada
»dia esclareciendo nuestra fe: ya no se sabe en estos
» reinos qué cosa sean judíos; ya los hipócritas son co-
^noscidos, é cada uno es tractado según vive...»
El pastor Dafnis de la égloga quinta es «el muy
^desdichado príncipe de Portugal», esposo de la in-
fanta Doña Isabel, hija de los Reyes Católicos.'
Eñ la égloga séptima, el pastor Coridón (bajo cYiyo
disfraz se encubre el mismo Juan del Enzina) canta ó
llora «la soledad que Castilla sentía cuando los reyes
»iban á Aragón...»
En la octava (cosa que el más lince no pudiera sos-
pechar), los amores y hechicerías de la pUaitnaceutria
sirven para alusiones á la derrota de la Ajarquía ó de
las lomas de Málaga, y al «crecido amor que nuestro
» cristianísimo rey D. Hernando tenia en la conquista
» del reino de G-ranada.»
Esta colección de trovas ó parodias está general-
mente versificada en octosílabos de pie quebrado, com-
binados en estrofas de ocho, nueve, diez, once y doce
versos. Por excepción, el Sicelides MusoB,á causa de la
solemnidad de su argumento y estilo, y como si el in-
térprete obedeciese á la intimación del Paullo maiora
canamus, está traducido, con mucha valentía, en diez
y seis coplas de arte mayor.
El estudio que empleó en esta versión libre y para-
frástica de las églogas de Virgilio, debió de adiestrar
PRÓLOGa XXXIX
á Juan del Enzina en el manejo del diálogo, que luego
aplicó á sus propias églogas y representaciones, muchas
de las cuales no tienen más acción dramática que las
Bucólicas antiguas, y sólo se distinguen de ellas en su
carácter realista y á las veces prosaico y de actuali-
dad, y en la menor presencia de elementos descripti-
vos. Leyendo á Juan del Enzina, no es aventurado
decir que la égloga de Virgilio tuvo alguna influencia
en los primeros vagidos del drama español, cuando to-
davía estaba en mantillas. Para el humanista significa
poco la traducción de Enzina; mucho para el historia-
dor de la literatura española.
Entrando ya en el examen de las poesías originales
de Juan del Enzina, que re&lmente escribió demasiado,
según la opinión de Juan de Valdés, y es, sin duda,
uno de los ingenios más desiguales que pueden encon-
trarse, empezaremos por advertir que en su Cancione-
ro las poesías sagradas valen menos que las profanas,
y las composiciones largas menos que las cortas, y los
versos de arte mayor mucho menos que los villancicos
y las glosas. Juan del Enzina había recibido de la na-
turaleza algunos de los dones poéticos más esenciales :
oído. musical muy fino, y ejercitado con el cultivo si-
multáneo de las dos artes; imaginación fresca y viva,
que reproduce con amenidad, aunque dé un modo su-
perficial, ciertos aspectos de la naturaleza y de la vida
rústica; vena cómica fácil é inofensiva; ingenuidad de
sentimiento ; alma de poeta popular, á veces. Pero le
faltaron otros dones aun más excelsos, y por eso, más
que por falta de pulimento y de estudios (puesto que los
tuvo desde su mocedad, como hemos visto), y también
por haber nacido en una época de transición á la cual
XL LÍRICOS €A&TBLLANOS
sólo un ingenio de primer orden hubiera podido sobre-
ponerse, no llegó nunca á las alturas de la gran poesía»
'rara vez mostró verdadera pasión, se contentó con ser
un poeta agradable, gastó la mejor parte de su talento
en devaneos y juguetes sin consistencia, y, á pesar de
sus inconstantes aspiraciones clásicas, continuó perte-
neciendo á la Edad Media. No fué verdaderamente in-
novador más que en el teatro , que es su principal
gloria.
Las obras á lo divino son siempre la parte más ende-
ble en los Cancioneros del siglo xv : parecen escritas
sin devoción y como de compromiso para hacer pasar
la libertad de las coplas profanas que vienen después»
No hace excepción á esta regla Juan del Enzina en las
composiciones, algunas de ellas de formidable exten-
sión, que dedicó á su señora la Duquesa de Alba (Doña
Isabel Pimentel) sobre la Natividad de Nuestro Señor^
sobre la ñesta de los tres Beyes magos, sobre la Re-
surrección de Cristo, sobre la Asunción de Nuestra
Señora y otros teínas piadosos. Su cristiana musa se
ejercitó también en loor de algunas iglesias nueva-
mente edificadas en las diócesis de Salamanca y Za-
mora; y ensayó la versión de algunos salmos, como el
Miserere; de algunos cánticos de la Sagrada Escritura»
como el Magníficat y el Nunc dimUtis; de algunos
himnos, como el Ave Maris Stella, el Quem térra pon-
tus^ el Vexilla regis, y el Te Deum laudamus; y, final-
mente, puso en verso el Pater Noster^ el Ave María, el
Credo y la Salve, Son notables algunas de estas tra-
ducciones por su fidelidad casi literal; pero ni en ellas
ni en las poesías originales hay nada que recuerde la
ternura y la suave efusión de Fray Iñigo de Mendoza
PRÓLOGO XLI
y de Fray Ambrosio Montesino, ni menos la robusta
entonación del cartujano Padilla. Algunos villancicos
Agradan, no obstante, por su misma sencillez inafecta-
da; verbigracia, los que principian :
•Quien tuviere por señora
La Virffen Reina del Cielo,
No tenga ningún recelo.
¿A quién debo ¡yo llamar
Vida mía.
Sino á til Virgen María?...
La música que acompaña á este último es de las
más lindas y expresivas, según dictamen de Barbieri.
Pero poéticamente son muy inferiores estas coplas á
los villancicos profanos, siendo digno de notarse que
el mismot Juan del Enzima trovó á lo divino algunos deT
los que antes había compuesto á lo humano. Sirva de
ejemplo el villancico dialogado que empieza :
¿Quién te trajo, caballero,
Por esta montan. i escura? —
¡Aj, pastor, que mi ventura!...
T
Cuya trorva ó parodia á lo divino es esta :
¿Quién te trajo, Criador,
Por esta montana oscura? —
Ay que tú, mi criatura...
Y tan popular debió de hacerse, que sirvió de tema
para otras poesías espirituales, entre ellas dos de Fray
Ambrosio Montesino :
¿Quién te trajo. Rey de gloria, *
Por este*valle tan triste?—
XLII LÍRICOS GASTELLLáNOS
¡ A.y hombre! tú me trajiste. . .
¿Quiéo te dió^ Rey, la fatiga
Desté sudor oxtremadoV—
¡Ay hombre! que tu pecado...
Siendo de notar qqe esta última fué escrita por
mandado de la Reina Católica.
La visión alegórica, en el estilo de los4mitadores de
Dante y Petrarca, y en las formas métricas consagra-
das por Juan de Mena y el Marqués de Santillana,
contó entre sus más asiduos cultivadores á Juan del
Enzina; pero tampoco en este género, qué por lo arti-
ficial y pomposo cuadraba mal con su índole, puede
decirse que brillara mucho, quedando por de contado
inferior, no sólo á Juan de Padilla, que á trechos
muestra condiciones de gran poeta, sino al mismo
Diego Guillen de Avila, que no pasaba de versificador
lozano y abundante. Estas obras del vate salmantino
son, entre otras, el Triunfo de Amor, dedicado al pri-
mogénito de los Duques de Alba, D. García de Tole-
do, á quien sus' malos hados destinaban á recibir en
1510, desventurada, aunque gloriosa muerte, en los
Gelves; el Triunfo de la Fama, compuesto en 1492
para celebrar la rendición de Granada; y la Tragedia
trovada á la dolorosa muerte del príncipe Don Juan, en
1497 (1). Este funesto suceso, que también lloraron
con acentos de verdadero y patriótico dolor el Comen-
(1) Por ser posterior en un año á la primera edición del
Cancionero^ no pado entrar en él; pero se imprimió aparte, en
un pliego rarísimo, de letra gótica, cuatro hojas en folio, de
papel y tipos idénticos á los del Cancionero^ al fin del cual se
halla encuadernado en el ejemplar de* la Academia Española.
PRÓLOGO • ' XLUÍ
dador Homán y otros poetas de entonces, dio pretexto
á Juan del Enzina para setenta y seis octavas de arte
mayor, que empiezan de esta pedantesca manera, tan
impropia de una lamentación :
Despiertai despierta tus fuerzas, Pegaso,
Tú que llevabas á Belerofonte;
Llévame á ver aquel alto monte,
Muéstrame el agua mejor del Parnaso.
Do cobre el aliento de Homero y de Naso,
Y el flato de Maro, y estilo de Anéo;
Y pueda alcanzar favor sofocléo,
Cantando en España muy mísero caso...
Algo más vale el Triunfo de ¡a Fama (escrito poco
después de haber terminado la versión de las Églo-
gas de "Virgilio). Y en efecto, era casi imposible que
tan magno acontecimiento como la consumación de la
Reconquista dejase de tener algún eco sonoro en la lira
de un poeta tan nacional, aun cuando usase las formas
de la poesía cortesana. Pero el maldito artificio alegó-
rico, reforzado con una erudición indigesta y de mala
ley, lo estropea todo. Pisando servilmente las huellas
de sus predecesores, y repitiendo visiones que cada
vez iban siendo más empalagosas, Juan del Enzina se
*
supone transportado á la ñiente Castalia, «á do vio á
:» muchos poetas beber por cobrar aliento de gran es-
tilo». Es curiosa la enumeración de los españoles :
Allí también vi de nuestra nación
Muy claros varones, personas discretas,
Acá en nuestra lengua muy grandes poetas,
Prudentes, muy dotos, de gran perfección:
Los nombres de algunos me acuerdo que son
Aquel excelente varón Juan de Mena,
Y el lindo Guevara, también Cartagena,
Y el buen Juan Rodríguez, que fué del Padrén...
XLiv líricos GASTCLLANOS
Don Iñigo López Mendoza llamado
Muy noble Marqués que fué en Santillana,
Aquel que dejó doctrina muy sana,
También con los otros allí fué llegado:
Y el sabio Hernán Pérez de Guzmán nombrado,
E Gómez Manrique también allí vino,
£ el claro Don Jorge, su noble sobrino,
E más otros muchos que tengo olvidado.
Así que después que todos vinieron
Cercaron la fuente con gran procesión,
Ta&endo é cantando con mucha afición,
E todos en orden del agua bebieron:
Aquesto pasado, de allí se partieron,
E fuéronse luego por esas montañas,
Adonde tenían los unos cisibañas,
Los otros sus cuevas en que se metieron.
Yo que me estaba muy bien ascendido,
Metido en la mata ya había gran rato,
Pasó Juan de Mena, cuando no me cato,
Tan cerca de mí que luego me vido:
Después que me tuvo muy bien conocido
E supo la causa de mi caminar,
Mandóme en la fuente beber é hartar
Porque gozase descanso complido.
Juan de Mena, pues, cuyo Labytiního va remedando
Enzina en lo que tiene de menos loable, es el guia que
encamina los pasos del poeta al templo de la Fama, en
cuyas varias estancias ve figuradas y entalladas la»
historias de griegos y romanos y las de su propia na-
ción, entre las cuales atraen principalmente sus ojos
las glorias de Isabel y de Fernando, que enumera en
versos no enteramente malos, pero de más entusiasmo
patriótico que fuerza poética :
Estaban encima de su real silla
Pintadas las guerras, batallas venciendo, •
A los portugueses matando y prendiendo,
J
PRÓLOGO XLT
Lanzándolos fuera de nuestra Castilla:
lia fuerte- batalla que puso mancilla
En sus corazones cubiertos de lloro:
Del todo vencidos allá cabe Toro,
Y en Cantalapiedra dejaron la viíla.
Allí vi también que estaban pintados - v .
Dos mil robadores, ladrones, traidores,
E de otras maneras otros' malhechores
Por modos diversos alli justiciados:
Al un cabo es tamban herejes quemados,
E al otro la Fe muy mucho ensalzada;
Por un cabo estaba la Santa Cruzada,
Por otro salían judíos malvados.
Vi luegfo pintada después de estas cosas
La guerra de moros muy bien guerreada
De todo aquel reino que llaman Granada,
< Con sus serranías muy mucho graciosas.
Lo flaco y lo fuerte, por fuerza ó por grado,
Vasallos ó siervos sujetos quedaban,
Los unos vencidos, los otros se daban,
Y allí vi también su Rev cativado.
y en cabo de todo vi grandes torneos,
Y justas reales, y canas 3' toros.
Ganada Granada, llorando los moros,
Que vían cumplidos ya nuestros deseos*
Y al Rey y á la Reina con rostros febeos
Regir Occidente con buenas fortunas
Desde las viejas hercúleas colunas
Hasta los altos montes Pirineos.. «
En esta última estancia el autor se levanta an poco
«n alas de la grandeza de la materia; y es también un
rasgo^ poético y feliz el presentar por remate del cua-
dro histórico á los más famosos maestros de la estatua-
ria griega, á los Lisipos, Praxiteles y Eidias, labran-
do el trono del principe D. Juan,
Gran principe nuestro ^ de principes flor,..
XLVr LÍBICOS CASTELLANOS
troDo que el destino, encarnizado siempre con España
ann en la cumbre de su poderío, no había de permitir-
le ocupar; trocando en paños de dolor las vestiduras de
regocijo, y en elegias los cantos triunfales.
Si por su interés histórico puede soportarse la lec-
tura del Triunfo de la Fama, no sucede lo mismo con
el Triunfo de Amor, que quizá supera en pesadez á
todos los innumerables Triunfos y Triunfetes. que
compusieron los malos imitadores del Petrarca. En
esta insulsa visión, que consta nada menos que de
1.350 versos, no falta ninguno de los ornamentos pro-
pios del género: el obligado sueño del poeta («sueña
con caídas de modorra» que hubiera dicho Gallardo),
la aparición del Dios Cupido, la descripción de los pa-
lacios de la Libertad^ de la Razón y de la Ventura; las
fiestas que se celebraron en el alcázar de Venus, que
era un castillo de cuatro torres, donde estaba la Sen-
sualidad de portera; el gran banquete á que asistieron
la Hermosura y la Prudencia; con otras invenciones
no menos nuevas y divertidas que éstas, y por supues-
to con una interminable retahila de nombres históricos
y mitológicos, puestos unos tras de otros, como en un
padrón de vecindad. Lo único curioso que este poema
contiene es una enumeración de los instrumentos mu-
sicales usados en tiempo del autor.
Pertenecen igualmente al género más trivial de la
poesía de los Caucioneros, como ya sus títulos lo indi-
can, el Testamento de Amores, la Confesión de Amores,
la Justa de Amores : argumentos, si tal nombre mere-
cen, tratados antes de él por innumerables trova-
dores.
Juan del Enzina, que á juzgar por las confesiones
PRÓLOGO XLVir
qae hace en sus obras, debía de ser muy enamoradizo,
no acertó, como tampoco ningún otro de su escuela, con
la sincera expresión del sentimiento amoroso, como no
fuese en alguna de sus églogas dramáticas; pero se lu-
ció mucho en el discreteo galante, compitiendo con el
mismo Alvarez Gato, á quien se parece hasta en la irre-
verente mezcolanza de lo sagrado y lo profano. En este
género un tanto pecaminoso son una delicia las copias
á su amiga en tiempo de Cuaresma.
Para la poesía frivola, vulgarmente llamada de so-
ciedad, tenía Juan del Enzina especial aptitud. Con
amenidad y sin esfuerzo la hacia brotar de las circuns-
tancias más triviales de la vida : coplas á tres gentiles
mujeres, la una dueña, la otra beata y la otra donce-
lla, que le demandaron colación, y á las cuales envía
por burla nn cuarto de carnero, enseñándoles el modo
de guisarle : coplas, más idéale^ y delicadas, á una se-
ñora que, paseando por el campo, le dio un manojo de
alhelíes blancos y morados, con otras flores que se lla-
man maravillas : coplas á otra dama que le pidió un
gallo para correr en su nombre.
Su genio blando é inofensivo, rara vez muestra una
punta satírica, como en las «coplas hechas en nombre
»de una dueña á su marido, porque siendo ya viejo te-
»nía amores con una criada suya.» Sus versos de bur-
las, que más bien pudieran llamarse de recreación y
pasatiempo, son de todo punto inofensivos, y parecen
la expansión de un ánimo regocijado, que sólo se pro-
pone hacer reir acumulando desatinos é incongruen-
cias. Tiene en este género tres composiciones bas-
tante chistosas, la Almoneda^ el Juicio sacado de lo
más cierto de toda la astrología, y los llamados por an-
XLVriI LÍBICOS CASTELLANOS
tonomasia Disparates de Juan del Enziüa. La Almo-
neda es el inventario del pobre ajuar de un estndiante
perdido, qne le malbarata para ir á Bolonia:
•
Los que quisierea mercar
Aquestas cosas siguientes,
Mírenlas é paren mientes,
Que no se deben tardar:
Porque después de cenar
Rl bachiller Babilonia
Las quiere malbaratar;
Que se quiere ir á estudiar
Al estudio de Bolonia.
Primeramente un Tobías
E un Catón é un Doctrinal
Con un Arte manual,
E unas viejas Homelías:
E un libro de cetrerías
Para cazar quien pudiere,
E unas nuev'as profecías
Que dicen que en nuestros días
Será lo que Dios quisiere (I).
E un libro de las Consejas
Del buen Pedro de Urdemalas (2),
Con sus verdades muy ralad
E sus hazañas bermejas:
£ unos Refranes de viejas,
E un libro de sanar potras,
E un arte de pelar cejas,
£ de tresquilar ovejas
E mñs muchas obras otras...
(1) Estos dos versos puso Qaevedo en la Vitiia de los chif
Í€8 en boca de Pero Grullo.
(2) Creo que es la primera vez que se nombra en nuestra
literatura á este personaje legendario. ¿Habría ya algún libro
de cuentos relativo á él?
PRÓLOGO XLIX
E unas muj^ buenas empalas
De maroma no muy gorda,
£ una buena lima sorda
Para excusar alcabalas^:
E un azadón é dos palas,
E un par de ganzúas buenas
Para poder hacer salas
E mantener grandes galas
Con las haciendas ajenas...
E dos ollas con un jarro,
E tres cántaros quebrados,
E cuatro platos mellados
Cubiertos todos de sarro:
E un buen salero de barro
. Con media blanca de sal,
E una escudilla, é un tarro,
E por mesa un gran guijarro,
Por manteles un costal...
Por este estilo prosigue una larguísima enumeración,
in la cual figuran, entre otras cosas,
Un silbato ó cornezuelo
Para llamar las vecinas,
...%.
Unos dados é un tablero
Para sacudir el cobre.
Una vihuela sin son...
Unos naipes sevillanos.
Rotos ya de mil reniegos...
Es imposible leer esta f aceda sin que venga inme-
diatamente ¿ la memoria el Petü Testament de Fran-'
cisco Villon, compuesto en 1456. La semejanza es visi-
ble, pero no puede sospecharse relación directa en-
tre ambos poetas, que trataron, cada uno á su manera,
y con la libertad propia de su humor respectivo, un lu-
gar Gomun de la poesía de la Edad Media, cuya forma
Tomo VII. 4
L líricos GASTBLbANOS
más antigna de antor español creo que ha de encon-
trarse en los versos provenzales inéditos del trovador
Ser veri de Gerona, contemporáneo del rey don Pe^
dro ni.
El Juicio sacado por Juan iü Enzina de lo má$ cier-
to de toda la astrologia es la primera muestra que yo he
visto> de esas composiciones burlescas que con titulo d»
Juicio del año suelen estamparse en los almanaques.
Paréceme que en esta donosa burle de las predicdonei^
astrológicas y meteorológicas de los zaragozanos de
entonces, tiró Juan del Enzina á tejado conocido y muy
cerca de su casa, poniendo en solfa, como vulgarmente
se dice, los pronósticos de un cierto maestro Diego de .
Torres, que, por rara coincidencia, á través de más de
doscientos afíos, con su homónimo el festivo escritor
salmantino de principios del siglo xviii, era como él
catedrático de Matemáticas en la Universidad, y hacia
también almanaques y predicciones, según lo indica el
rarisimo libro que dio á luz con el rótulo de Medicinas
^reservativas y curativas de la pestilencia que significa
d eclipse de sol del año 1485, Fuera éste ú otro el as*
trólogo satirizado por Juan del Enzina, cuando dice
E por no perder el tino,
No me meto en los planetas,
En estrellas ni cometas.
Ni quiero tratar de signo...
no se puede negar cierta gracia á esta parodia, en que
el poeta ya ensartando todo género de perogrulladas:
Mas quiero, como supiere,
Declarar las profecías
Que dicen que en nuestros días
Será lo que Dios quisiera:
PRÓLOGO U
Porque nadie desespere, .
Hasta el año de quinientos
Vivirá qaien no muriere.
Será cierto lo que fuere
Por más que corran los Tientos.
E serán tiempos tan sanos
Quel placer será deporte;
Y estará el rey en la corte,
Y en la corte cortesanos.
Serán los hombres humanos
Por humanos que los veas:
Habrá tantos ciudadanos
Que todos los aldeanos
Morirán por las aldeas.
El que no se baptizare
No será de nuestra ley:
Reinará cualquiera rey
En el reino que reinare:
Y el cardenal que papare,
Si por dicha no se escapa»
Si á Padre Santo llogpare,
Aunque pese á quien pesare,
No podrá escapar de Papa.
Según los Evangelistas,
Los que estudian por saber
Estudiantes han de ser,
Juristas ó no Juristas:
Los filósofos é artistas.
Los teólogos sagrados,
Los honrados canonistas.
Los médicos é legistas
Serán, si fueren, letrados.
En las partes de Oriente
Tanta luz el sol dará,
Que nascerá por allá
Primero que por Poniente...
Lii líricos castellanos
Cuando el tiempo demudare
En Ávila y en Segovia,
La mujer que fuere novia
* Parirá desque empreñare,
Y en Madrid, quien madrugare ^
Levantarse ha de mañana; .
Y el que en Toledo morare ,
Hallará) si bien contare,
Que el que pierde poco gana...
Lo que principalmente nos hace recordar composi-
ción tan baladi, es que andando los tiempos tuvo el
' honor de ser imitada y comentada con soberana chispa
é incomparable sooarroneria por D. Francisco de Que-
vedo, cuando en la Visita de los chistes hace profetizar
á Pero Grullo «cosas que tienen más veras de laá que
parecen».
Muchas cosas nos dijeron
Las antiguas profecías:
Dijeron que en nuestros días
Será lo que Dios quisiere.
Las mujeres parir<in
Si se empreñan y parieren,
Y los hijos que tuvieren
De quienes fueren serán...
Volaráse con las plumas,
Andaráse con los piesj-
Serán seis dos veces tros...
También Juan del Enzina figura entre los persona-
jes populares y emblemáticos de este admirable Sueño,
gracias á otra festiva composición suya que logró, sin
saberse por qué, tanta notoriedad, que su titulo vino á
ser inseparable del nombre de su autor, aun en tiem-
PRÓLOGO Lía
pos en que el Cancionero de éste yacía en el olvido más
profundo. « Yivos de Satanás (dice la Sombra del poeta
eyocada por Juan del Enzina), ¿qué me queréis que
»me dejáis muerto y consumido?... Soy yo el malaven-
» turado Juan de la Enzina, el que habiendo muchos
»años que ^stoy aquí (en el otro mundo), toda la vida
» andáis, en haciéndose un disparate ó en diciéndole
» voso tros: «^o hiciera más Juan de la Encina; daca
y>los disparates de Juan de la Encina,» Habéis de sa~
»ber que para hacer y decir disparates, todos los hom-
»bres sois Juan de la Encina; y que este apellido de
»£ncina es muy largo en cuanto á disparates... Y si
»por hacer una necedad anda Juan de la Encina por
» todos esos pulpitos y cátedras, con votos, gobiernos
»y estados, enhoramala para ellos; que todo el mundo
»es monte, y todos son Encinas.»
Los tales disparates que justifican plenamente su
nombre, y que sólo por su rara fortuna tradicional pue-
den recordarse, comienzan de esta suerte :
Anoche de madrugada,
Ya después de medio día.
Vi venir en romería
Una nube muy cargada,
Y un broquel con una espada
En figura de hermitaño,
Caballero en un escaüo...
De estas desaforadas coplas, que tuvieron la virtud
de convertir á su autor en un personaje de folk-lorCy ,
borrando casi en la fantasía de las sentes su persona-
lidad histórica, no se desdeñó de hacer imitaciones
(que el malo y casero gusto del siglo xviii celebró más
que otras cosas muy amenas y sensatas de su autor)
LIV LÍRICOS CASTELLANOS
un ÍDgenio tan culto como D. Tomás de Triarte. Becuér-
dense aquellas tan sabidas décimas con su glosa :
vino un día Menelao,
Sobrino de Faraón,
Conducido en un simón
Hasta el puerto de Bilbao...
y las no menos famosas quintillas, que tienen más gra-
cia porque parece que envuelven una burla de la pe-
dantería de cierta casta de eruditos :
En la Historia de Mariana
Refíere Virgfilio un cuento
De una ninfa de Diana,
Que, por ser mala cristiana,
Fué metida en un convento...
Seria injusto quien, fijándose únicamente en compo-
siciones de la ínfima laya de los Disparates trotados,
confundiese á Juan del Enzina en el grupo de los co-
pleros chabacanos y adocenados. Mucho tuvo de co-
plero, como todos los poetas de su tiempo y de su es-
cuela; pero también tuvo relámpagos de noble y deli-
cada poesía. ¡Con qué tierna sencillez dice en la Con-
solatoria á un amigo en la muerte de su madre, recor-
dando los pensamientos de Jorge Manrique :
¿Qué es la vida sino flores
Nacidas en poco rato.
Que ya cuando no me cato
Tienen'muertas las colores?
|0b qué dulzor de dulzores
Morir una vez no más,
Por cobrar sin más dolores
Vida de grandes primores»
Donde no mueren jamás!
PRÓLOGO LY
{Con qxxé gentileza caballeresca sale á la defensa de
las mujeres, contradiciendo á los maldicientes trova-
dores de la escuela de Torrellas! (1). Basgos hay en
estas coplas que parecen dignos de la suave musa que
dictó El JPremio del bien hablar :
Si á mujeres ultrajamos,
Miremos que deshonramos
Las canas de nuestras madres.
(1) Ko sabemos qué interpretación raoional puede darse á la
extraña alusión que contienen estos versos del poema obsceno
Pleito del Manto, incluido por primera vez en el Cancionero Ge-
neral de 1614 :
Ante Torrellas apelo,
Que merece mil renoñibres.
Porque sostuvo sin velo,
Mientras estuvo en el suelo.
fl partido de los hombres;
si dijeren que es muerto.
Por ser del siglo pasado.
En Salamanca, por cierto,
Un hij'i suyo encubierto
Tiene su' poder cumplido.
El cual es aquel varón
Que muy justo determina,
Sabidor con discreción
Que llaman Juan del Encina'-
Si se trata de paternidad física, tal especie necesitaría apoyo
«n alg¿n documento m&s serio. T si se trata de paternidad in-
telectual en el sentido de que Juan del Enzina hubiese adopta-
-do ó heredado las ideas del caballero catalán y especialmente
su aversión ¿ las mujems, que tan cara le costó, según la le-
yenda; nada hay más contrario k lo que resulta de estos ver-
sos, y especialmente del.final de ellos» que no seria gran mues-
tra de ternura filial, si hubieía de tomarse al pie de la letra lo
^ue dice el Pleito :
¡Bendito quien las sirviere
T ensalzare su corona!
¡Viva, viva la persona
Del que más suyo se viere!
Muera quien mal las desea
Peor muerte que Toreüas :
En placer nunca se vea
T de Dios maldito sea
El que dijere mal de ellas!
LVI líbicos GA&TflLLANOS
Pero hay qne reconocer que en sus composiciones
de más empeño, si Juan del Enzina acierta en ocasio-
nes, rara^ ve:& se sostiene mucho. Su misma facilidad le
hace verboso y prosaico : le falta aliño, le falta arte^
y á pesar, de sus aspiraciones dogmáticas, le falta tam<^
bien un elevado concepto de la poesía . Si no hubiera
hecho más que triunfos dé la Fama y justas de amores,
su nombre yacería tan olvidado como los de otros in-
numerables poetas del siglo xv. Lo que le salva son los^
elementos musicales y populares de su poesía, sus vi-
Uancicos y sus glosas. Sus composiciones mayores ya-
cen como informes y pesados cuadrúpedos en el fondo
de su Cancionero, mientras zumba en torno de ellos ux>
enjambre de espíritus alados. Aquel germen bienhechor
y misterioso de la canción popular, que salvó del ama-
neramiento cortesano una porción, no grande, pero st
selecta, de la poesía de los trovadores gallegos, y que
luego en Castilla ciñó las sienes del docto Marqués de
Santillana con una guirnalda de flores campesinas, más
lozanas y vivideras que todas las que artificialmente
había cultivado en los jardines de su erudición : la
musa de las pastorela^, de las vaqueras, de las serrani-
llas y de las villanescas fué también la que sacó de la
medianía á Juan del Enzina, mareándole el rumbo pro>
pió de su ingenio, y poniendo en sus labios un raudal
de poesía dulce y sabrosa, natural y ligera, que tra-
duce sin esfuerzo las impresiones de la juventud, de la
primavera sonriente, del amor fácil. El estudio de es-
tas canciones será siempre incompleto para el que na
puede apreciar el mérito de las sencillas melodías que
las acompañan, y que no son extrañas al tema, como
sucede, por ejemplo, en las canciones de Béranger, sino
PROLOGO LVIl
qne fueron compuestas ad hoc por el mismo poeta. Bigc^
quien sepa y pueda si en esta música de palacio había,
como yo sospechO) elementos populares, que con el
tiempo habían de prevalecer y de emanciparse. En las
letras no cabe duda que los hay, si bien incorporados
en una tradición lírica de carácter artístico. Algunas de
estas letras, que el poeta mismo califica de ajenas,
parecen más antiguas que él, y tienen sabor de frag-
mentos de romance viejo :
¡Oh castillo de Montantes,
Por mi mal te conocí!
¡Cuitada de la mi madre
Que no tiene más de á mí!...
El mismo Juan del Enzina había hecho romances, no
solamente amorosos, sino también históricos y de asun-
to contemporáneo, como el de la toma de Granada:
¿Qué es de ti, desconsolado?
¿Qué es de ti, rey de Granada?...
menos inspirado á la verdad que el brioso villancico,
en forma de diálogo, que compuso sobre el mismo ar-
gumento:
Levanta, Pascual, levanta;
Aballamos á Granada,
Que se suena que esi tomada. ..
—Pues el ganado se extiende.
Déjalo bien extender;
Porque ya puede pacer
Seguramente hasta allende.
Anda acá, no teestés ende.
Mira cuánta llamarada;
¡Que se suena que es tomada!
—¡Oh qué Reyes tan benditos!
Vamonos, vamonos yendo,
Lviri líricos ca&tellanos
Que ya te voy percreyendo
Segú» oyó grandes gritos.
Llevemos estos cabritos,
Porque habrá venta chapada;
Que se suena que es tomada.
— Aballa^ toma tu hato,
Con tárete á maravilla
Cómo se entregó la villa,
Según dicen, no ha gran rato.
¡Oh quién viera tan gran trato
Al tiempo que fué entregada!
Que se suena que es tomada.
Ya luego allá estarán todos
Metidos en la ciudad
Con muy gran solenidad,
Con dulces cantos é modos.
¡Oh claridad de los godos, -
Reyes de gloria'uombrada!
Que se suena que es tomadal
¡Qué consuelo é qué conorte,
Ver por torres é garitas
Alzar las cruces benditas!
¡Oh qué placer é deporte!
Y entraba toda la corte
A milagro ataviada,
Que se suena que es tomada...
Por otra parte, es muy de notar que Juan del Enzina
aplicó música nueva y de su composición (1) al roman-
ce viejo del Conde Claros: «Pésame de vos, el Conde»,
y quizá á algún otro; lo cual probaria, si menester fue-
se, su trato y comercio continuo con la musa vulgar.
Sin ella no hubiera atinada nunca con estribillos tan
felices como éstos:
(i) Nám. 329 del Cancionero musical de BarbierL
PRÓLOGO LIX
Montesina era la g^arza
E de muy alto vo!ar:
No bay quien la pueda tomar...
^ Decidme, pues, sospirastes,
Caballero, ques gocéis,
/,Qaién es la que más queréis?...
RomeritOj tú que vienes
De donde mi vida está,
liES nuevas della me da...
MucHos de estos villancicos son dialogados, y anuncian
ja en embrión al poeta dramático que con poco más
desarrollo hizo sas églogas. Los más yJos mejores son
pastoriles, y los hay sacros y profanos. Los del Naci-
miento tienen una gracia casi infantil. En los de amo«
res villanescos suele haber una punta de candorosa ma-
licia, que fué siempre la salsa del género, y que en las
parodias realistas del Arcipreste de Hita había pasado
algunas veces de la raya. Dentro de ella se contiene
casi siempre Juan del Enzina en los deliciosos villan-
cicos que principian:
Daca, bailemos, carillo,
Al son des te caramillo...
Una amiga tengo, hermano,
Galana de gran valía,
¡Juro á Dios! más es la mía...
Pedro, bien te quiero,
Maguera vaquero...
Ya soy desposado,
líuestramo.
Ya soy desposado...
y otros muchos que pudiéramos citar, 4;an ricos de vo-
cabulario rústico, tan suelta y limpiamente versifica-
Lx líricos castellanos
dos, que parece que respiran olor de trébol y de reta-
ma. En la poesía bucólica española, que es género
muy distinto de la égloga clásica, Juan del Enzina e»
un encantador maestro, y bien puede decirse que sólo>
fué superado por los grandes dramaturgos del siglo xvii,
por Lope y Tirso.
Algunos de estos villancicos de Enzina, aunque no>
por cierto los mejores ni los que más conservan el sa«
bor del terruño de Salamanca, han logrado favor has-
ta entre los versificadores cultos y los críticos de la es-
cuela clásica. Y no es raro encontrar en antologías y
Poéticas tan rígidas como la de Martínez de la Eosa^
citados con elogio versos como éstos:
¡Ay triste que vengo
Vencido de amor^
Maguera pastor!
Más sano me fuera
No ir al mercado,
Que no que viniera
Tan aquerenciado;
Que Tengo coitado,
Vencido de amor.
Maguera pastor, . .
Con yista halaguera
Mírela, é miróme:
Yo no sé quién era.
Mas ella agradóme,
E fuese, é dejóme
Vencido de amor.
Maguera pastor. . .
Da ver su presencia
Quedé cariñoso,
Quedé sin hemencla,
Quedé sin reposo.
Quedé muy cuidoso,
Vencido de amor,
PRÓLOGO LXÍ
Maguera pastor. . .
Más. vale trocar
Placer por dolores,
Que estar sin amores.
Donde es gradecido
Es dulce morir;
Vivir en olvido
Aquel no es vivir;
Mejor eÉ sufrir
Pasión y dolores
Que estar sin amores...
En la estructura de los versos cortos, ningún trovador
del siglo XV excedió ¿ Juan del Enzina, porque nadie
probablemente le igualaba en talento musical. ¡Con qué
£uidez corren los hexasilabos de sui^ idilios!
Tan buen ganadico,
Y más en tal yaUe^
Placer es guardalte.
6anado d' altura
Y más de tal casta,
Muy presto se gasta
Su mala postura;
Y en buena verdura,
Y más en tal valle,
Placer es guardalle.
Ansí que yo quiero
Guardar £qí ganado
Por todo este prado
De muy buen apero:
Con este tempero,
Y más en tal valle,
Placer es g%*ardalle... (1)
(I) Este villancico no se halla en el Cancionero de Juan del
Enzina, pero si en ol Cancionero musical de la Biblioteca de Pa-
lacio. Otra .vaviaate de él, ó más bien otra composición anóni-
ma sobre el mismo tema, se lee en un pliego suelto gótico que
empieza con las Coplas de Anión Vaquerizo de Morana.
LXii líbicos castellanos
jCon qué suave languidez y pausado timbre suenan
las coplas de pie quebrado!
Ya cerradas son las puertas
De mi vida,
Y la llave es ya perdida...
Hermitaüo quiero ser
Por ver,
Hermitano quiero ser...
Crescerán mis barbas tanto
Cuanto crescicre mi pena;
Pediré con triste llanto:
«Dad para la Magdalena.»
SI me quisieren valer,
Por ver,
HermitaÜo quiero ser...
Quizá que por mi ventura
Andando de puerta en puerta.
Veré la gentil tigura
De quien tien mi vida muerta;
Si saliesse á responder,
Por ver,
Hermitalio quiero ser...
Los sospiros encubiertos
Que he callado por mi daño,
Hora serán descubiertos
En hábito de bermi tallo.
Hora ganar 6 perder;
Por ver,
HermitaBo quiero ser...
Aun la relativa inferioridad de Juan del Enzina en
la poesía religiosa tiene, en esta parte de su Canciones
ro, brillantes excepciones, sin duda porque le ayudaban
la música y el metro, como lo prueban los dos lindos,
devotos y afectuosos villancicos que comienzan:
/,A quién debo yo llamar
Vida mía,
PRÓLOGO JLXIII
Sino á ti, VirgOD María?...
Pues que tú, Reina del Cielo,
Tanto -vales,
Da remedio á nuestros males...
Dicho queda que Juan del Enzina hizo romances, y
aun hemos tenido ocasión de mencionar alguno. Y
aunque todos ellos vayan en consonantes perfectos, se-
gún el uso de los trovadores de aquel tiempo, y perte-
nezcan de lleno á la escuela cortesana, aun en ellos se
revela el alma popular del poeta; y á veces lo narrativo
y caballeresco se infiltra á través de lo sentimental:
Por unos puertos arriba
De montaña muy escura,
Caminaba el Caballero
Lastimado de tristura.
El caballo deja muerto
Y él á pie por su ventura.
Andando de sierra en sierra,
De camino no se cura.
Huyendo dé las florestas,
Huyendo de la frescura... (1)
Pero no fué en la lírica propiamente dicha donde
Enzina dio mayores pruebas de talento poético. Hay
otra región vastísima del arte en que nadie puede ne-
(1) De estos romances aconsonantados era fácil el tr&nsito
á las redondillas, trabando los versos impares, como alguna vea
hizo Juan del Enzina:
To me estaba reposando»
Durmiendo como solía, ^ .
Recordé triste llorando W
La gran pena que sentía...
Es exactamente el metro en que esb& compuesto el antiguo
Poema de Alfonso Onceno,
hxiv líricos castellanos
garle la gloria de iniciador, y de maestro de una escue-
la cuya vida se prolongó por más de medio siglo sin
alterar substancialmente el tipo de representación dra-
mática que él üjó. Y aunque la apreciación detenida de
tales obras incumbe más particularmente á la historia
del teatro, es imposible dejar de hacer aquí alguna
mención de ellas, tanto porque su conocimiento es in-
dispensable para estimar toda la importancia del poeta
salmantino, cuanto por el número y valor de los ele-
mentos líricos que en este primitivo teatro se mez-
claron.
Y ante todo, ¿cuál es el verdadero puesto que Juan
del "Enzina debe ocupa.r en la historia de los orígenes
del drama nacional? ¿En qué consistieron realmente
sus innovaciones?
Casi sin salvedad alguna se le puede clasificar como
nuestro más antiguo poeta dramático de nombre cono-
cido. Y digo casi, porque el descubrimiento del Gando •
ñero de Gómez Manrique nos ha ofrecido el texto de
dos brevísimas Bepresentaciones del Nacimiento y de la
Fasión, que seguramente son anteriores á las guyas.
Pero el ningún artificio escénico y la extraordinaria
sencillez de dichas piezas, destinadas á un convento de
monjas, no permiten ponerlas en comparación con un
teatro tan copioso, tan vario y relativamente tan
desarrollado como el de Enzina. Gómez Manrique, y
seguramente otros trovadores del siglo xv, pudieron
ser ocasionalmente poetas dramáticos, pero sólo Juan
del Enzina lo fué de un modo intencional, con voca-
ción, con perseverancia, y con una marcha ascendente
desde sus primeras obras hasta las últimas; siempre en
demanda de formas nuevas y más complicadas.
PRÓLOGO LXV
No se eqaivocó, pues, la voz popular cuando llamó
á Enzlna «padre de la comedia española». Pero cíomo
quiera que los primeros escritores que le dieron tal
dictado vivieron en tiempos e^ que su Cancionero es-
taba muy olvidado, no es maravilla que mezclasen con
UQ hecho' cierto tradiciones fabulosas. Asi el discreto
representante Agastin de Enojas, en su famosa Loa de
la Comedia (1603), que se cita siempre al tratar de este
asunto, no sólo restringe á tres el número de las églo-
gas de Enzina, sino que equivoca los nombres de sus
Mecenas:
Y donde más ha subido
Hj quüates la com3dia
Ha sido (Ion de más tarde
Se ha alcanzado el uso del! a;
Que es en nuestra madre España.
Porque en la dichosa era
Que aquellos gloriosos reyes, '
Dignos de memoria eterna,
Don Fernando é Isabel
(Que ya con los santos reinan),
De echar de Espafia acababan
Todos los moriscos que eran
De aquel reino de Granada, •
Y entonces se daba en ella
Principio á la Inquisición,
Se le dio á nuestra comedia
Juan de la Enziba el primero,
Aquel insigne poeta,
Qus tanto bien empezó;
De quien tenemos tres églogas
Que él mismo representó
Al ali^irante y duquesa
De Castilla y de Infantado,'
Que éstas fueron las primeras;
, Y para más honra suya
Tomo VIL 5
Lxvi LrniGos castellanos
Y de la comedia ouestra,
En los días que CoIóq
Descubrió la gran riqueza
De Indias y Nuevo Mundo,
Y él Gran Capitán empieza
A sujetar aquel reino
De Ñapóles y su tierra, ♦
A descubrirse empezó
ir
El uso de la comedia,
Porque todos se animasen
A emprender cosas tan buenas...
Sia más apoyo que estas noticias del Viaje éntrete-
nido, pero cometiendo nuevos errores, quizá por no
haberlas entendido bien, el cronista Rodrigo Méndez
Silva en su Catálogo real y cronológico, tan atropella-
do cómo todas sus obras, dio por sentado que «en el
ano de 1492 comenzaron en Castilla las compaTiias á
representar públicamente comedias por Juan del Enzi-
na, poeta de gran donaire, graciosidad y entretenimien-
to», siendo asi que Rojas no habla de representaciones
públicas ni menos de compañías de cómicos: térmi-
no enteramente impropio y absurdo cuando se trata
del siglo XV. Y finalmente, puso el colmo al disparata
D. Blas Antonio Nasarre estampando en su prologa á
las Comedias de Cervantes la estupenda noticia de una
pieza cómica de Juan del Enzina, representada en casa
del Conde de Ureña para festejar á los Reyes Católicos
en sus bodas celebradas en 1469: fecha en que el supues*
to autor de ests. pieza cómica, ó ingeniosa pastoral, como
la llama Jovellanos, no había cumplido todavía vn año.
Dejando aparte tales desvarios, lo que importa ad-
vertir es que en ninguna de las piezas sacras ó profa-
nas de Enzina se encuentra el más leve indicio de
PRÓLOGO LXvir
haber nido objeto de representación popular « y menos
pcH* compañías de cómicos asalariados. Las más anti-
guas fueron representadas en casa de los Duques de
Alba: de otra consta que lo fué ante el Príncipe Don
Juan : la Farsa de Plácida y Vitonano, ó quizá alguna
otra comedia que no conocemos, lo fué en Boma, en
casa del Cardenal de Arbórea. De las restantes nada^
puede afirmarse.
Por consiguiente, cuando se dice que Juan del En-
ziná emancipó y secularizó nuestro drama, se dice algo
que en el fondo es verdadero, no sólo porque ninguna
de SU3 piezas tuvo por escenario la iglesia, sino porque
sus representacione|^ profanas son notablemente supe-
riores á las devotas en número, en extensión y en mé>
rito. Pero se olvida, por una parte, que el drama de la
Edad Media no era exclusivamente hierático, puesto
que al lado de los misterios existían los juegos de escar-
nio, y otros rudimentos de farsa profana; y por otra,
que el tránsito del teatro de la iglesia al de la plaza
pública no en todas partes fué inmediato, sino que apa-
reció muchas veces como forma intermedia el teatro
aristocrático y cortesano, al cual, por las circunstancias
externas y materiales de su representación, pertenecen
las obras de Enzina, aunque sean profundamente po—
pulares sn inspiración y su estilo.
Nace este teatro, en su parte religiosa, de un fondo
común á todas las literaturas de la Edad Media: del
drama que en su forma latina, y aun en sus más anti-
guas formas vulgares, bien puede ser calificado de li-
túrgico, puesto que de la liturgia nació, siendo coma
una ampliación popular de ella. Recuérdese, por ejem-
plo, que un sermón de San Agustín, el Vos, inquam.
LXVlir LTRICOS CASTELLANOS
convenio, o Judaei, que se leía en la vigilia de la Nati-
vidad del Señor, dio nacimiento á todo el ciclo de los
Profetas de Cristo, de qué forma parte el célebre canto
de la Sibila, varias veces romanceado en los dialectos
de la lengua de Oc. La más antigua muestra d& drama
litúrgico latino es el Misterio de los Reyes Magos de la
catedral de Nevers, copiado en un códice del año 1060;
y por notable. coincidencia es también Misterio dé los
Reyes Magos la más antigua muestra conocida hasta
ahora del drama religioso en nuestra lengua; Misterio
que por otra parte compite en antigüedad con los de
más remota fecha en cualquiera de las lenguas vulga-
res, y quizá cede sólo al Misterio d^ las vírgenes fatuas^
mixto de latín y provenzal.
Pero por un fenómeno, á primera vista inexplicable,
España, que puede presentar uno de los primeros ensa-
yos de representación piadosa, ya completamente ro-
manceada, y que fué de todas las naciones moderiias
la que más tiempo retuvo el género, la que le perfec-
cionó y amplificó y le dio sus fprmas definitivas en la
comedia de sanios y en el auto sacramental^ es la que
menor número de misterios de la Edad Media posee,
pues en castellano no vuelve á haber otro hasta Gómez
Manrique, que es de las postrimerías del siglo ^v; y
en catalán, aunque las noticias de representaciones
abundan más (1), los ejemplos se reducen á un frag-
mento de misterio de la Magdalena, del siglo xiy (que
contiene por cierto la historia legendaria de Judas,
(1) Véase el cariosísimo estadio del Dr. Milá y Fontnnals
Orígenes del teatro catatán, qae he publicado en el tomo sexto
de sus Obras (1893).
PRÓLOGO LXIX
" » ■
análoga á la de Edipo), y á los textos, vivos todavía en
la representación popular, pero segaramente muy mo-
dernizados en la lengua, de los tres misterios que se
recitan en los carros ó rocas del día del Corpus en
Valencia; y del famosísimo de la villa de Elche (Trán-
sito y Asunción de Nuestra Señora), que es hoy entre
nosotros la única supervivencia que sepamos del pn-
mitivo drama religioso con sus peculiares caracteres,
esto es, dentro de la iglesia y con el concurso del clero
y del pueblo.
Tan extraordinaria laguna en nuestros riquísimos
anales dramáticos contrasta de tal modo con la prodi-
giosa abundancia de dramas litúrgicos latióos, de mis-
terios franceses, de sacre Rappresentaziorti italianas, de
miracle-plays ingleses, que verdaderamente no sabe
uno á qué atribuirla. Y aunque nuestros archivos ecle-
siásticos, todavía vírgenes en gran parte, quizá nos
guarden sobre este punto alguna agradable sorpresa, y
nos sea dado leer algún nuevo misterio de los siglos
XIV y XV, no creemos que tan hipotéticos hallazgos
lleguen á modificar mucho la impresión de pobreza que
en este ramo ofrece nuestra literatura anterior al Ee-
nacimiento, formando pasmoso contraste con la enérgi-
ca vitalidad que desde entonces cobra el drama nacio-
nal, sacro y profano, hasta que en tiempo de Lope sus
ramas llegan á cobijar á toda Europa.
Varias causas pueden señalarse de tal penuria de
documentos : la poca importancia que se daba á la la-
bor-literaria en obras que giraban siempre ^obre los
mismos tópicos desarrollados de la misma manera, y
en que la parte del poeta Qra seguramente menos es.
timada que la del músico y el maquinista: y el no
LXX LÍRICOS CASTELLANOS
haber existido aquí, como en otras partes, cofradias
dramáticas, verdaderos gremios de aficionados á este
género de representaciones, y en cuyas manos el drama
religioso, secularizándose cada vez más, llegó á aquella
prolifíca vegetación de las Moralidades y de los. Mis-
terios franceses del siglo xv : poemas de enorme ex-
tensión algunos de ellos, y ligados á veces formando
ciclo. Si en España son raros los misterios; dé las mo-
ralidades (piezas de carácter alegórico, con mezcla y
aun predominio de elementos satíricos), no se halla ni
el nombre siqniera, k) cual no es decir que fuesen
enteramente desconocidas, puesto que en el teatro
del siglo XVI encontramos algunas piezas calificadas
de representaciones morales, que seguramente no ve-
nían de Francia. Los destinos de este género han sido
muy varios: en Francia, y aun en Inglaterra (cu-
ya primitiva literatura dramática es una secuela de
la francesa), siguió una tendencia decididamente rea-
lista y prosaica, y de las abstracciones éticas fué
pasando por grados á ser rudo esbozo de comedia de
carácter, confundiéndose á veces con las f arces y las
sotties. En España, donde el teatro religioso persistió
cuando en todas partes había muerto, y nunca dege-
neró enteramente de su primitivo espíritu, la parte ale-
górica de las moralidades se combinó con el elemento
histórico y dramático de los misterios, engendrando la
nueva y más depurada forma del auto sacramental, en
que aparecieron compenetrados los dos principios gene-
radores del drama teológico, la Biblia y la Escolástica,
Y si bien se mira, una moralidad sería aquella co-
media alegórica que en 1414 compuso D. Enrique de
Yillena para las fiestas de la coronación de D. Fernán-
PRÓLOGO LIEXI
«do el HonestOf en Zaragoza, puesto que en ella inter-
veníafi como personajes la Justicia; la Verdad, la Paz
y la Misericordia, conforme al versículo 1 1 del salmo
S4 : <í Misericordia et Veritas ohviavsruni sibi : Justitia
^t Pax osculatae sunt»
El teatro del siglo xvi (único teatro que tenemos
anterior al de Lope de Vega) recogió las tradiciones
•del perdido drama religioso de los «glos medios, y sir-
ve indirectamente para confirmar su existencia. Es
•cierto que no se habla ya de misterios ni de moralida-
des, prefiriéndose ios nombres de égloga, farsa, repre-
sentación, auto, y aun tragicomedia alegórica; pero
¿quién duda que la Victoria Christi del bachiller Barto-
lomé Palau, por ejemplo, en que se desarrolla toda la
-economía del Antiguo y Nuevo Testamento, es un in-
menso misterio cíclico; y que, por el contrario, la Farsa
Moral, de Diego Sánchez de Badajoz, «en que se re-
»presenta cómo las cuatro virtudes cardinales endere-
:»zan los actos humanos», ó su Farsa racional dd libre ^
albedrío, «en que se representa la batalla que hay en-
»tre el Espíritu y la Carne», ó su Farsa de la Iglesia,
ó la del Juego de cañas espiritual de virtudes contra vi-
cios, ó la Danza de los pecados, soá moralidades hechas
y derechas; sin que falte en otras muchas de su autor,
especialmente en la Farsa militar y en la Farsa de la
Muerte, ni siquiera una desvergonzadísima parte satí-
rica que las acerca más y más á sus congéneres del
otro lado de los Pirineos? ¿Qué es sino una moralidad
inmensa, una sátira general de las costumbres y de los
estados humanos, el Auto de las Cortes de la Muerte,
que comenzó Micael de Carvajal, y terminó Luis Hur-
tado de Toledo?
LXXII LÍRICOS CASTELLANOS
La persisteccia de estas formas del teatro medioeval,
cuándo ya en todas partes iban desaparecienlio, e»
quizá la principal razón que explica la pérdida de los
textos anteriores : razón análoga á la que trajo la pér-
dida casi completa de nuestra primitiva poesía épica
en su forma de cantares de gesta. Cuanto más popular
y vivo es un género, más sujetas están á continua mu-
tación sus formas. Lo que ayer fué versos de gesta,
mañana. se ingiere en la prosa historial, ó se desmenu-
za en fragmentos épico-líricos, ó invade el teatro, y de
poesía narrativa se convierte en activa. Del mismo
modo el drama popular, al secularizarse, recibe la he-
rencia del teatro litúrgico y semilitúrgico, le combina
coü todo género de elementos profanos, y entierra las
toscas formas antiguas bajo el prestigio de las nuevas.
Esta segunda era comienza, sin disputa, en Juan del
Enzina. La obra anterior á él era anónima y colectiva :
la suya tiene ya el sell(> de la individualidad, hasta en
aquellas primeras composiciones suyas que parecen más
ajustadas al canon hierático. Cinco de estas piezas per-
tenecen á aquel género de representaciones que los
clérigos pueden facer, segan las palabras déla ley de
Partida (1 .*, tít. VI* ley 34) : ^assí como de la nacencia
:»de nuestro señor Jesucristo en que muestra cómo el
i> ángel vino á los pastores , é cómo les dijo cómo era Je-
isucristo nacido.,, é de su resurrección j que muestra que
9 fué crucificado é i'esucitó al tercero día : tales cosas
»como estas que mueven al orne á facer bien é á haber de*
:^voción en la fe, 3 Cumplen enteramente con estos pre-
ceptos las representaciones de Pasión y de Eesurrec-
ción que compuso Enzina para el oratorio de los Du-
ques de Alba: diálogos sobremanera sencillos, algo
PRÓLOGO LXXfil
fiios quizá en la expresión de afectos, por la índole
poco ascética del poeta (que en esta parte queda muy
inferior á su coetáneo Lucas Pernández), pero decoro*
sos, intachables en la ortodoxia y hasta en el respeto
con que se trata el tema evai/gélico, buscando siempre
la forma indirecta ( 1 ) .
Pero las tres églogas de Navidad son cosa muy di;-
versa, porque en ellas el elemento profano alterna con
el devoto, y á veces se sobrepone á ól. El júbilo de la
fiesta convidaba á usar de mencs severidad, y autor
y espectadores podían entregarse sin remilgos á una
alegría infantil, franca y sana. La intervención de los
pastores cuadraba maravillosamente á esto, y ya hemos
dicho que otros poetas coetáneos de Euzina ó poco an-
teriores á él, como el franciscano Fray Iñigo de Mendo-
za en su Vita Christi, habían desarrollado el cuadro de
la Adoración con los mismos toques de bucólica realista»
(1) Representación á la muy bendita pasión y muerte de Nues-
tro precioso Redemptor: adonde se introducen dos ermitaños, et
uno viejo y el otro mozo', razonúndose como entre padre y hyo, ca-
mino del Santo Sepulcro: y estando ya delante del monumento alle-
góse á razonar ctn ellos una mujer llamada Verónica, á guien
Cristo, cuando le llevaban d crucificar, dejó itnprimida la figura de
su glorioso rostro en un paño que. ella le dio para se afimpiar del
sudor y sangre que iba corriendo. Va esto mesmo introducido un
Ángel que vino d contemplar en el monumento, y les trajo consuelo
y esperanza de la santa resurrección.
Representación^ á la santisima resurrección de Cristo: adonde se
introducen Jbsefy la Madalena, y los dos discipulos que iban al
castillo de Emnús; los cuales eran Clecfas y San Lucas, y cada uno
cuenta de qué manera le apareció nu-stro Redentor, Y primer»
Josef comienza contemplando el sepulcro en que d Cristo sepultót
y después entró la Madalena, y estándose razonando con él, intra"
ron los otros dos discípulos; y en fin, vino un Ángel á ellcspor leí
aereeeentat el alegría y la fe de la resurrección.
LXXIV LÍRICOS CASTELLANOS
Pero en Jaan del Enzina el mismo nombre clásico de
égloga (1), no usado hasta entonces en nuestra literatu-
ra, que yo recuerde, y que luego siguió nuestro poeta
aplicando á la mayor parte de sus farsas profanas, indica
un propósito deliberado de dar importancia á lo pasto-
rily en que él sobresalía, según confesión de sus pro-
pios émulos. El nombre le tomó de Virgilio» cuando
tradujo sus Bucólicas; y algo más que el nombre tomó,
según creo : cierto concepto ideal y poético de la vida
rústica, que en él se va desenvohiendo lentamente, no
en contraposición, sino en combinación con el remedo,
¿ veces tosco y zafío, de los hábitos y lenguaje de los
(1) Égloga representada en la noche de la Navidad de nuestro
Salvador, adonde se introducen dus pastores, uno llamado Juan, é
otro Mateo; é aquel que Juan se llamaba, entró primero en la sala
adonde el duque é duquesa estaban, é en nombre de Juan del Enzi-
na llegó á presentar cient coplas de aquesta fiesta á la señora du-
quesa: é el otro pastor llamado Mateo, entró después desto, é en
nombre de los detractores é maldicientes' comenzóse á razonar con
él, é Juan estando muy alegre é ufano, porque sus señorías le ka"
Man pa recebido por suyo, venció la malicia del otro. Adonde pro-
metió que venido el mayo sacarla la compilación de todas sus obras,
porque se las usurpaban é corrompían, é porque no pensasen que
toda su obra era pastoril, según algunos decian, mas antes conos-
ciesen que á más se ejctendia su saber,
— Égloga representada en la misma noche de Navidad, adonde
se introducen los mesmos pastores de arriba: é estando éstos en la
sala adonde los maitines se decian, entraron otros dos pastores,
que Lucas é Marco se llamaban, é todos cuatro en nombre de los
cuatro evangelistas, de la natividad de Cristo se comenzaron á ra-
zonar,
— Égloga trovada por Juan del Enzina, representada la noche
de Navidad, en la cual d cuatro pastores, Mignellejo, Juan, Ro-
drigo é Antón llamados, que sobre los infortunios de las grandes
lluvias é la muerte de %tn sacristán se razonaban, un ángel aparet-
■ce, é el nascimiento del Salvador les anunciando, ellos con diver-
sos dones á su visitación se aparejan.
príSlogo lxxv
villanos de su tiempo. En alguna obra de su ultima-
manera pecó por el extremo contrario, haciendo pasto-
res sentimentales, como los de la égloga de Fileno^
Zambardo y Cardonio, Obedecía entonces á otras in-
fluencias que luego notaremos. Pero es profundamen-
te virgiliano, á pesar de la 'llaneza de expresión, el
sentimiento de este delicioso pasaje de una de las églo-
gas de Mingo y Pascuala :
Cata, Gil, que las mañanas
En el c^impo hay gran frescor;
E tiene muy gran sabor
La sombra de las cabanas.
Quien es duecho de dormir
Con el ganado dd noche,
No creas que no reproche
El palaciego vivir.
¡Oh qué-gasajo es oír
El sonido de los grillos
Y el tañer los caramillos!
No hay quien lo pueda decir.
Ya sabes qué gozo siente
El Pastor muy caluroso
V
' En beber con gran reposo
De bruzas agua en la fuente;
O de la que va corriente
y Por el cascajal bullendo,
,Qu« se va toda riendo.
¡Oh qué pracer tan valiente!...
Se ve que el humilde poeta que escribió esto, había
traducido antes el Fortúnate senex, y guardaba algún
eco de él en lo má,s recóndito de su alma.
Ya antes de Juan del Enzina, y antes que influyese
en España la égloga clásica, los pastores, además del
papel que desempeñaban en los autos de Navidad,
habían servido para otros fines artísticos. Las famosas
LXXVI ÚRICOS GAST£LLANOS
coplas de Mingo Revulgo, que son un diálogo aunqxie
sin acción, presentan ya el mismo tipo de lenguaje vi-
llanesco que predomina en el teatro de nuestro autor,
con la diferencia de ser en Juan del Enzina poética-
mente desinteresada la imitación de los afectos y cos-
tumbres de los serranos, al paso que en Mingo Revul-
go sirve de disfraz alegórico á una sátira política. Este
peculiar dialecto, en que mucha parte de las primitivas
farsas y églogas están compuestas, ha sido calificado
por algunos de say agües, entendiendo por tal el de la
pequeña comarca de Satyago, en la provincia de Zamo-
ra; pero aunque carezco de datos para afirmar ni negar
nada, por falta de conocimiento personal del habla po-
pular de aquella región, cuyo estudio está tan virgen
como el de los demás dialectos leoneses y castellanos»
me parece algo circunscrita dicha, denominación, pues
no creo que Enzina, ni Lucas Fernández, ni ninguno
de sus imitadores se sujetasen con estricta fidelidad á
la reproducción de un determinado tipo dialectal, sino
que tomaron palabras é inflexiones de varias partes,
y forjaron ellos otras muchas, creando asi, con elemen-
tos de origen popular, pero exagerados hasta la cari-
catura, una jerigonza literaria convencional, que Ro-
drigo de Eeinosa llamaba lengua pastoril. Tal es el pro-
cedimiento con que los poetas cultos han tratado siem -
pre los dialectos, y no hay razón para creer que aquí
sucediese otra cosa. El Auto del Repelón , que en algu-
nos pasajes es obscurísimo, parece, no ya imitación,
sino grotesca parodia del lenguaje de los aldeanos que
acudían al mercado de Salamanca. No creemos que mu-
chos de los barbarismos que el autor pone en su boca
se hayan dicho jamás, aun por la gente más ruda. De
PRÓLOGO LXXVd
todos modos, el ñlólogo tiene mucho qne espigar alli.
El diálogo en Juan del Enzina es casi siempre fá-
cil, vivo y gracioso. En esta parte esencial del arte
dramático se mostró muy aventajado desde el princi»
pío. Hemos visto que algunos de sus villancicos esta-
ban ya dialogados, y de ellos á la égloga, el paso no
«ra dificil. Pero además de su buen instinto, tenia ya
modelos en los Cancioneros. Una serie de trovadores,
que quizá se remonta á D. Pedro González de Mendo-
za, abuelo del Marqués de Santillana, se habían valido
de este artificio, ya para expresar graves y filosóficos
pensamientos, como en el Blas contra fortuna; ya para
el discreteo amoroso, en que sobresalió el rey de armas
Fernán Mojica. Y en uno de estos diálogos, en el de
Bodrigo de Cota, que no sabemos si fué representado»
pero que tiene todas las trazas de haberlo sido, Iiabia
ya algán contraste de afectos y una pequeña fábula con
nudo y desenlace. Juan del Enzina, que manifiesta-
mente le imitó en la Égloga de CHslino y Febea, debe
ser contado también entre los herederos de estas tra-
diciones de la poesía cortesana.
El aparato escénico en las églogas y farsas de Juan
del Enzina es tan sencillo, que no induce á creer que
en su elemental teatro influyesen mucho aquellas pom-
posas representaciones palaciegas conocidas con el
nombre de momos^ de que tantas veces se hace men-
ción en las crónicas (especialmente en la del Condesta-
ble Miguel Lucas de Iranzo), y que á veces tenían pa-
labras, como es de ver en una de Gómez Manrique;
aunque sólo en lo exterior participasen . del carácter
dramático. Pero seguramente influyó en el arte profa*
no de Enzina, el teatro popular de los tiempos medios.
Lxxviii líricos castellanos
cíuya existencia es indudable por rodo, por tosco, por
embrionario que le supongamos. Este teatro era inde-
pendiente del litúrgico, aunque á veces llegara á in—
vadir sus dominios, profanándole. Debió de nacer
espontáneamente, por tendencias imitativas y satíri*
cas que están en el fondo mismo de la naturaleza
humana, sin necesidad de tradición literaria. La de
la comedia clásica es de todo punto inverosímil, por-
que no fué popular nunca, y en los últimos tiempo»
del Imperio vivía sólo en los libros. Las pantomimas-
burlescas y obscenas, últimos espectáculos de la Bo-
ma degenerada, habían sucumbido en todas parte»
bajo los anatemas de la Iglesia, y nada restaba de
ellas, como no fuese en el fondo obscuro de ciertos re-
gocijos y fiestas populares, como las de Antruejo ó
Carnestolendas. El teatro satírico de la Edad Media
tenía su nombre propio, que consta en una ley de Par-
tida: «Los clérigos non deb^n ser facedores de juegcs
<íde escarnio porque los vengan á ver gentes cómo se fa-
»cen : é si otros omes los fícieren, non deben los cléri*
»gos hi venir, porque facen hi muchas villanías é des-
^aposturas : nin deben otrosí estas cosas facer en las
»eglesias, antes decimos que los deben echar de ellas
3>deshonradamente á los que lo ficieren : cá la eglesia
»de Dios es fecha para orar é non para facer escarnios
»en ella. » Otra ley declara viles á este género de his-
triones : «Otrosí los que son juglares é los remedadores
»é losjacedores de los zaharrones que públicamente an-
»dan por el pueblo ó cantan ó facen juegos por pre-
»cio» (1).
(1) Partidas 1.", tit. VI, ley 34, y 7.», tit. VI, ley 4.
PBÓLOGO LXXIX
Creemos que se enlazan por remota derivación coo^
los juegos de escarnio (natnralmente, muy modificado»
por el progreso de la cultura) algunas represen tacione»
de Juan del Enzina, especialmente el Auto del Repe-
lón (1), que en dos ó tres pasajes fri^a con la obsceni-
dad (si no es demasiado maliciosa la interpretación que
les damos), y que por lo rudo y plebeyo del estilo, por
la enérgica grosería de las burlas, anuncia, aunque tos-
camente, los futuros entremeses, á los cuales hasta se
parece en acabar & palos.
Mucho más comedidas son las dos églogas repre-
sentadas en noche de Antruejo; en la primera de las
cuales, asi como en otras piezas suyas, se valió opor-
tunamente Enzina de las circunstancias históricas del
momento para dar algún interés al diálogo. Pero la
segunda (2) es verdadera égloga de Carnestolendas,
(1) Aucto del Jifipelón. En el cual ge introducen d%8 pattoree,
Piernicaerto é Johan Paramas, los cuales, estanco vendiendo su
mercaderia en la plaza, llegaron ciertos estudiantes que los repela-
ron, faciéndoles otras burlas peores. Los aldeanos, partidos el
uno del otro por escaparse dellos, el Johan Paramas se fué á casa
de un caballero: é entrando en la sala, fallándose fuera del peli-
gro, comenzó á contar lo que le acaeseió. Sobreviene Piemicuerto
en la rezaga, que le dice cómo todo el hato se ha perdido; é entró
un Estudiante, estando ellos f ablando á refacer la chanza, al cual
como le vieron solo, echaron de la sala. Sobrevienen otros dos pas-
tores, é le r anta Juan Paramas un villancico.
(2) Égloga representada en la noche postrera de Carnal, que
dicen de Antruejo ó CamestoUendas: adonde se introducen cuatro
pastores, llamados Beneito y Bras, Pedruelo y Lloriente. Y pri-
mero B'eneito entró en la sala adonde el Duque g Duquesa estaban,
y comenzó mucho d dolerse y acuitarse porque se sonaba que el
Duque, su selor, se habia de partir á la guerra de Francia; y lue-
go tras él entró el que llamaban B^as, preguntándiAe la causa de
su dolor; y después llamaron á Pedruelo, el cual les dló nuevas de
paz, y en Jin^ vino Lloriente que les ayudó d cantar.
LS.XX LÍBICOS GASTELLASiOS
6n que se dramatiza el antigao tema poético de la ba-
talla de D. Carnaval con Doña Cuaresma, terminando
con un himno báquico y epicúreo: nunc est bibendam:
Hoy comamos y babamos
Y cantemos y holguemos,
Qao manaua ayunar3mos.
Por honra de Sant Antruejo
Parémonos hoy bien anchos,
Embutamos estos panchos,
Recalquemos el pellejo.
Que costumbre es de concejo
Que todos hoy nos hartemos,
Que mañana ayunáramos...
Tomemos hoy gasajado,
Que muBana vien la muerto;
Bebamos, comamos huerta;
Vamonos cara el ganado.
No perderemos bocado,
Que comiendo nos iremos
Y mañana ayunaremos.
Enzina di6 un gran paso hacia la verdadera comedia
en las dos églogas que, por los nombres de sus interlo-
cutores, pudiéramos llamar de Mitigo^ Gil y Pascua^
la, las cuales, en realidad, pueden considerarse como
dos actos de un mismo pequeño drama, por más que
Égloga representada la mesma noche de Antruejo ó Camestollen-
das: adonde se introducen los mesmos pastores de arriba, llamados
Beneito y Bra», Uoriente y Pelruefo. Y primero Beneito entró
en la Sala adonde el Duque y Duquesa estaban, y tendido en el
suelo, de gran reposo comemó á cenar; y luego Bras, que ya había
cenado, entró diciendo € Carnal fuera* , mas importunado de Be-
neito, tornó otra vez á cenar con él, y estando cenando y razonándo-
se sobre la venida de Cuaresma, entraron Lloriente y Pedruelo, y
todos cuatro Juntamente, comiendo y cantado con mucho placer,
dieron fin á su festejar.
' >
PHÓLOfiO LXXXI
iúeron escritas y representadas en años distintos. Por
•la frescura del estilo y por la lindeza de la versifica -
-ción, son, sin dispata, lo mejor de la qne podemos lla-
mar su primera manera. Pero hay también en ellas un
artificio, aunque candoroso, superior al de las restan-
tes. El contraste entre la vida cortesana y la campesina,
«on los efectos que causa el rápido tránsito de la una á
la otra en personas criadas en uno ú otro -de estos me-
dios, está representado en esta graciosa miniatura por
«1 escudero á quien el amor de una zagala liace tor-
narse pastor, y por dos pastores transformados súbi-
tamente en palaciegos. El diálogo es más vivo y más
constantemente feliz que en obra alguna del poeta.
Quizá el gran Lope no desdeñó acordarse de estos in-
fantiles balbuceos del drama cuando en Los prados de
León y en otr^s comedias suyas presentó análogas si-
tuaciones, humanas y simpáticas siempre, y que abrian
ancho camino á su raro talento de pintor de la natu-
raleza y de la vida de los campos.
Aun los villancicos de estas dos piezas son de los
mejores de Juan del Enzina, y en uno de ellos la poe-
4sia lírica va acompai!Ladá del baile : innovación que
también habia de ser fecunda en resultados para el
arte escénico : *
Qasajémonos de hiicía:
Que el pesar '
Viéoese sin le buscar.
Qasajemos esta vida,
Descruciemos del trabajo;
Quien pudiere baber gasajo,
Del cordojo ae despida.
Délo, déle despedida;
Que el pesar
Tomo VII. 6
LXXXII LÍRICOS CASTELLANOS
Viénese sin le buscar.
De los fioo^os bajamos
Con. todos nuestros poderes;
Andemos tras los placeres,
Los pesares aburramos.
Tras los placeres corramos;
Qu' el pesar ^
Viénese sin le buscar...
No exageraba Barbieri cuando consideraba á Juan
del Enzina como patriarca del género dramático-mu-
sical, conocido entre nosotros con el nombre de zar-
zuela. Es cierto que el elemento musical ^e concreta 4
los villancicos con que las piezas terminan; y que al-
gunos de ellos han de .considerarse como meros acce-
sorios líricos que podrían eliminarse de la fábula siu?
perjuicio de su integridad, aunque siempre guardan
alguna relación con el íondo de ella, l^ero otros son
intensamente dramáticos, como éste, que tiene todp el
carácter de un coro, en que parece que se siente el
ruido de las esquilas del ganado, y el chasquido de la
honda del pastor :
Repastemos el ganado.
iHurrialU!
Queda, queda, que se va.
Ya DO es tiempo de majada
Ni de estar en zancadillas;
.*^alen las Siete Cabrillas,
La media nocbe es pasada, .
Viénese la madrugada.
¡Hurriallál
Queda, queda, que se va.
Queda, queda acá el vezado.
Helo va por aquel cerro;
Arremete con el perro
PRÓLOGO LXXXriI
Y arrójala su cayado,
Que anda todo desmandado.
¡Hurriallá!
Queda, queda, que se va... (1)
Cierra dignamente este primer grupo del teatro de
Juan del Enzina una primorosa representación sin tí-
tulo, hecha ante el Principe D. Juan, y que se distin-
gue de todas las demás por la intervención de un per-
sonaje alegórico, el Amor, que abre la escena con un
soliloquio (como más tarde había de hacerlo en el
Aminta del Tasso), encareciendo en pulidos y acica-
lados versos, su incontrastable poderío (2). Hay en
(1) Eyloga representada en requesta de unos amores: adonde se
introduce una pastorcica, llamada Pascuala, que yendo cantando
con su ganado, entró en la sale adonde el Duque y Duquesa esta-
ban. Y luego después delta entró un pastor llamado Mingo, y co-
menzó á requerilla; y estando en su requesta, llegó un escudero, que
también preso ds sus amores, requestándola y altercando el uno
con el otro, se la sosacó y se tomó pastor por ella.
Égloga representada por las mesmas personas que en la de arri-
ba van introducidas, que son un pastor que de antes era escudero,
llamado Gil, y Pascuala, y Mingo, y su esposa Menga, que de nue-
vo agora aguí se introduce, JT primero Gil entró en la sala adonde
el Duque y Duquesa estaban,- y Mingo, que iba con él, quedóse á
la puerta espantado, que no osó entran y después, importunado de
Gil, entró y en nombre de Juan del Eazina llegó ú presentar al
Duque y Duquesa, sus señores, la copiladón de todas sus obras, y
allí prometió de no trovar más, salvo lo que sus senarias le manda-
sen, Y después llamaron á Pascuala y á Menga, y cantaron y bai-
íaron con ellas, Y otra vez tomándose á razonar alli, dejó Gil el
hábito de- pastor t que ya habiatraido un año, y tomóse del palacio y
con él Juntamente la su Pascuala. Y en fin, Mingo y su esposa Men-
ga, viéndolos mudados del palacio, crecióles envidia, y aunque re-
cibieron pena de dejar los hábitos pastoriles, también ellos quisie-
ron tomarse del palacio y probar la vida d'él. Asi que todos cua-
tro Juntos, muy bien ataviados, dieron fin á la representación can-^
tando el villancico del cabo,
(2) Representado!^ por Juan del Enzina, ante el muy esclares
LXXXIY LIRIGOS CASTELLANOS '
estos versos claras reminiscencias del Diálogo de Ro-
drigo de Cota, pero la imitación sostiene la competen-
cia con el original : /
Prende mi yerba do lleg'a;
Y en llegando al corazón,
La vista de la razón
Luego ciega.
Mi guerra nunca sosiega;
Mis artes, fuerzas é mañas,
E mis sanas,
Mis bravezas, mis enojos,
Cuando encaran á los ojos,
Luego enclavan las entrañas.
Mis saetas lastimeras
Hacen siempre tiros francos
En los hitos v en los blancos
Muy certerasr
Muy pencsas, muy ligeras.
Soy muy certero en tirar
Y en volar,
Más que nunca nadie fué;
Afición, querer y fe
Ponerlo puedo é quitar.
Doy diobosa é triste suerte:
Doy trabajo é doy descanso;
Yo soy fiero, yo soy manso.
Yo soy fuerte.
Yq doy vida, yo doy muerte.
^ido é muy Ulustre Príncipe don Juan, nuestro soberano señor.'
Introdüeense dos pastores, Bras é Juanillo t é con ellos un Escude-
rOf que d las voces de otro pcutor^ Pelayo llamadoi sobrevinievon;
el cual, de las doradas /rechas del Amor mal herido se quefaba¡ al
cual, andando por dehesa vedada con sus freehas é arco^ de su
gran poder u/andndoset el sobredicho pastor habia querido prendar..
Gallardo, al reimprimir esta pieza en el número 5.^ de El
Criticónt la llamó El triunfo de amor.
PRÓLOGO LXXXY
^ .
E cebo los corazones
De pasioDes,
De sospiros é cuidados.
Yo sostengo los penados
Esperando gualardones.
Hago de mis serviciales
Los groseros ser polidos,
Los polidos más locidqs
Y especiales;
Los escasos liberales.
Hago de los aldeanos *
Cortesanos,
£ á los simples ^er discretos,
£ los discretos porfetos,
E á los grandes muy humanos.
. E á los más é más potentes
Hago ser más sojuzgados;
E á los más acobardados
Ser vnlientea; ^
E á los mudos elocuentes;
E á los más botos é rudos
Ser agudos.
Mi poder haze é deshaze.
Hago más cuando me place:
Los elocuentes ser mudos.
Hago de dos voluntades
Una mesma voluntad:
Renuevo con novedad
Las edades,
E ajeno las libertades.
Si quiero, pongo en concordia
Y en discordia.
Mando lo bueno é lo malo.
Yo tengo el mando y él palo.
Crueldad, misericordia.
Puedo tanto cuanto quiero*
No tengo par' ni segundo.
Tengo casi todo €l mundo
Lxxxvi Líricos CASTELLANOS
Por entero,
Por vasallo é prisionero:
Príncipes y Emperadores
E señores,
Perlados é no perlados;
Tengo de todos esUdos,
Hasta los brutos pastores.
No diré, como Gallardo, que todo esto sea ático;
pero si que es una poesía muy lozana, que halaga apa-
ciblemente el oído, y que brota con espontaneidad
suma de un ingenio verdaderamente poético, aunque
no muy profundo.
¿Marcó nuevos rumbos á este ingenio su larga resi-
dencia en Italia? ¿Ha de atribuirse á ella el mayor ade-
lante^ artístico que muestran bajo ciertos respectos las
tres únicas piezas conocidas hoy de su segunda mane-
ra : la Égloga de Fileno y Zambardo, la Farsa de Pldci-
da y Vítor iano, la Égloga de Cristino y Febea? Esta su-
posición, que á primera vista parece fundada cuando
Sólo se atiende á los datos biografíeos de Enzina, y al
hecho de haberse representado é impreso en Boma una,
por lo menos, de estas farsas, no resulta confirmada
por el examen de las piezas mismas, en las cuales, con
la mejor voluntad del mundo, nada hemos podido en-
contrar que directamente recuerde el teatro italiano,
salvo en una de ellas el uso del prólogo ó introito. Lo
único que puede admitirse es que eL espectáculo de co-
medias más desarrolladas y más ricas de elementos
dramáticos que las suyas, le hiciesen ampliar su cua-
dro y dar más realce á los personajes, más intensidad,
viveza y nervio á la expresión. Pero aun esto no puede
afirmarse sin cautela. En primer lugar, en tiempo de
PBOLOQO
Lxxxvri
Juan del £nzina había muy pocas comedias italianas»
reduciéndose en rigor á cuatro: la Cassaria y los Sup-
positi del Ariosto,.que son de 1508 y 1509; la Calan-
dria, del Cardenal Bibbiena, representada en la corte de
Urbino el 6 de Febrero de 1613, y la Mandrágola de
Maquiavelo, cuya íeclía precisa no se sabe, pero si que >.
no puede ser anteriora 1512. Léanse estas cuatro pro-
-ducciones: cotéjense luego con las farsas de Enzi-
na, y la cuestión quedará resuelta por sí misma. Esas
piezas son verdaderas comedias : las de Enzina no lo
éon. Ariosto y Bibbiena' reproducen fielmente el tipo
de la comedia latina: la Calandria es una licenciosa
repetición de la intriga de los Meneemos; I suppositi es
nna combinación (ó como se decía en tiempo de Teren-
<5Ío), contaminación del Eunuco y de los Cautivos, Sólo
Maquiavelo había hecho una comedia original, genui-
namente italiana, que sería admirable si pudiera pres-
<;indirse de la profunda inmoralidad del argumento»
¿Qué tiene que ver nada de esto con los pastores y los
ermitaños del pobre Juan del Enzina, que con haber
pasado en E^oma la mitad de su vida, nunca, perdió el
hábito charro ni el dejo salamanquino?
Los modelos que influyeron en él, los que modifíca-
Ton su gusto después de la publicación de su Cancio-
-neróy fueron dos libros castellanos en prosa, de muy
desigual mérito, pero igualmente leídos por sus con-
temporáneos: la Cárcel de amor y de Diego de San Pe-
dro, y la Celestina. La primera había puesto de moda
ift casuística sentimental, los devaneos de la pasión, la
apoteosis del suicidio por amor: la segunda había
«bierto las fuentes del realismo más amplio, y queda-
ba como un tipo dramático posible para lo porvenir»
LXXXVm LÍRICOS ^CASTiSIXAKOS
auDque su misma perfección la relegase 4.1a lectura jf
la privase de influencia directa sobre el arte de ax^
tiempo.'
' Enzina se asimiló de uno y otro libro algunos ele^
mentos, y los incorporó bien ó mal en si;i incipiente-
dramaturgia; si bien de la CélesUna no acertó áimitar
sino la parte más trivial, las escenas de bajo cómico^
las qué por su grosería misma habían de tentar más á.
los lectores vulgares y á los imitadores de CQrto vuelo.
Una escena episódica» ya citada, de la^Ioga de Flá-
cida p Vitpriano, basta y sobra para cpmprender lo
qu9 Encina podía bacer en este .género. |
Mucho más se inspiró en la Cárcel de Amor, porque
no era tan inaccesible el 'Modelo» y además porque su
educación de trovador le ayudaba. Pu$o en buenas
coplas aquellas eternas lamentaciones de esquiveces y
desdenes; tr&tó con bastante habilidad todos lósluga-r
res comunes del romanticismo erótico; y buscó el efec^
to trágico haciendo que sus enamorados se diesen*
cruda muerte por sus propias manos; si bien en la.
Farsa de Plácida y Vitoriano, condolido de la mala,
suerte dé la protagonista, hizo que la propia,^ diosa.
Venus bajase á resucitarla por ministerio de Mercurio..
Los escrúpulos da ortodoxia le detuvieron todavía-
menos que al autor de la Cárcel, En el primitivo final
de la égloga de Fileno y Zambardo, tal como se lee en
la edición suelta gótica, aunque luego se suprimió en
el Cancionero de 1509, se canoniza con la mayor fres-
cura al suicida pastor Zambardo (1). En la Farsa i^
(1) ZAMBARDO '
No Tueguen por él, Cardonio, que es eaiicto«
T así lo debemos nos de tener.
I
FBÓLOGo Lxxync
Tlácida y Vitoriano, la irreverencia y la profanación
van todavía más lejos, y nadie se asombrará de que el
Santo Oficio la pusiera en sns índices, cuando lea hi
Vigitia de la enamorada muerta, que es una monstruo-
sa parodia de las preces por los difuntos, en el estilo de
ItLa^lÁciones de Job, de Garci Sánchez de Badajoz, 6
de la Misa de Amor^ dé Suero de Ribera, y co^ invo-
caciones de esta guisa:
Cupido, KirieleisoQ*, <,
Divii Venus, Christelcison; '
Cupido, Kirieleisón; t
ó cuando llegue á la oración, no menos estrambótica
y malsonante, que Yitoriano hace á la diosa Venus,
encomendándole, su alma para que la ponga con las
de Fíramo y Tisbe y Hero y Leandro.
La égloga de Fileno y Zambardo (que Juan: de Val-
des llama comedia 6 farsa) difiere de todas las demá»
de mi autor por la continua gravedad del estilo, sin
mezcla alguna de gracejos, y por la entonación y én-
fasis déla versificación, que es siempre en coplai^ de
arte mayor ; metro nada propio del teatro, lo cual
aéjrecienta el mérito de Juan del Enzina en algunos ^
trozos en que la expresión de los afectos es viva y ele» ,
gante, sin menoscabo de la sencillez : '
Pues vamos llamar los dos sin carcoma
Al muy santo crego que lo canonice; ^
Aquel que en vulgar romance se dice
Allá entre groseros el Papa de Boma.
GIL
¿Qué es lo que queréis, oh nobres pastores?
ZAMBARDO
Queremos rogar queráis entonar
Un triste réquiem que diga de amores.
%G LÍRICOS CASTELLANO^
La sierpe y el tigre, el oso, et león,
A quien la natura produjo feroces,
Por curso de tiempo conoscen 1a^ yoces
De quien los gobierna, y humildes le son.
Mas ésta, do nunca mora compasión,
Aunque la sigo deápués que soy hombre
Y soy hecho ronco llamando su aombre.
Ni me oye, ni muestra sentir mi pasión (1).
Otros lagares de esta peqaeña tragedia caen eñ lo
declamatorio, y adolecen de languidez y monotonía;
pero el conjunto satisface por la templada armonía de
sentimiento y estilo, y no carece de cierta poesía me-
lancólica, siendo además digna de notarse la semejan-
za que tiene este cuadrito dramático con el episodio de
Orisóstomo en el Quixofe, y con la canción del deses-
perado pastor.
Menos me contenta la égloga ó farsa de Plácida y
Viforiano (2), no obstante que tan buen critico como
(1) Égloga trovada por Juan del J^nzina^ en la cual se introdu-
cen ir es pastores^ Fileno ^ Zambardo é Cardonio, Donde se recuer-
da cómo este Fileno ^ preso de amor de una mujer llamada Cefira^
de cuyos /imores viéndose muy desfavorecido % cuenta sus penas á
Zambardo y Cardonio. El cual, no /"aliando en ellos remedio, por
éus propias manos se mata.
(2) Égloga nuevamente írovada por Juan del Enzina, en la
cual se introducen dos enamorados, llamada ella Plácida y él Vi-
foriano: agora nuevamente emendada, y añadido un argumento,
siquier introdución da toda la obra, en coplas, y más otras doce
coplas gue /altaban en las otras que de antes eran impresas. Con el
<Nunc dimittis^ trovado por el bachiller Femando de Yanguas.
(Con nn largo argumento en prosa, distinto del Introito en ver-
so, puesto en boca de Gil Cestero, que también cuenta de ante-
mano la fábula de la pieza:
Por daros algún solacio
Y gasajo y alegría.
Ahora que estoy de espacio
Me vengo acá por palacio.
PROLOGO XGI
Jaan de Valdés la puso sobre todas las restantes. Es
más larga que ninguna, y tiene más complicación de
•elementos dramátióos, ya sentimentales, ya naturalis-
tas, ya fantásticos y mitológicos, pero no están combi-
nados, sino meramente yuxtapuestos, con tan poco arT
tifício, que más de la mitad de las escenas (si tal nom-
bre merecen) podrían disgregarse, sin qué se cercena-
ra en un ápice el pobrisimo argumento. Se ve que
esta pieza tiene más pretensiones literarias que nin-
guna de las otras, acaso en consideración al auditorio
romano, para quien fué escrita y representada. El
autor en algunos versos del Introito la llamó comedia^
y este mismo Introito, cuyo uso generalizó después
el ingenioso autor de la Propaladia, es remedo clari-
Y aun vemá más compafíia.
¿SaV'éis quién?
Gente que sabrá muy bien
Mostraros su fantasía-
Veraá primero una dama
Desesperada de amor.
La cual Plácida se llama,
Encendida en viva llama.
Que se va con eran dolor
Y querella
Viendo que se aparta della
Un íraláu su servidor.
Entrará luego un galán,
El cual es Vitoríano,
Lleno de pena y afán
Que sus amores le dan,
Sin poder jamás ser sano:
Porque halla
Que l'es forzado y dejalla
No es posible ni en su mano.
Y él mismo lidia consigo,
Y con el su pensamiento;
Mas con Suplicio, su amigo,
Eslinda su pensamiento.
Por hallar
Remedio para aplacar
El dolor de su tormento.
Y aconséjale Suplicio
Que siga nuevos amores ,
]Je Flugencia y su serricio,
XCII líricos CASTELLáNCS
simo de los prólogos del teatro latino é italiano : x^nizá
la única cosa que Juan del Enzina tomó de ellos. La
versificación es excelente, sobre todo en los monólogos
de Plácida, que expresan con ardor y vehemencia 1&
rabióse pasión de los celos. En esta parte afectiva
nunca Enzina había rayado tan alto, y á esto atendería
principalmente Juan de Valdés en su elogio :
¡Que se vaya!... Yo estoy loca,
Qae digo tal herejía...
Lástima que tanto toca,
¿Cómo salió por mi boca?
¡Oh qué loca fantasía!
Fuera, fuera,
Nanea Dios tal cosa quiera;
Que en su vida está la mía.
Porque con tal ejercicio
Se quitan viejos dolores.
Mas aqueste
Hirióle de mortal peste,
Que las curas son peores.
T no se puede sufrir
Sin á Plácida tomarse
Aunque se fuerza á partir;
Tornando por la servir,
Halla que fué á emboscarse.
Un pastor
Le da nuevas de dolor
JJiciendo que fué á matarse.
Y con él en busca della
Va Suplicio juntamente.
Yendo razonando della
Hallan, qu'eeta dama bella
Se mató cabe una fuente.
Y él así .
Se quiere matar allí,
Y Venus no lo consiente.
Mas antes hace venir
A Mercurio desd'el cielo.
Que la venga á resurgir
Y le dé nuevo vivir,
De modo que su gran duelo
Se remedia.
Y así acaba esta comedia
Con gran placer y consuelo.
PRÓLOGO XGftl
^ Cúmplase lo que Dios quiera;
Venga ya la muerte mía,
Si le place que yo muera.
¡Oh quién le viera é oyera
X«os juramentos que hacía
Por me haher!
¡Oh maldita la mujer
<2ae en juras de hombres confía!
Do está el corazón abierto,
Las puertas se abren de Buyó.
Ko vernfi, yo lo si cáerto;
Con otra tiene concierto; .
exultada, ¿por qué no huyo?
¿Dónde estoy?
No sé' por qué no me voy,
'Que esperando me destruyo...
Coutra tal apartamiento
. Ko prestan hechicerías,
Tíi aprovecha encantamento;
Echo palabras al viento
Penando nocnes é días.
¿Dónde estás?
f Di, ♦Vitoriano, ¿do vas?
Di, ¿no son tus penas mías?
Di, mi dulce enamorado,
^,No me escuchas ni me sientes?
¿Dónde estás, desamorado?'
¿No te duele mi cuidado,
Ni me traes á tus mientes?
¿Do la fe?
Di, Vitoriano, ¿por qué
Me dejas y te arrepientes?
¡Oh fortuna dolorosa!
¡Oh triste desfortuuada,
Q'io no tengo dicha en cosa,
Siendo rica y poderx>sa,
XOf? LÍRICOS CASTELLANOS
Y de tal emparentada!
Fados son:
En el viernes de Pasión
Creo que sey baptizada.
Quiero sin duda' ninguna
Procurar de aborrecello;
Mas ¡niña! desde la cuna
Creo que Dios 6 fortuna . .
Me predestinó en querello.
¡Qué lindeza,
Qué saber y qui firmeza,
Qué gentil hombre y qué bello!
No le puedo querer mal,
Aunque á mí peor me trate.
No Yeo ninguno tal,
Ni á sus gracias nadie igual.
Por más que entre mil lo cate.
Mas con todo,
Vivir quiero de este modo.
Por más que siempre me mate.
Por las ásperas montanas,
Y los bosques más sombríos
Mostrar quiero mis entradas
A las fieras alimañas *
Y á las fuentes y á los ríos;
Que aunque crudos,
Aunque sin razón y mudos,
Sentirán lo'i males míos...
Esto es pasión de mujer enamorada y celosa. La»
quejas é imprecaciones de la pharmaceutria de Teócri-
to y de Virgilio (que quizá recordaba Juan del Enzi-
na, puesto que las había traducido en las Bucólicas del
mantuano) son más artísticas, pero no m&s sinceras ni
más humanas que éstas. ¿Quién sabe á dónde hubiera
podido llegar en época más adelantada para el arte
PBÓL060 XGV
dramático, el poeta que de tal modo hacia sentir y
hablar á sas personajes? Tales aciertos, y no son 1q»
únicos, compensan con usara todos los rasgos de mal
gusto que hay en esta farsa : la ya citada Vigilia de la
enamorada muerta, y una pueril é insufrible escena en
ecos, sin contar con la obligada intervención de lo»
pastores, que en esta pieza no tienen gracia ninguna ni
sii^ven más que de estorbo. ^
En conjunto, sin embargo, Plácida y Vitoriano me
parece inferior á otra égloga mucho más breve de
Juan del Enzina, la de Cristina y Febea, si ya no me
engaña la vani(iad de ser poseedor del único ejemplar
conocido de ella. Se imprimió suelta en letra gótica,,
pero no fué incluida en ninguna de - las ediciones del
Cancionero, y apenas nos explicamos cómo pudo sal-
.varse de la censura inquisitorial, puesto que por el
fondo lo merecía tanto ó más que la de Plácida y Vi*
^orta?20,< aunque fuese mucho más delicada la forma.
Un ermitaño, á quien el dios de Amor hace ahorcar
los hábitos tentándole con la hermosura de una ninfa,
es el protagonista de esta sencilla fábula, muy linda-
mente escrita y versificada, pero que no respira mas-
que alegría sensual y epicúreo contentamiento de la
vida. No creemos que el autor tuviese en mientes di-
suadir á nadie de la vida ascética y contemplativa, pe-
ro lo cierto es que de su obra no resulta otra' moraleja:
Las vidas de las hermitas
Son benditas,
Mas nunca son bermitaüos
, Sino viejos de cient afios, '
Personas que son prescritas,
Que no sienten poderío
■ Ni amorío,
XGVI LÍBICOS GASTBLLANOS
Ni les viene eachoD4ez;
Porque mía fe, la vejez
E» de terruño muy frío. >
Y es la vida del pastor
Muy mejor,
De más gozo y alegría:
La tuya de día qd día
Irá de mal en peor.
¿Cómo podrás olvidar
Y dejar
Nada des tas cosas todas ,
De bailar, danzar en bodas,
Correr, luchar y saltar?
Yo lo tengo por muy duro,
"Telo juro,
Dejar 'zurrón é cayado,
Y de silbar el ganado;
No podrás, yo te seguro.
¡Oh qué gasajo y placer
- Es de ver
Topetarse los carneros
Y retozar los corderos
Y estar á verlos nacer!
Gran placer es sorber leche'
Que aproveche,
E ordeñar la cabn^ mocha
B comer la miga cocha:
Yo no sé quién lo deseche.
Pues si digo el gasajar
Del cantar
'Y el tañer de caramillos
Y el sonido de los grillos,
^s para nunca acabar...
' Con la misma hechicera ingenuidad está escrita toda
la pieza, en que probablemente su autor no vería mal
ninguno. La intervención del Amor, y otras oircans-
PROLOGO
xcvir
tancias bien obvias, recuerdan, como ya hemos adver-
tido, el Diálogo de Eodrigo de Cota, aunque éste de
Enzina es mucho más teatral (]).
Tal es, examinado muy á la ligera, el teatro de Juan
del Enzina, del cual sólo hemos dicho.lo preciso para no
dejar incompleta, en parte tan esencial, su semblanza.
El estudio analítico de estas piezas ha sido hecho ya,
y bien hecho, por Moratín, Martínez de la Rosa, Schack,
Cañete y otros, y últimamente, y con más extensión,
por Cotarelo; y no hay para qué rehacerle en un tra-
bajo como el nuestro, consagrado principalmente á la
historia de la lírica.
En torno de Juan del Encina (2) se agrupa una fa-
(1) Égloga nuevamente trabada por Juan del Enzina^ adonde
se introduce ufi pastor que con otro se 'aconseja^ queriendo dejar
este mundo é sus vanidades por servir á JDios; el cual después de
haberse retraído á ser hermitaño, el dios de Amor, muy enojado
porque sin su licencia lo había fecho, una nin/q envia á le tentah,
4e tal suerte que^ forzado del amor, deja los hábitos y la religión.
(2) Las obras dramáticas de Juan del Enzina, de las cuales
«ólo unas pocas habían sido iccluídas en las colecciones de Mo-
ratin y BÓlh de Fáber (y éstas con muchas supresiones y enmien-
das arbitrarias), han sido publicadas recientemente por la Aca-
demia Española en un tomo que comenzó á imprimir Cañete
en 1868, y terminó Barbieri en 1893. Este tomo se titula Teatro '
completo de Juan del Enzina, pero acaso con el tiempo podrá
añadirse á él otra égloga de Navidad que Salva dice haber vis-
to impresa anónima, y que, á juzgar por su encabezamiento,
apenas puede dudarse de que pertenezca á nuestro poeta.
Égloga interlocutoria: en la cual se introducen fres pastores y
iintizagala: llamados Pascual y Benito y Gilberto y Pascuala. En
la cual recuenta cómo Pascual estaba en la sala del Duque y la Du-
quesa recontando cómo ya la seta de Mahoma se kabia de apocar;
y otras muchas cosaS; y entra Benito y le traba de la atpa, y él
dice cómo quiere dejar el ganado y entrar al Palacio: y Benito le
empieza á contar cómo Dios era nacido: y Pascual por el granga-
sajo que siente, le manda una borrica en albricias: y estándole tan-
ToMO VII. 7
YCVIII LÍRICOS CASTELLANOS
lange bastante numerosa de poetas que constituyen
nuestra primera escuela dramática. Alguno de eUos»
como Francisco de Madrid, apenas puede llamarse dis-
cípulo suyo, puesto que la única égloga que conocemos
de él es de 1494. Pero la mayor parte de los restantes
si lo son, descollando, entre ellos, como el más próxima
al maestro , Lucas Fernández, salmantino como él , y
como él músico y poeta (según toda apariencia), menos
fecundo que Enzina, y quizá meno^ espontáneo que
él, pero más reflexivo, más artista, no inferior en los
donaires cómicos y en las escenas pastoriles, y mucho*
más viril, más austero en las representaciones sagra-
das, hasta llegar á la elocuencia trágica que ij'cbosa en
el Auio de la Pasión.
Pero ni Lucas Fernández, ni Diego de Ávila, ni el
clásico y correcto Hernán López de Yanguas, á quien
bien se le mostraba ser latino, según la expresión de
Juan de.Valdés; ni el pedantesco Bachiller de^la Pra-
dilla, ni Martín de Herrera, ni otros de los cuales to-
davía nos queda alguna obra, prescindiendo de todos
aquellos de quienes sólo restan nombres y títulos de
farsas, desgraciadamente perdidas ó no descubiertas
hasta ahora, innovaron cosa alguna substancial en la
fórmula dramática dada por Juan del Enzina. Las ver-
daderas innovaciones las hicieron á un tiempo misma
Gil Vicente en Lisboa, y Torres Naharro en Boma.
Así el portugués como el extremeño eran ingenios muy
to alabandot dice Pascual que nazca quien quisiere que le deje lo
suyo, y oyendo esto Gilberto, cómo tomó un cayado para darle
con él; y Benito los puso en paz; hasta que ya vienen á Jugar á
pares y d nones, S acabando de Jugar empiesan de alabar su9
amos: y asi salen cantando su villancico»
PRÓXÓGO' XCIX
superiores á Enzina, y el paso que hicieron dar á nues-
tra dramática fué mucho más avanzado. Crearon la
verdadera comedia que Enzina no había hecho más
qne vislumbrar, pero salieron de su escuela, comenza-
ron por seguir sus huellas, fecundaron los gérmenes
que él había sembrado, y una parte de su gloria debe
reflejar sobre el iniciador y el patriarca de nuestra es-
cena. La posteridad así lo reconoce, le hace plena jus-
ticia, y estudia amorosamente sus candidos bocetos,
encontrando quizá en ellos algo que falta en lus pro-
ducciones más brillantes de las épocas de decadencia,
porque, como dijo bellamente un sabio artista nuestro
del siglo XVI, «con más brío comienza á salir una plan-
eta del suelo, aunque sea una hojita sola, que cuando
' :»se va secando, aunque esté cargada de hojas.» Esta-
mos ya muy lejos de los días en qué el nombre de
Juan del Enzina sólo servía para canonizar disparates
ó para encarecer antiguallas (í); en que el gran Que-
vedo hablaba de él como de una persona semifabulosa;
y en que el P. Isla, jugando del vocablo, le hacía escri-
bir cartas desde Fresnal del Palo contra los cirujanos
romanciistas de su tiempo. Ni tampoco es posible asentir
ahora á la especie de desdén con que le trataron los
clásicos del siglo xvi, especialmente Hernando de He-
rrera, que en obsequio á un ideal artístico sin duda
más elevado, pero no sin mezcla de intolerante dogma-
(1) «Es más viejo qae las coplas del Bepelón», era dioho
vulgar. Y sin duda le recordaba D. Francisco de Quevedo,
onando escribía en un soneto & ana vieja preciada de moza :
Antes. del Repelón, eso faé o^rafio,
Ras con ras de Caín ó cuando menos...
G LIRICOS GASTELLACíOS
tismo, le tachó de rudo, bárbaro, rústico (1), calificacio-
nes que, tríitándose de lengua y estilo, son siempre muy
relativas, y que de niogún modo cuadran al discípulo de
Nebrija, al traductor de Virgilio, al familiar de León X,
al que íué á su modo, y con el estilo de su tiempo, un
hombre del Renacimiento La estética de nuestros
días, más hospitalaria que la antigua preceptiva, co-
mienza á rehabilitar á Juan del Enzina en su doble
calidad de poeta y de músico. ¡Ojalá que el presente
estudio pueda contribuir en algo á tan justa repara-
ción, porque si Juan del Euzina no fué gran poeta,
fué á lo menos un poeta muy simpático, y que- dejó la
semilla de cesas grandes!
Gil Vicente y Torres Naharro cultivaron también
la lírica á par de la dramática, y en tal concepto soli-
citan ahora nuestra atención. Pero antes de hablar del
primero, auque muy rápidamente, es preciso conocer
el circulo literario en que vivió, la legión de poetas
bilingües nacidos en Portugal, cuyas obras están re-
cogidas en el Cancionero de Besende.
íl) c Tocó esta fábula (la de Tántalo) aquel poeta Juan de
«l'Eiizina, con la rudeza y poco ornamento que se permitía
>en su tiempo. > (P. 255 de las Anotaciones á Garcilaso.)
«Juan de TEnzina siguió este mismo lugHr en su' égloga V;
>pero tan bárbara y rústicamente, que ecedió á toda la igno*
• rancia de su tiempo.»
II
La escuela lírica galaico -portuguesa, cuya domina-
ción en las comarcas occidentales y centrales de la
Península duró hasta fines del siglo xiy, extiende sus-
últimas ramificaciones por el Cancionero de Baena, y
se pierde en la caudalosa corriente de la literatura cas-
tellana, abandonándose, aun en Galicia, el uso de aque-
lla lengua trovadoresca, si bien se conserva vagamen-
te su recuerdo literario, como lo testifica el Prohevhio
del Marqués de Santillana. El mayor poeta gallego del
siglo XV, Juan Rodríguez del Padrón, ni una sola vez
emplea su dialecto natal, y lo mismo se observa en el
Vizconde de Altamira, en Luis de Vivero y otros pai-
sanos suyos de quienes hay versos en el Cancionero
general.
En Portugal, que tenía conciencia de reino indepen-
diente, y que después del triunfo de Aljubarrota había
entrado en su edad heroica con los primeros descubri-
mientos marítimos y la primera expansión por el lito-
ral africano, no podía ser tan completo el abandono de
la lengua, que se honraba ya con algunos monumentos
en prosa, como las cr($nicas de Fernán Lopes y sus
continuadores, los libros didácticos del rey D. Dnarte
(O Leal Conselheiro), y probablemente la primera re-
Gil LÍRICOS GASTELLLáNOS
dacci^n del Ámadis de Gaüla, Nada de esto impidió,
sin embargo, que los portugueses durante todo el
siglo XV se sometiesen dócilmente á la influencia caste-
llana, y que vencedores en el terreno de las armas como
lo fueron casi siempre hasta que la fortuna los aban-
donó en los campos de Toro, gustasen, no obstante,
de poetizar en la lengua de sus odiados rivales, j los
imitasen además, harto servilmente, en los versos que
componían en su lengua propia. Ábrase la enorme co-
lección de García de Kesende, y se verá no sólo que
muchos de aquellos ingenios son bilingües, sino que
toda la materia poética allí archivada no pertenece al
lirismo provenzal de la antigua escuela gallega, sino i
la nueva escuela cortesana del tiempo de D. Juan II,
la cual algunos rastros conservaba de la vetusta tradi-
ción lírica peninsular, pero que no sólo había olvidado
á sus precursores, sino que manifiestamente difería de
ellos en muchas cosas, y se movía bajo otros impulsos,
entre los cuales era el más notable la imitación italia-
na, á través de la cual algo del clasicismo antiguo'co-
menzaba á insinuarse.
Tal fenómeno no tendría satisfactoria explicación,
puesto que abiertamente pugna con las vicisitudes de
la historia política, si no se tuviese en cuenta que Portu-
gal carecía aún de tradiciones literarias propias, excep-
to en la lírica, donde su actividad se había confundido
con la de los trovadores gallego^ y con la de los muchos
castellanos de los siglos xiii y xiv que habían emplea-
do el gallego como lengua poética. Y la lírica por si
sola, como el ejemplo de los provenzales lo confirma,
no basta para dar perpetuidad y fundamento sólido
á una lengua y á una literatura. Portugal no alcanzó
PHOLOGO GUI
la epopeya hasta el siglo xvi, y esto por vía erudita,
aunque de maravillosa manera, coincidiendo el genio
de un gran poeta con el punto de mayor apogeo en la
historia de su pueblo. Pero en la épica popular de los
tiempos medios puede decirse que Portugal no inter-
viene para. nada: su romancero, por otra parte muy
bello y muy rico, es un suplemento del romancero cas-
tellano, del cual sólo difiere por la lengua y por la ca-
rencia casi absoluta de teofias históricos, que son los que
infunden, propia y genuina vitalidad al nuestro, y le
•daa conocida superioridad sobre las canciones populares
de cualquier otra parte de Europa. Del mismo modo, la
primitiva prosa portuguesa crece á los pechos de la
prosa castellana : la corte literaria de D. Diniz es u|i
trasunto de la de su abuelo Alfonso el Sabio: se tra-
ducen primero y se imitan luego nueistras grandes
•compilaciones legales é históricas del siglo xiii, las
Partidas, la Crónica General; se imita el mester de cle-
recía, y se traducen los versos del Archipreste de Hita.
Libros franceses como el Román de Troié pasan por
él castellano antes de llegar al gallego; y, finalmente,
«1 más antiguo, y bien tardío, cronista portugués Fer--
nán Lopes aparece muy directamente influido en la
materia y en el estilo por las obras históricas del can-
ciller Ayala.
Todo inclinaba, pues, á los portugueses á recibir de
buen grado la heguemonía castellana en este orden, al
paso que con tanto empeño la combatían en el campo
de la guerra y de la política. Ni para contrabalancear-
la era suficiente la afición más difundida allí que en el
centro de España (fenómeno que también se explica por
la ausencia de toda otra poesía narrativa en Portugal
CIV LÍAIGOS CASTELLAKOS
y Galicia) á la lectura de los devaneos y ficciones ca-
ballerescas del ciclo bretón, qae quizá por misteriosa
comunidad de orígenes célticos, si no enteramente pro-
bados, muy probables, comenzaban á echar hondas-
raices en la fantasía tanto del pueblo como de las cla-
ses aristocráticas, penetraban á título de historia hasta
en los libros de linajes (1), y se reflejaban en las eos—
tambres palaciegas, en los saraos, en las divisas y en
los motes» siendo punto de moda en los tiempos d&
D. Juan T y sus inmediatos sucesores tomar los caba-
lleros y las damas los nombres de los héroes dev la
Tabla Redonda, y proponérselos como ideal ó dechado
en sus acciones. El Lanzarote del Lago, el Baladro de
Merlin, la Historia de Tristán y otros libros capitales
de este ciclo corrían ya traducidos en prosa portugue-
sa (2); y es muy natural que en tal medio fuese engen-
drado antes ó después el Amadis peninsular, ingenio-
sa y original imitación, que á su vez había de tener
prole tan dilatada, pero no en su primitiva forma, la
cual fué olvidada y perdida muy luego, sino en su meta-
morfosis castellana: lengua. que fué también la de casi
todas sus imitaciones, excepto el Palmerín de Inglate--
rra; mostrándose aun en esto el predominio y sobera-
nía que el habla de la España central asumió por tres-
centurias sobre sus vecinas.
(1) En ol nobiliario del conde D. Pedro de Barcellos, que es-
el máfS antiguo, no sqlo de Portugal, sino de toda España, se
ponen ya la genealogía del rey Artus, la leyenda del rey Lear y
la del encantador Merlin.
(2) Del Lanzaroie portugués existe un códice en la Bibliote-
ca Imperial de Viena. El Merlin y el Tristán constan en el catá-
logo de libros que poseyó el rey D. Duarte.
PRÓLOGO CV
Pero en el siglo xvi y aun en el xvii la vitalidad
del genio pcrtugués fué tanta, que sin menoscabo de su
sello peculiar toleró el empleo promiscuo de dos lengua*
literarias: ley de que no se eximió el mayor poeta de la
raza, si bien sus versos castellanos sean parte muy se-
cundaria de sus obras. Pero no acontece lo mismo con
otros poetas y prosistas de los más insignes: Gil Vicen- f
te, Sa de Miranda, D. Francisco Manuel, de quienes e& ■
muy dií&il decidir si importan más como escritores \
portugueses ó como castellanos: tan compensados están
los méritos de su labor en ambas lenguas.
No alcanzan tan alto nivel los poetas cortesanos del
siglo XV, si bien el más antiguo de los que acabamo»
de nombrar pertenece á esa centuria por su nacimien -
to y sus orígenes literarios. Antes de llegar á él, la
poesía portuguesa de aquel siglo no es más que un refle-
jo ó trasunto bastante pálido de la poesía castellana d&
las cortes literarias de B. Juan- II y de los Reyes Ca-
tólicos, con la gran desventaja de no ofrecer entre sus
innumerables cultivadores ninguno que remotamente
pueda compararse con Juan de Mena, Santillana, loa-
dos Manriques, y aun con otros ingenios de orden muy
inferior. Parece que los trovadores portugueses ponen
servil empeño en imitar lo más trivial, lo más insulso,
lo más empalagoso de sus modelos. IJl Cancionero de
Besende contiene todavía mayor número de poetas que^
el de Castillo: llegan á ciento cincuenta los que inclu*
ye. Nunca se vio tan estéril abundancia de versificado-
res y tanta penuria de poesía. El lector de buen gusto^
camina por aquel interminable arenal, sin encontrar
apenas un hilo de agua con que mitigar la sed. Afor-
tunadamente sólo nos incumbe el estudio de la parte
GVI LÍBÍCOS CASTELLANOS
castellana del libro, y aun asi no podrá dejar de ser
árida la materia, que procuraremos hacer*!más llevade-
ra con las noticias biográficas de algunos de estos poe-
tas, más interesantes en su vida que en sus versos,
pero á quienes alguna buena memoria debemos, siquie-
ra por la cortesía y solicitud que mostraron en honrar
nuestra lengua tanto como la suya propia (1).
Grato me fuera colocar al frente dé esta galería poé-
tica la noble y simpática figura del segundo de los
hijos del Maestre de Avis, del infatigable viajero que,
según el decir de nuestro vulgo, anduvo las siete par^
tidas del mundo, y cuya memoria se perpetúa aún, lo
mismo en Portugal que en Castilla, gracias á un libro
popular, de los llamados de cordel^ que todavía se re-
imprime, aunque cada vez más alterado y moderniza-
do, y suele encontrarse de venta en los mercados de los
pueblos y en los barrios extremos de nuestras ciuda-
des, formando parte esencial de la biblioteca folklóri-
ca (2). La veracidad de esta relación de viajes allá se
(1) Intentó ya el estudio de estos poetas, con sa habitual
■amenidad é ingenió, D. Juan Yaiera en un articulo publicado
•en la Revista de España, tomo I, 1868. A haberle dado más
«xtensión, hubiera hecho de todo punto inútil el mío.
(2) La última edición que hemos visto es de 1873, con el ti-
tilo de Historia del infante D, Pedro de Portugal, en la cual se
refiere lo que le sucedió en el viaje que hizo alrededor del mun-
do (sic). Escrita por Gomes de Santisteban, uno de los que llevó en
^u compañia. Las antiguas, asi en portugués como en castellano,
se titulan: Historia del Infante D. Pedro ... el qual anduvo las
Mete partidas del mundo. Las hay de 1664 (Burgos, por Felipe de
Junta), 1570 (Zaragoza, por Juan Millán), 1595 (Sevilla, por Do-
mingo de Bobertis), etc. El texto portugués actual parece tra*
dncido del castellano, pero éste puede ser abreviación ó refan-
•dición de otro más antiguo, que estaría probablemente en aqne-
PRÓLOGO GVII
va con la de Joan de Mandeville, y aun con la de
Simb^d el Marino, pero es indudable que el Infante
en su mocedad viajó macho por Europa, Asia y Áfri-
ca; que asistió al emperador Segismundo de Hungría
en su campaña contra los husMtas (1419); que hizo la
romería de Tierra Santa, visitando en el camido Ohipre,
Constantinopla y el Cairo, y adquiriendo noticias de
las tierras del Preste Juan; y, finalmente, que reco-
rrió las cortes de, casi todos los principes cirstianos
de su tiempo, invirtiendo en estas peregt inaciohes
más de diez años, y volviendo á Portugal, enrique-
cido con un tesoro de experiencia y saber práctico,
cual otro Ulises qui mores multorum hominum vidii
€t urbes. Pero el, tan afortunado como viajero, tan
eabio como legislador, tan prudente y sesudo como
regente de la monarquía durante la menor edad de
su sobrino D. Alfonso V (14381446). fué infelicísimo
en el final de su vida, sucumbiendo víctima de la
perfidia en la sorpresa de Alíarrobeira el año 1449. El
interés de sus viajes, la cordura de su administración,
en que tuvo que luchar á brazo partido, como D. Al-
varo de Luna, con la anarquía señorial, que se levantó
prepotente sobre su cadáver para caer luego herida de
muerte por el puñal de D. Juan II, apellidado el
Principe Perfecto; y, finalmente, la grandeza trágica
de su destino, rodean su nombre de una aureola de
gloria, á la cual no podía faltar el prestigio de la cultura
Hteraria dé que noblemente se ufanaban los más ilustres
lia lengna. OUvoira Martins se esfaerza por vindicar el oaráe*
ter hUtórioo de alguaas partes de est.a relación, tenida coxnán-
mente por fabulosa.
^ CVIII LÍRICOS CASTELLANOS
monarcas y proceres de aquel siglo de Renacimiento.
Cultivando con predilección la lectura de los moralis-
tas y de los políticos, tradujo á su lengua los Oficios
de Cicerón y los libros De Beneficiis de Séneca, que
tituló Virtuosa Bemfeitoria, el De Begimine Prindpuw
de Egidio Eomano, y el De re müitari de Vegecio. Y
en conformidad con sus aficiones de viajero trasladó
también el libro de Marco Polo, con que le había ob-
sequiado la Señoría de Venecia, cuando le recibió triun-
falmente en 1428. En las Sbras de Confesión exhal6
los afectos ascéticos de su alma, y en la carta de conse-
jos á su hermano D. Duarte desarrolló su pensamiento
político, .
El Cancioneiro Oeral incluye algunos versos euyos;
pero los que trae en castellano no son auténticos. El
largo poema del contemplo del mundo que el colector
Erosende le atribuyó, propagándose el yerro hasta lo»
más modernos y eruditos historiadores literarios de
Portugal y Castilla, no puede ser suyo,' puesto que en
él se alude á la caída y suplicio de D. Alvaro dé Luna,
cuya muerte fué posterior en cuatro años á la del In-
fante :
Mirad al Maestre si vivió penando,
Mirad luego juncto su acabamiento.
Pertenece, por consiguiente, no al Infante D. Pe-
dro, duque de Coimbra, sino á su hijo el Condestable
de Portugal, llamado también D. Pedro, de cuya vida
y escritos trataremos inmediatamente.
Lo que da al Infante un puesto en la historia de
nuestra poesía, siendo al mismo tiempo una de las más
curiosas muestras de la avasalladora influencia caste-
PRÓLOGO GIX
llana, son sus relaciones con Jaan de Mena, á quien di-
rigía encomiásticos versos pidiéndole que le enviara
todas sus obras, y proclamándole principe de los poe-
tas de su tiempo :
Sab3dor et bem falante,
Gracyoso em dizer,
Coronysta abastante
Em poesyas trazer...
£n su respuesta el poeta cordobés alude á los famo-
sos viajes del Kegente de Portugal :
Príncipe todo valiente,
En los fechos muy medido,
El sol que nasce en Oriente
Se tiene por ofendido
De vuestro nombre temido :
Tanto luze en Occidente,
Sois de quien nunca os vido
Amado públicamente,
Tan prefeto esclarecido.
Que por serdes bien regido.
Dios vos fizo su regente.
Nunca fué después, ni ante.
Quien viesse los atavíos
E secretos de Levante,
Sus montes, ínsulas, ríos,
Como vos. Señor Infante.
Entre Moros y Judíos
Esta gran virtu 1 se .cante;
Entre todos tres gentíos
Cantarán los metros míos
Vuestra perfeción delante (1).
íl) No me detengo más en tratar del Infante, porque no
quiero retocar la magistral semblanza que de él trazó el mayor
artista histórico que la Península ha producido en nuestros
, GZ LÍRICOS GASTBLLAKOS
Si el Infante D. Pedro apenas puede en rigor ser
considerado como poeta, no acontece lo mismo con sn
hijo el Condestable (1429-1466), tan parecido á él eú
sa carácter y en sus desventuras, del cual tenemos im-
portantes composiciones, casi todas en castellano; y cuyo
nombre, por varias razones, está honrosamente vincu-
lado en la historia de nuestra literatura, al paso que
su acción política se desenvolvió principalmente den-
•tro de Cataluña, donde fué rey intruso después de la
muerte del Príncipe de Viana.
Llevóle á tan alto y, finalmente, trágico destino la
herencia de las pretensiones de su madre, la duquesa
Doña Isabel, hija del conde de XJrgel, Jaime d Desdi-
chado^ viniendo á juntarse de este modo en su cabeza
dos fatalidades históricas, la de Alfarrobeira y la del
Castillo de Játiva. A los quince años era, según ex-
presión del cronista de Alfonso V, Ruy de Pina, «la
»más hermosa y más proporcionada criatura que en su
» tiempo se podía ver»; y armado caballero por el infan-
te D. Enrique en el monasterio de San Jorge de Coim-
bra, empezaba á tomar parte en bélicas empresas, mar-
chando á Castilla por orden de su padre, grande ami-
go de D. Alvaro de Luna y partidario de su política;
para ayudar al Condestable contra los infantes de
días, mi inolvidable amigo Oliveira Martins, en su libro O»
Flthos de D. Joáo I (Lisboa, 189t), que es quizá el más excelen-
te de todos los suyo-i. Sospecho, sin embargo, que obedeciendo
el grande escritor á las tendencias habitaales de su espirita,
pinta al Duque de Ooimbra más idealista y más pesimista de lo
que realmente fué y* de lo que cuadraba á la psicología de su
tiempo, menos compleja y refinada que la nuestra. De todos
modos, en ese maravilloso estadio está reunido cuanto se sabe
y cnanto se puede adivinar acerca del Infante y sus hermanos.
PRÓLOGO CXI
Aragón, con un cuerpo de dos mil hombres de á caba-
llo y cuatro mil peones, que llegaron cuando ya la con-
tienda estaba decidida en los campos de Olmedo. Los-
vencedores recibieron en palmas al joven Condestable- \
portugués, aunque ya fuese inútil su refuerzo, y le fes- '
tejaron de mil modos, señalándose en ello el Marqués
de Santillana, que con ocasión de remitirle el cancio-
nero de sus obras, que D. Pedro le había p edido por
medio de su familiar Alvar González de Alcántara, le*
dedicó en forma de carta aquel inestimable proemio^.
que es el más antiguo conato de historia de nuestra
poesía.
No bastó el desastre de Alfarrobeira á saciar loa
odios del conde de Barcellos (luego duque de Braganza),
del conde de Ourem, del Arzobispo de Lisboa y de los
demás émulos del sacrificado Regente, sino que exten-
diéndose la persecución á todos los /miembros de su
familia, el Condestable se vi¿ despojado de su digni-
dad, así como también del Maestrazgo de Avis : sus
bienes fueron confiscados, y él, finalmente, tuvo que
refugiarse en Castilla, donde arrastró mísera y erran-
te vida desde 1449 á 1457. Entonces, más consfreñido
de la necesidad que de la voluntad, según dice, abando-
nó su nativa lengua por la castellana, y compuso el
extraño libro, mezcla de verso y prosa, que lleva el tí-
tulo de Sáfyra de felice é infelice vida (1). De él hizo
(1) Ha sido publicada por D. A. Paz y Melia en el tomo de-
Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVIt dado k luz por la
Sociedad de Biblióñlos Españoles en 1892. Esta edición va ajus-
tada al único códice de la Sátira que se conoce, y es el de la
Biblioteca Nacional de Madrid, copiado en Cataluña dos años-
después de la muerte del Condestable, según consta en la sus-
Gxii líbicos castellanos
presente á su hermana la reina de Portugal Doña Isa-
bel, no menos desdichada que él, puesto que murió en
-edad muy temprana, no sin sospechas de envenena-
miento. De la dedicatoria se infiere que había co-
menzado á escribir la obra en portugués, pero que
atraído el texto á la deseada fin, é j^arte de las glosas
»en lengua portuguesa acabadas», determinó' traducir*
lo todo «é lo que restaba acabar en este castellano
^idioma: porque segund antiguamente es dicho, é la
»experiencia lo demuestra, todas las cosas nuevas
^aplazen ; é aunque esta lengua non sea muy nueva de-
»lante la vuestra Real é muy virtuosa Majestad, á lo
»meDos será menos usada que la que continuamente
tañere en los oídos de aquélla.» Haciendo alarde de su
infantil erudición, y para que su obra no paresdese
desnuda y sola, llené las márgenes de copiosas é ioa^
pertinentísimas glosas, que con muy buen acuerdo ha
suprimido en gran parte el editor moderno, porque no
<3ontienen más que triviales especies de mitología é
historia antigua, salvo algunas de excepcional valor
por referirse á personajes españoles, como la intere-
sante y larga nota en que se describen las virtudes de
Santa Isabel de Portugal, y el curiosísimo pasaje re-
«ripción final : <fFou acabad lo present libre a.x de may any 1468
de ma den Crisiqfol Bosch libraier.)) Amador de los Ríos fué el
primero que estudió atentamente esta composición en el tomo
YII de su lüstoria de la Literatura española.
La dedicatoria tiene este encabezamiento : < Sigúese, la epis-
tola á la muy famosa, muy excellente Princesa, muy devota, muy
virtuosa é perfecta Señora, Doña Isabel, por la deifica mano
Reyna de Portugal, grand Señora en las Libianas partes, embiada
por el su en obediencia menor hermano, é en desseo perpetuo ma-
yor servidor, >
ll
PaOLOGO GXffl
lativo al enamorado Macias, «grande é virtuoso már-
»tír de Gapido:», cuya pasión y trágico fín están con-
tados dé u^modo mucho más romántico que en las
versiones ordinarias, si bien el Condestable no le con-
cede más que la segunda silla ó cadira en la corte de
Cupido, reservándose para si propio la primera, como
prototipo de leales amadores (1).
(1) Aunque ya mencioné esta glosa al tratar de Macias,
creo hacer cosa grata k mis lectores, transcribiéndola aqui en
fin integridad, tal como la publicó el Sr. Paz y Helia en las
notas á su edición de las Obras de Juan Rodríguez del Padrón.
< Matías* Natural fué de Galicia, grande é virtuoso mártir de
Cupido, el qual teniendo robado su corazón de una gentil fer-
mosa dama, assaz de servicios le fizo, assaz de méritos le meres-
ció, entre los quales, como un dia se acaesciesen amos yr á
cauallo por una puente, assy quiso la varia ventura que por
mal sosiego de la muía en que caualgaua la gentil dama, volcó
Aquélla en las profundas aguas. E como aquel constante ama-
dor, no menos bien acordado que encendido en el venéreo fue-,
go, nin menos triste que menospreciador de la muerte, lo viesse,
aceleradamente saltó en la fonda agua, é aquel que la grand
Altura de la puente no tornaba su infinito querer, ni por ser
metido debaxo de la negra é pesada agua no era olvidado de
aquella cuyo prisionero vivía, la tomó á do andaba medio
znnerta, é guió é endereszó su cosser (corcel) ó, las blancas are-
nas, á do sana é salva puso la salud de su vida. E después el
desesperado gualardón, que al fin de mucho amor á los servi-
dores non se niega, por bien amar é sennaladamente servir
ouo, ca fizieron casar aquella su sola señora con otro. Mas el
no movible é gentil ánimo en cuyo poder no es amar é des-
amar, amó casada aquella que donzella amara. £ como un día
oaminasse el piadoso amante, falló la causa de su fin, ca le sallió
en encuentro aquella su sennora, é por salario ó paga de sus
señalados servicios le demandó que descendíesse. La qual con
piadosos oydos oyó la demanda é la compiló; é descendida, Ma-
cías le dixo que farta merced le hauia fecho, é que caualgasse
é se faesse, porque su marido allí non la fallase. E luego ella
partida, llegó su marido, é visto asi estar apeado en la mytad
de la vía á aquel que non mucho amaba, le preguntó qué allí
Tomo VII. 8
GXfV LÍRICOS CASTELLANOS
Nada menos satírico qae esta llamada Sátira, como
nada menos dramático que la Comediefa de Ponza.
Estos caprichosos títulos coi responden á una preceptiva
convencional, en que los géneros literarios tenían dis-
tintos nombres que ahora. £1 Condestable dice que
llamó á su obra «c Sátira, que quiere decii* reprehensión
:»con ánimo amigable de corregir : é aun este nombre
^sátira viene de satura, que es loor.»_ Y como en Xz.
obra se loa el femíneo linaje, y el autor se reprende á.
sí mismo, va mezclada de alabanza y de corrección,
entendiéndose por vida infeliz la del poeta, y por feliz
la de su dama. Esto en cuanto al titulo, pues en cuanto
á la materia, este fastidiosísimo libro, que su autor tuvo
másdeuna vez propósito de sacrificar al dios Vulcano^
con lo cual ciertamente no se hubiera perdido mucho,
es una especie de novela alegórica del género senti-
mental, en que, aparte de las reminiscencias de Dante^
de Petrarca y de !& Fiammeta de Boccacio, se advierte
más declarada que ninguna, la imitación de un libra
español del siglo xv, el Siervo libre de amor 6 Historia
de Ardanlier y Liessa, de Juan Rodríguez del Padrón,.
fazia. £1 qaal respaso : «Mi señora puso aquí sas píes, en cnyas
> pisadas yo entiendo uevir é fenescer mi triste vida.» E él, sin
todo conosoimiento de gentileza é cortesía, lleno de seelos m&s
que de olemencia, con una lanza le dio una mortal ferida. £
tendido en el suelo, con voz flaca é oíos revueltos á la parte do
su sennoraiba, dixo las siguieotes palabras: «¡Ó mi sola é per--
»petua sennora! A do quiera que tú seas, ave memoria, te su-;
>plico, de mi, indigno siervo tuyo!» E dichas estas palabras,
con grand gemido dio la bienaventurada ánima. B assy fenes-
ció aquel cuya lealtad, íé é espeiado é limpio querer le fizieron
digno, segund se cree, de ser posado é asentado en la corte del
inflamado fijo de Vulcan, en la «ecuada Cíidira ó silla, más pro-
pinca á él, dexando la primera para mis altos méritos. »
PRÓLOGO CXV
cuyo argumento compendia el Condestable en una de
sus glosas, y cuyo estilo revesado é hiperbólico mani-
fíestamente imita lo mismo en la prosa que en los
versos. Pero el libro <íe Juan Rodríguez, en medio de
BU imperfección, tiene valor autobiográfico y un cierto
género de poesia romántica y caballeresca, de que la
Sáfyra de felice é infélke vida enteramente carece, re-
duciéndose á una serie de insulsas lamentaciones ates-
tadas de todos los lugares comunes de la poesia erótica
de entonces, sin que tal monotonía se interrumpa, antes
bien se refuerza, con el obligado cortejo de figuras ale-
góricas, tales como la Discreción, la Piedad y la Pru-
dencia, Si á esto se añade el consabido catálogo de ena*
inorados antiguos y modernos, cuyos nombres no pare-
cen traídos más que para justificar la pedantería de las
glosas, se tendrá idea de este tardío y desabrido fruto
de aquella escuela sendo dantesca, que por tanto tiempo
torció el curso de nuestra literatura,^ calumniando al
gran poeta á quien decía imitar. I^ólo la. curiosidad
erudita puede encontrar incentivo en tales engendros,
donde siempre hay algo útil para el gramático ó para
el historiador; pero al crítico literario bástale dar razón
de su existencia, y pasar de largo por ellos.
Expresamente declaró el Condestable que era éste el
primer fruto de sus estudios, á la par que la historia
de sus primeros amores, entre los catorce y los diez y
ocho años. Tal circunstancia desarma mucho la severi-
dad del lector, á la vez que explica la confusa mezcla
de imitaciones sagradas (1) y profanas, la fácil erudi-
<1) ' Para encarecer su desej)perAv?ión amatoria se vale de pa-
labras del Libro de Job:
GXVI LiaiGOS CASTELLANOS
ción traída por los cabellos, y el continuo recuerdo de
otros libros contemporáneos, como el de las claras y vir-
tuosas mujeres t de D. Alvaro de Luna, que explotó
mucho para las glosas. Creemos que faé el Condestable
el primer portugués que escribió en prosa castellana,
y no se puede decir que fuesen infructuosos sus es-
fuerzos. Siguió la corriente latinista, abusando del hi-
pérbaton; á veces en términos ridículos (1) que sólo
admiten comparación con el hórrido galimatías de don
Enrique de Yillena; pero otras. veceSj como por instinto
ó imitando buenos modelos italianos como la Vita Nuova
que seguramente tenía delante, acertó á dar á la prosa
«¡BCaldito sea el día en que primero amó, la noche qne velan-
>do, sin recelar la temedera muerte, puse el ñrme sello á mi infi-
>nito querer é iuré mi servidumbre, ser fasta el ñn de mis días!
»Xo se recuerde Dios del é quede enfascado é escaro syn toda
>lumbre. Sea lleno de muerte é de mal andanza. Aquella noche
> tenebrosa, turbiones, rel&mpagos, lluvias con terrible tempes-
»tad acompañen. Aquel dia no sea contado en losjdlas del año;
* no se nombre en los meses. Sea aquella noche sola é de toda
»maldioión digna... ¿Para qué fué A hombre tan infortunado luz
>dada, sino escuridat é tiniebras? ¿Para qué al que vive en toda
>pena é tormento vida le fué dada, sino que fuera como que no
»í'uera, del vientre salido, metido en la tumba?»
(1) Véase, por ejemj)lo, la jerigonza con que acaba el libro:
cFenescida (la Sátira) quando Deifico declinaba del cerco
» meridiano á la cauda del dra^ónllegado, é la muy esclarescida
» Virgen Latona en aquel mismo punto sin ladeza al encuentro
avenida, la serenidad del su fermoso hermano sufuscaba; la vo-
^lante águila con el tornado pico rasgaba las propias carnes,
xé la corneia muy alto gridaba fuera del usado son: gotas de
> pluvia sangrientas moiaban las verdes yerbas: Euro é Zéfíro,
» entrados en las concavidades de nuestra madre, queriendo sor-
»tir, sin fallar ssilida, la fazian temblar; é yo, sin ventura, pa-
2 desciente, la desnuda é bicortante espada en la rai diestra mi-
traba, titubando con dudoso pensamiento é demudada cara si
^era mejor prestamente morir ó asperar la dubdosa respuesta
»me dar consuelo.»
PRÓLOGO GXVII
un grado notable de viveza y elegancia, mostrando
ciertfts condiciones pintorescas y algún sentido de la
armonía del período (i ). En el cultivo de la prosa senti-
mental fué ciertamente discípulo de Juan Eodrígnez
' del Padrón, pero su manera, en los buenos trozos, pa-
rece más próxima al tipo que muy pronto iban á fijar,
en Castilla el autor de la Cárcel de amar, y en Portu-
gal el de Menina é moga.
No es fácil conjeturar quien fué la hermosa Prince-
sa (así la nombra) que inspiró al Condestable esta ju-
(1) Trozo agradable, por ejemplo, es el siguiente:
€ Assi caminaba, semblando á aquellos que, pasando los Alpes,
>el terrible frío de la nieve é agudo viento dan fin á sujs dolo-
' rosas vidas; que asi pegados en las sillas, helados del frío, si-
eguen su viaje fasta que de aquéllas, no con querer ó desquerer
»suyo, son apartados é dados á la fría tierra. Tal pare:ia como
»los navegantes por la mar de las Serenas, que oindo el dulce
>ó melodioso canto de aquéllas, desamparado todo el gobierno
>de sus naos, embriagados é adormescidos, alli fallan la supos-
»trimeria.....
> Afanado mi espíritu, euoiado ya mi entendimiento, ;misoios
>á la oriental parte levanté; mas aunque mucho mirase en tor-
uno de mí, jamás en conoscimiento dó era pude venir Ya los
'menudos é lumbrosos rayos (del sol) ferian los altos montes,
>é veyéndome tan lejos do partiera, moví contra un arboledo
>bien poblado de fermosos é fructuosos árboles É llegando
»al solitario monte, descendí, é descendido, acostéme en las
» verdes yerbas, é las que tañía non padesclan la verde color»
»Allí los gridos, allí los alaridos, alli los suaves cantóla de las
> silvestres aves facían gran sonido: alli conoscí que alguna
»cosa non cubría el estrellado cielo, ahondado de tanta mala
»dioh^ como yo, pues todas en gozo, placer é deportes pasa-
>ban sus vidas; yo en tristeza muy amaga plañiendo mi mala
>vlda, é menospreciando todo mi bien continuamente vivía: >to-
>das poseyendo libre albedrio para' facer lo que deseaban; yo
> solamente pensar en lo que deseaba no era osado.»
El retrato de la dama tiene también algunos toques gracio-
sos, mezclados con otros de muy mal gusto.
GXVIII líbicos GAStlSLLANOS
venil pasión, puesto que á despecho de las afectacio-
nes del estilo, creemos que se trata de amores verda-
deros. En las ponderaciones de su belleza, discreción
y honestidad no pone tasa, llegando á aplicarla aquel
mismo encarecimiento, poco ortodoxo, que Cartagena
hizo de la Eeina Católica. Salvo la Madre de Dios,
«no nasció, desde aquella que fué formada de la eos-
Otilia... quien á sus pies por méritos de gloriosa virtud
:í>asentar se debiese.» Y en verso todavía pasa más la
raya, según necio estilo dq trovadores:
Oid tan gran calpa vos,
Cumbre de la gentileza,
Mi gozo, mi solo Dios^
■Mi placer 6 mi tristeza
De mi vida.
Estas poesías con que la Sátyra acaba son en extre-
mo conceptuosas y alambicadas, pero están escritas con
soltura muy digna de notarse en un poeta que no teuia
el castellano por lengua nativa.
Discreta, linda, fermosa,
Templo de moral virtud,
Honestad muy graciosa,
Luzero de inventud
Y de beldad.
A. mis preces acatad,
Ovd las plegarias mías,
No fenezcan los mis días
Con sobra de lealtad.
No fenezca vuestra fama
Que vuela por toda parte;
No fenezca quien vos ama;
Desechad, echad ¿ parte
La crueldad.
PBÓLOGO CXIX
Seguid virtud y bondad,
Seguid la muy alta gloria
É no Heve la victoria
La dañada voluntad.
No creáis que porque muero »
€on desigualada pena,
Que por esso yo requiero
Para vos cosa tan buena
En extremo.
Ni porque más males temo.
Ni porque la muerte llamo,
Mas sólo porque vos amo
En grado muoho supremo.
Ni por ál yo no me curo
De vuestro bien soberano,
Ni por ál yo no procuro
Que creáis aquesta mano '
Toda vuestra.
É la mi parte siniestra
F'erida de mortal llaga,
Sanéis é mi triste plaga
Curéys con la gentil'diestra..
t)oledvos de mi pasión
É de mi grand perdimento;
Quered vuestra perfección
No queriendo mi tormento
Desigual;
Mi firme querer leal,
Vuestro muy más que debía,
Librad vos, ídolt^mía,
De dolor pestilencial.
La fecha de la Sátyra áe felice é infelice viáa no
puede traerse más acá de 1455, puesto que aquel año
, pasó de esta vida la Eeina doña Isabel de Portugal, á
quien está dedicada. Es singular que ni Teófilo Braga,
CXX LÍRICOS CASTELLANOS
«1 sas numerosas publicaciones (1), ni los biógrafos ca-
talanes del Condestable (2), ni el mismo diligentísima
autor del Catálogo de los autores portugueses que han
escrito en castellano (3), se hagan cargo de una impor-
tante noticia que Bellermann dio en 1840 de otra obra
inédita del Condestable, en prosa y verso, inspirada
por el fallecimiento de su hermana, y que debe de ser
muy semejante en su traza y disposición á la Sáfyra
de felice é in/dice vida, «Poseo (dice Bellermann) una
serie de composiciones poéticas de este D. Pedro, co-
piadas de un antiguo manuscrito inédito que se halla
en una biblioteca particular de Lisboa. Toda la obra
consta de 80 hojas en pergamino: se titula al íip Tra-
gedia de la insigne Reina Daña IsaheL Está en verso y
en prosa, afectando cierta forma dramática. Al prin-
cipio en vez de titulo lleva las palabras francesas Paine
pour jote (que eran el lema del Condestable) y nn pro»
logo del autor dedicándola á su hermano menor, don
(1) Véase principalmente, para el caso, Poeíat palacianos da
8€culo XV (Porto, 1872). Cap. IV.
(2) Coroleu é Inglada (D. José), El Condestable de I\)rtugalr
rey intruso de Cataluña, (En la Revista de Gerona, tomo II, 1878.)
Balaguer y Merino (D. Andrés), Don Pedro el Condestable de
Portugal, considerado como escritor, erudito y anticuario. Estudia
histórico' bibliográjico. (Gerona, 1881.)
Onrioso trabajo lleno de datos nuevos y de documentos im-
portantísimos, qne me han sido mny útiles en esta parte de. mi
estadio. El malogrado Balagner y Merino era un investigador
tan sólido como modesto, y su muerte fué una gran pérdida^
para la erudición catalana. Era además hombre tan sencillo y
bueno, que no puedo renovar sin dolor su memoria.
(3> García Peres (D. Domingo), Catálogo razonado, biográfica
y bibliográfico de los autores portugueses que escribieron en cas-"
iellano, (Madrid, 1880.)
PRÓLOGO CXXI
Jaime, qne fué Cardenal de San Eustaquio y Arzobis^
po de Lisboa.»
A juzgar por el brevísimo análisis que Bellermann (1 y
hace de esta Tragedia, escrita en castellano como toda»
las obras del Condestable, su contenido debe de ofre-
cer más interés que el de la Sdtyra, puesto que el autor^
partiendo de la consideración de su propio infortunio^
se eleva á consideraciones de filosofía religiosa sobr&
la instabilidad de los bienes y prosperidades del mun-
do, acabando por resignarse sumisamente á la volun—
'tad de Dios. Idéntico pesimismo cristiano, si es que
esto puede llamarse pesin;LÍsmo, campea «n las Coplas
del contemplo del mundo, y tales debían do ser las ha-
bituales meditaciones de aquel príncipe, cuya vida fué=
tan contrastada y tan amarga.
Un error de García de Besende, que todos bemo»
repetido hasta estos últimos años (2), ba venido atri-
buyendo este notable poema, quizá el mejor que en
aquel Cancionero se encuentra, al t infante dom Pedro,.
>filho del rrey dom Joam da gloriosa memoria-», Ta>
error procedía acaso de la primera y rarísima edición
gótica, que de estas coplas, acompañadas de una glosa
del aragonés Antón de TJrrea, se hizo en £aragoza ó*
en Lisboa, donde también se da á D. Pedro el tituIo^
de Infante, aunque sin decirle hijo 4o B. Juan I (3).
(l) . Die alten Liederbücher der Poriugiesen oder Beitrdge zur-
getehiehte der poriugieríechen Poeeie vom dreizenftnten bit zum
Anfong des sechzehnien Jahrhunderts.», Berlín; bei Ferdinand.
Dümmler. 1840. PP. 29-3 j.
(2) Creo que el primero que le corrigió fué el difunto bi-
bliotecario D. José María Octavio de Toledo, eniun articulo pu-
blicado en la Revista Occidental, de Lisboa, que cita Th. Braga.
(3) Copla» /echas por el muy illastre Señor Jnf ante Don Pe-
CXXII LÍRIGOS^ CASTELLANOS
Pero la mención del acabamiento de Dé Alvaro de
Luna (1453) basta para demostrar la imposibilidad
de tal atribución, y para restituir el poema á su ver-
dadero autor, que es el hijo y no el padre, el Oondes^
table y no el Infante.
Con razón ha dicho Oliveira Martins que estas co-
plas son el documento poético más notable de la lite-
ratura portuguesa de su tiempo. Adolecen, es cierto,
de la frialdad inherente ¿la poesía didáctica, y no son
-en gran parte más que repetición de lugares comunes
bebidos en la lectura entonces frecuentísima de los mo-^
ralistas antiguos, especialmente de Séneca, perpetuo
oráculo del estoicismo español en todos los siglos. Los
dro ele Portugal: en las guales hay Mil versos con sus glosas con-
tenientes del menosprecio : e contemplo de las cosas fermosas del
mundo : e demostrando la su vana e feble beldad (Biblioteca Na-
xiional de Lisboa). El P. Méndez ( Tipografía Española) deseribe
•otro ejemplar qae vio en poder de D. Santiago Saíz, 84 hojas
«n folio, sin numeración y con letras dé registro. Bn papel
grnéso como de protocolos. Cree que se imprimió en Lisboa,
por ser igual en papel y tipos á la Glosa famosísima sobre las
Cíalas de Don Jorje ManriquCt impresa en la capital de Porta*
:gal por Valentín Femáriides, en 1501. Oliveira Martins, no sé
pon qué fundamento, la supone de Zaragoza, 1478. Acaso sean
distintas la edición de la Biblioteca Lisbonense y la que mane-
jó el P. Méndez.
Poseyó éste un códice de la misma obra, escrito en el úglo xv,
papel grueso y letra clara y hermosa, con 152 folios útiles; Cpm*
prendia 1^ octavas (en todo mil y ocho versos), muchas de ellas
con su glosa como en el impreso, aunque cdn variantes. A las
octavas antecedía, en seis hojas, un proemio en prosa, que las
•ediciones no traen, y cuyo principio era este: «Comieoza el
yprohemio dirigido ni muy excelente ;é muy católico principe
> temido e muy amado señor Alfonso el quinto deste nombre:
>rey de los portugueses e señor de la insigne e muy guerrera
> africana cibdat...>
FinaUzadas las octavas, proseguía en el manuscrito un razo-
. PBÓL060 CXXIU
ejemplos históricos con que el autor corrobora su doc*
trina pertenecen también al fondo más vulgar de la
cultura de su siglo; y, en suma, apenas hay nada que
por novedad de pensamiento llame la atención ni se
'fije indeleblemente en la memoria. Pero en medio de
la aridez que tales sermones poéticos tieneo, cuando
no es un Juvenal quien los escribe, hay en este poe-
mita no sólo un nobilísimo sencimiento de la justicia y
cin ideal muy noble de la vida, sino un tono de melan-
<;ólica resignación, que es indicio de ánimo sincero, y
nota personal introducida á tiempo para concretar un
poco ia vaguedad de los preceptos. Cierto pudor ó al-
tivez aristocrática impide al Condestable insistir en
sus propios casos ni en los infortunios de su familia,
namiento de despedida y amonestaciones cristianas, qne se sa-
ponian hechas por el rey Alfonso V á la Infanta da Portugal
Doña Juana, cuando vino á Castilla á casarse con el rey Enri-
que IV. Esta pieza retórica que, á juzgar por el estilo, bien
puede ser del Condestable más bien que del monarca en cuyos
labios se pone, comenzaba asi: < Venido es $1 tiempo, o dulce
»^a mia, en que yo casarte debo: llegada es tu edat, como yo
» pienso, ó. los convenibles años de los maritales tála^l08...» Y
«cababa: cDame ya, my cara fí>a, los postrimeros e amorosos
>abrazo8 : recuérdate de mis amonestamientos : recuérdate del
>nuestio deseoso despido: recuérdate desta nuestra postrimera
> vista, que es quando... las secas tierras se aparejaban regar,
»feneoido según los romanos el dia de Saturno, comenzado el
^dia de Delio, cuya festividat honor de la resurrección del todo
«poderoso e misericordioso iesu celebramos, en el áfto de la ve-
inida de nuestro redemptor en carne, milésimo quadragentesi-
»mo quinquagesimo quinto, pasada la primera guerra contra
>lo8 agarenqs de D. Enrique, el quarto deste nombre rey de
> Castilla, adonde en los rreales cerca de las oipdades morismas
*ivL fuiste, y en hedat creciente como tu sabes, e las mis ma«
>nos, que dexadas las armas con intenso e intimo amor, ser-
>vian a ti, e te administraban los dulces manjares. *
CíXIV LÍRICOS CASTELLANOS
pero la honda tribulación de su espíritu tiñe de lúgti*
bre color los rasgos de su pluma, dejándonos percibir,
á través del moralista severo, al hombre de corazón,
inicuamente perseguido por la desgracia. Añádase á
esto que en muchos casos logra dar forma saliente y
expresiva á ciertos aforismos éticos. Asi dice, por
ejemplo, hablando de la nativa igualdad del género
humano :
Todos somos fijos del primero padre;
Todos trayemos igual nascimiento;
Todos habernos ¿ Eva por madre,
Todos faremos un acabamiento^
Todos tenemos bien flaco cimiento;
Todos seremos en breve so tierra :
Kl propio noblesce meresclmiento,
£ quien ál se piensa, yo pienso que yerra.
De la real é imperial dignidad habla con á)iimo des-
engañado :
Menospreciad aquell' alia cumbre
De los imperios et de los reynados,
Pues non contiene en si clara lumbre,
Nin fkce los hombres bienaventurados.
Son siempre los reys llenos de cjuidadoa
Y temen aquellos dé que son temidos,
Son con amor vero de pocos amados,
Nin las mas veces salen de gemidos.
Los malos reyes, aborrecidos de Dios y del mundo,
los privados infieles y mentirosos, no son en sus versos
meras abstracciones : son los causadores de la ruina
de su padre, quizá los asesinos de su hermana, los que
á él mismo le traían proscrito y mendigando el pan
del destierro. Si en los palacios le persiguen las en-
sangrentadas sombras de los suyos, tampoco espera
i
PRÓLOGO GXXVr
nada del pueblo ni de su vano amor. Le llama ingrato,
«crudo y nefando, ensalzador de los malos, opresor de
los buenos, que no sabe amar ni desamar, ni honra la
virtud ni se cura de ella.
Y su pesimismo no es meramente político : á veces
se mueve en una esfera más trascendental. "
Desear los fijos parescen engaños,
Porque sus dolores son nuestro dolor...
Y de la ingratitud de los hijos traza este cuadro es-
pantoso :
Son causa los fijos de males muy fuertes,
A los tristes padres que los eng^endraron,
Y lo que es más feo, buscan las sus muertes.
Ya muchas veces los fijos tentaron
De matar sus padres, et los desterraron
De sus altos tronos et de sus reynados,
Y en las tinieblas los encarcelaron,
De su mesmo ser muy mal recordados.
Enérgicamente condena el deseo sobrado de largo
vivir; y la última mitad del poema no es ya filosófica,
sino ascética, empezando el poeta por rechazar el auxi-
lio de las musas profanas, que su maestro Juan de
Mena había invocado en el Laberinto :
Id-vos d' aquí, Musas, vos que en Parnaso,
fíe^ún los poet-as, fecistes morada;
Id-vos muy allende del montd Caucase,
Pues no sodes dignos d' aquesta jornada,
Nin vuestra ponzoña será derramada
Con la su dulceza en las venas mías;
Ca ser no me plaze de vuestra mesnada,
Ni soy Omerista, nin sigo sus vías.
Publicadas casi integras estas Coplas en nuestra
Antología; no procede aquí dar más extractos de
/•
GXXVI LÍRICOS CASTELLANOS
«lias, bastando decii: que á pesar de la flojedad del eS'
tilo en muchos trozos, y de las incorrecciones de len-
gua y versificación, tolerables al cabo en pluma fo-
rastera (y algunas de las cuales quizá puedan aelia-
carse á la incuria ortográfica de Besende, que llenó de
lusitanismos las poesía^ castellanas de su colección),,
ninguno de los poetas portugueses que en el siglo xv
escribieron en nuestra lengua hizo cosa mejor, ni qui-
zá se encuentre en todo el Cancioneiro Geral poesía-
de más alto sentido y de más- grave entonación, aun
prescindiendo de la curiosidad que la da el nombre de
su autor.
No sabemos fijamente á qué año corresponde esta
exposición poética de las máximas de Séneca corona-
das coní las del venerable Tomás de Kempis; ni si prer
cedió ó siguió á la vuelta del Condestable á Portugal,
en 1457, cuando Alfonso V, apiadado de^l ó quizá por
impulso de un remordimiento, consintió en levantarle
el destierro. Narra el hecho así Ruy de Pina en el ca-
pítulo 138 de su Crónica de D, Alfonso Y \ «En este
tiempo, y en el fervor de esta cruzada (contra los ma-
ros de África) andaba aún desterrado en Castilla el
señor D. Pedro, que con mucha paciencia de grande»
necesidades y desventuras, que en su destierro sopor^
taba, y con una loable templanza que en sus palabra»
y en sus obras mostró siempre para el reino y para el
Rey, obligó y conmovió á éste para que le dejase retor-
nar á sus reinos^ y le hiciese aquella honra y merced
que él por muchas causas merecía, especialmente por-
que el duque de Braganza, así que vio la muerte de
la Reina, no contradijo la vuelta del Infante con tanta
insistencia y tanto recelo como en vida de ella hacía;
PRÓLOGO GXXVlI
y aunque tenia promesa del Bey de que el dicho D. Pe*^
dro, en vida del Duque, no viniese 8Ín su benepUcito>
á estos reinos, desistió de ella.»
Acompañó el Condestable á su primo y cuñado en
la empresa de Tánger, y se hallaba en el campamenta
de Ceuta cuando recibió una inesperada y honrosisima^
embajada, que parecía torcer el curso de sus destinos,
hasta entonces tan infaustos.
£s sabido que después de la muerte del Principe de
Viana, los catalanes declararon roto el juramento d&
fidelidad que habían prestado á D. Juan II de Aragón,
y ofrecieron la corona á varios príncipes, entre ello»
á Enrique IV de Castilla, ninguno de los cuales tuvo
resolución para aceptarla. Entonces se acordaron de
que en Portugal quedaba sangre de sus reyes, y de-^
terminaron hacer la misma oferta al Condestable,, cuya
fama de valeroso y cumplido caballero se extendía por
toda España. En 30 de Octubre de 1463 zarparon del
puerto de Barcelona dos galeras mandadas por el ho-
norable Rafael Julia, conduciendo á los representante»
de la ciudad condal, á quienes presidía Mosén Fran-
cisco Ramis, como embajador de los diputados de la
Generalidad y Consejo del Principado. Era portador
da una carta en que los catalanes proclamaban por su
rey y señor al Condestable : tah integritat de ¡eys e li--
hertats com aquell al qual justicia acompanye devant
tots altres per esser la propria carn devallant de la recta
linea del excellent rey Nanfós lo henigne axi en les ero-
ñiques intitúlate » y le exhortaban á tomar posesión del
Reino.
ITo titubeó ni un momento el caballeresco espíritu
del príncipe en arrojarse á una empresa tan erizada de
GXXVIII LÍRICOS CASTELLANOS
peligros y dificultades, puesto que tenia que conquis-
tar por fuerza de armas el reino que se le ofrecía,
luchando con uno de los más astutos políticos y más
excelentes soldados que en su tiempp había. Se embar-
có, pues, para Cataluña, y después de una trabajosa na-
vegación de cerca de tres meses, arribó á la playa de
Barcelona el 21 de Enero de 1464. La pompa de su en-
trada está largamente descrita en el Dietario de la Di-
putación, y en el segundo de los libros de solemnitats
^ue guarda el Archivo Municipal de Barcelona, y que
ha dado á conocer (con tantos otros preciosos docu-
mentos relativos á nuestro poeta) el Sr. Balaguer y
Merino.
El domingo 13 de Enero juró el Condestable los
fueros y privilegios del Eeino, y no fué tardío ni remi-
so en- cumplir su juramento de defenderlos, á pesar de
la traidora enfermedad que iba minando su existencia.
Poco más de dos años duró su efímero reinado, pero
en ellos desplegó grande actividad como gobernante,
del modo que lo testifican los copiosos registros de su
•cancillería; y probó una vez y otra el trance de las ar-
mas, con varia fortuna, pero siempre con créditos de
bizarro y animoso, hasta que la suerte se le declaró
de todo punto adversa ante las puertas de la villa de
Calaf, donde fué completamente derrotado en batalla
eampal el 1 8 de Febrero de 1465 por el Conde de Pra-
des, con quien hacía sus primeras armes el infante que
fué luego Fernando el Católico. En esta terrible derro-
ta cayeron prisioneros los más notables partidarios del
rey intraso, tales como el vizconde de Bocaberti, el
•de Eoda, un D. Pedro de Portugal, primo-hermano del
Oondestable, el gobernador de Cataluña mosén Garau
PRÓLOGO CXXIX
de Ser vello, Bernardo Gilabert de Cruylles y otros
machos.
Derrotado el Condestable se replegó á Manresa, y
de álli pasó sucesivamente á GranoUers, Hostalrich,
Castellón de Ampurias y Torroella de Montgri, diri-
giéndose por ñn al Ampurdán, donde puso sitio á La
Bisbal, rindiéndola por fuerza de armas en 7 de Junio.
Este fué su último triunfo: la fortuna le había vuelto
resueltamente la espalda: su candidez diplomática con-
trastaba con la profunda sagacidad de D. Juan II, que
cada día le iba robando partidarios y sembrando la di-
visión en su campo. Su ánimo estaba postrado, y ade-
más las fatigas de la campaña habían desarrollado rá-
pidamente el germen de la tisis que le consumía. Sus
días estaban contados, pero todavía soñaba con buscar
nuevos auxiliares á su causa, contrayendo matrimonio
•con una hermana del rey de Inglaterra, parienta suja
por parte de su abuela paterna Doña Felipa de Lan-
castre: y hasta llegó á enviar en arras á su futura un
diamante engarzado en un anillo de oro, según de do-
«cumentos del Archivó de la Corona de Aragón resulta,
•constando asimismo el precio en que fué comprada tan
rica joya.
Ruy de Pina, que escribía lejos y estaba mal infor-
mado, echó á correr la especie, entonces inevitable
cuando se trataba de la muerte de algún soberano, de
que el Condestable habia sido envenenado. No hay
para qué detenerse en refutar semejante calumnia: el
Condestable sucumbió á la mortal consunción que lé
íujuejaba, el 29 de Junio de 1466, en la villa de Gra-
nollers, á los 35 años de su edad, otorgando el mismo
día de su fallecimiento un muy prolijo y minucioso tes*-
Tomo Vir. 9
GXXX LÍniGOS GASTl^LLANOS
íamento, que ya Zurita extractó en sus Anales y que
integro puede leerse en la monografía que prin-t-
cipalmente nos sirve de apoyo. Conforme ¿ esta pos-
trera voluntad suya, fué enterrado en la iglesia de San-
ta María del Mar de Barcelona, con. funerales verdade-
ramente regios; y allí descansa, aunque no en el altar
mayor como él dispuso, por haber sufrido renovación
en épocas de mal gusto el pavimento de aquel hermo-
sísimo templo. El sepulcro del Condestable no tiene
inscripción alguna, pero si una notable estatua yacen-
te, obra del escultor Juan Claperós, que representa á
D. Pedro con las manos cruzsídas sobre el pecho y un
libro entre ellas, que si no es símbolo del libro de la
vida, puede ser testimonio de los gustos literarios del
Infante.
El cual no fué solamente poeta, sino también erudi-
to, bibliófilo y nuúiismático. Poseyó una biblioteca de
96 códices, número muy respetable para su tiempo; á
los cuales se refiere en un documento dirigido al Obis*
po de Vich: libros nostros tam de theologia, strohgia^
philosophia et poesía, quam de istoriis vulgaribus in
cathálana, francigena ant portugale7isi vd latina aut
aliis quihusvis linguis descriptos et continuatos. Tuvo
además un monetario bastante copioso, tecatium iüud
de monetis sive de meddllis antiquis: generosa y culta
afición que habían tenido también el magnánimo Al-
fonso V y su sobrino el Principe de Viana, y quizá an-
tes que ellos el Conde de Urgel D. Pedro, bisabuelo del
Condestable; si bien de éste parece, por lo que cuenta
Lorenzo Valla, que aunque tenía en su tesoro monedas
de diversas regiones y tierras y en tanta cantidad que
admiraba á los que las veían, y entre ellas más de cua*^
PROLOUO GXXYI
renta maneras y especies de monedas de oro, no eran
antiguas, sino modernas y corrientes, y no las reunía
por honesto estudio arqueológico, sino por desenfrena-
da codicia, «metiéndolas por fuerza en sus escritorios,
»de canto y de ringlera, apretándolas y entremetién-
»dolas con martillo», según dice Monfar, el cronista de
la casa de Urgel (1).
El inventario de los libros del Condestable existe,
por fortuna, entre los protocolos del Archivo Municipal
de Barcelona (2), y si bien inferior en número de volú-
' menes d otras bibliotecai§ de su tiempo, tales como la
de la Beiná Doña María de Aragón, la del Principe de
Viana y la del Rey de Portugal D. Duarte, es notable
por la varíedad de materias y aun de lenguas, habiendo
códices latinos, franceses, toscanos, portugueses, cata-
lanes y castellanos, entre los cuales figuran algunas
obras al parecer desconocidas, tales como una traduc-
ción portuguesa de Suetonio, un libro en vulgar cata-
lán titulado La contemplado de la Reyna, otro tam-
bién en catalán, aunque con título latino, Speculum
edesiae mundi, unos Metamorfoseos de Ovidio en caste-
llano, al parecer más antiguos que ninguno de los que
tenemos, un Valerio Máximo castellano, también ante-
rior al de Urries, y otras curiosidades; observándose
que, á pesar de las aficiones poéticas del Príncipe, pre •
dominaban en su colección las obras históricas (rasgo
común, por otra parte, á todas las grandes bibliotecas
de este tiempo), sin que aparezcan más libros de poesía
(1) Tomo II (X de los Documentos del Archivo de la Corona
de Aragón)f pág. 249.
(2) Le ha publicado el Sr. Balagner y Merino en la Memoria
tantas veces citada.
Gxxxif líricos castellanos
que uno en francés de las Cien baladas, el original de
la Sátira del contempto del mundo del mismo Príncipe
con su glo3a, y el Cancionero que le había regalado el
Marqués de Santiliana. Desgraciadamente, el notario
que hizo el catálogo anduvo tan cuidadoso en describir
las encuademaciones de los libros, como negligente en
indicar sus títulos, y hay algunos de ellos de que no
da más señas que las primeras y las últimas palabras.
*La noble personalidad de este Príncipe tan culto y
humano obscurece bastante á los demás poetas portu-
gueses áol Cancionero de Resbnde qae compusieron al-
gunos versos castellanos. Por otra parte, ninguna de sus
obras tiene la importancia del poema del Menosprecio
del mundo ó de la Sátira de felice é infelice vida, por lo
cual procederemos mucho más rápidamente en su enu-
meración y estudio. Prescindiré de algunas poesías que
también el Cancionero contiene, escritas por trovadores
castellanos, tales como Juan E>odríguez de la Cámara
y Juan de Mena, que quizá no han sido racogidas en
sus obras, pero que de todos modos valen muy poco, y
sólo sirven para comprobar la íntima fraternidad lite-
raria entre los poetas de ambos reinos. Vemos, por
ejemplo, que Mena y Rodríguez del Padrón terciaron
en la interminable contienda sobre el cuydar y el sus-
pirar, promovida entre Jorge de Silveira y Ñuño Pe-
reyra, servidores uno y otro de la señora Doña Leonor
de Silva. J3n este torneo poético tomaron parte casi to-
dos los ingenios del Cancionero, y sus insípidas sutile-
zas sobre este problema de Casuística amorosa llenan
totalmente los 1 5 primeros folios del Cancionero.
Abre la serie de los poetas bilingües coleccionados
por Resende, D. Juan de Meneses, caballero de noble
PRÓLOGO GXXXIII
prosapia, mayordomo mayor de los Reyes D. Juan II
y D. Manuel, primer conde de Tarouca, séptimo go-
"bernador y capitán general de Tánger, donde se sé-
llalo bizarramente por sus empresas qóntra los moros
fronterizos. Costa é Silva (1) le concede grandes ven-
tajas, como poeta, sobre sus contemporáneos, por lo
bien torneado de los versos, la agudeza de los pensa-
mientos, la belleza de las rimas y la gracia de la ex-
presión. Tengo por muy exagerados tales elogios, y
ni en castellano ni en portugués hallo que saliese de
la rutina cortesana que en su tiempo pasaba por poe-
sía. Los motes que glosó para varias damas de pala-
cio (Doña Felipa de Villena, Doña Juana de Sonsa,
Doña Leonor Mascarenhas, Doña Guiomar:de Castro,
Doña María de Mello, etc.) son un nuevo dato que
confirma el predominio creciente de la influencia cas-
tellana entre las clases aristocráticas de Portugal, pues-
to que los motes están en nuestra lengua y las glosas
también. En ciertas coplas de D. Juan de Meneses se
halla un verso que luego adquirió gran celebridad por
haberle glosado á lo divino Santa Teresa de Jesús:'
Porque es tormento tan fiero
La vida de mi» cativo,
Que no -vivo porque vivo,
Y muero poryue no muero.
Por la rúbrica de una de sus canciones consta que
D. Juan de Meneses estuvo en Castilla, donde trabó
amistad con el Conde de Fuensalida.
(1) Ensato biographieo-eritico sobre os melhores poetas por^
tugu^zes por José Maria da Costa é Silva, (Lisboa, 1850.) T. I,
p&gina 194.
GXXXIV LÍRICOS GASTELLA^'OS
Poeta mucho más importante, sobre todo por la luz
que dan sus versos sobre algunos sucesos y costumbres
dé su tiempo, es Fernán de Silveira, más conocido por
su titulo palatino de Goudell-Moor, que sirve además
para distinguirle de otros poetas de su familia, pues
son nada menos que trece los que llevan este apellido
en el Cancionero de Besende. Pero la mayor y mejor
parte de las composiciones de este feliz ingenio, que
faé además integro magistrado y mereció de la seve-
ridad de D. Juan II el honroso apodo dé el Bueno,
están en su nativa lengua portuguesa, descollando
por su valor histórico las coplas que dirigió á su
sobrino García de Mello dándole reglas para el trato
de palacio : especie de manual de cortesía en el estilo
del ensenhamen provenzal de Amaneo des Escás ó del
Doctrinal de gentileza que entre nosotros compuso e
Comendador Ludeña. En castellano apenas tiene más
que u^a glosa sobre este mote ajeno: «mis querellas he
vencido.-»
Curiosas por su extravagancia son las pocas compo-
siciones castellanas de Alvaro de Brito Pestaña, que
en la sátira portuguesa aventajó á todos los poetas del
Cancioneiro, como lo prueban/ las notabilísimas ^coplas
al regidor Luis Eoga9a sobre los malos aires de Lisboa
y el modo de sanearla. Su nombre va tristemente uni-
do á la celada de Alíarrobeira, en que dio la señal del
combate como capitán de los arcabuceros del Bey.
Disfrutó desde entonces de gran favor en Palacio, y
fué uno de los caballeros que en 1451 acompañaron á
la Infanta Doña Leonor, hermana de Alfonso V, cuando
fué á casarse con Federico III, Emperador de Alema-
nia. Pero su estrella declinó en tiempo de D. Juan II,
PRÓLOGO GXXXV
que siempre iuíró con malos ojos á cuantos habían to-
mado parte en la ruina del Infante su abuelo. Enton-
-ees buscó, según parece, la protección de los Beyes
-Católicos, en loor de los cuales compuso unas dispa-
ratadas coplas que se pueden leer de sesenta y cuatro
maneras, Con la gracia especial de que todas las palar-
bras de cada estrofa empiezan con la misma letra : ar-
tificio métrico sumamente ingrato al oído, como puede
juzgarse por eáta muestra r
Esclareces, ensalzada,
En Europa elegida,
Esperante, esperada,
Estrella esclarecida-
Esplendor espiritual,
Electa, espectativa,
Especta, executiya,
Extrema, esencial.
Alarde de mal gusto, sólo comparable con el del hu-
manista que llamándose Publio Porcio compuso el poe-
ma latino Pugna porcorum, en que todas las palabras
-empiezan con P, semejando toda la obra un perpetuo
gruñido.
Aunque tan apasionado de nuestra gran Reina; cuan-
do el Eopero Antón de Montoro salió con aquellas co-
plas de sacrilega adulación :
Alta Keina soberana,
Si fuéssedes antes vos
Que la hija de Santa Ana,
De vos el fijo de Dios
Recibiera carne humana;
Alvaro de Brito lanzó contra él una formidable sá-
tira, en que le denuncia como hereje y judaizante, y
Gxxxvi líricos castellanos
le amenaza con el fuego del Santo Oficio, qne ja le
hubiera abrasado (dice) si hubiese osado escribir tale»
cosas en Portugal. No sabemos si fué sólo el celo reli-
gioso el que dictó esta invectiva, ó si tuvo más parte-
en ella el humor cáustico y maldiciente del autor, cuya
genialidad literaria era muy parecida á la del Ck)nde de
Villamediana, reduciéndose la mayor parte de sus ver-
sos á injurias y dicterios personales, que no dicen mu-
cho en pro de los buenos sentimientos 'de su autor.
Más simpático es otro poeta del mismo apellido,.
Duarte de Brito, en quien la nota elegiaca predomina^
siendo además uno de los rarísimos poetas del Cancio-
nero que cultivan la visión dantesca, aunque su imi-
tación es de segunda mano, pues más bien que en la
Divina Comedia se inspira en sus imitadores castella-
nos. Su principal composición portuguesa es un Infier-
no de los Enamorados, en que sigue las huellas de Juan
Eódrigüez del Padrón y del Marqués de Santillana,
imitados á su vez en Castilla por Guevara y Garci
Sánchez de Badajoz, contemporáneos de Duarte Brito.
Teófilo Braga (1) le califica de poeta platónico, ca-
suista, sentimental, melancólico y amante de personifi-
caciones y alegorías. Hay en este poemita amenas des-
cripciones y versos muy agradables : el diálogo del
ruiseñor con el poeta parece un eco lejano de la musa
provenzal :
Dois tristes afortunados,
Debaixo das verdes ramas,
Estando multo penados,
De prazer desesperados.
(1) En el ya citado libro de los Poetas palacianoSt pág. 386^
PRÓLOGO GXXXVIf
Falando em soasas damas,
Oavimos cantar urna ave,
Qu' em sea canto parecía
Roussinol,
Manso, doce, muí soave,
Per muí alta melodía,
Per bemol.
La lengua en éste y en otros poetas del Cancioneiro
68tá tan penetrada de castellanismos, que muchas ve-
ces duda uno si lee portugués ó castellano. Pero, ade-
más, tiene una docena de poesías enteramente castella-
nas, todas ellas eróticas : bien versificadas aunque poco
correctas en la dicción, y &e tono muy apasionado :
¡oh, Tida de mis dolcres,
Oh dolor de mis cuidados,
Cuidados de mis amores,
üe tormentos matadores
y males desesperados!
¡Oh cuánto mejor me fuera
No ver vuestra fermosara!
Ni por vos no me perdiera,
Ni pesar no me metiera
En poder de tal tristura.
¡Oh vida tan dolorida,
De vida muerte tornada.
Oh muerte tanto querida,
De esperanza convertida
^ En vida desesperada!
¡Oh muerte, cómo no vienes
Á dar cabo á vida tal!
Que la vida en que me tienes
Es la muerte de mis bienes^
Vida de todo mi mal...
Con tantos males guerreo,
Setlora, por te servir.
Que la muerte del vevir
\
•€XXXVIII LÍaiCOS CASTELLANOS
Es la YÍ(Ja del deseo.
De ti siempre fui ferido
Con tormento,
Mas nunca del mal que siento
Socorrido.
Mi daño sin compasión,
Con dolor nunca so mengua:
No sabe decir mi lengua
Lo que siente el corazón... \
¡Oh fuente de crueldad.
De lloros j sentimientos,
Robo de mi libertad,
Y soledad
De mis tristes pensamientos!
¡Fuego mortal encendido,
Que en mí todo te derramas,
Y penetras con gemido!...
En una de estas poesías encontramos también el fa-
moso verso de la glosa de Santa Teresa :
Y con tanto mal crecido
Como son vuestras cruezas,
Que por vos triste cativo,
Ya no vivo porque vivo
Y muero porque no muero.
Se trata evidentemente de un lugar común de la
poesía trovadoresca del siglo xv, y no creo que ni don
Juan de Meneses ni Duarte Brito le inventasen.
Todas estas amorosas quejas iban dirigidas á una
doncella de Sjantarem, llamada Doña Elena, en obsequio
de la cual compuso el poeta los versos portugueses de
más sentimiento que hay en este Cancionero : bastante
Análogos á otros del trovador castellano Guevara:
¡Oh campos de Santarem,
Lembrancas tristes de mjm...
PRÓLOGO GXXXIX
Después del Condestable de Portugal, el más nota-
ble de los ingenios cuyos versos castellanos nos da
á conocer Beaende, es D. Juan Manuel, cuyas trovas,
por un error inexplicable, y que arguye la más profun-
da ignorancia de nuestra historia poética, han sido ci-
tadas alguna vez como del infante castellano del si-
glo XIV. Tampoco debe confundírsele con otro ca-
ballero contemporáneo y homónimo suyo, que filé
gran privado de Felipe el Hermoso. El D. Juan Ma-
nuel portugués era hijo natural del obispo de Guar-
da, y nieto del rey D. Duárte. Fué alcaide de Santa-
rém, Camarero mayor de Palacio en tiempo del rey don
Manuel, y vino de embajador á Castilla para negociar
«1 matrimonio de aquel soberano con la Princesa Isa-
bel, hija de los Beyes Católicos. Sus mejores poesías
-están en nuestra lengua, y hay entre ellas una de in-
terés histórico, á la muerte del Principe D, Alfonso,
qae cayó de un mal caballo,
corriendo en un arenal,
y en quien se frustraron las esperanzas de la próxima
unión de los dos reinos, retardada una y otra vez por
«1 hado adverso. Pierden mucho las estancias de arte
mayor de D. Juan Manuel cotejadas con el rouíance
verdaderamente inspirado que esta catástrofe dictó á
Fr. Ambrosio Montesino, ó como quieren otros, á un
incógnito poeta popular, pero aventaja sin duda á la
de Alvaro de Brito al mismo asunto (1) y á la más tar-
(1) Hállase también en el Cancionero de Besende, y tiene
:forma mótrica bastante parecida á la del romance: .
Morto he o bem d' Espanha,
Nosso principe rreal.
Chora, chora Portugal,
Choremos parda tamanha... ^
CY.L LÍRICOS CASTELLANOS
día de Jorge Ferreira de Vasconcellos (1). Lá imita-
ción de Juan de- Mena és patente, en fondo y forma,
en las estancias del Comendador Mayor, y aun hay
algún detalle evidentemente tomado del episodio de la
muerte de Lorenzo Dáv alos, aquel que con tanto recdo
criaba su madre:
¡Guay de la madre, que vi6 tan aína
El bien de su vida assí fenecer,
Á quien solorgía (2), saber, medicina,
Poder nin riquezas pudieron valer!
La sinceridad del sentimiento por la muerte de su
señor, sin mezcla de adulación palaciega, inspira á ve-
ces felizmente al poeta, y le hace exclamar con apasio-
nado acento:
¿Qué fué de la vuestra tan linda estatura.
Que tanto excedía las otras del mundo,
La frente serena del rostro jocundo?
¿Qué fué de la vuestra hermosa figura?
¿Adó fallaremos á la fermosura
(1) Hállase en su Memorial das proezas dos Cavalleiros da
Tavola Redonda^ especie de libro de caballerías, en que inter-
cala varios romances. £s composición erudita y prosaica. Lleva-
por titulo Romance cantado á tres vozes^ que se refere dmorie do
principe Don Alfonso, Jilho de El rei Don Joao II e seu única
successor. T. Braga lo reprodujo en su Floresta de varios ro-
mances. (Porto, 1869.)
En la poesía popular de las Islas Azores quedan ve&tigioB-
del romance de Montesino, que aunque intercalados hoy en can-
ciones de otro asunto, prueban la honda impresión que en Ios-
contemporáneos debió de hacer aquella catástrofe:
Vosso marido he morto— caiu no areaJ.
Rebentou o fel no corpo-en duvida de escapar.
(2) Cirugía.
\
PRÓLOGO CXLI
De los vuestros ojos tan mucho estremados?
Vayamos, seguidme, joh desventurados!
' Rompamos, rompamos, la su sepultura.
Á ver si hallaremos las sus lindas manos
Por muchas mercedes de todos besadas.
jOh fiestas malditas, desaventurada.s,
Que luego tan presto vos habéis tornado
En lloro el placer, en xerga el brocado, '
Las danzas en otras muy desatinadas.
¡Oh alta princesa, la más virtuosa
Que vieren ni vieron jamás los humanos,
' Del vuestro marido sin fín d'^seosa,
Sin fin deseada d-? Iqs Lusitanos!
Nefanda fortuna y casos mundanos
Por nuestros popados han deliberado
De los vuestros brazos ser arrebatado,
Y puesto de donde le coman gusanos.
¡Cuan próspero fuera quien fuera delante,
Por no ver la cumbre de tanta tristura,
Y participara de su sepultura
Quien fué de su cámara participante!
Hay en esta composición una admirable senjtencia,
digna de ser más conocida de lo que es, porque puede
decirse que ci&a en dos palabras toda la psicología del
amor:
Que el ánima nuestra allí suele estar
Más donde ama que no donde anima.
Compuso D. Juan Manuel muchos versos de amo-
res, en que no sólo hay ingenio y sutileza, sino de vez
en cuando lumbres y matices poéticos dignos de mejor
escuela, y que compiten con lo más selecto de Guevara
GXLII LÍRICOS CASTELLANOS
y Garci-Sánchez de Badajoz, príncipes de la musa
erótica en aquel fín de siglo:
La vuestra forma excelente,
Que mi memoria retiene,
Ante mis ojos se viene
Como si fuese presente:
Y con esto mi sentido
A mi triste entendimiento
Deja triste y afligido,
Tan cercano de tormento
Como apartado de olvido.
Aquellos lugares todos
Do vos vi y ya np os veo,
Por cien mil vías y modos
Cada hora los rodeo...
....•..^. ....... ...............
Las sierras por donde andamos
Ahora sin vos las ando;
Allí donde descansamos,
Allí muero sospirando.
Los verdes prados y ríos
Es forzado que acrecienten
Tanto los dolores míos,
Que no sé cómo se cuenten
Que no diga desvarios.
No sé quién padecerá
Én infierno más tormento,
Ni qué fuego quemará
Más que aqueste pensamiento..
¡Oh memoria de mi bien
Llorada noches v días!
¡Oh vos, se&ora, por quien
No creo que Jeremías
Más lloró Jerusalén!
La música que solía
Mis cuidados amansar,
Agora multiplicar
PRÓLOGO CXUI»
Los ha fecho en demasía.
Si digo alguna canción
' Que dije naquellos días,
Son en tanta alteración,
Que no las lágrimas mías
Sufren disimulación,
v
Imitador declarado de Juan de Mena en las compo-
siciones de más grave argumento, le superó, á mi ver,,
en el poemita de Los siete pecados mortales, menos di-
dáctico y menos árido que su modelo, y amenizado en
lo posible con ingeniosas alegoríüís y elegantes descrip-
ciones.
No creo necesario hacer particular estudio dé los
versos del Conde de Vimioso, de Antonio Méndez de
Portalegre, de un cierto Ferreira (no el clásico Doctor
Antonio), que tuvo la honra de que Sá de Miranda
glosase una cantiga suya, de Fernán Brandam, de
Jorge Resende, del estribero mayor del Rey, Francisco
Omen, de Duarte de Besende y otros muchos; porque
nada hay en ellos de particular y característico. Pero
no sucede lo mismo con los de Luis Enriquez, hi-
dalgo servidor de la casa de Braganza, el cual en
castellano y en portugués tuvo aspiraciones épicas, y
apartándose de los lugares comunes de la frivolidad
cortesana, cantó con noble aliento la conquista de Aza-
mor (1513), en estancias de Juan de Mena, y lloró en
coplas de Jorge Manrique la desastrada muerte del
príncipe D. Alfonso. Esta elegía, aunque muy inco-
rrecta en el lenguaje, y afeada por falsas rimas (vicio-
frecuente en el Gancioneiro, por no haber atendido es-
tos poetas como debían á la diferencia de pronuncia-
ción entre las dos lenguas que simultáneamente mane-
GXLIV LÍRICOS CASTELLANOS
{aban), no carece de fuerza patética en alganos laga-
res, y se ve que el autor busca cierto efecto dramático,
poniendo doloridos plantos en boca del Hey, de la
E,eina y de la Princesa; pero á pesar de todo este apa-
rato y de las sentencias que oportunamente saca de
Job y de los Profetas, resulta declamador y lánguido
si se le compartí con D. Juan Manuel, y sobre todo
•con la trágica concisión del romance castellano. Luis
Enríquez parece haber vivido algún tiempo en Valen-
cia, y en obsequio de una señora de aquel reino com-
puso un devoto poemita sobte la oración del huerto.
Las relaciones de los portugueses con la corona de
Aragón tenían que ser menos íntimas y frecuentes que
vcon Castilla, pero el Cancionero de Besende prueba que
también las había, como lo indica el curioso pleito
burlesco sostenido en Zaragoza entre varios trovado-
res de ambos reinos sobre ciertas calzas de chameilote
que sacó por invención y gala Manuel de Noronha.
Muy rara vez emplean los poetas del Gancióneiro el
verso de arte mayor. Como la mayor parte desús com-
posiciones pertenecen al género llamado de sociedad^ y
son más bien galanterías rimadas que obras seriamen-
te poéticas, prefieren en ellas los metros cortos, que
generalmente manejan con facilidad. Véanse éstas en-
dechas del Prior de Santa Cruz:
Lloran mis ojos
Y mi corazón
Con mucha razón.
Lloran mi pena,
Mi mal no fingido,
Mi dicha no buena,
Tan lexos d' olvido.
Murió mi sentido
PRÓLOGO CXLV
De YÍva pasión
Con mucba razón...
Casi todas las secciones del Cancionero de Hernando
del Castillo tienen representación en el de Eesende,
que es, por decirlo asi, una duplicación, ó más bien un
suplemento ^e aquél. Las letras de justadores (1), los
porqués rimados, y por supuesto los versos de burlas,
que aqui generalmente no son más que insulsos: rara
vez sucios ni deshonestos. El gracejo consiste princi-
palmente en los apodos, para lo cual Enrique da Motta
descubre un ingenio satírico muy análogo al de Antón de
Montero. Todas las poesías de esta clase están en por-
tugués, y abiindan en felices idiotismos populares; pero
aun hay en ellas visible imitación castellana, siendo
muchos los trovadores que repiten hasta la saciedad
las quejas de Juan de Mena sobre él macho que com-
pró de un Arcipreste, y er diálogo del Ropero con su
caballo.
Cierran tan copioso centón las poesías del propio co-
lector García de Resende, que íué en rigor el último y
uno de los mejores poetas de esta escuela, puesto que
sus trovas, en forma de monólogo, á la muerte de Doña
Inés de Castro (2) deben contarse entre las raras piezas
(1) A Vynte et nove días de Dezemhro de mil e quati'ogentoa e no-
venta fez el rrey dom Joam em Evora humas justas rreaes no casa'
mentó do pringepe dom A/fonso seu filho, com a prtii(;esa dona Isabel
de Castela; et foy o dia daa mostra huuma quinta Jeyra, et aa sesta
se comegaran^ e duraram tee o domingu/) seguynte; é el rrey com oyto
mantedores manteve a tea em huma fortaleza de madeyra^ sengular-
mentefeyta, onde todos estauam de dya e de noy te, que tamhem Justa-
vam; e as letras e cimeyras que se tiram sam estas (casi todas son
castellanas).
(2) Trovas á mor te de D, Jgnez de Castro, que El Rei Don
Tomo VIT. 10
CXLVI LÍRICOS GASTBLtANOS
líricas de este tiempo que tienen algún valor positivo,
aparte del mérito de haber tratado por primera vez este
asunto tan patético y tan nacional, abriendo el camino á
la clásica musa de Ferreira y de Camoens. Eesende, cnya
vida se prolongó más allá del primer tercio del si-
glo XVI, íué uno de los espíritus más cultos y más-
enciclopédicos de su tiempo; y aunque le faltaba la
instrucción clásica, fundamento entonces de todo saber,
la suplió en parte con su buen instinto y grandes fa-^
cuitados de asimilación. Fué^ además de poeta, músico,
dibujante, historiador, hombre político y discreto cor-
tesano. Su extraordinaria obe^dad, nacida acaso de
sus gustos epicúreos, fué manantial inagotable de chis-
tes para sus hermanos en Apolo, de cuyas burlas no se
ofendió nunca; antes las reproduce con toda conciencia
en la vasta antología que compiló de las producciones
poéticas de su siglo. Formó parte de aquella célebre y^
magnifica embajada que llevó á Boma Tristán de Acu-
ña en 1514, con las primicias del encantado Oriente; y
de tal modo penetraron en su espíritu las maravillas-
del E;enacimiento, la alegría de la vida, el espectáculo
de Italia y el entusiasmo por la grandeza de su pueblo,
que acertó á compendiarlo todo en algunos versos de
su Miscellaneay los cuales en medio de su sencillo esti*
lo tienen más poesía que todo su Cancionero :
E vimos em nossos días
A letra de forma achada,
Com que a cada paseada
Crescem tantas livrarías.
Af/onso guarió de Poréupa!, matou em Coimbra, por o Principe
D, Pedro seu fiUiq^ a ten como mulher^ e pelo bem que Ihe quería
nüo quería casar.
PRÓLOGO GXLVII
D' AUemanha he o louvor
Por d' ella ser'o Author
D' aquélla cousa tao dina!
Oatros afirman da China
Ser o priraeiro inventor.
Outro mundo novo vimos
Por nossa gente se achar,
E o noESo navegar
Tao grande que descobrimos
Cinco mil leguas por mar.
E vimos minas reaes
D' ouro e dos outros metaes
No Revno se descobrir:
Más que nunca vi sahir
Engenhos de offíciaes.
Vimos rir, vimos folgar,
Vimos cousas de prazer,
Vimos zombar e apodar,
Motejar, vimos trovar
Trovas que eran para 1er.
Vimos homens eslimados
Por manhas aventajados:
Vimos damas mui fermosas,
Muí discretas e manhosas,
E galantes afamados.
Música vimos chegar
A mui alta perfeicáo,
Sarzedas, Fontes cantar,
Francisquinho assim junctar
Tánger, cantar sem racáo!
Arriaga, que tanger!
O Cegó, que grao saber
Nos orgaos! e o Vaena!
Badajoz! e outros que a penna
Deixa agora de escrever (1).
(1) Sobre estos y otros artistas de aquel siglo, véase el im-
portante libro de Joaquín de Vasconcellos, Os Músicos PoríU'
guezes (1870).
GXLYIII LÍRICOS CASTELLANOS
Pintores, luminadores,
Agora no cum^ estam,
Ofivisis, Esculptores
Sam mui subtís e melhores...
Vimos o gran Michaei,
E Alberto, e Raphaei;
E ba em Portugal taes
Táo grandes e naturaes
Que vem quasi ao olivel.
E vimos singularmente
Fazer representacoes
De estilo mui eloquente,
De mui novas invencoes,
E feitas por Gil Vicente:
Elle foi o que inventou
Isto cá e que o usou
Con mals graca e mais doutrina,
Posto que Juan del Enzina
O Pastoril comecou.
9
Lisboa vimos crescer
Em povos, e em grandeza,
E muito se ennobrecer
Em edificios, riqueza,
Em armas, e em poder...
V E vimos comunicar
El Rei con o Preste Ioílo,
Embalsadas se mandar,
Cousa que nella fallar
Parecía admiracao :
Vimos cá vir Elefantes,
E outras Bestias semelbantes
Trazer da India por mar:..
Este hombre, cuyo talento era muy superior á
la adocenada escuela cuyos insípidos frutos nos ha
conservado, tuvo entre otras cosas el instinto de la
poesía popular. Es casi el único de los trovadores por-
tugueses que parece haber conocido y estimado los ro~
PRÓLOGO GXLIX
manees. Lo testifica el estiló de sns coplas caste-
llanas :
Tiempo bueno, tiempo bueno, '
¿Quién te me llevó de, mí?
Qu' en acordarme de ti ,
Todo placer m' es ajeno.
Fué tiempo y horas ufanas,
En que mis días g'ozaron;
Mas en ellas se sembraron
La simiente de mis canas.
¿Quién no llora lo pasado
Viendo cuál va lo presente?
¿Quién busca más accidente
De lo que el tiempo le ha dado?
Yo me vi ser bien amado,
Mi deseo en alta cima:
Contemplar en tal estado
La memoria me lastima.
Y pues todo m' es ausente,
No se cuál extremo escoja;
Bien y mal, todo m' enoja: .
¡Mezquino de quien lo siente!
T lo que es más significativo todavía: los rasgos más
poéticos de las trovas puestas en boca de Doña Inés
de Castro, son eco dcjun romance viejo, de distinto,
aunque no muy desemejante argumento :
Estaua muy acatada,
Como princesa servida,
Em meus pacos muy honrrada,
De todo muy abastada,
De meu senhor muy querida,
estando muy de vaguar,
Bem fora de tal cuidar,
Em Coymbra d'.aseseguo.
Polos campos de Mondeguo
Cavaleyros vy asomar...
CÍ£ LÍRICOS CASTELLANOS
Cojupárese el principio de uno de los romances de
Isabel de Liar (núm. 104 de la Primavera de Wolf):
' Yo me estando en Giromena
Á mi placel y holgar,
Subiéraqae á un mirador
Por más descanso tomar:
Por los campos de Monvela
Caballeros vi asomar. . .
Acaso este romance fué compuesto á imitación de
otro que versase sobre la catástrofe de Doña Inés de
Castro, y en él probablemente se inspiraría Kesende,
coníS se inspiró más tarde Luis Vélez de Guevara en
su comedia Reinar después de morir:
Por los campos del Mondejo ^caballeros veo asomar:
Armada gente les sigue— ¡válgame Dios! ¿qué será?
El Cancionero de Resende apareció en 1516 (1),
cinco años después del de Castillo, al cual imita en
todoV hasta en su aspecto tipográfico. Pero destinado á
un público menos numeroso, nunca obtuvo tanta difu-'
sió¿ como el castellano, y no fué reimpreso ni una sola
(1) Canelo I neiro, geral: \ Com preuilegio
Colofón) *.Acabou88e de empremir o caney o- \ negro geerall. Com
preuilegio do \ muyto alio e muyto poderoso Rey \ dom Manuell
nosso senhor. Que \ nenhüa pessoa o posa empremir... Foy ordena-
do e emendado por Garda de \ Reesende Jidalguo da casa del Rey
nosso senhor \ e escrivam da fazenda do principe, C'omengouse etn
Almeyrim e acabousse na muyto nobre e sempre leall gidade de
Lixboa, Por Herma de cápos \ alema bóbardeyro del rey nosso se-
nhor e empre- | midor. Aos XXVllI días de setémbro da era de
nosso senhor Jesu cristo de mil e quinhentos e XVI annos. Fol. 232
hojas á dos y tres columnas.
Hay ejemplares en la Biblioteca Nacional y en la de Palacio.
Otro tiene en Sevilla el Marqués de Jerez en su incomparable
«elección de libros de poesía española.
PRÓLOGO GLI
V
Tez en el transcurso de más de tres siglos, por lo cual
llegó á ser libro rarísimo, contribuyendo á ello el rigor
inusitado con que le trató en su índice expurgatorio de
1624 la Inquisición dé Portugal (que en estas materias
fué siempre mucho más rígida y meticulosa que la nues-
tra), ordenando tachar una porción de pasajes. Sólo
«n 1846, y no por iniciativa de los portugueses, toda-
vía menos solícitos de sus tesoros literarios que nos-
otros (y es cnanto hay que decir), sino de una sociedad
de bibliófilos alemanes, la de Stuttgart, que ha presta-
do tantos servicios á la ciencia desenterrando obras
rarísimas de todas las literaturas, se vio nuevamente
,de molde la compilación de Eesende, ilustrada con un
breve prefacio del Dr. Kausler. Esta edición, dividida
«n tres tomos, es copia literalísima de la primera, y re-
produce por consiguiente todas sus erratas, .que son
innumerables. El texto de las composiciones castella-
nas está horriblemente desfigurado (1).
Resende encabezó su colección ton un elegante pró-
logo ó dedicatoria al rey D. Manuel, cuya parte más
esencial voy á transcribir, excusándome el trabajo de
traducirla, puesto que ya lo está primorosamente por
D. Juan Valora : «Porque la natural condición de los
PortugueseB es no escribir nunca cosas qué hagan, aun
«iendo dignas de grande memoria ; muchos y muy al-
tos hechos de guerra, paz y virtudes, de ciencias, ma-
ÍLas y gentilezas están olvidados, que si los escritores
(1) Cancioneiro geral. Altportugiesische Liedersammlung des
Edeln Garda de Ressende .. Stuttgart, Gedruckt anf Kosten dea
litterarischen Vereins, 3 vol. i.**, 1846-1848-1852. (Tomos XV, XVII
y XXVI de la Biblioteca publicada por dicha iSociedad Lite-
raria.)
GLII LÍRICOS CASTELLANOS
se quisiesen ocupar en escribirlos, en las historias de
Eoma y de Troya, y en todas las otras crónicas anti-
guas no hallarían memoria de mayores hazañas ni más
notables casos que los que de . nuestros naturales po-
drían escribirse, así de los tiempos pasados como de
ahora. Tantos reinos, señoríos, ciudades y villas, á
miles de leguas, tomados por mar ó por tierra á fuer-
za de armas, siendo tal la multitud de- hrs^ contrarios y
tan pocos los nuestros; sostenidos con tantos trabajos,
guerras, hambres y cercos, y con tan remota esperan-
za áe ser socorridos ; señoreando por las armas gran
parte de África; teniendo tantas fortalezas tomadas, y
de continuo guerra sin' cesar. Así Guinea, donde gran-
des Beyes son nuestros vasallos y tributarios, mucha
parte de Etiopía, Arabia, Persia é India, donde tan-
tos Key^s moros y gentiles, y tantos grandes señores
son por fuerza hechos subditos y servidores, y pagan
parias ó tributos, y no pocos pelean por nosotros bajo
la bandera de Cristo y siguen á nuestros capitanes
contra los suyos. También hemos conquistado 4.000
leguas por mar, que ningunas armadas del Soldán ni
otro gran Rey ni Señor osan navegar por miedo de
las nuestras, y pierden sus tratos, rentas y vidas, y
se convierten reinos y señoríos con innumerables gen-
tes á la fe cristiana, recibiendo el agua del santo bau-
tismo ; y otras cosas que no pueden reducirse á breve
escritura. Todos estos hechos y otros de tal sustan,-
cia no son divulgados como lo serían si gente de otra
nación los hiciese. Y por esta misma causa, muy alto
y poderoso Príncipe, muchas cosas de folgar y de gen-
tileza se pierden sin quedar de ellas noticia. En la cual
cuenta entra el arte de trovar, que en todo tiempo fué
PRÓLOGO GLIII
may e9timado, y con él alabado Nuestiro Señor, como
se advierte en los himnos que se cantan en la Santa
Iglesia. Y asi de machos Emperadores, Reyes y per-
sonas memorables, por los romances y trovas sabemos
las historias. El arte de trovar es además necesario en
las cortes de los grandes Principes para gentileza, amo-
res, justas y juegos, y para, castigar y poner enmienda
en los malos trajes é invenciones, como en el libro más
adelante se verá. Y como. Señor, los otros asuntos son
muy grandes, y por su grandeza y mi corto entender, %
no debo tocar en ellos, para satisfacer en parte el de-
seo que siempre tuve de hacer algo en que Vuestra
Alteza fuese servido y tomase desenfadamento, deter-
miné juntar algunas obras que pude haber de pasados
y presentes, y ordenarlas en este libro. »
Lo primero que llama la atención en este Cancione-
ro, prescindiendo de la diferencia de lenguas, que es
meramente accidental y no afecta al contenido poético,
es la penuria de inspiración histórica, el divorcio en
que estos trovadores cortesanos parecen vivir' de toda
la grandiosa vida de su pueblo, que se desarrollaba
á sus ojos, y en la que algunos de ellos tomaron paiiie
muy honrosa y calificada. Ni las empresas de África,
ni las portentosas navegaciones de Oriente tienen eco
apenas en esta retórica convencional y enfadosa. Aun
los asuntos interiores del reino parecen preocupar de
un modo muy superficial á estos ingenios. Las pocas
excepciones que pueden alegarse, de Luis Enríquez, de
D. Juan Manuel, de Alvaro de Brito y de algún otro,,
sólo sirven, por su rareza y por su medianía, para
confirmar la regla.
Si estos versificadores parecen vivir aislados de la
CLIV LÍRICOS CASTELLANOS
realidad presente y luminosa, de la cual sólo aciertan
á reproducir algún aspecto exterior y fugitivo, todavía
están más distantes de la poesía tradicional, que no
dan muestras de estimar, ni siquiera de conocer. Ya
hemos visto que las trovas de García de Resende so-
bre la muerte de doña Inés de Castro son un ejemplo
49olitario que ni tenia precedentes ni tuvo imitadores
por entonces..
¿Qué más? la fuente fresca y saludable del lirismo
gallego permanece sellada para estos pedantescos é in-
sulsos vates que, salvo la lengua, no parecen ni próji-
mos de los juglares que cantaron tan suave y delicada-
mente en las cortes del rey D. Diniz y de Alfonso IV.
Aun de la poesía castellana de la corte de D. Juan II
y de sus sucesores inmediatos, que distaba mucho de
ser un modelo, pero que tuvo á veces elevadas aspira-
ciones y relativos aciertos, se imitó lo que era menos
digno de estimación, lo más frivolo, lo más efímero, lo
más incoloro. Juan de Mena fué el maestro acatado
por todos, pero jio hubo quien emulase los grandiosos
cuadros históricos y el sentido patriótico del Labyrin-
ího:. El Cancionero del Marqués de Santillana fué bus-
cado por aquellos proceres como joya de mucho pre-
cio, pero nadie se asimiló la gravedad sentenciosa del
diálogo de Bias contra Fortuna ni menos la gentileza
y frescura de las serranillas, aunque su tipo estuviese
tomado de la antigua poesía galaico -portuguesa., E in-
útil es añadir que nada hubo comparable con las co-
plas de Jorge Manrique ó con el Diálogo del amor y
un viejo, porque también estas piezas están muy soli-
tarias en el Parnaso de Castilla.
La imitación de los italianos es puramente de rene»
^^
PRÓLOGO GLV
jo eñ el Cancionero de Resende. La imitacióii clásica
para se reduce á algunas lieroídas de Ovidio traduci-
das por Juan Boiz de Sá y Juan Eoiz de Lucena :
composiciones que, después de todo, son de las más
amenas que hay en el CandonéirOy hasta por el gracio-
so contraste entre el metro nacional y el fondo tomado
de la poesía latina.
En suma, no parece que la lengua castellana, en
el siglo XV, pagase dignamente á su hermana la por-
tuguesa, lo que de ella había recibido en los orígenes
de la lírica. No sucedió lo mismo después de la triun-
fal aparición de Gil Vicente.
Pero á pesar del poco valor intrínseco de casi toda
la producción poética de los reinados de D. Alfonso V,
él Africano, y de D. Juan II, él Principe Ferfecto, y aun
^e los primeros años del felicísimo reinado de D. Ma-
nuel, siempre ofrecerá gran interfe el Cancionero de Re-
43ende como monumento de una época gloriosa para am-
bos pueblos peninsulares y como símbolo de fraternidad
entre ellos. Nunca estuvieron más estrechamente uni-
dos en espíritu, por lo mismo que nunca habían reali-
zado tan grandes cosas, ni habían sentido tal plenitud
en su conciencia nacional, tanto brío y esfuerzo en su
l^razo, tanta luz en su espíritu, tanta alegría en su
vida. Ese rancio y voluminoso libro, medio portugués,
medio castellano, atestado de versos malos ó medianos,
cobra, si se le mira de este modo, precio inusitado, y
se convierte en una venerable reliquia. D. Juan Valo-
ra ha- expresado todo esto en frases-elegantísimas, como
auyas, y que me place reproducir aquí, porque el no-
table estudio en que se hallan no figura todavía en la
colección de sus obras :
GLVI LÍRICOS CASTELLANOS
«Aunque todas las poesías del Cancionero son de so-
ciedad: burlas, sátiras, cousas de folgar, declaraciones
de amor, louvores ó encomios de la hermosura de las
damas, invenciones y letras de justadores, quejas y
encarecimientos enamorados, y preguntas y respues-
tas para manifestar prontitud y agudeza de ingenio,
improvisando en una reunióla elegante : todavía son de
grandísimo interés por ser obra de aquellos mismos
varones que pasaban más allá de Trapobana, que iban
dilatando el imperio de la fe por el África y por el Asia,
que domeñaban remotísimos pueblos y regiones y el
poder del Samorí, y que visitaban islas y continentes
misteriosos, apenas explorados antes por ningún euro-
peo ; el imperio de Abexim, la corte del Preste Juan,
los alcázares de la Aurora, la cuna donde nace el día,
los países de la canela, del clavo y del incienso, la isla,
de los Amores y las costas de Pancaya, donde se crían
los preciosos aromas. Estas grandes novedades traían
á la elegante corte del rey D. Manuel cierta luz y cier-
to perfume del extremo Oriente. En suma, el Can--
cionero es un monumento de los ocios magnánimos, de
los galanteos y de la vida de una nobleza heroica y
aventurera, en quien tan preciso ornato era el arte de
poetría, cuanto el montar á caballo en toda silla y sa-
ber revolver con gracia, y alancear un toro, y correr
cañas, y tirar la barra : en quien resplandecía la suti-
leza del ingenio, lo quinta-esenciado y metafórico de
los sentimientos amorosos y la blandura de corazón, lo
mismo que la destreza en las armas y las extraordina-
rias fuerzas corporales : porque era natural y propio en
individuos de ella, como Aires Telles de Menezes, derri-
bar en la lucha á los más duros y fornidos ganapanes»
PRÓLOGO CLVK
6 morir de ambr por alguna Princesa. El Cancionero
encierra en si el espíritu, la índole y la condición de
estos nobles portugueses, los cuales, en obras grandes
y en pensamientos atrevidos, se adelantaban entonces
á los demás' hombres, salvo á sus vecinos los caste-
llanos.»
«El Cancionero, por lo tanto, no pudo menos de ex-
citar el interés más vivo y de ser leído con avidez,
apenas apareció. Todo barco que iba á la India Orien-
tal llevaba ejemplares, y en las más distantes comar-
cas leían los guerreros portugueses aquellos versos,
cuando no los componían, recordando, en medio de sus
aventuras y peligros, la corte de Lisboa, los alcázares
de Cintra, sus bosques y jardines, y las hermosas y
discretas damas de quien vivían enamorados y ausen-
tes. Gastanheda y Juan de Barros dan testimonio de
ello, y reñeren además un uso extraño que del Cancio-
nero se hizo. En 1518, dos años después de su publi-
cación, fué Antonio Correa con una embajada á los
reinos del Pegú, á £n de hacer un tra,tado de paz y
alianza con los Príncipes allí reinantes. Para prestar
el debido juramento no había Evangelios, y el libro
de oraciones ó Breviario del Capellán pareció pobre y
mezquino al lado del magnífico Libro Santo de aque-
llos indios. Entonces tomaron los portugueses el Can-
cioneiro, que era un hermoso in-folio, y sobre él jura-
ron todo lo que convenía. »
El tránsito de la poesía cortesana del siglo xv á la
i talo-clásica del siglo xvi, cuyo patriarca es en Por-
tugal Sá de Miranda, como entre nosotros lo son
Boscán y Garcilaso, no fué violento ni se hizo en un
día. Sirvieron de lazo entre ambas escuelas ciertos poe-
CLVIII LÍRICOS CASTELLANOS
tas inspirados y sentimentales, que conservando la me-
dida vieja, es decir, la forma métrica del octosílabo
peninsular, la adaptaron á un contenido diferente y
mucho más poético que el de los versos de Cancione-
ro, creando una escuela bucólica, en que parece que
retoñó la planta de la antigua pastoral gallega, no por
imitación directa, según creemos, sino por condiciones
intimas del genio nacional. Pero es cierto que tanto en
Bernaldim Bibeiro como en Cristóbal Falcao, que son
los dos representantes de este grupo, influyó el rena-
cimiento de la égloga clásica, influyó la égloga drama-
tica de Juan del Enzina y Gil Vicente, é influyó gran-
demente la novela sentimental del siglo xv. El siervo
libre de amor, de Juan Rodríguez del Padrón ,4a Cárcel
de amor, de Diego de San Pedro; género influido á su
vez por los libros de caballerías que en toda la Penín-
sula pululaban, y á cuya lección se entregaba con deli-
rio la juventud cortesana. Bernaldim Ribeiro, que no
era gran poeta, pero si un alma muy poética, de sensi-
bilidad casi femenina, sea cualquiera el valor de las le-
yendas que hacen de él una especie de Macías portu-
gués y que van cediendo una tras otra al disolvente
de la crítica moderna (1), atinó con la forma qué con-
(1) Adem&s de sa novela compaso Bernaldim Bibeiro cin-
co églogas en verso, que contienen como en cifra la historia de
sas amores. Fué opinión corriente entre los poetas roméinticos
que la dama objeto de la pasión de Bernaldim Bibeiro habia sido
la Infanta Doña Beatriz, hija del Bey D. Manael, la cual casó
con el Duqne de Saboya. Esta leyenda, que sirvió á Almeida-G-a-
rret para sa celebrado drama Um auto de Gil Viceniey ha sido
impugnada por Th. Braga en su libro Bemardim Bibeiro e os
Bucoliétas (Porto, 1872), en sa Curso da historia da Litteratura
Portugueza (Lisboa, 1886) y en otras publicaciones suyas, don-
PRÓLOGO CLIJt
v6BÍa á todas estas yagas aspiraciones de sus contem-
poráneos, y poetizando libremente los casos de su vida»
con relativa sencillez de estilo (no libre, sin embargo,
de tiqnis-miquis metafísicos), y con una armonía. desco-
nocida hasta entonces en la prosa, dio en el libro de
sus Saudades (más generalmente llamado Menina e
moga, por ser estas las palabras con que comienza) el
primer ensayo de la novela pastoril de nuestra Penín-
sula, casi al mismo tiempo que Sanazaro creaba la pas*
toral italiana, pero con entera independencia de él y si-
guiendo otro rumbo. El poeta napolitano imita, ó par
mejor decir, traduce y calca, á Virgilio, á Teócrito-, á
todos los bucólicos antiguos. Bernaldim Eibeiro, hijo de
la Edad Media, combina el elemento caballeresco con el
pastoril, ó más bien subordina el segundo al prjmero,
y además, valiéndose, como el autor de la Cuestión de
Amor, del sistema de los anagramas, expone bajo el dis-
fraz de la fábula hechos realmente acontecidos, si bien
sobre la identificación de ' cada personaje haya larga
controversia entré los eruditos. Pero del verdadero ca-
de qniere probar qne la ama^a de Bernardim Bibeiro (que él
designa con el nombre poético de Aonia) fué Doña Juana de
Vilhena, prima de! Rey D. Manuel é*hija del Conde de Vimio-
80. También el ingenioso novelista Camilo Castello Branco, en
nn. articulo inserto en sus Noites de insomnio (uúm. 10, pági-
nas 29*86), sostiene con buenos argumentos que Bernardim Bi-
beiro no fué gobernador de San Jorge de Mina, ni amó á la In-
fanta Doña Beatriz, ni salió de su tierra sino después que aque-
lla señora había partido para Saboya (5 de Agosto de 1521).
Afirma igualmente C. Castello Branco que el Bernardim' Bibei-
ro, poeta, es persona diversa, no sólo del Gobernador de San
Jorge, sino también de otro Bernardim Ribeiro Pacheco, Co-
mendador de Villa Cova, de la Orden .de Christo y Capitán ma-
yor de las Naos de la India.
Clx líricos castellanos
ráoter de la novela de Bernaldim Bibeiro tendremos
ocasión de Volver á hablar cuando tratemos de la Dia-
na de Jorge de Montemayor, entre cuyos precursores
más inmediatos debe contársele.
No quedan versos castellanos de Bernaldim Eibei^
ro, aunque es de presumir que los hiciese como todos
los poetas de su tiempo. Se le han atribuido, no obs-
tante, algunos sin más razón que hallarse al £n de una
de sus églogas, en un pliego suelto de 1536. Una de
estas composiciones es aquel tan sabido soneto de Gar-
cilaso, paráfrasis de un epigrama de Marcial,
Pasando el mar Leandro el animoso...
Las otras son dos glosas de romances, uno de ellos
«1 de Durandarte y Belerma (1). Pero si no puede afir-
marse que glosase romances castellanos, hay que re-
<;onocer que su poesía, cuando es mejor, más honda y
más sentida, tiene el sabor y aun el metro de roman-
ice. Nada hay en sus cinco églogas, nada en la de
Chrisfal de Cristóbal Falcao, nada en la lírica portu-
guesa de entonces, que tenga el extraño hechizo, la
misteriosa vaguedad del romance de Avalor, inserto
«n la segunda parte de Menina e Moga :
Pola ribejra de um río,
Que leva as agoas ao mar,
Vai o triste de Avalor,
Káo sabe se ha de tornar.
As agoas levam seu bem,
Elle leva o seu pesar,
E só vai sem companhia,
(1) TVovas de doua pastores ^ Silvano y Amador ^ feitas por
Bernardim RibeirOy 1536. (Vid. la ed. de las Obras de B. Bibei-
ro de 1B52 en la Bibliotheca Portugueza.)
PRÓLOGO GLXt
Que os seas fora elle loixar.
'ۇ quem n&o leva descaaso,
Descansa en só caminhar .
Descóntra donda ia a barca
So ia o Sol a baxat.
Indo-se abasando o So1|
Escurecia-se o ar :
Tado se fazfa triste
•Quanto havia de ficar.
Da barca levantanx remo,
E ao som de remar
Comecaran os remeiros
Do barco este cantar :
(Qué frias eram as ágoas!
¡Quem as havrá de passarl
Dos outros barcos respondem :
¡Quem as havrá de passar!
Senao quem a vontade pdz
Onde a nao pode tirar.
Traía barca levam ólhos,
Quanto o día dá logar.
Nao durou muito; que o bem
Nao pode muito durar.
Vendo o Sol posto contr'elle
Soltou redeas ao cavallo
Da beira do rió andar.
A noite era callada
Pera mais o magoar, .
Que ao compasso dos remos
Era o seu suspirar.
Querer cont.ir suas magoas
Sería aréas contar.
Quanto mais se alongando
Se ia alongando o soar.
Dos seus ouvidos aos olhos
A tristeza foi egualar;
Assim como ia a cavallo
Foi pela agua dentro entrar.
E dando un longo suspiro,
T^oMo vn. 11
1
GLXII LÍRICOS CASTELLANOS
Oavía longe falar;
Onde magoas levam alma
Váo tambem corpo levar.
Mas indo assi, per acorto,
Foi c'um barco u'agua dar,
Que eslava amarrado á ierra,
E B6U dono era a folgaf.
Saltou, assim como ia, dentro,
E foi a amarra cortar:
A corrente e a mará
Acertaram-no a ajudar.
Nao sabem mais que foi d'elle,
Nem povas se podem achar;
Suspeitouse que era morto,
Mas nao é para affírmar.
Que o embarcou ventara
Para s6 isso guardar.
Mais sáo as magoas do mar
Do que se podem curar (1).
(1) Para mi no es cosa probada que el Don Bemaldino del
Toxnance viejo (núm. 293 de Darán)
Ta piensa Don Bemaldino
Ir su amiga visitar...
sea Bemaldim Bibeiro, pero asi lo han creíalo graves autores,
entre ellos el mismo D. Agustín Darán, y es cierto qud el ro-
mance, más bien que popular, parece del género de los amato-
rios que componían los últimos trovadores.
III
La escuela portuguesa del siglo xy legó al xvi
su mayor poeta: la primera obra dramática de Gil
Vicente fué representada en 1502. Para hablar dig-
namente de este soberano ingenio necesitaríamos
un cuadro más amplio, en que su figura se destacase
sobre las tablas del teatro |)rimitivo, en vez de aso-
marse tímidamente al coro de las escuelas líricas.
Gil Vicente es uno de los grandes poetas de la Penín-
sula, y entre los nacidos en Portugal nadie le lleva
ventaja, excepto el épico Camoens, que vino des-
pués, que es mucho más imitador y que abarca un
circulo de representaciones poéticas menos extenso. El
alma del pueblo portugués no respira íntegra más que
en Gil Vicente, y gran número de los elementos más
populares del genio peninsular, en romances y canta-
res, supersticiones y refranes, están admirablemente
engarzados en sus obras, que son lo más nacional del
teatro anterior á Lope de Vega. A diferencia de los
insulsos trovadores cortesanos del siglo xv, y á dife-
rencia de la mayor parte de los poetas humanistas del
siglo XVI, Gil Vicente vivió en comunión íntima con la
tradición de su raza, y acertó á sacar de ella un nuevo
y rico venero de poesía. Tuvo, además, el genio de la
creación dramática en términos tales, que rompiendo
GLXIV LÍRICOS CASTELLANOS
las ligaduras de un teatro infantil, se levantó por su
propio y solitario esfuerzo hasta la comedia de cos-
tumbres y el melodrama romántico, reflejando además
en grandes alegorías satíricas todo el espectáculo de la
vida de su tiempo, y dando forma cómico-fantástica á
las grandes luchas de ideas del Eenacimiento y de la
Beforma. Admirable á veces por el vigor sintético de
las concepciones, franco y osado en la ejecución, gran
maestro de lengua familiar picante y expresiva; amar-
go y cínico en las burlas y muy sazonado en las^veras;
poeta y pensador de doble fondo, en quien siempre se
adivina algo más de lo que la corteza muestra; devoto
á ratos, á ratos cínico y libertino; pesimista lírico, con
un concepto personal del mundo como todos los gran^
des humoristas le han tenido: su obra, por la tenden-
cia demoledora, se da la mano con los Coloquios de
Erasmo, con el Elogio de la locura^ con el Diálogo de
Mercurio y (7ardn,| con las más valientes imitaciones
lucianescas, que en gran copia produjo la primera mi-
tad del siglo XVI; pero por el vuelo de la fantasía, por
la mezcla de lo más trivial y bajo con las más altas
idealidades, por la plasticidad que cobran al salir de
sus manos las más extrañas figuras alegóricas, por la
fuerza de los contrastes, por la férvida animación del
conjunto, por la vena poética, tanto más eficaz cuanto
más silenciosa corre entre el tumulto de chistes y bu-
fonadas, Gil Vicente renueva, sin pretenderlo, la come-
dia aristof ánica, que no conocía; y anuncia lo qu.e habían
de ser, andando el tiempo, los inmortales Sueños de
Quevedo. Es fama que Erasmo, tan digno de compren-
der á Gil Vicente, tenía en grande estimación sus obras
(las cuales quizá le había dado á conocer su amigo
•»■ -^;"
PUOLO iO CLXV
Damián de Goes); y que aprendió el portugués para
mejor saborear los donaires é idiotismos de su estilo.
Sea lo que fuere del valor de esta anécdota, no tan
comprobada como quisiéramos, el parentesco de ideas
entre estos dos hombres es innegable. Gil Vicente no
fué protestante, como sin fundamento de ha pretendido,
ni podía haber cosa más contraria á su índole; pero fué
de pies á cabeza un erasmista, un espíritu libre, mordaz
y agudo, como otros muchos doctos españoles de su
tiempo, que con alguna rara excepción permanecieron
dentro de la Iglesia ortodoxa, ejercitando su tendencia
critica sin grandes escrúpulos ni respetos, y no sin da-
ño de barras.
Gomo artista dramático, Gil Vicente no tiene quien
le aventaje en la Europa de su tiempo. Quizá Torres
Naharro tenía más condiciones técnicas, era más hom-
bre de teatro, pero menos poeta que él; se acerca más
al tipo de la comedia moderna : sus piezas tienen es-
tructura más regular, pero menos alma. Gil Vicente
hace pensar y soñar : Torres Naharro nunca. En el
concepto ideal el triunfo es siempre de Gil Vicente : en
el concepto realista, la farsa de Inés Pereira, para no '
citar otras, prueba lo que hubiera podido hacer si l^s
condiciones de su auditorio no se hubiesen opuesto al
. total desarrollo de su arte. Las primeras comedias ita-
lianas ( exceptuada la Mandragora) parecen pálidas
copias de una forma muerta cuando se las compara con
estas obras de apariencia tosca é informe, pero de tan-
ta vida interior, de tanta filosofía práctica, de lan sa-
broso contenido.
Poco es lo que con certeza se sabe de la vida de Gil
Vicente, exceptuando lo qué consta en las rúbricas de
GLXVI líricos castellanos
SUS propias obras dramáticas. Todos los esfuerzos de
Teófilo Braga (1) no han llegado á convencernos de
la identidad del poeta con el orífice Gil Vióente, au-
tor de la custodia de Belem y de otras piezas artísticas
memorables. Si Gil Vicente hubiese tenido tal oficio, y
tal maestría, sería imposible que no hubiese dejado
rastro de ello en alguna alusión de sus obras dramáti-
cas, y que hubiesen guardado profundo silencio sobre
su talento de artista todos los contemporáneos que ha-
blan de él (2).
No está fuera de duda la patria de Gil Vicente: Lis-
boa, Barcellos y Gñiinaraens contienden sobre ella (3).
fl) En Ru libro Bemaldim Ribeiro e Os Bucolitias (238-265) y
en otras publicaciones posteriores, especialmente en las Ques-
tóes de Litteratura e Arfe Portuyueza (Lisboa, 1881).
(2) Sólo un genealogista muy posterior y no muy acredita-
do, Cristóbal Áláo de Moraes , en un nobiliario manuscrito
de 1667, dice que Gil Vicente, el poeta, era hijo de Martin Vi-
cente^ orífice de plata en Guimaraens, pero al hijo no le atri-
buye tal oficio, sino el de compositor de Autos. Otro genealo-
gista, Cabedo de Ya scon cellos, dice que Gil Vicente fué maes-
tro de retórica del rey D. Mnnuel.
(3) Son enteramente de broma estos versos del Auto da Lu-
9itania, en que no ha faltado quien creyese leer preciosas noti-
cias biográficas del poeta :
Gil Vicente o autor
Me fez seu emb^,ixador, ^
Mas eu tenho na memoria
Que para tan alta historia
Nasceo mui baixo doutor.
Creio que he de Pederneira
Neto de um tamborileiro;
Sua m»e era parteira,^
B seu pae era albardeiro. . .
Los que han inferido de ente pasaje que Gil Vicente era
h\jo de una partera y nieto de un tamborilero, podían haber
añadido, con la misma autoridad, que se encontró al diablo en
figura de doncella, de la cual se enamoró; y que le llevó k una
cueva donde estuvo siete años aprendiendo las artes mágicas:
PRÓLOGO CLXVit
Tampoco se sabe la íecha de su nacimiento, y sólo poi^
conjeturas se la ñja en 1469 ó 1470 : lo cual le hace
exactamente contemporáneo de Juan del Enzina (1).
Una rúbrica del Cancionero de Hesende le llama Mestre
Qü, y esto indica que fué graduado en Universidad,
probablemente eñ la facultad de Leyes. Desde muy jo-
ven frecuentó el palacio, y tomó parte en los solaces
poéticos. En 1482, un Gil Vicente, que no sabemos á
punto fijo si es el nuestro, aparece designado ya como
criado y escudero de D. Juan .II, y en 1492 escribía
versos para el proceso satírico de Vasco Abul, que pue-
de verse en el Cancionero tantas veces citado.
Una circunstancia casual vino á revelarle su voca-
ción dramática. Eué en 8 de Junio de 1502, como que-
da dicho. Acababa de nacer él príncipe que se llamó
después D. Juan III, y para festejar á la recién parida
reina Doña María (hija de losi Beyes Católicos), recitó
€n su cámara Gil Vicente el monólogo del Vaquero,
del cual dice expresamente que «fué la primera cosa
que en Portugal se representó)). Asistieron el rey don
Manuel, la reina Doña Beatriz su madre, y la duque-
sa de Braganza su hija. El monólogo fué en castella-
no, circunstancia que no ha de atribuirse sólo al deseo
todo lo cual oontinúa relatando de si propio Gtíl Vicente, por
boca del Licenciado ^ue hace el prólogo del Auto,
(1) En la Floresta de Engaños^ compuesta en 1536, dice el
poeta que tenia sesenta y seis años. No parece, por consiguien-
te, que pueda ser la misma perdona un Gil Vicente que ya en
U75 era mogo de estribeira del principe D. Juan, en 1482 por-
tetro dos Contos do Almoxarifado de Be ja, en cuya ciudad le hi-
sso merced de ulguaos bienes B. Juan II en 1485, y finalmente^
ea 1491 porteiro dos Contos de Mestrado de Aviz (documentos 4o
la Torre do Tombo, publicados por Teóñlo 3raga), que sostiene
la identidad de éste y «de. todos los Gil Vicentes posibles. '
CLXTllI lírico» castellanos
de lisonjear á la Reina hablándola én sn lengua, pues-
to que ya sabemos que todos los poetas portugueses de
aquel tiempo eran bilingües, y Gil Vicente lo fué con
más ahinco y fortuna que ningún otro, puesto que de
las cuarenta y dos piezas que componen su repertorio»
sólo siete son puramente portuguesas : las otras treinta
y cinco, castellanas en todo ó en parte.
Corrían ya para entonces dos ediciones, por ló me-
nos, del Cancionero de Juan delEnzina (1496 y 1501),
en que están todas las églogas de su primera manara»
Gil Vicente escribió á su imitación el monólogo del
Vaquero, de cuyo estilo puede juzgarse por estos ver-
sos:
Todo el granado retoza,
Toda laceria se quita;
Con esta nueva bendita
Todo el mundo se alboroza.
¡Oh qué alegría tamaiia!
La montaña
Y los prados floreciferon,
Porque ahora se complieron
En esta misma cabana
Todas las glorias de Espafia...
Agradó en la corte este nuevo género de entreteni-
miento, y la reina vieja Doña Leonor, viuda de Don
Juan II, la cual parece haber protegido de un modo
señalado á Gil Vicente, estimulándole á la composición
de muchas de sus obras dramáticas, quiso que se repi-
tiese el monólogo en los maitines de Navidad, pero como
no tenia ninguna conexión con aquella fiesta, prefirió
el poeta hacer un auto pastoril castellano. Quedó la
Heina tan satisfecha, que para el día de Heyes le en*
cargó otro Auto de los Beyes Magos.
PROLOGO GLXIIC
. Estas primeras obras son puras y netas imitacione»
de Juan del Enzina, sin ningún cambio ni progreso»
En vano algunos autores portugueses, con desacordada
recelo patriótico, han querido negar hecho tan evidente»
Basta leer unas y otras piezas para comprender que son
de la misma faijailia. Los contemporáneos lo sabían
perfectamente, y García de Eesende lo dijo en su Mis-
celánea :
Postoque que Juan del Enzina
O pastoril comecou.
No implica esto, ni mucho menos, que en Portugal
durante la Edad Media no hubiera existido el teatro li-
túrgico. Existió, cómo en todas partes, aunque no haya
quedado ningún monumento de él. Unas Gonstitticione$
del Obispado de Évora, bastante tardías (1534), pero
que suponen otras más antiguas, y sobre todo costum-
bres ya arraigadas y abusos que había que extirpar,
prohiben que «en las iglesias ni en los atrios de ellas
se hagan juegos (ludi) ni representaciones^ aunque sean
de la Pasión de Nuestro Señor ó de su Resurrección ó
de su Nacimiento, ni de día ni de noche, sin especial
licencia del Obispo, porque de tales autos se siguen
muchos inconvenientes, y muchas veces producen es-
cándalo en el corazón de aquellos que no están muy
firmes en nuestra santa fe católica, viendo los desórde-
nes y excesos que en esto se cometen». Puede suponer-
se también que habría algún género de representacio-
nes profanas, algún juego de escarnio, Y por otra parte^
la poesía popular, tan conocida y tan amada de Gil
Vicente, presenta rudimentos dramáticos en los juegos
infantiles, en los bailes, y en otras diversas manifesta-
GLXX LÍRICOS CASTELLANOS
clones suyas. Finalmente^ existían los grandes espec-
táculos palaciegos, los Momos y Entremeses^ las cabal-
gatas y moriscadaSt danzas y pantomimas, acompaña-
das de disfraces. Pero el primitivo teatro de Gil Vicen-
te no es nada de esto, aunque todo con el tiempo llegó
á incorporárselo. Es un género litei;ario, imitado de
obras contemporánes^, que se llamaban églogas en vez
de llamarse autos, como los llamó Gil Vicente : á esto se
reduce la diferencia. En nada amengua esto la gloria
del poeta lisbonense, que no está cifrada en estos pri-
meros tanteos de su ingenio. Gil Vicente vale más,
mucho más que Juan del Enzina, y en sus últimas
obras apenas conserva nada de él, pero es cierto que
empezó imitándole en lo sagrado y en lo profano, y que
tardó inucho en abandonar esta imitación. Hasta el
empleo de la lengua castellana, que en estas primeras
piezas no es la dominante, sino la única, debía haber
abierto los ojos á los críticos más preocupados, hacién-
doles ver que era muy natural que Gil Vicente encon-
trase sus modelos en la lengua en^que «scribia, en vez
de andarse á buscar pan de trastrigo en los misterios y
moralidades francesas. Semejante imitación en un au-
tor portugués de principios del siglo xvi, cuando Fran-
cia no ejercía ya ningún género de acción literaria so-
bre nuestra Península, es altamente inverosímil, aun-
que otra cosa parezca á los portugueses de ahora, afran-
cesados hasta la médula. Nada hay en las piezas de la
primera manera de Gil Vicente que no se halle también
en Juan del Enzina y en Lucas Fernández : ni el em-
pleo de los villancicos finales, ni siquiera las escenas
satíricas de ermitaños, que parecen tan geniales del
poeta lusitano.
PROLOGO GLXXI
Donde éste comenzó á emanciparse es en el extraño
Auto de la sibila Casandra, representado ante la dicha
reina Doña Leonor, en el monasterio de Enxobregas*
«Trátase en él (dice la rúbrica) de la presunción de la
^sibila Casandra, que como por espirita profético sa-
»piese el misterio de la Encarnación, presumió que
»ella era la virgen de quien el Señor había de nacer,
»y con esta opinión nunca más quiso casarse. » La in-
tervención de la Sibila en los Misterios de Natividad
era muy antigua en el teatro litúrgico, y procedía de
aquel famoso sermón atribuido á Sau Agustín, en que
varios personajes del Antiguo y Nuevo Testamento
. son llamados á dar testimonio del advenimiento del
Mesías, y después de ellos, en representación de los
gentiles, Virgilio, Nabucodonosor y la Sibila* El texto
más largo es el que se pone en boca de ésta, y consis-
te en veintisiete exámetros que comprenden la descrip-
ción de las señales del juicio ñnal. Este trozo fué ro-
manceado muy pronto, especialmente en los dialectos
de la leugua de oc^ y siguió cantándose en algunas
iglesias hasta días muy próximos á los nuestros. Milá
y Eontanals llegó á reunir bastantes versiones de él,
que ilustró doctamente en un trabajo especial (1). Es
de suponer que también las hubiese en otras lenguas
y dialectos de la Península y de fuera de ella.
Tal fué, según creemos, el informe rudimento del
cual Gil Vicente, dando por primera vez muestra de su
potencia creadora, sacó la singular y fantástica poesía
de su Auto, en que no figura una Sibila sola, sino las
(1) Véase Origenes üel teatro catalán. En el tomo VI de sos
Obras, págs. 294-811.
GLXXii líricos castellanos
cuatro de qne la antigüedad tuvo noticia, y con ellas
Isaías, Moisés y Abraham, calificados de tíos de Ga-
sandra, y Salomón como pretendiente á su mano. Na-
da, á primera vista, más extravagante que este ensue-
ño ó devaneo dramático, en que aparecen revueltos la.
Mitología y la Ley Antigua, lo historial y lo alegórico»
lo sacro y lo profano, agitándose todas las figuras en
una especie de danza fantasmagórica. Salvo el conte-
nido teológico, que en esta pieza de Gil Vicente es muy
exiguo, allí está, si no me engaño, el primer germen
del auto simbólico, que por excelencia llamamos calde-
roniano. Pero lo que hace más apreciable esta rara,
composición, envolviéndola en un ambiente poético, e^
aquel género de lirismo popular en que Gil Vicente
alcanza la perfección sobre todos sus contemporáneos»
y llega á confundirse con el pueblo mismo. Así en las
coplas que canta Gasandra :
Dicen que me case yo;
No quiero marido , no.
Más quiero vivir segura
Nesta sierra á mi soltura,
Que no estar en aventura
Si casaré bien ó no.
JHcen que me ccue yo;
No quiero maridoy no...
así en la folia que bailan los tres viejos :
¡Qué sañosa está la niña!
¡Áy Dios, quién la hablaría!
En Ja sierra anda la niña
Su ganado á repastar;
Hermosa como las flores,
Sañosa como lámar...
PROLOGO CLXXIir
y en el ingenao canto de cuna con que los áogeles arru-
llan al niño Dios :
Ro, ro, ro,
Nuestro Dios y Redentor,
No lloréis, que dais dolor
A la virgen que os parió.
Ro, ro, ro...
Pero la perla del auto es sin duda esta cantiga, he-
cha y asonada por el mismo autor, que era, lo mismo
que Enzina, poeta y músico á la vez :
¡Muy graciosa es la doncella!
Digas tú el marinero
Que en las naves vivías,
Si la nave, ó la vela, ó la estrella
Es tan bella.
Digas tú el caballero
Que las armas vestías,
Si el caballo, ó las armas, ó la guerra
Es tan bella.
Digas tú el pastorcico
Que el ganádico guardas,
Si el ganado, ó los valles, ó la sierra
Es tan bella.
Esto se bailaba, según indica el autor, de terreiro de
tres por ires^ cantándose, por despedida, como contras-
te, el siguiente belicoso villancico, que probablemente
alude á las empresas de África :
¡A la guerra,
Caballeros esforzados;
Pues los ángeles sagrados
A socorro son en tierra.
A la guerra!
Con armas resplandecientes
Vienen del cielo volando,
- GLXXIY LÍRICOS CASTELLANOS
Dios y hombre apellidando
En socorro de las gentes.
¡A la guerra,
Caballeros esmerados,
Pues los ángeles sagrados
A socorro son en tierra.
A la guerra!
Todo, pnes, hasta la inspiración patriótica del mo-
mento contribuyó á realzar el prestigio de este bellísi-
mo auto, que por otra parte conserva el dato tradicio •
nal de las señales del juicio relatadas por la Sibila
Erytrea, indicio manifiesto del nexo que le liga con el
teatro litúrgico, á pesar de sus apariencias profanas.
La versificación es de una gracia incomparable, y todo
el poema, en medio de su caprichosa estructura, respi-
ra unción religiosa y piedad sencilla, por lo cual nunca
degenera en farsa irreverente.
No tiene particular mérito el sencillísimo Auto de la
Fe, representado en Almeirim delante del rey D. Ma-
nuel; pero debemos citarle, por ser la primera compo-
sición en que Gil Vicente hizo algún empleo de la len*
gua portuguesa, mezclándola con la castellana, y por
terminar cantándose á cuatro voces una ensalada que
vino de Francia: de donde muy gratuita y temeraria-
mente han querido inferir algunos imitación francesa,,
siendo así que no trae la letra de dicha ensalada, y con
decir que había venido de Francia, es claro que la da
por ajena, y como un accesorio en que no intervino ni
como poeta, ni como músico.
Mucho más vale el Auto de los cuatro tiempos, en
que ya el género aparece enteramente secularizado,
hasta con la intervención de una divinidad mitológi-
ca. Sólo el principio y el fin de esta pieza puede decir*
PRÓLOGO GLXKV
se qne tengan conexión con la fiesta de Navidad. Lo
restante es í^n diálogo lírico-descriptivo, en que la lo-
zana imaginación del antor se explaya en deliciosas-
pinturas de la naturaleza, pidiendo como siempre su»
alas á la poesía popular, y reanudando la tradición del
primitivo cancionero galaico :
«En la huerta cace la rosa :
Quiérome ir allá,
Por mirar al rtiiseSor
Cómo cantAba.»
Afuera, afuera, nublados,
Neblinas y ventisqueros!
Reverdecen los .oteros.
Los valles, sierras y prados!
Reventado sea el frío,
Y su natío:
Salgan los nuevos vapores,
Píntese el campo de ñores
Hasta que venga el estío.
«Por las riberas del río »
Limones coge la vir^jo:
Quiérome ir allá,
Por mirar al ruiseñor
Cómo cantaba.»
Suso, suso, los garzones
Andén todos repicados,
Namorados, requebrados:
Renovad los corazones!
Agora reina Cupido
Desque vido
La nu3va sangre venida:
Agora da nueva vida
Al namorado perdido.
«Limones cogía la virgo
Para dar al su amigo.
Quiérome ir allá,
Para ver al ruiseñor
x->
CLxxvi líricos castellanos
Cerno cantaba.»
«Para dar al su amigo
En un sombrero de sirgo.
Quiérome ir allá,
Por mirar al ruiseñor
Cómo cantaba. >
Las abejas colmeneras
Ya me zul&en los oídos,
Paciendo por los floridos
Las fíorcs m¿s placenteras.
El tomillo por los montes
Huele de dos mil maneras...
^¡Cuán granado viene el trigo...
Crracias á Dios, quedaba vencida y enterrada la pi-
cara poesía del Cancionero de Besende, Nada más gra-
cioso y más profundamente tradicional que el simbo-
lismo erótico de los limones. Nueva sangre y nueva
vida es, en efecto, la que corre á oleadas por este frag-
mento de poesía naturalista, que recuerda los mejores
días de la bucólica siciliana.
Gil Vicente, cuya alma de artista era eco sonoro de
todas las vibraciones de la conciencia de su siglo, pa-
saba, sin esfuerzo, de este paganismo ingenuo y des-
bordante, de esta embriaguez y plenitud de la vida, á
la grave inspiración religiosa, al profundo y moral
sentido de otros autos suyos, entre los cuales sobresa-
le el que compuso en portugués con el titulo de Breve
Summario da historia de Deus, y fué representado en
presencia del rej' D. Juan III y de la reina D.* Ca-
talina, en 1527 : obra vigorosamente concebida y com-
puesta, donde se desarrolla el cuadro inmenso de los
PRÓLOGO CLXXVII
destinos del linaje Lnmano desde la Creación hasta la
Sedención, poniéndose en escena los hechos más cul-
minantes qne se narran en las páginas sagradas : todo
ello en estilo noble y robusto, y en un nuevo género de
versificación más solemne y apropiado á la materia
que el que hasta entonces había empleado, pues en vez
de los metros cortos usa el verso dodecasílabo, pero
no en estancias líricas, impropias del teatro, como lo
había hecho Juan del Enzina, sino combinado con su
hemistiquio, lo cual le da un moviüiiento ágil y varia-
do, y constituye en realidad un nuevo ritmo aptum
rehiis agendis (1).
Trasunto de este auto de Gil Vicente, a0Í en el plan
como en los personajes, pero muy amplificado, y no
ciertamente con ventaja poética, es la feímpsa Victoria
Christi del bachiller aragonés Bartolomé Palau, que
su autor calificó de áUegórica representación de la cap-
tividai espiritual en que el linaje humano estuvo por la
culpa original debajo del poder del demonio^ hasta que
Oristo Nuestro Redentor con su muerte redimió nu^tra
libertad, y. con su Resurrección reparó víuestra vida.
Ignórase la fecha precisa de este poema, pero no cabe
duda que fué escrito después de 1539 y antes de 1 577,
(1) Bata oombinación se encaentra por primera vez en ana
de las Cantigas de Alfonso el Sabio, en la 79, qne es, por cierto,
deliciosa .*
K esto facendo, a mui Groriosa
Pare9ealé en sonnos sobeio fremosa,
Con multas menÍDas de maravillosa
Beldad; e porén
Quisera-se Musa ir con elas logo;
Mas Santa María Ihe dis: Eu te rogo
Que sse mig' ir queres, leixes ris' e iogo
Orguir e desdéis
Tomo VII. 12
CLXxviii líricos castellanos
año en que dejó de existir el arzobispo de Zaragoza
D. Hernando de Aragón, á quien la pieza está dedi-
cada. Su popularidad fué grandísima, y hoy mismo
sigue representándose en algunos pueblos de la mon-
taña de Aragón y de la de Cataluña : supervivencia
que no alcanza ninguna otra obra de nuestra primitiva
escena.
Para mi es cosa clara que el bachiller Palau imitó á
Gil Vicente; pero no creo que ni uno ni otro conocie-
sen los Misterios cíclicos franceses, á pesar de la ana-
logía que con ellos tienen sus composiciones. Téngase
presente que hemos perdido todo nuestro teatro hiera-
tico de la Edad Media, salvo dos ó tres fragmentos; y
es más verosímil suponer que en ese teatro estaban
iniciados ya todos los tipos de la dramaturgia religio-
sa, que no recurrir á la hipótesis de una influencia
tardía é inverosímil. Lo primero es más conforme á
las leyes de la evolución literaria. No se niega con esto
el influjo de Francia, antes bien se le reconoce y afir-
ma en su momento propio, es decir, desde el siglo xii
al xrv.
Originalísimo se mostró Gil Vicente en otras alego-
rías satírico-morales que poco tienen que ver con el
drama litúrgico, y mucho con las agitaciones religiosas
de su tiempo. Ya hemos dicho que sus ideas eran las
del grupo llamado eras^nista, que, aunque colocado en
las fronteras de la Reforma, no las traspasó casi nunca.
En ese mismo año 1527, en el año fatídico del saco de
Roma, hacía representar Gil Vicente, meses antes de
aquel gran escándalo de la cristiandad , el Auto da Fei-
ra, cuyo sentido es muy análogo al de la formidable
invectiva que, en son de vindicar al Emperador, com-
PRÓLOGO GLXXIX
puso el Seci'etario Alfonso de Valdés con el titulo de
Diálogo de Lacfancio y un arcediano. El Tiempo abre
su tienda de mercader, y convida á la feria del mondo
á todos estados de gentes :
En nome daquelle que rege ñas pravas
D' Anvers e Medina as feiras que tem,
Comega-se a feira chamada das Grabas,
A' honra da Virgem parida em Belem...
A feira, á feira, igrejas, mosteiros,
Pastores das almas, Papas adormidos;
Comprae aquí pannos, mudae os vestidos,
Buscae as chamarras dos ontros prímeiros
Os antecessores...
O presidentes do Crucificado,
, Lembrae vos da vida dos sanctos pastores
Do tempo passado.
Eoma viene á la feria, y el /diablo exclama :
Quero-me eu concertar,
Porque Ihe sei a máneira
De seu vender e comprar.
Todo el auto está salpicado de rasgos por el mismo
estilo, y aun más cáusticos é irreverentes, llegando á
tocar algunos en la materia de indulgencias y jubileos,
tan debatida entonces, y que dio ocasionalmente el
primer impulso á la E>ef orma :
BOMA
Oh! vendei-me a paz dos ceos,
Pois tenho o poder. na térra!
MEBCÜEIO
o Roma, sempre vi lá
Que matas peccados cá
GLXXX^ líbicos CASTELLANOS
E leixas vi ver os teas.
£ nao te corras de mi,
Mas com ten poder facundo
Assolves a todo o mundo,
E nao te lembras de ti,
Nem ves que te vas ao fundo...
£ nao digas mal da £eira.
Porque tu serás perdida
Se nao mudas a carreira...
Gran temeridad parece á primera vista haber pues-
to en un auto de Navidad tan resbaladizos conceptos
teológicos; pero cesa de todo punto el asombro cuando
se repara que tales ideas estaban en la atmósfera de
aquel principio de siglo, y que no se hallan sólo en
poetas y novelistas, á quienes los ensanches de la li-
bertad satírica pudieran hacer sospechosos de ensaña-
miento ó hipérbole; pues todo lo que en^ Gril Vicente,
en Torres Naharro, ó en Cristóbal de Castillejo se lee,
es nada en comparación de lo que dijeron los ascéticos
y moralistas del tiempo de Carlos Y, exagerando tam-
bién, no me cabe duda, y generalizando con exceso,
arrebatados de su celo por el bien de las almas y del
calor declamatorio que la indignación, musa de Juve-
nal, comunicaba á su estilo (1). La misma audacia y
(1) Baste, por muchos, aquel terrible texto del dominico
Fray Pablo de León en su Guía ¿leí Cielo (1663): «¡Oh, Señor
»Dios! ¡Ouéintos beneficios hay hoy en la Iglesia de Dios que
>no tienen más perlados ó curas, sino unos idiotas mercenarios,
>qae no saben leer, ni saben qué cosa es Sacramento, y de to-
ados casos asuelven!... De Roma viene toda maldad, que ansí
>conio las iglesias catredrales habían de ser espejo de los clé-
irigos del obispado y tomar de allí exemplo de perfección, ansí
>Boma había de ser espejo de todo el mundo, y los clérigos allá.
PROLOGO GLXXXI
desenvoltura con que tales cosas se escribían, ya por
£nes de edificación, ya por mero desahogo satirico;
pmeban la robusta fe de aquellos varones, y el nin^n
recelo que tenían del inminente peligro que iba á atri-
bular á la Cristiandad.
En cuanto á Gil Vicente, nunca su libertad de pen-
samiento pasó más allá del limite que señalan los ver-
sos transcritos. No niega á la Iglesia de Eoma el po-
der de absolver los pecados y de conceder indulgen-
cias; pero es iracundo censor de la simonía, plaga del
siglo xy más que de otro alguno, de la cual, seis años
antes, Labia dicho enérgicamente otro poeta nuestro,
el cartujano Juan -de Padilla, cuya pureza de doctrina
para nadie puede ser sospechosa :
Que por la pecaoia lo justo baratar;..
Haciendo terreno lo espiritual,
Y más temporales los célicos dones.
De esta emponzoñada fuente nac/a una espantosa
relajación en la disciplina y en las costumbres. Gil Vi-
cente, á quien tampoco tenemos por un espíritu muy
>habian de ir, no por beneficios, sino por deprender perfección,
>como los de Ids estudios y escuelas particulares van á se per-
^feccionar & las Universidades. Pero por nuestros pecados, en
>!Eoma es abismo destos males y otros semejantes... ¡Tales ri-
>gen la Iglesia de Dios: tales la mandan! T asi... está toda la
>Iglesia Uena de ignorancia... necedad, malicia, luxuria y so-
>berbia... Y asi hay canónigos ó arcedianos que tienen diez ó
'veinte beneficios, y ninguno sirven. Ved qué cuenta darán es*
>to8 á Dios de las ánimas, y de la renta tan mal llevada.»
Otras' muchas cosas, no menos tremendas, dice el bueno de
fray Pablo, las cuales pueden leerse en mi Historia de loa hete'
rodoxoa españolea, IX, 28.
1
GLXXXII LÍRICOS CASTELLANOS
austero, y que de todas suertes era enemigo nato de
toda hipocresía, encontró aquí una vena inagotable de
chistes y de cuadros picarescos, ora nos presente en la
Farsa dos Almocreves (1526) el tipo bonachón pero
grotesco del capellán de un hidalgo pobre, que en ser-
vicio de su señor desciende hasta tener cuidado de
los gatos de la cocina, é ir á hacer compras á la pla-
za; ora en la Bomagem de Aggravados (1533) traiga
á la escena á un Fray Pá90, fraile cortesano, con es-
pada, guantes y gorra de velludo; ora pinte al dé-
rigo de Beira (1526), que anda de caza rezando mai-
tines con su hijo; ora en la Tragicomedia pastoril da
Serra da Estrella (1527) haga decir á un ermitaño epi-
cúreo :
- Eu desojo de habitar,
M' hua ermida a meu prazer,
Onde podesse folgar. . .
E que podesse eu daD(;ar nella:
E que fosse n' hum deserto
D' infindo vinho e pao,
E a fonte muito perto,
E longe a contemplaguo .
Muita ca^a e pescaría,
Que podesse eu ter coutada
E a casa temperada:
No verao que fosse fria,
E quente na invernada. . .
Las obras de Gil Vicente fueron duramente castra-
das por el Santo Oficio en la segunda edición de 1585,
tiempos harto diversos de aquellos en que escribió el
poeta, porque enmendados ó mitigados muchos de los
vicios y abusos, era ya materia de escándalo lo que en
otro tiempo pudo ser hasta útil. Pero basta fijarse en
PRÓLOGO GLXXXIII
lo que se suprimió para no exagerar el alcance de las
sátiras anti-clericales de Gil Vicente. Por ejemplo, el
Auto da Mofina Mendes (1534), en el cual, por cierto,
' está deliciosamente inter<3alada y puesta en acción la
fábula de la lechera, empieza con un sermón jocoso
predicado por un fraile : mandóse quitar por la irreve-
rencia del título de sermón, y en lo demás se reduce á
ligeras burlas sobre las distinciones escolásticas y las
citas impertinentes que hacían los predicadores; no sin
alguna puntada contra las barraganías de los clérigos:
Estes dizem junctamente
No;5 livrós aquí allegados:
Se fílhos haver nao podes,
Cria desses eugeitados (1)
Filhos de clérigos pobres . . .
En la comedia Buhena (1521) los protagonistas de
aquella acción nada limpia son un abad de tierra de
Oampos, una doncella y un clérigo mozo; pero no se
prohibió por esto, sino por contener gran número de
hechicerías y oraciones supersticiosas. Nada de cuan-
to en la Nao d' amores (1527), en la Fragoa d* amor
{1525), en el Templo d' Apollo (1526) y en otras pie-
zas se dice de frailes, clérigos y ermitaños, tiene no-
vedad ni trascendencia alguna. Las mismas pullas ú
otras más mordaces se encuentran á cada paso en Lu-
cas Fernández, en Torres Naharro, en Diego Sánchez
de Badajoz y en todos los autores de nuestras primiti-
vas comedias, farsas, y églogas. El ermitaño, sobre
todo, hipócrita y embustero^ había llegado á ser un
tipo cómico de los más socorridos.
(1) Expósitos.
GLXXXIV LÍRI¿:OS CASTELLANOS '
Qoien escribiese hoy como Gil Vicente, pasaría por
un detractor encarnizado del estado monástico; pero
en su tiempo, nadie le tenia por tal. Todo ese reperto-
rio, en que la sátira es tan cruda y el lenguaje tan li-
bre y desvergonzado, sirvió de pasatiempo y regocijo^
no á un populacho tabernario, Bino á una de las cortes
más elegantes y fastuosas del Renacimiento, á la corte
portuguesa de D. Manuel y de D. Juan ni, espléndi-
da y rica con los tesoros del vencido Oriente. Los prin-
cipes, magnates, damas y prelados que eran ornamen-
to de tales £estas, reían los chistes de Gil Vicente, y
no veían en ellos calumnia, ni aun malicia grave, por-
que desgraciadamente los originales de aquellos retra-
tos estaban á la vista de todos. No había nacido de la
caprichosa &ntasía del poeta aquel fraile aseglando y
licencioso de la Fragoa á! amor, que hace alaíde de
«aborrecer la capilla, y el cordón, las vísperas y las
^completas, y el sermón y la misa y el silencio y la
:» disciplina:
Pareze-me bem bailar
E andar n" hua folia... .
Pareze-me bem jogar,
Pareze-me bem dizer:
— Vai chamar minha mulher,
Que me faca de jantar.
Isto, eramá, he viver.
Tales frailes como éstos son los que tuvo que refor-
mar el gran Oisneros, los que en número de más de
mil emigraron á Marruecos en 1496 para vivir á sus
anchas , huyendo de su reforma . Y de tales frailes»
bien podía decir Gil Vicente que convenía seculari-
zar, por lo menos, las dos terceras partes de ellos, y
^
PRÓLOGO GLXXXV
hacerlos cargar con los arneses y pelear contra los mo-
ros de África (1)^
Pero dejando aparte esta digresión, á la cual sólo me
ha conducido el tenaz empeño que muestran algunos
críticos (2) en presentar á Gil Vicente con los falsos
colores de precursor de la Reforma^ de eco de las doctri-
nas de Juan de Huss, y hasta de mártir de la libertad
de pensamiento^ continuaremos la breve reseña que ve-
níamos haciendo de su ouriosisimx) repertorio. Abun-
dan en él las que pudiéramos llamar moralidades: com-
posiciones ya estrictamente alegóricas como el Auto da
alma, ó más bien <aáe la hospedería del almas» (1503);
ya alternando lo alegórico con lo real, y lo más cómico
con los más devoto, como sucede en el Auto de Mofina
Mendes, en que la Prudencia, la Pobreza, la Humani-
dad y la Fe departen, no sólo con ángeles y patriarcas,
sino con los rústicos Bras Carrasco y Payo Yaz. En el
Auto da Gananea, uno de los últimos que compuso nues-
tro poeta (1534), las tres figuras de Silvestra, Hebrea y
Veredifuiy personifican la ley de Naturaleza, la de Escri-
tura y la de Grracia.
(1) Somos mais f rades que a térra,
Sem contó na chrístiandade,
Sem servimos nunca en Ruerra,
E haviam mister refundidos
Ao menos tres partes delles
Em leigos, e amezes n' elles,
£ assi bem apercebidos,
E entáo a Mouros com elles.
(2) Véase, entre otros, á Teófilo Braga en su Historia do
theatro portuguez... Vida de Gil Vicente é sua eschola, teculo xyi
(Porto 1870) passim.
Nad» nuevo enseña el libro del Vizconde de Ougella Gil
Vicente (Lisboa, 1890).
GLXXXVI LÍBICOS CASTELLANOS
Pero la obra maestra de Gil Vicente bajeáoste res-
pecto, y quizá la más digna de consideración del pri-
mitivo teatro peninsular, es la notabilísima trilogia de
las tres Barcas, del Infierno, del Purgatorio y de la
Gloria, en portugués las dos primeras,«y la tercera en
castellano, representadas sucesivamente delante de los
Reyes de Portugal Doña María y D. Manuel, en los
años 1517, 1518 y 1519; la primera en la cámara re-
gia, la segunda en el Hospital de Todos Santos de la
ciudad de Lisboa, durante los maitines de Navidad, la
tercera en Almeirín, y sin duda como complemento de
alguna fiesta litúrgica, de lo cual conserva indicios en
las leccionessj los responsos que en ella se intercalan.
Estas Barcas son una especie de transformación clá-
sica de las antiguas Danzas de la muerte, no en lo que
tenían de lúgubre y aterrador, sino en lo que tenían de
sátira general de los vicios, estados, clases y condicio-
nes de la Sociedad Hupiana. El cuadro general era
idéntico, pero el simbolismo había variado, haciéndose
más risueño y enlazándose con los recuerdos artísticos
de una mitología nunca muerta del todo en el espíritu
de las razas greco-latinas, y más vivaz que nunca en
los días del segundo Renacimiento. Ahuyentada la ho-
rrible pesadilla de la danza de espectros que había
asediado la imaginación de la Edad Media, volvía el
barquero Carón á surcarlas aguas de la infernal lagu-
na, ejerciendo como en los diálogos del satírico de Sa>
mosata, no sólo el oficio de conductor, sino el de censor
agridulce de la tragicomedia humana, al modo de Me-
ñipo el cínico y otros filósofos populares de la antigua
Grecia. Erasmo y Pontano cultivaron en latín este gé-
nero, y de ellos pasó á las lenguas vulgares, siendo el
PRÓLOGO GLXXXVII
tipo más excelente entre nosotros el Diálogo de Mercu-
rio y Carón de Juan de Valdés : monumento clarísimo
del habla castellana del tiempo del Emperador, no sólo
por el argénteo estilo, inafectada elegancia y ática pu-
reza de su autor, digno á veces de ser comparado con
el mismo Luciano, sino por la profunda observación
moral y los graves documentos de sabid^irla práctica
que contiene, sin que se vislumbren apenas los errores
teológicos en que vino á caer aquel ilustre hijo de
Cuenca durante el segundo periodo, enteramente mí£h-
tico, de su vida.
Este diálogo se escribió é imprimió en 1528, y, por
consiguiente, no pudo influir en las primitivas Barcas
de Gil Vicente, pero influyó de seguro en una refundi-
ción castellana mucho más extensa, acabada de impri-
mir en Burgos, en casa de Juan de «tunta, á 25 días
del mes de Enero de 1539, con el titulo de Tragicome-
dia alegórica d* El Paraíso y d! El Infierno: Moral re-
presentación del diverso camino que hacen las ánimas
partiendo de esta presente vida, figurada en los dos na-
vios que aquí parescen: el uno del Cido y él otro del In-
fierno, cuya suhtü invención y materia en el argumento
de la obra se puede ver. Son interlocutores un ángel, un
diablo, un hidalgo, un logrero, un inocente llamado
Juan, un fraile, una moza llamada Floriana, un zapa-
tero, una alcahueta, un judio, un corregidor, un aboga-
do, un ahorcado por ladrón, cuatro caballeros que mw-
rieron en la guerra contra moros, el barquero Carón.
Hay en esta refundición mucho nuevo y bueno : la
fuerza satírica es mayor, el diálogo tiene más viveza, la
versificación corre más limpia y suelta: algunos trozos
no tienen precio por lo acre y picante de los donaires.
CLXXXVIII LÍBICOS CASTELLANOS
«Tiene cosas de las cosquillas (hubiera dicho Qneve-
do), porque hace reir con enfado y desesperación.»
Pero esta tragicomedia castellana ¿es en realidad de
Gil Vicente? Yo no acabo de persuadírmelo : la edición
de Burgos, de la cual poseo copia fidelísima, no dice el
nombre del autor. En otro manuscrito, copia sin duda
de diversa edición, que cita Aribau en sus notas á los
Orígenes de Moratin, parece que se leía la siguiente
nota: «Compúsolo en lengua portuguesa, y luego el
:&mesmo autor lo trasladó á la lengua castellana, au-
}» mentándolo». Si asi faé, hay qué reconocer que en
esta ocasión se excedió notablemente á si 'mismo como
artífice de versos castellanos. Y esto es precisamente lo
que me hace desconfiar de qué él fuese el traductor. En
sua coplas castellanas, Gil Vicente tiene cosas hermosí-
simas, pero está lleno de incorrecciones, de versos cojos,
de rimas falsas, de vocablos enteramente portugueses»
propios de quien nunca había estado en Castilla. Nada
ó muy poco de esto hay en la tragicomedia, que es una
de las piezas mejor escritas de aquel tiempo.
Ticknor tiene el mérito de haber indicado por pri-
mera vez la semejanza entre estas alegorías de Gil Vi-
cente y una de las más antiguas piezas dramáticas de
Lope de Vega, el auto sacramental del Viaje del alma,
que, si hemos de atenernos á las indicaciones de El
Peregrino en su patria (novela que es en parte autobio-
gráfica), fué representado en una plaza de Barcelona
hacia el año de 1599. Pero aunque el historiador norte-
americano afirma caprichosamente que lá idea y el or-
den de la fábula son casi los mismos en uno y otro au-
tor, lo cual dista mucho de ser verdad, no apunta más
semejanzas de detalle que la de los preparativos de
PaÓX.060 GLXXXIX
^iaje que el demonio, arráez de la barca del Inñerno,
hace en ana y otra pieza.
' Teófilo Braga, que acepta y amplia la indicación de
Ticknor en su Historia do theatro portuguez (1), nota
con mejor acuerdo la diferencia entre ambas concep-
ciones dramáticas. Pláceme transcribir las palabras del
erudito profesor, inspiradas por la más ferviente ad-
miración al genio de Lope, á quien llama d mayor es-
critor dramático de los tiempos modernos:
«Lope de Vega, como ingenio profundo y creador,
aprovechóse simplemente de la idea, dándole una for*
ma original y más perfecta: las diversas ánimas de Qil
Vicente fueron reducidas por él á una sola, el Alma; y el
Diablo, que en las Barcas trabaja solo, es aquí ayudado
por la Memoria, por el Apetito, por los Vicios. El es-
tribillo que cantan para darse á la vela recuérdala
forma lírica usada por Gil Vicente; la decoración in-
dica también que Lope de Vega conoció los viejos au-
tos portugueses. En el auto da Barca da Gloria^ trae
Gil Vicente esta rúbrica: €os Anjos desferrem a vela em
's>que está o Grocifixo pintado». En el final del auto de
Lope «descúbrese la nave de la Penitencia, cuyo árbol
»y entena eran una cruz, que por jarcias, desde los cía-
»vos y rótulo, tenia la esponja, la lanza, la escalera y
»los azotes, con muchas flámulas, estandarte y gallar-
»detes bordados de cálices de oro. » En el auto de G-il
Vicente aparece un Papa: en el auto de Lope va al ti-
món el Papa que entonces regia la Iglesia. En el auto
portugués Cristo resucitado es quien viene á gobernar
la barca de la Gloria. En el auto de Lope acontece lo
(1) Fétgs. 194-198.
GXG líricos castellanos
mismo, como lo prueba la siguiente acotación: «Cristo
:&en persona del maestro de la nave, con algunos ¿nge-
»les como oficiales de ella. s> Einalmente, la impresión
general que deja el Viaje del Alma es que Lope conocía
aquel modelo, aunque, por otra parte, la invención
tampoco pertenezca á Gil Vicente, puesto que los sím-
bolos cristianos sacados de la nave se remontan á los
primeros siglos de la Iglesia.
A estas tan oportunas observaciones de Braga, sólo
hay que añadir que el tipo de la barcarola lírica lleva-
da al teatro por Gil Vicente y Lope de Vega en los
cantos intercalados en estas piezas, es de indisputable
origen galaico-portugués, encontrándose á cada paso
bellísimas muestras en el Cancionero Vaticano:
Per ribeira do río
vi remar o navio,
E sabor ey da ribeira!
Per ribeira do alto
Vi remar o barco;
Sabor ey da ribeira...
As froles do meu amado
Briosas vam no barco;
E vam-se as flores
D' aquel bem com meus amores.
As froles do meu amigo i
Briosas vam no navio;
E vam-se as flores
D' aquel bem com meus amores...
Cotéjense estas letras con la que cantan al fin del
primer auto de Gil Vicente los cuatro fidalgoSy cahalle»
ros de la Orden de Cristo, que murieron en las partes de
África:
A barca, á barca segura:
Guardar da barca perdida;
PROLOGO GXGI
Á barca, á barca da vida.
Á barca, á barca, mortaes;
Porém na vida perdida
Se perde a barca da vida...
Ó el bello romance con que da principio el Auto da
Barca do Purgatorio:
Remando van remadores
Barco de grande alegría...
Asi las formas Úricas y tradicionales persisten por
misterioso atavismo en el arte de las edades cultas; y
de esta manera, en el inmenso mundo poético que lla-
mamos teatro de Lope, se reducen á unidad armónica
todos los elementos del genio peninsular.
•Los autos hasta aquí citados, con otros de menor im-
portancia (1), constituyen el primer libro del cuerpo
de las obras de Gil Vicente, llamado por sus editores
obras de devoción, aunque algunos pasos poco tengan
de devotos. El libro segundo comprende las comedias,
y el tercero las tragicomedias: división arbitraria, pues-
to que ninguna diferencia substancial separa en Gil
Vicente los dos géneros, pudiéndose llamar indiferen-
temente comedias ó tragicomedias la de Enhena y la
del Viudo, la de D. Duardos y la de Amadis de Gaula.
(1) Auto pastoril portugués (1523). — Diálogo sobre a resurreigáo
entre os Judeus (no fija la fecha: está todo él en portugués, y es
muy curioso por la pintura satírica de las costumbres de los ju-
díos). — Auto de San Martinho (en castellano, 1504; representado
ante la Beina Doña Leonor en la iglesia de Caldas, durante la
procesión del Corpus Christi. Es, por consiguiente, el méus anti-
guo de los autos sacramentales conocidos hasta ahora, pero no
tiene relación alguna con aquella festividad^ reduciéndose á la
sabida leyenda de partir San Martín su capa con un pobre).
GZGII
líbicos castellanos
En cambio, bajo la rúbrica de tragicomedias, se confan-
den con piezas como las dos últimamente mencionadas,
ana serie de representaciones alegóricas y de circuns-
tancias, que constituyen un género enteramente distin-
to. T, por el contrario, en la sección cuarta se agrupan,
bajo el título de farsas, verdaderas comedias, aunque
en miniatura; escritas en portugués las más de ellas.
Prescindiendo, pues, de esta división tradicional, que
tampoco responde al orden cronológico^ examinaremos
rápidamente las principales formas que tiene la come-
dia en Gil Vicente.
Y ante todo conviene advertir que ni el teatro lati-
no, ni el teatro italiano del Renacimiento influyeron
en él para nada. Se le ha llamado el Planto portu-
gués, y á la verdad, el género de sus gracias cómicas,
sobre todo en las farsas, es más plautino que terencia-
no, pero lo es por semejanza de Indo^le, no por disci-
plina literaria. Gil Vicente, que era humanista, habría
leído de seguro á Planto y Terencio, pero no los imita
nunca. Por el desorden fantástico de las concepciones,
por el tránsito continuo de lo elevado á lo grotesco,
por lo brusco é inesperado de las alusiones y de las in-
vectivas, y también por la riqueza y pompa lírica, re-
cuerda mucho más las comedias de Aristófanes, á quien
probablemente no conocía, y cuya influencia en el tea-
tro moderno nunca ha sido directa. En algunas de sus
alegorías, por ejemplo, en la Exhortación á la guerra^
Gil Vicente es un poeta aristofánico, hasta por el sen-
tido político y patriótico de sus advertencias y profe-
cías, que se levantan majestuosas en medio del fuego
graneado de los conjuros del hechicero y de las bufo-
nadas del coro de diablos.
PRÓLOGO GXGIII
En cnanto á los poetas cómicos italianos, Qil Vicen-
te no da muestras ni siquiera de haberlos leído. Nanea
se inspira en las fábulas dramáticas del AríostOi ni de
Bibbiena, ni de Machiavelli, y eso que^ el espíritu del
secretario de Florencia tenía más de un punto de afi-
nidad con el suyo. Para bacer la sátira de los frai-
les y de los hipócritas, G^il Vicente no tenía que
aprender nada de nadie, puedto que nunca pudo con-
tener esta ingénita propensión suya. Qil Vicente es
oríginalísimo en su teatro profano, pero creemos que
también en esta parte debe alguna, aunque pequeña,
obligación á Juan del Enzina. En la Comedia de JBu-
bena (1521), que es tan desconcertada en su plan, tan
irregular y tan llena de fárrago como la Farsa de Plá-
cida y YiiorianOy hay una escena en ecos, y otras evi-
dentes reminiscencias de aquella pieza. Además, como
todos los autores de su tiempo, pudo aprender lo más
profundo del arte de la comedía en La Celestina, de la
cual tomó, entre otras cosas, el tipo de la alcahueta
Brígida Vaz, que tan desvergonzadamente anuncia sus
baratijas en la Barca del Infierno^ pieza que (dicho sea
entre paréntesis) fué representada en la cámara regia,
repara consolación de la muy católica y santa reina
»Doña María, estando enferma del mal de que falleció».
¿Debe contarse entre los libros que estudió Gil Vi-
<3ente la Propalladia de Torres Naharro? Muy verosí-
mil parece, puesto que la primera edición de este famo-
so libro es^de 1517, y ya antes corrían de molde algu-
nas de las piezas que comprende ; por ejemplo, la Ti-
nelaria. Además, el poeta extremeño debía de ser muy
conocido en Portugal por la comedia Trofea^ que
en 1514 había escrito y hecho representar ante la
Tomo VII. 13
GXGIT LÍRICOS CASTELLANOS
Santidad de León X, loando y magnificando las glo-
rias de aquel reino, con motivo de la famosa embajada
que llevó Trístán de Acuña. Pero da la casualidad de
que precisamente la comedia de G-il Vicente que más
se parece á otra de Torres Naharro, la Comedia del
Viudo, cuya intriga es algo semejante á la de la Come-'
dia Aquilanay tiene que ser anterior, puesto que lleva
la fecha de 1514, al paso que la Aquüana ni siquiera
figura en la primera edición de la Propcdladia. Queda,
pues, la graciosa miniatura de Gil Vicente como pri-
mer ensayó del tema romántico, luego tan repetido»
del principe disfrazado por amor : interesante situación
que el autor complica haciendo que el corazón de don
Eosvel fluctúe entre las dos hijas del viudo, hasta que
afortunadamente viene otro príncipe hermano suyo á
resolver el conflicto casándose con la menor :
Estánse dos hermanas
Doliéndose de sí ;
Hermosas son entrambas
Lo más que nanea vi.
¡Huía, bufa!
A la fiesta, á la fiesta,
Que las bodas son aquí.
Namorado se había dellas
Don Rosvel Tenorí:
Nunca tan lindos amores
Yo jamás cantar o9.
¡Hufa, huía!
A la fiesta, á la fiesta.
Que las bodas son aquí.
Todo es comedido y decoroso, todo gentil y caballe-
resco en esta pieza, escrita integramente en castellano :
hasta el fraile que viene á consolar al viudo es, por
caso único en Gil Vicente, un buen fraile : el contraste
PRÓLOGO GXGV
entre el viudo desconsolado y un compadre suyo que
se queja de la inaguantable mujer que tiene, es muy
cómico y de la mejor ley. Todas las escenas están toca •
das con una ligereza y una elegancia que. )3orprenden
en autor tan primitivo.
Nada, por el contrario, más grosero, más incon-
gruente y peor combinado que la comedia bilingüe de
Bíibena (1521), que tiene, sin embargo, cierta fantás-
tica poesía, y es la más antigua comedia de magia de
nuestro teatt*o, ó á lo menos la primera en que inter-
vienen hadas y hechiceras. Es también la única pieza
de Gil Vicente que presenta división en escenas,
las cuales en realidad vson tres actos pequeños, prece-
didos de un argumento que recita un Licenciado. El
uso de estos introitos explicativos, que Juan deL Enzi*
na había renovado en Plácida y Vitoriano, y que To-
rres Naharro usó constantemente, no es exclusivo de
la comedia clásica : recuérdese elpraecentor de los dra-
mas litúrgicos, y el prólogo ó protocolo de los misterios
franceses.
En la primera de estas scenas se presenta con la ma-
yor brutalidad una situación repugnantísima : el parto
de una muchacha seducida y abandonada por un cléri-
go.' Pero Gil Vicente era tan poeta, que, en medio del
bárbaro gusto de su tiempo, nunca deja de hacer pasar
por lo más abyecto y horripilante un rayo de la luz de
lo ideal. Asi se lamenta en un monólogo la desventu-
rada Eubena :
¡oh, tristes nubes escuras,
Qae tan recias camináis; .
Sacadme destas tristuras,
Y llevadme á las honduras
GZGYI LÍRICOS CASTELLANOS
De la mar, adonde vais!
Daélanvos mis tristes hadas,
Y llevadme apresuradas
A aquel valle de tristura,
Donde están las mal hadadas,
Donde están las sin ventura
Sepultadas...
Riquísimo es el material folk-Urico qne paede sacar-
se de esta comedia. Con ella, con el Auto das fados y
con muchos rasgos sueltos de todas las obras del poe-
ta, seria hacedero un inventario de oraciones supers-
ticiosas, de ensalmos y conjuros, de prácticas misterio-
sas y vitandas, de todas las formas y manifestaciones
de lo sobrenatural diabólico en. la mitología del pue-
blo peninsular. Es claro que un espíritu tan culto, tan
maligno y aun escéptico como el de Gil Vicente, no ha-
bía de participar de la credulidad del vulgo, p^o se
complace en las supersticiones como curioso y como
artista, las recoge con pasión de coleccionador, las ex-
plota como un elemento poético-fantástico , y parece
que su poderoso instinto le hace penetrar hasta elion-
do de esas reliquias del paganismo ibérico, y sentir
cómo hierven confusamente en el alma popular. Nin-
gún otro poeta nuestro le ha aventajado en esta rara
erudición, que á veces traspasa las rayas del lícito xo-
nocimiento é invade las del düettaniismo ocasionado y
pecaminoso. Es tal lo concreto y preciso de los deta-
lles, que hace sospechar en Gil Vicente procedimientos
análogos á los que en nuestros días empleó Jorge Bo-
rrow para hacerse dueño de la lengua de los gitanos y
tan consumado en la noticia de sus costumbres. No se
llega á saber tanto sin mucha familiaridad con el ob-
jeto conocido.
PRÓLOGO CXGVII
Pero otro más apacible género de poesía poptilar que
el de las brujas y las comadres esmalta la Bvbena :
asi los cantares del ama de cria, que recuerda, entre
otros viejos romances, el de En París estaba Doña Alda,
y el de Vamonos dijo mi ño — á París esa ciudad; asi
el coro de las mozas de labor, que alivian sú trabajo
con esta cantiga en el gusto de Juan del Enzina :
«Halcón que se atreve
Con gana guerrera,
Peligros espera. »
La caza de amor
Es de altanería ;
Trabajos de día,
De noche dolor :
Halcón cazador
Con garza tan fiera
Peligros espera...
Finalmente, notaremos la primera aparición de la
figura del bobo, llamado en portugués ^parvor».
La Bubena es comedia novelesca de pura invención,
lo cual explica su tosquedad y desaliño, bien perdona-
bles en época tan infantil del arte. D. Duardos y AmOr
dis de Gaula son tragicomedias fundadas en libros de
caballerías, y, por tanto, ofrecen un conjunto más re-
gular y agradable. La ficción novelesca estaba más
adelantada que la teatral, y ésta tenía que dar sus pri-
meros pasos como con andadores, ó asida á las faldas
de la primera. Así lo comprendió Juan del Enzina,
buscando en las novelas sentimentales del corte de la
Cárcel de Amor inspiración para sus últimas églogas.
Gil Vicente, cuyo feentido poético era tan superior, en-
tendió que en los libros de caballerías, más gustados
Gxcviii líricos gastellakos
en Portugal que en ninguna parte, había una brava
mina que explotar, y se internó por ella, abriendo este
sendero, como otros varios, al teatro español definitivo,
al teatro de Lope, y aun pudiéramos decir al de Calde-
rón, que todavía trató algunos temas caballerescos como
brillantes libretos de ópera. Los libros de que se valió
Gil Vicente para estas dos piezas, compuestas totalmen-
te en castellano, fueron el Amadis de Oaulay el prime-'
ro y más excelente de todos los de su género, el padre
y dogmatizador de toda la andante caballería (libro
nacido según la opinión más probable en Portugal,
pero que ya no se conocía allí más que en la refundi-
ción castellana del regidor de Medina del Campo Gar-
ci Ordóñez de Montalvo) y el Primaleón, así común-
mente llamado, aunque su primitivo titulo fuese Libro
segundo de Palmerin, que trata de los grandes fechos de
Primaleón y Polendos sus fijos : y asst mismo de los de
don DuardoSy principe de ynglaterra (1524), obra de
autor desconocido, pero que en el siglo xví se atribuía,
lo mismo que el Palmerin de Oliva, á una dama de
Ciudad Rodrigo (la señora Augustobrigá), tradición ya
consignada por Francisco Delicado en la magnífica y
correcta edición que del Primaleón publicó en Venecia
en 1534 : da que lo compuso era mujer, y filando al Cor-
no, se pensaba cosas fermosas que decía á la postre,»
En pocas cosas se advierte tanto el genio dramático
de Gil Vicente como en no haberse perdido en la en-
marañada selva de aventuras que contienen estos li-
bros, ni haber caído en la tentación de dialogar una
tras otra sus escenas. Se atuvo con sobriedad á una
sola situación interesante, que en el Amadis de Oau-
la son los amores de uriana, y especialmente el epi-
PRÓLOGO GXGIX
«
sodio de la penitencia de Beltenebrós en la Peña Po-
bre; y en el Don Duardos los amores del protago-
nista con la infanta Flérida, hija del Emperador de
Constantinopla. Dramatizó, pues, algunos incidentes
novelescos, pero no escribió la comedia á manera de
novela. De fábulas tan embrolladas acertó á sacar un
cuadro escénico, sencillo é interesante, prescindiendo
de la desaforada máquina de gigantes, vestiglos y en-
driagos, de. la monótona repetición de mandobles, ta-
jos y reveses, desafios y pasos de armas; insistiendo
en la parte humana y especialmente en aquella pasión
que es el alma del teatro; y dando á veces muy viva y
delicada expresión á los afectos y á las cuitas amoro-
sas del doncel de la mar y de Don Duardos, en puli-
das y gentiles coplas de pie quebrado; v. gr. : estas
que canta el principe de Inglaterra disfrazado de hor-
telano :
¡Oh palacio consagrado,
Pues que tienes en tu mano
Tal tesoro,
Debieras de ser labrado
De otro metal más ufano
Que no el oro!
Hubieron de ser rubines,
Esmeraldas muy polidas
Tus ventanas,
Pues que pueblan serafines
Tus entradas y salidas
Soberanas.
Yo adoro, diosa mía,
Mas que á los dioses sagrados
La tu alteza,
Que eres dios de mi alegría, ^
Criador de mis cuidados
Y tristeza. ^
GG LIRIGOS GASTBLLANOS
A ti adoro, causadora
De este vil oficio triste
Que escogí.
A ti adoro, mi señora,
Qae mi ánima quisiste
Para ti.
Por los ojos piadosos
Que te vi n' este lugar,
Tan sentidos,
Claríficos y lumbrosos,
Dos soles para cegar
^ Los nacidos ;
Que alumbres mi corazón,
¡Oh Flérida, diosa mía,
De tal suerte
Que mires la devoción
Con que vengo en romería
Por la muerte!
Tú duermes, yo me desvelo,
Y también está dormida
Mi esperanza :
Yo solo, señora, velo
Sin Dios, sin alma, sin vida,
Y sin mudanza.
Si el consuelo viene á mí,
Como á mortal engmigo
Le requiero :
Consuelo, vete de ahí.
No pierdas tiempo conmigo.
No te quiero.
••••• ••••••.f. ....•••.,
¡Oh floresta de dolores,
Arboles dulces, floridos,
Inmortales,
Secárades vuestras flores,
Si tuviérades sentidos
Humanales!
Que partiéndose de aquí
Quien hace tan soberana
PBOLOOO GGI
Mi tristura.
Vos, de mao cilla de mí,
Estaviérades maüana
Sin verdura.
Pues acuérdesete, Amor,
Que recuerdes mi seliora
Que se acuerde.
Que DO duerme mi dolQr,
Ni soledad sola un hora
Se me pierde.
Amor, Amor, más te pido;
Que cuando ya bien despierta
La verás,
Que le digas al oído:
«¡Señora, la vuestra huerta!»
¡Y no más!
Porque, Amor, yo quiero ver,
Pues que Dios eres llamado
Celestial,
Si tu divinal poder
Hará subir en brocado
Este sayal;
Que para ser tú loado,
^ A milagros te esperamos;
Que lo igual
Ya sin ti se está acabado,
Y por lo imposible andamos,
Noporál...
Toda esta tragicomedia es un delicioso idilio; pero co-
mo si al fin de ella hubiese querido Gil Vicente dar
una muestra de lo más exquisito de su poesía lírica,
hizo cantar al coro un romance incomparable, como no
se hallará otro compuesto por trovador ó poeta de can-
cionero : tan próximo está á la inspiración popular, y
de tal modo la remeda, que se confunde con ella:
En el mes era de Abril,
De Mayo antes un día,
CGII LÍRICOS CASTELLANOS
Cuando los lirios y rosas
Muestran más su alegría.
En la noche más serena
Que el cielo hacer podía,
Cuando la hermosa Infanta
Flérida ya se pai tía:
En la huerta de su padre
Á los árboles decía:
— Quedaos á Dios, mis flores,
Mi gloria que ser solía;
Voy me á tierras extranjeras,
Pues ventura allá me guía.
Si mi padre me buscare.
Que grande bien me quería,
Digan que el Amor me lleva.
Que no fue la culpa mía:
Tal tema tomó conmigo,
Que me venció su porña:
Triste, no sé á dó vo,
Ni nadie me lo decía.
Allí hablara don Duardos:
— No lloréis, mi alegría;
Que en los reinos de Inglaterra
Más claras aguas había,
Y más hermosos jardines,
Y vuestros, señora mía.
Teméis trescientas doncellas
De alta genealogía:
De plata son los palacios
Para vuestra señoría,
De esmeraldas y jacintos.
De oro fino de Turquía,
Con letreros esmaltados
Que cuentan la vida mía,
Cuentan los vivos dolores
Que me distes aquel día
Cuando con Primalfión
Fuertemente combatía:
Señora, vos me matastes,
PRÓLOGO GGIir
1
Que yo á él no lo temía. —
Sus lágrimas consolaba
Flérida, que aquesto oía;
Fuéroase á las galeras
Que don Duardos tenía.
Cincuenta 6ran por cuenta.
Todas van en compañía:
Al son de sus dulces remos
La Princesa se adormía
En brazos de don Duardos,
Que bien le pertenecía.
Sepan cuantos son nacidos
Aquesta sentencia mía:
«Que contra muerte y amor
Nadie no tiene valía» (1).
Otra vena dramática abrió Gril Vicente, que en el
teatro español, especialmente en el de Lope, había de
ser caudalosísima. íju Comedia sobre la divisa de la
ciudad de Goimbra (1527), es el primero, aunque rudí-
simo ensayo, de aquellas leyendas locales, heráldicas
y genealógicas, que de las historias de pueblos pasaron
al teatro. No es de aplaudir el absurdo embrolló que
inventó Gil Vicente para explicar los símbolos de la
Princesa, del León, de la Serpiente y el Cáliz que
aquella ciudad tiene por armas, y las tradiciones de su
río, y otras antigüedades; pero ha de tenerse en cuen -
ta lo que históricamente signiñca este conato de drama
arqueológico, no ensayado hasta entonces en ninguna
parte de Europa.
(1) La versión portuguesa de este romance que trae Almei-
da-Garrett, suponiéndola copiada de los manuscritos del caballe-
ro Oliveira, no ha existido nunca, como tampoco esos fantásti-
cos manuscritos. Es el mismo rom.ance castellano traducido li-
bremente, ó más bien arreglado, por Garrett.
GCIV LiaiGOS CASTELLANOS
Comedias novelescas son, aunque con matices varios,
las que hasta ahora llevamos citadas. Pero Gil Vicen-
te cultivó además la comedia de costumbres, y aun pu-
diéramos decir que aspiró á la comedia de carácter.
Debe advertirse, ante todo, que lo cómico se manifies-
ta en su teatro de dos diversas maneras. Está como di-
f^so por todas sus composiciones sagradas y profanas,
penetra en to^as sus alegorías, hace resonar sus casca-
beles en las situaciones más solemnes, y otras veces se
insinúa con blanda ironía, mucho más eficaz que la
carcajada estrepitosa. Entran en él por partes iguales
el humor satírico y lo cómico de imaginación, elevado
á veces hasta el humorismo romántico. Esta es quizá la
forma más elevada de su original talento, la categoría
superior^ de su arte. Pero posee tambiéú lo cómico de
observación, y le manifiesta de un modo concreto en sus
farsas, escritas comúnmente en portugués, y algunas
de las cuales, bajo el aspecto técnico, son lo mejor de
sus obras. Estas piezas, de breve y sencillísima com~
posición, no tenían precedente alguno (á no ser que
quiera contarse por tal la comedia francesa del Avocat
Pathelih), y no tuvieron quien las superase hasta que
Lope de Rueda compuso sus pasos sabrosísimos. En
ésta, como en tantas otras cosas, Gil Vicente tuvo que
ser maestro de sí mismo y sacarlo todo de su propio
fondo, ó más bien del asombroso poder que tenía para
ver la realidad con ojos libres de telarañas. Estas far-
sas no son propiamente comedias, sino cuadros de cos-
tumbres dialogados: algo parecido á lo que son los en-
tremeses de Cervantes, los saínetes de D. Eamón de la
Cruz, y otras joyas del antiguo género chico. Una sola
situación cómica, uno ó dos personajes grotescos, bastan
PRÓLOGO . GCV
para el cuadro de Gil Vicente. Sólo en O Velho da horta
y en la Farsa de Inés Perdra hay verdadera acción : en
las restantes el nudo es flojísimo. Pero ¡qué tesoro de
lenguaje popular! ¡qué animación picaresca! ¡cuánta es-
pontaneidad y cuánta fuerza de sentido común! ¡qué ga-
lería de figuras risibles!, si bien el poeta abusa dema-
siadamente de los tipos, ya convencionales y monóto-
nos, de frailes escandalosos, de clérigos amancebados,
y de celestinas con puntas y collares de hechicería./ El
amaneramiento es esdoUo de que rara vez se salva el
poeta dramático, por lo mismo que es en él muy fuerte
la tentación de repetir lo que mejor sabe hacer y lo que
más se le ha aplaudido. Ni Moliere se libró de ello con
sus médicos y sus maridos pacientes, ni Moratin con
sus viejos y sus niñas. ¿Qué de particular tiene que no
alcanzase á evitarlo Gil Vicente, escribiendo en época
tan ruda, en que el más sencillo perfil cómico implica-
ba un esfuerzo de creación tan, arduo, acaso, como las
invenciones más complejas de los poetas de las edades
cultas? Aun así es admirable el número de tipos que
esbozó, y que presentan como en compendio la sociedad
portuguesa del gran siglo, tomada por su aspecto me-
nos heroico. El galancete enamorado ridículo, asiduo
lector de cancioneros manuscritos, que tañe la viola á
las puertas de su dama, con acompañamiento de todos
los gatos y perros de la vecindad (1): la infiel esposa
sobresaltada por la inesperada aparición del marido
que torna de la India, mientras ella trae al retortero á
(1) Fhrga de <quem iemf árelos* y representada en los Palacios
de la Bibera, ante el rey B. Manuel (1505): uno de los criados
habla en castellano.
GGVI líricos GAST£LLAN0S
f
\
dos galanes, ano en casa y otro en la calle (1); el labra-
dor viejo y tentado de la risa, perseguidor de las don-
cellas que vienen á su huerta (2); el judio casamente*
ro (3); los negros (4) y las gitanas (5); el juez de Beira,
juzgador á lo Sancho Panza (6); el hinchado hidalgo de
poca renta, que mata de hambre á sus servidores, em-
peñándose en tener capellán y orífice propio y gran
número de pajes (7); el físico pedante, maestre Enri-
que, precursor de los médicos de Moliere (8)... Para
(1) Auto da IndiOf representado á la reina doña Leonor
(1519): hay un castellano que habla en su lengua.
(2) O Velho da Horta (1512). Ko hay en castellano m&s que
un cantarcíllo:
¿Ouál es )a niña
Que co|;e lajs flores, -
Si no tiene amores?
Oofi[ía la niña
La rosa florida,
El hortelanico
Prendas le pedia,
Si nó tiene amores.
(3) Interviene en la Farqa de Inés Pereira, donde sólo el er-
mitaño habla en castellano.
(4) En la Far^a do Clérigo da Beiray representada k don
Juan III en Almeirin (1526) se remeda con gracia la jerga de
los negros de Guinea traídos como esclavos & Portugal.
(5) Far^a das Óiganos, representada en Évora (1521). Toda
ella en la jerigonza castellana que hablaban los gitanos, pero
sin mezcla de caló. Es el primer documento de nuestra litera-
tura que se refiere exclusivamente á ellos.
(6) Farga do Juiz de Beira, representada en Almeirin (1525).
ün zapatero habla en castellano.
(7) Farga dos Almocreves (de • los arrieros), representada en
Goimbra (1526).
(8) Farga dos Físicos. No se expresan el año ni el lugar de la
representación. És una de las piezas méis libres y más franca-
mente inmorales de Gil Vicente, pero no de las menos ingenio*
sas. Si algo hay en su teatro que recuerde el cinismo de la Man-
dragora de Maquiavelo es, sin duda, este auto. La mayor parte
PRÓLOGO GGVII
encontrar caricaturas semejantes hay qae llegar hasta
El Lazarillo de TormeSj ó más bien ni unas ni otras
de él está, en castellano, lengua que hablan los tres principales
interlocutores : el clérigo enamorado, el padre confesor de ancha
manga que le absuelve, y &\ físico ó médico. Ksta farsa, que bien
merece su nombre, termina cantándose á voces una ensalada
tan: estrambótica como el argumento. Todo ello parece una bu-
fonada de Carnaval, y puede damos idea de lo que eran los
Juegos de escarnio.
Aunque caliñcada de comedia^ tiene mucha relación con las
farsas la Floresta de engaños^ última obra de Gil Vicente, repr&-
sentada en Évora en 1536, sino que es una farsa implejpOf pues-
to que combina dos ó tres en una, á la verdad con poco arte.
Es pieza bilingüe, predominando el castellano. Los chascos de
que son víctimas un logrero y xta juez prevaricador alternan
confasamente con una intriga amatoria y mitológica, y con los
diálogos episódicos de un filósofo y su criado, el bobo ó parvOr
que aparecen sujetos á una> misma cadena.
Por el contrario, aunque se califican de farsas el Auto da
Fama (1510) y el Auto da Lusitania (1532), son realmente pieza»
alegórioas de circunstancias. La segunda termina con esta bella
cantigas
Yanse mis amores, madre,
Luengas tierras van morar,
Y no los puedo olvidar. .
¿Quién me los hará tornar,
Quién me los hará tornar?
Yo Bofíara, madre, uu suefíO)
Que me dio n' el corazón.
Que se iban los mis amores
A las islas de la mar,
Y no los puedo olvidar.
¿Quién me los hará tornar,
Quién me los hará tomar?
Yo soñara, madre, un sueflo.
Que me dio n' el corazón.
Que se iban los mis amores
A las tierras de Aragón:
Allá se van á morar,
Y no loa puedo olvidar.
¿Quién me los hará tornar,
Quién me los hará tornar?
El Auto das Fadas^ que ya hemos tenido ocasión de citar, no>
es un cuadro de costumbres, sino una representación cómico-
fantástica.
La Romagem de Aggravados (1533), que figura indebidamente'
CGVilI LÍRICOS CASTULLANOS
son caricaturas, sino trasuntos fidelísimos de la vida
peninsular» interpretada por artistas de genio.
El lenguaje eñ la parte castellana (que aquí es la
menor) adolece de muchos lusitanismos, que no pueden
pasar por arcaísmos, y de verdaderas infracciones gra-
maticales. Pero el portugués es tal como no lia vuelto
á escribirse después ni para el teatro ni fuera dé él: ri-
quísimo, pintoresco, expresivo, matizado de proloquios,
«aturado de gravedad zumbona, de picante ironía, de
maliciosa sencillez. Si nuestros hermanos no han vuel-
to á acertar con el verdadero estilo cómico; sí en nues-
tro siglo, por ejemplo, no han tenido un Bretón, y se
han dado á remedar pobremente los sofísticos proble-
mas de la alta comedia francesa, tan exótica en Lisboa
como aquí, la principal causa está en el olvido en que
han dejado caer la herencia de gloria que les legó Gril
Vicente., el tesoro inagotable de sus castizos donai-
res, del cual todavía algunas reliquias quedaron en los
autos de Antonio Prestes y Antonio Ribeiro Chiado ,
6n las óperas del infortunado judío Antonio José da
Silva, y aun en la insolente y desgarradaprosa de los
folletos políticos del P. José Agustín de Macedo.
Hay entre las farsas de Q-il Vicente una que no sin
fundamento puede reivindicar el título de comedia, ó,
á lo menos, el de profferhio dramático. Hízóla nuestro
poeta como en son de desafío á los detractores de las
obras de su ingenio, á los que llegaban hasta negarle
-entre las tragicomediaSj faé isalifícada por su autor de sátira,
pero sin duda fué impresa entre las piezas de oiroonstancias
por haber sido escrita para festejar el nacimiento del Infante
don Felipe.
PRÓLOGO GCIX
la paternidad de ellas, y la hizo sobre ua refrán que
ellos mismos le dieron: «más qaiero asno que me lleve
que caballo que me derribe». Así nació la Farsa de
Inés Pereira, representada ante don Juan III, en el con-
vento de Thomar, el año 1523. Nunca mostró Gil Vi-
cente más habilidad técnica; nunca tocó tan finamente
los caracteres; nunca movió con tanta gracia los títeres
de su pequeño escenario como en aquel faceto enredOy
cuya situación final es de la mayor fuerza comida, aun-
que más en el género de los cuentos de Boccacio que
en el de las célebres parábolas matrimoniales de Sha-
kespeare y de n.etcher ( Taming of the Shrew, Bule a
wife and have a wife), puesto que aquí es .el segundo
marido el gobernado y domado hasta el punto de servir
oomo asnal cabalgadura á su mujer cuando va en ro^
meria á ver al ermitaño.
Aunque sea cierto que Gil Vicente en esta farsa y
en alguna otra se acercó más que en el resto de sus
poemas escénicos al tipo de comedia que los preceptis-
tas clásicos llamaban menatidrina^ no lo es menos que
guardó las más brillantes galas de su poesía para aquel
género de tragicomedias alegóricas de grande espec-
táculo con que ennobleció las fiestas palaciegas de dos
reinados sucesivos, haciendo oficio, no de adulador ni
de truhán, sino de entusiasmado espectador de las
grandezas de su pueblo y de la magnífica expansión
de la vida portuguesa del Henacimiento, en la cuál,
sin embargo, no dejaban de apuntar síntomas de deca-
dencia, que él fué de los primeros en advertir y denun-
ciar con libre espíritu y con aquel género de adivina -
don profética, que es don rara vez negado á los poe-
tas excelsos. Hasta qué punto ardía la llama patriótica
Tomo VII, 14
GGX líricos castellanos
en> el viril espíritu de Gil Vicente lo muestra la Ex»
hortagao da guerra (1), donde la poesía corre como un
surco de niego, para levantar el espíritu de' los con-
quistadores de Azamor (1513). Gil Vicente tenia en su
lira todas las cuerdas del alma portuguesa, pero sobre
los rasgos del gallego melancólico y soledoso predomi-
nan en su acentuada fisonomía los del duro lusitano,
del extremeño seco y cetrino, raza de los Alburquer-
ques y Pizarros, que tan fieramente estampó su huella
en las pagodas indostánicas y en los templos de los hi-
jos del Sol.
Es notable, además, la Exhoriagao da guerra por el
extraño brío y novedad de la parte fantástica. A la
manera que el doctor Fausto evocó de entre los muer-
tos á la bella Elena, símbolo de la hermosura clásica,
el clérigo nigromante que Gil Vicente pone en escena,
con acompañamiento de dos espíritus diabólicos que
tiene por familiares, hace que se levanten, obedeciendo
á sus conjuros, Aquiles y Polixena, Héctor y la Beina
Pantasilea y otras sombras clásicas, que al volver á la
luz y mezclarse entre los vivos reaparecen bañadas en
una atmósfera de paganismo romántico.
(1) Hállanse en esta pieza unos versos, no ya imitados, sino
literfJmente tradnoidos, de Gómez Manrique en las coplas so-
bre el mal gobierno de Toledo :
Quando Boma á todas velas
Conquistava toda a térra.
Todas donas e donzellas
Daváo snas joias bellas
Pera manter os da gnerra...
Es una de tantas pruebas como pneden alegarse de lo fami-
liares que eran ¿ Gil Vicente las obras de los trovadores caste-
llanos de su tiempo ó poco anteriores á él. El Templo ttApoílo
empieza con una imitación de los Disparates de Juan del En-
zina.
PRÓLOGO GGXI
Sin llegar á este grado de fuerza poética y tauma-
túrgica, valen mucho por lo ingenioso de las alegorías
y de las invenciones, la Fragoa d'amor (1525), puesta
én escena en los desposorios del Eey D. Juan UI y
dé la Beina Doña Catalina; el Templo de Apolo^ escri-
to con ocasión de la partida de la Emperatriz Doña
Isabel para Castilla (1 526); la Nao alamores, que sir-
vió para festejar la entrada de Doña Catalina en Lis-
boa (1527); y el auto de las Cortes de Júpiter ^ célebre
más que ningún otro por la pompa con que fué repre*.
sentado en las fiestas del casamiento de la Infanta
Doña Beatriz, duquesa de Saboya (1519), y por la no-
velesca interpretación que en nuestros días le dio Al-
meida-Garrett enlazándole con la leyenda de los amo-
res ^e Bemaldim, Eibeiro, y edificando sobre esta base
su drama Un auto de Gil Vicente^ primera obra del
gusto romántico que apareció en la escena portuguesa
(1838) (1). La Fragua es una de las rarísimas piezas
en que Gil Vicente tiene imitaciones directas de algún
poeta clásico. Venus aparece buscando á su hijo el
Amor, y se queja de su pérdida en términos análogos
á los del primer idilio de Mosco, atribuido por algunos
á Teócrito.
Pero ni á Teócrito, ni á Mosco, ni á ninguno de los
maestros del culto idilio alejandrino ó siciliano, ni á
Virgilio su imitador, debe Gil Vicente su propio y en-
(1) Interviene el viejo dramatargo en otras oÜras de poetas
portugueses modernos. Julio de Gastilho (hijo de Antonio Feli-
ciano) fanda en el auto de Evortaqao da guerra su poesia Gil
Vicente (O Ermiterio, 1876). — La representación de la Far^a de
Inez Pereira sirve de máquina en un poema dramático de Teófilo
Braga, Auto por desa/fronta ( Torrentes^ 1869;.
GGXII LIRICOi CASTELLANOS
cantador bucolismo, que ya apunta en sdgono de los
autos sagrados, y que luego más libremente se mani-
fiesta en la Tragicomedia pastoril da Serra da Estrella
(1527) y en los dos bellísimos Triunfos, del Invierno y
del Verano. Es evidente que también en esta parte tuvo
por precursor á Juan del Enzina, pero dejándole á tal
distancia que apenas se advierte el remedo. La égloga
en Juan del Enzina es muy realista y algo prosaica:
en Gil Vicente es lírica, es un impetuoso ditirambo, un
himno á las fuerzas vivas de la naturaleza prolífica y
serena, eterna desposada que resurge al tibio aliento
de cada primavera, vencedora de las brumas y de los
hielos del Inviei^no. En vano hace éste ostentación y
alarde de su poderío en valientes versos :
Sepan todos abarrisco
Que yo soy Juan de la Greña,
Estragador de la lena,
Y sembrador del pedrisco...
Ojeador de las cigüeñas.
Destierro de golondrinas,
Voz de las aguas marinas.
Agravio de viejas dueñas,
Dios de los fríos vapores
Y señor de los nublados,
Peligro de los ganados,
Tormento de los pastores...
Aunque veáis mi figura
Como de salvaje bruto.
Yo cubro el aire de luto,
Y las sierras de blancura.
Quito las sombras graciosas
Debajo de los castaños,
Y bago á los ermitaños
Encovar como raposas.
Hago mustios los perales,
PRÓLOGO GGXIII
Los bosques frescos, medoños^
Hago alegres los madroños '
Y llorosos los rosales.
Hago sonar las campanas
Muy lejos con mis primores,
Y callar los ruiseñores,
Y los grillos y' las ranas.
Hago á buenos y é ruines
Cerrar ventanas y puertas,
Y hago llorar las huertas
La muerte de los jardines.
Las viñas hago marchitas
Y los arroyos riberas;
Hago lagunas las eras
Y cisternas las ermitas...
Afuera, afuera, calores,
Y locuras del verano,
Y traiga el viento solano
Otros misterios mayores...
, Yo quiero sobre la mar
Demostrar mi poderío :
Pues la tierra gusta el frío.
Tormentas quiero ordenar.
Haré cantar las sirenas,
Y peligrar á las naves,
Y haré gritar á las aves
Y volar á las arenas...
No debía de faltar aparato de máquinas y decoracio-
nes cuando estas alegorías se representaban en los sa-
raos de palacio. Q-il Vicente llega á poner en escena el
espectáculo de la mar en tormenta, las naos que vuel-
ven de la India, y la fantástica aparición de las Sire-
nas (i), que cantan en castellano las glorias de la na-
vegación portuguesa :
(1) La alegoría náutica había sido empleada ya en festejos
portugueses, no sabemos si dramáticos ó enteramente mudos,
CCXIY LÍRICOS CASTELLANOS
Recuérdate, Portugal,
Cuánto Dios te tiene honrado;
Dióte las tierras del sol
Por comercio á tu mandado;
Los jardines de la tierra
Tienes bien señQreado,
Los pomares de Oriente
Te dan su fruto preciado;'
> Sus paraísos terrenales
Cerraste con tu candado.
Loa al que te dio la llave
De lo mejor que ha criado;
Todas las islas ignotas
A ti solo ha revelado... ^ ,
Pero el Triunfo del Invierno sólo sirve para prepa-
rar el espléndido trianfo del Verano, que pone su tá-
lamo nupcial en la sierra de Cintra :
«Del rosal vengo, mi madre, ,
Vengo del rósale.»
Afuera, afuera üublados,
Neblinas y ventisqueros,
Reverdeen los oteros,
Los valles, priscos y prados :
Sea el frío reventado,
Salgan los frescos vapores.
Píntese el campo de flores,
Alégrese lo sembrado.
antes de Gil Vicente. Buy de Pina, en la Crónica de D, Juan II
{Inéditos da Academia Portugueza^ pág. 126 de la C. de D. J. II)
describe un momo que se representó ante aquel monarca, en que
figuraba «una gran flota de grandes navios, metidos en paños
>pintados de brasras y naturales ondas de mar, con grande es-
>truendo de artillería que jugaba, y trompetas y atabales y mi-
>nistriles que tañían, con desvariados gritos y alborotos de pi-
>tos de fingidos maestres, pilotos y mareantes, vestidos de bro-
>cados y sedas, de verdaderos y ricos trajes alemanes.»
PRÓLOGO GGXV
«A riberas de aquel vado
Viera estar, rosal granado,
Vengo del rósale.»
Vuélvase la hermosura
A cada cosa ea su grado;
A las ñores su blancura,
A la tierra su verdura
Que el bravo tiempo ha robado.
] Bendito el triunfo mío,
Que da claridad al cielo!...
< A riberas de aquel río
Viera estar rosal florido:
Vengo del rósale.»
El Dios de los amadores
Me dio su poder y llaves,
Que mande cantar las aves
Los salmos de sus iamores...
«Viera estar rosal florido,
Cogí rosas con suspiro.
Vengo del rosal,
Del rosal vengo, mi madre,
Vengo del rósale.»
La Sierra de Cintra viene,
Que estaba triste del frío,
A gozar del triunfo mío
Que á su gracia conviene.
Es la Sierra más hermosa
Que yo siento en esta vida;
'Es como dama polida.
Brava, dul'ce y graciosa,
Namorada, cng^randescida.
Bosque de casas reales.
Marinera y pescadora.
Montera y gran cazaídora,
Reina de los aiiimales.
Muy esquiva y alterosa,
Balisa de navegantes,
Sierra que á sus caminantes
No cansa ninguna cosa,
GCXVI LÍRICOS CASTELLANOS
I
Refrigerio en los calores,
De saludades minero,.
La señora ¿ quien más quierp
Y con quien ando de amores. . .
Asi á los ojos de este gran poeta hasta la geografía
se anima, y cobran habla los montes familiares y sa-
grados de la tierra patria.
Con el rótulo de obras menudas, y como última sec-
ción de las poesías de Gil Vicente, se incluyen alguna»
composiciones sueltas que; en general, no pasan de
medianas. Todas ellas pertenecen á la escuela del Can-
cionero de Resende, y están escritas en los metros del
siglo XV, sin mezcla alguna del gusto italiano. Gil Vi-
cente permaneció extraño á las innovaciones de Sá de
Miranda, introductor del endecasílabo en Portugal^
aunque no las combatió directamente, como hizo Cris-
tóbal de Castillejo con las de Boscán y Garcilaso. En-
tre las poesías portuguesas merecen la preferencia, §n
lo sagrado, la paráfrasis del Salmo 50, hecha con mu-
cha gravedad y unción; y en lo profano y jocoso, el
Pranto y el Testamento de María Parda, vieja. bebedo-
ra de Lisboa. Esta composición, que está dialogada en
parte, llegó á ser tan popular como las mejores farsas
dramáticas, con las cuales se confunde por su tono y .
estilo. Hay también dos romances históricos, uno á la
muerte del Rey D. Manuel, y otro á la aclamación de
D. Juan m.
De las composiciones castellanas, la más extensa es
un Sermón en octavas de arte mayor, predicado en
Abran tes al Bey D. Manuel en la noche del nacimien-
to del Infante D. Luis, año de 1 500. No á todos pare-
ció bien que predicase un hombre lego, por lo cual el
PRÓLOGO GGYVII
autor, antes de entrar en materia, anuncia que no va á
meterse en honduras teológicas; y realmente se limita
á una exhortación moral con puntas de sátira. Las tro-
vas á Felipe Quülén merecen recordarse por la rúhrica
que las precede, y que da curiosas noticias dé aquel
extraño personaje, boticario, arbitrista y astrólogo^
cuyo nombre suena, aunque con poca gloria, en la his-
toria científica del siglo xvi (1).
Pero ya hemos dicho que el verdadero lirismo de
Gil Vicente está en sus obras dramáticas, y este es el
aspecto que principalmente hemos hecho resaltar en
(1) <EL año de 1519 (dice Gil Vicente) vino á esta corte de
> Portugal un Felipe Guillen, castellano, que se dice que había
«sido 'botioario en el Puerto de Santa María: el cual era gran
• lógico y naay elocuente y de muy buena plática, por lo cual
'muchas personas sabidoras gastaban de oírle. Tenía algo de
'matemático: dijo al Bey que le quería dar el arte Cde navegar)
>de Este á Oeste, que había inventado. Para demostración de
»este arte hizo muchos instrumentos, entre ellos un a^trolabio
ypara tomar el sol & toda hora. Explicó éste arte en presencia
'de Francisco de Mello, que era el mejor matemático que en<-
'tonces había en el reino; y de otros muchos que para esto se
'juntaron por mandado de Su Alteza. Todos aprobaron el arte
*por buena: hizole el Rey por esto merced de cien mil reales de
'pensión y el hábito y corretaje de la casa de la India, que
• valía mucho. En este tiempo mandó S. A. llamar al Algar-
've á un Simón Fernández, gran matemático y astrólogo: y asi
>que el castellano habló con él, vio que le entendía y que con-
'vencía de falsedad sus argumentos, por lo cual quiso huir para
«Castilla: descubrióse á un Juan Rodríguez, portugués, que se
>lo fué á decir al Rey, y le mandaron prender en Aldea Qalle-
*ga, estando ya montado en un caballo de posta. Siendo preso,
'como era gran trovador, le mandó Gil Vicente estas trovas. >
Las trovas son una zumba sangrienta contra el asendereado
astrónomo,
» , Que sin ver astrolomía
El toma el sol por el rabo
En cualquier hora del día...
GGXVIH LÍRICOS CASTELLANOS
ellas. Eníxe los ingenios que en las postrimerías de la
Edad Media y en los albores del Renacimiento rejuve-
necieron la exangüe poesía cortesana con el filtro ge-
neroso de la canción popular, Gil Vicente es, sin dispu-
ta, el mayor de todos. Este mérito, á falta de tantos
otros, bastaría para hacer glorioso é imperecedero su
nombre.
Pero su labor dramática de treinta y cuatro años
significa mucho más : es la historia entera del teatro
de su país, que sin gran hipérbole puede decirse que
nació y murió con él. Es cierto que siguieron compo-
niéndose autos portugueses y bilingües, interesantes
todos para la historia del lenguaje y de las costumbres:
graciosos algunos y dignos hoy mismo de leerse, aun-
que sólo sea por vía de pasatiempo. Pero aun los me-
jores, los que en algo recuerdan la manera del maestro,
los de Antonio Prestes, los del poeta Chiado, los del
mismo Luis de Camoens, á. quien no llamaba Dios por
este camino, sólo sirve» para echar de menos á Gil Vi-
cente, y para convencerse de que en su línea fué único.
Otros quisieron imitar la comedia del Renacimiento
italiano, trasunto á su vez del teatro latino. 8á de Mi-
randa j Antonio Ferreira, egregios líricos, doctos hu-
manistas, fracasaron en este intento: sus comedias, ro-
deadas de justa veneración como textos clásicos de la
lengua portuguesa en su mejor tiempo, son frías y aca-
démicas:- no deleitan ni interesan á nadie. Algo más
valen, y más utilidad tienen como documentos para la
historia de aquella sociedad, las de Jorge Ferreira de
Vasconcellos, que combinó la imitación de los italianos
con la de la Celestina. La Castro de Antonio Ferreira, el
primero que dignamente emuló entre los modernos la
PRÓLOGO GGXIX:
fuerza patética de Eurípides, se levanta en el campo de
la tragedia como nn mármol clásico, bello y solitario.
Vino después la tragicomedia latina de colegio, y vino la
irrupción triunfante del teatro castellano, y por dos si-
glos continuó desierta la escena portuguesa ó entrega-
da á la ínfima farsa. Sólo las carcajadas histéricas del
pobre judío Antonio da Silva resonaron, aunque por
uu momento, en medio de aquella lobreguez. Los eru-
ditos del siglo xviii volvieron á hacer comedias y tra-
gedias según los patrones clásicos, que ahora no venían
de Italia, sino de Francia, pero el pueblo les volvió la
' espalda, y á falta de teatro nacional siguió atenida al
nuestro, único que se oía con aplauso, y único que se
leía en la plebeya forma de los pliegos de cordel. El
movimiento romántico produjo una creación artificial,
aunque de gran precio: el breve, pero exquisito teatro,
de Almeida Garrett. Un drama tan vecino á la per-
fección como Fr, Luis de Sousa, basta para honrar á
un poeta y á una literatura; pero tales prodigios no se
repiten cuando falta la indispensable colaboración del
público en la obra del artista dramático. Fr. Luis de
Soma quedó tan solitario como la Castro. Garrett mu-
rió sin posteridad literaria, como Gil Vicente. Lo que
vino después de aquél apenas merece citarse: es de
^yei*! y y^ ^stá más olvidado que las farsas del si-
glo XVI.
La legítima descendencia de Gil Vicente quedó en
Castilla, donde acaso llegó á representarse alguna de
sus obras, y donde se hicieron muy pronto imitaciones
de ellas, como la Tragicomedia alegórica del Paraíso y
del Infierno y la Victoria Ghristi. Pero continuando la
evolución del teatro español, y sobre todo después de
•
Gcxx líricos castellanos
alcanzada y fijada por Lope su forma definitiva, Gil Vi-
cente, cuya dramaturgia parecía ya obscura y anticuada,
fué tan olvidado como todos los demás precursores, per-
judicándole además su condición de escritor bilingüe,
errante entre dos literaturas, á ninguna de las cuales
pertenece por entero. Digamos más bien que pertenece
á la grande y universal literatura hispánica, dentro de
la cual son meros accidentes las divisiones políticas y
aun las diferencias dialectales. No colocándose en este
punto de vista, es imposible entender á autores como
Gil Vicente, cuya obra protestará eternamente contra
el separatismo de una critica infecunda.
Hemos hablado extensamente del poeta, y poco 6
nada hemos dicho del hombre, porque en realidad ape-
nas puede decirse nada con certeza : tal es la penuria
dé datos; pero afortunadamente nos quedan sus obras,
y en ellas de seguro lo mejor de m espíritu. Su misma
condición social es un enigma. Fué músico y poeta, y
á un tiempo autor y actor en, sus piezas, según resulta
de unos elegantes versos latinos de su contemporánea
Andrés Resende (1). Pero se engañaría mudho quien
le tuviese por histrión de oficio ó por un chocarrero
(1) Cunctorum hinc acta est Coraoedia plausu,
Quam Lusitana Gillo auctor et actor in aula,
Egerat ante, dicax atque inter vera facetus :
Gillo jocis levibus doctus prestringere mores;
Qui si non liugua componeret omnia vulgi,
Sed potius latia, non Graecia docta Menandrum
Ante suum ferret : nec tam Romana theatra,
Plautinasve sales, lepidi vel scripta Terenti,
Jactarent: tanto nam Gillo praeiret utrisque,
Quanto illi, reliquos inter, q-ui pulpita rore
Oblita Coryceo aigito meruere faventem.
La comedia á que Besende alude es la Tragicomedia de Lusi-
tania, que fué repetida en Bruselas, en 1532, en casa del Emba-
jador portugués D. Pedro de Mascarenhas.
PRÓLOGO GGXXl
vulgar. Nunca representó más que en los saraos de pa-
lacio, ni hizo autos más que para los Beyes, de cuya
casa era criado, y cuya protección no le faltó en nin-
gún tiempo de su vida, aunque es cierto que no le sacó
de pobre. Por eso decía en 1523 :
E um Qil... um Gil... ijim Gil...
Hum que nao tem nem ceitil,
Que faz os altos á El Reí...
Y servía para algo más que para hacer autos. Cuan-
do en 1531 un violento terremoto, que se sintió en va-
rias partes del Beino, exaltó y perturbó los ánimos
hasta el punto de mirarle muchos como providencial
castigo de la tolerancia que se tenía con los judíos y
con los conversos, llegando á predicarse en los pul-
pitos el exterminio de aquella raza infeliz, Gil Vicen-
te, que se hallaba en Santarem, reunió á los frailes
en el claustro de San Francisco y les hizo una discre-
ta y caritativa plática, explicando por razones natura-
les el terremoto, y exhortándoles á que se opusiesen
á la desvariada opinión del vulgo, y restableciesen la
paz entre judíos y cristianos, y entre cristianos vie-
jos y nuevos. Sus razones fueron tan eficaces, y de tal
modo le secundaron aquellos religiosos, que á los po-
cos días cesó toda ocasión de tumulto, volviendo á sus
casas los cristianos nuevos que andaban fugitivos y lle-
nos de terror. Todo esto consta en una carta de Gil
Vicente al rey D. Juan III, inserta en la colección de
sus obras ( 1 ), y á la vez que honra el carácter del poe-
ta, prueba el respeto y la autoridad de que gozaba en-
tre sus contemporáneos.
(1) Tomo III, pág9. 385 á 389 de la edición de Hamburgo.
GGXXII LÍRICOS CASTELLANOS
Sabemos el nombre de sa mujer, Blanca Becerra (1)^
y el de dos hijos suyos, Luis y Paula Vicente. Uno y
otro cuidaron de la edición postuma de las obras de su
padre, hecha en 1562, y ellos son los únicos cuyos
nombres figuran en los preliminares del libro i Paula,,
á cuyo favor está dado el Privilegio, y Luis, que sus-
cribe la dedicatoria al rey D. Sebastián Es muy dudo-
sa la existencia de un tercer hijo llamado Gil, de quien
Manuel de Faria y Sousa (indigesto y crédulo compi-
lador de todo género de rumores y patrañas) refiere
que su padre, celoso del talento poético que empezaba
á mostrar, le envió á morir desterrado á la India. Tan
odiosa anécdota, sin más apoyo que el de Paria, puede
rechazarse desde luego. '
A Paula se la llama en el privilegio de D. Sebas-
tián ^amoga da cámara da muito minha amada e prezia»
da tiay>. Esta tía era la Infanta Doña María, hija del
rey D. Manuel, princesa cultísima que tuvo en torno
suyo una academia dé mujeres sabias, entre las cuales
descollaba nuestra toledana Luisa Sigea. De Paula
Vicente (á quien en otro documento se califica de tañe-
dora) ^ se dice que compuso comedias, y es tradición,
no muy segura, que ayudaba á su padre en la compo-
sición de sus obras, por lo cual el P. Antonio dos Beis
en su Enthusiasmus Poéticas la compara con Pola Ar-
gentaría, la mujer de Lucano, que corrigió y publica
la Farsalia de su mando :
(1) Est& enterrada en el monasterio de San Francisco de
Évora, con este epitafio que dicen ser de nuestro poeta : .
Aqui iaz a mni prudente
SeDhora Branca Becerra,
Mulher de Gil Vicente,
Feita térra.
PRÓLOGO GGXXIII
... Paula parentem
Oegidium sociat dudc cclso in vértice montis,
Quem juvisse ferunt, sicut olim Pola maritum
Scribentern juvit Lucanum...
Ignórase caándo murió Gil Vicente, perp no debió
de ser mucho después de 1536, puesto que de este año
es su última composición dramática. Dejó, preparada
la colección de sus obras, y escrita la dedicatoria al
rey D. Juan III, que le había mandado imprimirla;
pero, como queda dicho, la edición se retrasó hasta 1561^
y fué el infeliz D. Sebastián quien recibió las primi-
cias de ella.
Esta primera edición es uno de los libros más raros
del mundo. La segunda, de 1587, que tampoco abunda,
está mutilada por el Santo Oficio. El texto primitivo y
auténtico de Gil Vicente no ha sido reproducido hasta
nuestro siglo, gracias al patriótico. celo de dos caballe-
ros portugueses, Barrete Feio y Gomes Monteiro, qué
le imprimieron en Hamburgo, en 1834, valiéndose del
ejemplar de la Biblioteca de la Universidad de Goet-
tingen, que ya había servido á Bouterweck para el
primer estudio formal que se hizo sobre el poeta (1).
(1) Copüaq-am de todalaa obras de Gil Vicente, a qual te re
parte em cinco libros. O primeiro he de todas suas obras de de-
vaqam. O segundo as Comedias. O terceiro as Tragicomedias. O
quarto as Fardas. No quinto as obras meudas (Lisboa), na impren-
sa de Joáo Alvares^ 1562. Fol. Letra gótica, á exeepclón de los
argumentos, qne yan impresos con letra romana. Tiene algnno»
grabados en madera. Fol. gót. 4 hs. prls. y 2^2 foliadas.
— Copilagam.., Vam enmendados )}olo Santo O/^o, como se
manda no Cathalogo deste Regno, Foy impresso en a muy nobre
et sempre leal cidade de Lisboa^ por Andrés Lobato. Ánno .de
M.D.LXXXVJ. Foy visto polos Deputados da Santa Inqvisigam.,.
4.° Cada una de las oiiatro partes principales del libro tie>
GGXXIV líricos CASTELLANOS
Palta una edición crítica de Gil Vicente : falta fijar
en texto, interpretar sus alusiones, hacer su gramática
y su vocabulario, estudiar su métrica. Fuera del Ar-
ne distinto frontis grabado, y á cada una de las piezas áx&mk'
ticas precede un grabadito.
— Obras de Gil Vicente^ correctas e enmendadas pelo cuidado
€ diligencia de I. V, Barreta Feto e J. G, Monteiro, Hamburgo,
Langhoff, 1834, 3 tomos 4.°
E^ta edición empieza ya á escasear, y Salva dice, no sé con
qué fundamento, que gran parte de ella pereció en un incendio.
Todos los ejemplares que he visto presentan, en efecto, man-
abas que parecen q^uemaduras, pero bien examinadas se ye que
proceden sólo de la mala calidad del papel.
Hay otra reimpresión posterior, económica y poco apreciada,
que forma parte de la serie titulada Classicos Portuguez^s. En
ella se suplió, con presencia de otro ejemplar de la 1.* edición,
una hoja que falta en el ejemplar de Goettíngen, y, por tanto,
en la reproducción de Hamburgo.
' Bólh de Faber zeinrprimió, muy infielmente, según su cos-
tumbre, ocho de las piezas castellanas de Gil Vicente en ^
Teatro Español anterior á Lope de Vega (1832j.
Fuera de la primera edición y de todas las posteriores queda
un Auto que con razón ó sin ella se publicó á nombre de Gil
Vicente en ediciones sueltas. La que hemos visto lleva -este
titulo :
<.Avto da Dómela da Torre chamado do Fídalgo Portuguez...
Auto Jeito por Gil Vicente, da Torre , no qual se representa que
4indando hü Fídalgo perdido num deserto achou hüa Donzella fe-
chada numa torre, a qual tirou có hüa corda que tomou á um Pos-
ior, e deipois vem hum Castelhano, que a tinha fechada, e foy a
poz o Fídalgo, e ficou o Castelhano vencido. Em Lisóoa, por An-
tonio Aluarez. Anno 1662, 4.°, 8 hojas.
Todos los personajes hablan en castellano, menOs el fídalgo,
que habla en portugués.
EL mismo Antonio Alvarez reimprimió, con notables varian-
[ tes y adiciones, que todavía no han sido estudiadas, Varias
\ obras dramáticas de Gil Vicente, tales como la Barca Primeira
ó Auto de Moralidade, el Juiz da Beira (1648), el Don Duardos
(1647). Todas estas ediciones populares existen en la biblioteca
que fué de D. Pascual de Gayangos. En la misma forma fué reim-
PRÓLOGO GCXXV
<3Ípre9te de Hita, con quien tantas analogías de espíri-
tu, ya que no de forma, tiene, potjos autores de nues-
tra antigua literatura son de tan difícil acceso : pocos
reclaman y merecen tanto coiaentario gramatical é his-
tórico. Mientras no esté hecho, cuantos juicios se for-
mulen sobre este genial poeta serán tan vagos y super-
£cialesj como lo son, dicho sea sin ofensa de nadie, to-
dos los publicados hasta ahora dentro y fuera de Por-
tugal, entre los cuales, por supuesto; incluyo este'de-
:ficientisimo ensayo mío, que no es más que una impre-
43Íón de lector aficionado y atento, pero en quien pre-
domina, yo lo confieso, el düettantismo estético. ¡Ojalá
que esa edición nos la dé pronto quien puede y debe
hacerla : quiero decir, el hada benéfica que Alemania
envió á Oporto para ilustrar gloriosamente las letras
peninsulares!
ptéso el Pranto de María Parda, porque vio as Rúas de Lisboa
com tam poneos ramos ñas tabernas, e o vinho tam caro (164B).
Estas' ediciones continuaron hasta el siglo pasado, puesto
■que todavia hay una del Don Duardos de 1720. (Lisboa Occiden-
tal, na o/Jtcina de Bernardo da Costa Corvalho.) Y probahlemen-
te se derivan de antiguos pliegos sueltos góticos, cuyo texto
«ra: diverso del que imprimieron los hijos del poeta. En el Don
Duardos hay un prólogo muy curioso que falta en la edición
del56^:
cComo quiera (Excelente Principe, y Rey muy poderoso) que
>las comedias, .farsas y moralidades que he compuesto en áer-
^vicio de la Reina vuestra tia, quanto en caso de amores, fue-
>ron figuras baxas en las quales no habia conveniente rhetó-
irica que pudiesse satisfazer al delicado espirito de Vuestra
• Alteza, conocí que me óumplia meter más velas á mi pobre
•fasta. Y assi con deseo de ganar su contentamiento hallé lo
*>que en extremo deseaba, que faé Don Duardos y Fléridüf que
>sun tan altas figuras como su historia recuenta con tan dnloe
«Bhetórica y escogido estilo cuanto se puede alcanzar en la
>htimana inteligencia... >
Tomo VU. 15
IV
Coincidió con la triunfante difusión de la poesía cas-
tellana en Portugal un movimiento análogo, aunque
menos intenso, en aquella parte de la corona de Ara-
gón cuya lengua nativa era la catalana, es decir, en
Cataluña misma, en Valencia y en Mallorca. Pudiera
creerse á primera vista que la unión de estos reinos con
el de Castilla debió de hacer más activa allí la propa-
ganda de nuestra lengua y literatura, puesto que tanta
lo era en el reino occidental de la Península, no sÓlo
independiente, sino inveterado enemigo de los caste-
llanos y leoneses. Pero precisamente sucedió lo contra-
rio, debiendo atribuirse este fenómeno á la diferencia
mucho más profunda que media/ entre el habla catalana
y la castellana que entre la castellana y la portuguesa^
lo cual hacia mucho más difícil el uso promiscuo de
ambas; y á la circunstancia de haber poseído Cataluña en
la Edad Media una literatura mucho más adulta y varia-
da que la de Portugal, siendo precisamente el siglo xv
el de su apogeo, á lo menos en el campo de la poesía,
puesto que el de la prosa más bien corresponde al xiv,
en que florecieron sus principales cronistas, Desclot y
Muntaner, y sus grandes escritores enciclopédicos, Ba-
\
. . PRÓLOGO CCXXVII
mÓQ Lull y Eximenis. Pero á la centuria siguiente per-
tenecen el principal monumento de la prosa novelesca
(Tirant loBlanch); el mayor poeta lírico, Ansias March,
superior al Petrarca en profundidad de sentimiento
aunque no en la forma, que es muchas veces árida y
escolástica; el mayor satírico, Jaime Roig, cuyo Llibre
de les dones puede considerarse como eslabón interme •
dio entre el Arcipreste de Hita y la novela picaresca;
y el iniciador resuelto del gusto clásico, y precursor
inmediato de Boscán, Mosén E.uiz de Corella.
Claro es que una literatura tan robusta no podía ce-
der de un golpe á ninguna invasión extraña, si bien,
comenzaban á notarse en ella síntomas de decadencia.
El movimiento poético, que nunca fué muy grande en
la antigua Barcelona, y que' siempre arrastró allí la vida
artificial de los certámenes, había cesado casi del todo
á fines del siglo xv, sin que dejasen de contribuir á
ello las largas turbulencias civiles del reinado de Don
Juan II, y la decadencia social y mercantil de la ciu-
dad, que notaron viajeros contemporáneos, entre ellos
Alonso de Palencia. El movimiento poético se había
concentrado en Valencia, que era la Atenas de la coro-
na de Aragón. Valencianos son todos los poetas dignos
de mayor renombre en esa centuria.
Pero precisamente Valencia estaba mucho más abier-
ta que Barcelona á la influencia del castellano, que
penetraba por las tres fronteras de Aragón, de Cuenca
y de Murcia, invadiendo las vegas del Segura y del
Júcar (1). Además, antiguos lazos históricos, nuncaolvi-
(í) Ha de tenerse en cuenta^ también, que aunque en el
reino de Valencia predominó el elemento catalán, y por tanto
- J ' J-.I
J ^ ^ ■
CCXXVIII LÍRICOS CASTELLANOS
dados del todo, establecían cierto género de fraternidad
entre los castellanos y los hijos de la alegre ciudad que
se gloriaba de haber sido reconquistada por el Cid an- \
tes de serlo por D. Jaime. Los vínculos con Cataluña
no eran tan estrechos como pudiera creerse por la co-
munidad de raza y de lengua, y en los últimos tiempos
se habían aflojado no poco, á causa de ser Valencia rei-
no aparte y regido por diversas instituciones. Pero más
que todas estas causas influyó una puramente fonéti-
ca. El catalán sonaba en aquellas risueñas playas de
un modo muy diverso que en las ásperas gargantas pi-
renaicas, y los labios que le modulaban podían sin gran:
de esfuerzo adaptarse á la emisión de los sonidos caste-
llanos. Valencia estaba predestinada para ser bilingüe,
y lo fué muy pronto, y con mucha gloría suya-y de la
patria común. No abandonó la lengua nativa, pero cul-
tivó amorosamente la castellana, y durante todo el si-
glo de oro fué uno de los centros más activos de la li-
teratura nacional, compartiendo las glorias de Sala-
manca y de Sevilla. Sus poetas líricos rivalizaron con
los mejores: sus poetas dramáticos, más bien que dis-
cípulos de Lope, fueron colaboradores en su obra, y
acaso precursores suyos.
Ya á principios del siglo xvi era muy cultivada la
poesía castellana en Valencia. Basta abrir la primera
la lengaa, no faeron pocos ni de pequeña consideración los lugares
poblados por aragoneses, y en ellos siempre se ha hablado el
castellano: asi Aspe, Elda, Monforte y Callosa de Segura (en
la actual provincia de Alicante), Cheste, Chive y Bnñol (en la
de Valencia), Segorbe, Albocacer y Lucena (en la de Caste-
llón). Prescindimos de Orihuela y Yillena, que aunque perte-
necen hoy al reino de Valencia, geográficamente y por otras
razones corresponden más bien al de Murcia.
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PRÓLOGO GGXXIX
edición del Cancionero General, hecha en aquella ciu-:
dad en J511, para cerciorarse de ello. El primer inge-
nio cuyos versos aparecen allí es un valenciano, Mossén
Juan Tallante, de quien hay diez y seis composiciones^
todas de índole religiosa, siendo las más extensas una
Obra en loor de las XX Excellencias de Nuestra Señora,
en coplas de arte mayor, muy semejantes en el estilo á ,
las del cartujano Juan de Padilla; y otra Sobre la li-
bertad de Nuestra Señora del pecado original, también
en dodecasílabos, pero combinados en un nuevo género
de estancias de doce versos, que no deja de tener am-
plitud y solemnidad. Pero lo mejor de Tallante son los
versos cortos, especialmente el bello y sentido romance
de la Pasión:
Ed los más altos confínes
D' aquel acerbo madero...
y esta invocación mirando á un crucifijo, la cual agra-
da por su misma sencillez y ausencia de arte: '
¡Inmenso Dios perdurable,
Qu' el mundo todo criaste
Verdadero,
Y con amor entrañable
Por nosotros expiraste
En el madero!
Pues te plugo tal passión
Por nuestras culpas sofrir
¡O Agnus Dei!
Llévanos do está el ladrón
Que salvaste por decir
Memento mei!
Otros versos suyos al triunfo de la Cruz son notables
porque contienen la misma leyenda que sirvió de base
á Calderón para su grandioso drama simbólico La Si-
GCXXX LÍRICOS CASTELLANOS
hila del Oriente. La lengua en Mosén Tallante no es
enteramente pura; pero más bien que catalanismos ó
valencianismos (aunque hay algunos como vincle, can-
gre), lo que se nota en él son latinismos' y neologis-
mos pedantescos, y aun á veces bastante impropiedad
y torpeza de expresión.
El Conde de Oliva, mecenas del colector Hernando
del Castillo, sigue las huellas de Mosén Tallante, en
unas coplas de arte mayor sobre el Ecce homo, dispues-
tas también en estancias de á diez versos, pero con la
novedad de ser pareados los ñnales: disposición que
encontramos también en un Loor de San Eloy, com-
puesto por Nicolás Núñez, el continuador de la Cárcel
de Amor, que, si no era valenciano, por lo menos resi-
día en Valencia (1). Hay también del Conde tres can-
ciones amorosas, una ficción alegórica en forma de diá-
logo con un ermitaño, dos respuestas á otras tantas
preguntas de los trovadores Quirós y Mossen Crespi de
Yalldaura, y otros juguetes de poca monta. Llamóse
este personaje D. Seraphin de Centelles (f 1536), y
aunque hubo otros poetas ea su familia, parece, por el
tiempo en que floreció, que á éste ha de referirse el
elogio de Gil Polo en el Canto del Turia:
Parécemo que veo un exceleate
Conde, que el claro nombre de su oliva
Hará que eatre la extraña y patria gente,
Mientras que mundo habrá, florezcay viva:
Su hermoso ^erso irá resplandeciente
Con la perfecta lumbre, que deriva
Del encendido ardor de sus Centellasy
Que en luz competirán con las estrellas.
(1) Véase lo que hemos dicho de él en el tomo anterior.
PROLOGO CCXXXI
Entre sus contemporáueos tuvo mucho crédito, asi
de armas como de letras. Según refiere Juan Bautista
Agnesio (1), se le llamaba entre los magnates de su
tiempo «el conde letrado» (comes Htteratus), Militó en
la guerra del Rosellón y en la resistencia contra los
tumultos de la Germania; y á sus campañas alude Ni-
colás de Espinosa^ continuador del Orlando (canto 5.**):
Su brazo contra Salses diamantino
Con gran valor y fuerzas señalaba.
Fué generoso protector de los ingenios de ^u tiem-
po, si bien no se mostró muy espléndido con el cordo-
bés Luis de Narvaez, que en desagravio escribió su
libro de las valencianas lamentaciones. En cambio, el
«xcelente versificador latino D. Jaime Juan Falcó, le
dedicó un bello epitafio (2).
Mejor poeta que Tallante y Oliva fué el comendador
Escrivá, de quien en el tomo anterior dimos larga no-
ticia. Omitió su nombre Gil Polo en el Canto del Tu'
ria, acaso por considerarle catalán; pero se acordó con
mucho encarecimiento de Mossén Grespi de Valldaura,
(1) En sa Apologia in d^ensionem virorum illustrium equea-
iriunt; bonorumque civium Valentinorum in civilem Valentmi po"
puli sediHonem, quam vulgo tgermaniam* olim appellarunt. (Va-
lencia, 1543, fol. 18.) Estas y otras noticias de D. Serafín cons-
tan en las notas de Cerdjb y Bico al Cunto del Tkria de Oril
Polo.
(2) Ks el ep. 37 del libro I de sus obras:
Ilunc tamulum quicamaue videt, vestigia sistat,
íncliuetque suam terque quaterque caput.
Purpureas postbec violas et lilia f undat,
S^rgat odoriferas et super o»sa rosas.
Scilicet hac parara tegitur Seraphinus in urna,
Quae quamvis auro sardonicisque caret,
Non foret aethereis pretiosior urna sub astris.
Si tegeret mores marmor, ut ossa tegit.
CCXXXlí LÍBICOS CASTELLANOS
otro de los Togenios del Cancionero, diciendo de él gojm
la hipérbole propia de tales panegíricos poéticos^
Que el verso sabirl á !a excelsa cima,
Y ha de igualar al amador de Laura.
Ko justifican tales predicciones los insignificante»
versos sayos que nos conservó Castillo, y son en gene-
ral preguntas y glosas. Sólo merece citarse, porque
realmente es mny linda, esta esparsa, «coñortando una
»dama, que estaba muy triste, porque un galán que la
» servia se era casado:
Las aguas terribles y nieblas escuras
Muy presto se vuelven en muy claros días;
Las guerras crueles é malas venturas
Por tiempos se mudan en paz y alegría:
El ave que mata la garza en el cielo,
A su seno vemos muy mansa volver:
Pues, dama discreta, vivid sin recelo;
Que presto veréis tornar el placer.
Aunque escribiendo casi siempre en castellano, cono-
cia y apreciaba Mossén Crespí á los poetas de su len-
gua nativa, como lo prueba el hecho de haber glosado-
una canción de Mossén Jordi de Sent Jordi (]).
Descendía este D. Luis de la nobilísima familia de
su apellido, á quien pertenecía el señorío de Sumacár-
cer y Alcudia en la ribera del Júcar. En 1502 era ca»
(1) Imitó también poesías castellanas de su tiempo, como el
preoioso villanoioo de Juan del Enzina» <í Montesina era la gar-
za». La trova de Crespi de Valldaura, que es muy inferior, co-
mienza asi:
Tan subida va )a garza
Y tan alta en desamarj
¡Quién la pudie&se olvidar!
PRÓLOGO GCXXXIII
tedrático de Cánones en la Universidad de Valencia, j
fué electo rector en 1506.
Figuran también como poetas castellanos el comen-
dador D. Luis de Castellví, D. Francisco Castellví, Don
Francisco FenoUete, D. Francés Carroz, Mosén Jeróni-
mo Artes, Mosén Cabanillas y un D. Alonso de Cardo-
na, de cuya ilustre prosapia catalana no puede dudar-
se. Algunos de estos trovadores manejan con bastante
soltura la castiza forma del romance, y aun D. Alonsa
de Cardona se atrevió á acabar á su manera, esto es,,
en el gusto cortesano y sentimental, uno que califica
áe viejo:
Triste estaba el caballero,
Triste está sia alegría...
En el mismo género tiene otro, enteramente de sa
composición, más afectuoso y menos alambicado de lo*
que suelen ser estos romances alegórico-amatorios, qu&
tan en boga estuvieron en tiempo de los Reyes Ca*
tólicos:
Con mucha desesperanza,
Que es mi cierta compañía,
Iba por un valle escuro
Donde nunca amánesela...
Del comendador Castellví tenemos otro muy seme-
jante:
Caminando sin placer
Un día, casi nublado.
El pesar iba conmigo
Que me tiene acompasado...
Por los campos de Tristura
Hacia el monte del Cuidado;
Que allá tengo mi morada
Y allá vivo aposentado.
CGXxxiv líricos castellanos
Nada más diñcil qne caracterizar á estos poetas,
tanto por el pequeño número de mnestras que de cada
uno poseemos, como por lo amanerado y monótono de
la escuela á que todos ellos pertenecen. D. Alonso de
Cardona (1) maneja con soltura el discreteo galante,
por ejemplo :
Mi alma de mí está ausente,
Mis nuevas no las sé yo,
Que después que me dcxó,
Allá está con vos presente;
Vos veres lo que ella siente.
Lo mejor que tiene en este género es una glosa á
cierta canción que hizo Jerónimo Vich en loor de la
Condesa de Concentaina. Á veces extrema la hipérbole
amorosa, comparando, por ejemplo, el desconsuelo en
que le dejó la partida de su dama
Con aquel propio dolor
Qae tienen los condenados
En no ver su Hacedor.
Aunque calificados por Amador de los Ríos de ara-
goneses D. Francés Carros Pardo y Mosén Jerónimo
de Artes, no encuentro sus nombres en la Biblioteca
de Latassa, y todos los indicios me mueven á tenerlos
por valencianos.
La principal composición de D. Francés es una vi-
sión del género dantesco, qne puede titularse Consuelo
de amor, en la cual «ñnge que, paseándose por des-
» cansar de sus trabajos, halló gran número de perso-
(1) De otro Cardona (D. Juan) hay unas coplas en loor de
doña Isabel, doña Brianda y doña Ana Mazas (núin. 927 del Can-
cionero),
PROLOGO GGICXKV
»nas de estado, en los gestos de las quales conosció al-
iteración grande que denotaba en las entrañas ser
» cruelmente heridos; y deseoso de saber lo que no sa-
»bia, comenzóles de hablar en esta llanera, y ellos le
» respondieron de la forma que aquí parescefá», y de
la cual hago gracia al lector, que estará tan empalaga-
do como yo de semejantes visiones, que sólo el incan-
sable Amador era capaz de compendiar y exponer en
su atildado estilo.
Glosó D. Francés una canción de Juan Rodríguez
del Padrón, y escribió lindos versos á una dama con
él motivo que en esta rúbrica se expresa : «Estando en
)>uná sala delante de una señora, arrimado á un paño
»de ras, mirándole la señora, y conosciendo en su
»rostro que debiera estar apasionado, le dixo : «¿Soys
»vos la pintura del paño, ó soys vos el que yo veo?»
>>E1, con una sonrisa, disimuló la respuesta; entonces
«ella, sabiendo que había servido á una muy hermosa
»dama, le dixo : «Decidme, ¿puédese bien amar más
»dei primer amor?» A la cual respondió que no, si ella
^>era la primera, y porque ella línostró enojarse de la
^respuesta, él haze esta obra» (núm. 910 del Cancio-
nero). Una sola composición tiene en octavas de arte
mayor, por cierto bien construidas :
El túrbido cielo de Dubes gravoso
Se baz8 muy claro, sereno, estrellado;
Soa hechas las iras de mortal desgrado,
Segura amistad y'paz con reposo :
El árbol sin hojas floresce hermoso,
Los campos desiertos las gentes poblaron,
Las cosas caídas en alto se alzaron,
Mis cuitas por siempre me tienen quexoso.
En el mismo metro, pero con la nueva combinación
GCXXXVI LÍRICOS CASTELLANOS
de estancias de diez versos (que pudiéramos llamar
valenciana, puesto que no la he visto usada antes de
estos poetas), está compuesto otro poema alegórico-dan-
tesco de Jerónimo de Artes intitulado Gracia Dei.
Perdido el poeta por obscuro valle, se encuentra con
siete bestias ferocísimas, que eran los siete pecados
capitales, de cuyas embestidas le libra un mancebo en
hábito blanco. Lo que hay de trivial en este artificio
está compensado en parte con el mérito del estilo y de
la versificación, que son vigorosos y entonados.
Un cierto Trillas, de quien nada más que el nombre
sabemos, se asoció á Mosén Ct-espi de'Valldaura, para
llorar con poco numen la muerte de la Beina Católica
en unas enfadosas sextinas, las primeras castellanas
que he visto en esta ingrata combinación que de los
provenzales pasó al Petrarca. Los seis finales se repi-
ten en cada estrofa, pero los versos no son de once,
sino de doce sílabas, como todos los metros largos del
Cancionero de 1511.
w
De D. Francisco Fenollete ó Fenollet (seguramente
deudo del traductor catalán de Quinto Curcio) y del
jurado de Valencia Mossén Narcis Vinyoles, más co-
nocido por su traducción de la célebre compilación his-
torial de Fray Felipe de Bérgamo, Supplementum
Ghronicorum (1510), hay algunas glosas, canciones y
preguntas. Mosén Vinyoles hizo también versos italia-
nos (1), y como trovador en su nativa lengua intervi-
no en el famoso Procés de les Olives, dejando también
(1) De las tres poesías suyas que hay en el famoso certamen
de Les obres e trotes, les quats tracten de tahon de la Saeratift-
sima Verge Marta (1474), primer libro impreso en Valencia y en
España, una de ellas está en toscano.
PRÓLOGO CGXXXVIl
poesías de más grave y honesto argumento, como las
CoUes en lahor de la gloriosa sancia Catalina de Sena,
pnblicadas con la vida de la Santa que escribió Miguel
Peres (1494). Mereció de Gil Polo esta mención en el
Canto del Tarta:
Y al granNarcís Vínoles, que pregona
Su gran valor con levantada rima,
Texed de verde lauro una corona... (1)
Mejor la hubiera merecido Mossén Bernai'do Peno-
llar, á quien el mismo Gil Polo compara nada menos
que con Virgilio, y de quien sin disputa puede afir-
marse que fué el mejor poeta valenciano de su tiempo,
eclesiastich
molt graciós y jnolt fantastich
y molt sabut,
y entre la gent molt conegut
per excellent,
^ de molt gentil enteniment
y sÍD guiar,
Mossen Bernat de FenoUar...
como escribió de él su amigo GazuU. Nada importan
(1) Qlosó Narciso Vínoles una canción que en todo el si-
g'o XYi tuvo mucha fama, y que todavía alcanzó la honra de
fSer imitada por Baltasar de Alcázar :
No soy mío, ¿cuyo fó?
Tuyo soy, señora, tuyo,
Y si no tuyo, di cuyo,
Señora, puedo ser yo;
¿Tu merced á quien me dio?
(Núm. 928 del Cartcion^ro.)
Las redondillas del donoso poeta sevillano comienzan asi:
Ksclavo soy, pero cúj'o
Eso no lo diré yo;
Que cuyo soy me mandó
Que no diga que soy suyo.
Gcxxxviii líricos castellanos.
sos versos castellanos (que se redacen á una canción y
á dos preguntas), pero no es indiferente saber que los
hizo. Sa verdadera gloria consiste en los que escribió
en su dialecto natal, ya de materia piadosa, como el
diálogo sobre la Pasión que compuso con Pedro Mar-
tínez (1), poema casi dramático, y. que tiene algunos
pasajes de gran fuerza patética, dignos de ser compa-:
rados con los mejores del auto castellano de Lucas
Fernández sobre el mismo argumento; ya de profanos
y aun picarescos asuntos, como el ya citado pleito 6
Procés de les olives, cuyo tema es si son más á propó-
sito para el matrimonio los j[ó venes ó los viejos. Uno-
de los que terciaron en esta contienda fué el ingenio-
sísimo Jaime Gazull, á quien debemos Lo Sompni de
Joan Joan, que es lo más agudo y chistoso del libro^
y la Brama deis llauradors del Orta de Valencia contra
Mossén Fenollar, porque les reprendía algunos voca-
blos como impropios 6 menos puros (2). Gracias á estos
amenos poetas, cuyo donaire se perdió las más veces
en cosas fútiles, persistió durante todo el siglo xvi la
(1) Histoire de la Pasaió de nos f re Senyor Deu Jesuchristr
ab algunes altres piadoses contemplación», segons lo Boangeliste
Sant Joan (Valencift, por Jayme de Vila, 1493). Al fin va otro
poemita piadoso intitalado Coniemplació á Jesú» Cnicijicat, feta
per Mosaen Joan Bscriváf mestre racional, é per Mossen Fenollar,
(2) Reunió estas tres obrillas Onofre Almiidóvar en un to-
mito publicado en 1561. La primera edición del Procés es de
1497. Tuvo varias imitaciones, tales como el Procés de vindes y
doncelles. La sátira de Gaspar Guerau contra los catedráticos-
de la Universidad de Valencia, en el metro de Boig^, impropia
mente llamado codotada, es de 1586. Este poeta llevó la admira-
ción, por su modelo, hasta el punto de traducir en verso latino
el Llibre de les dones.
PIIÓLOGQ CCXXXIX .
tradición de la festiva musa de Jaime E,oig, siendo
quizá Gaspar Gueran de Montma'jor el último de sus
imitadores, cada vez más casteflfanizados.
Es de notar que tanto Fenollar como Gazull y otro»
poetas bilingües, jamás hacen uso del verso de once
silabas en sus composiciones castellanas, aunque estu-
viesen tan habituados á emple;irle en su propia lengua;
y esto no' sólo en la poesía elevada, donde era casi ex-
clusivo; sino hasta en la familiar y festiva, puesto que
vemos, por ejemplo, que en Lo Sompni de Joan Joan
se interpolan con las coplas de pie quebrado estancia»
de diez endecasílabos con el obligado acento y pausa
en cuarta sílaba, conforme al uso de la métrica catala-
na. Cualquiera de estos píoetas hubiera podido dar el
paso que dio Boscán, y, sin embargo, ninguno de eUo»
lo intentó; y es que, cuando escribían en castelkno,
procedían como imitadores tímidos, procurando no
desviarse en nada de la pauta de sus modelos. Asi
Gazull glosa una copla amatoria de Jorge Manrique ;
No sé por qué me fatigo,
Pues con razón me Tencí,
No siendo nadie conmigo
Y vos y yo contra mí...
Y sigue el pésimo ejemplo de Garci-Sánchez de Ba-
dajoz, aplicando el salmo De profundis á sus pasiones
de amor.
En un poemita del bachiller Ximénez (que si no
era valenciano, no debía de vivir muy lejos de Va-
lencia), titulado Purgatorio de amor (núm. 964 del
Cancionero), se enumeran, entre los leales amadores,
algunos de los poetas citados hasta aquí, y otros no-
GGXL LÍRICOS CASTELLANOS
bles señores de aquel reino, ^qae probablemente l<o fue-
ron también, aunque no hemos visto coplas suyas : ta-
les son el Conde de Concentayna, el de Albaida, Don
Eodrigo de Borja, D. Rodrigo Corella, D. Miguel de
Vilanova, D. Juan y D. Pedro Buyl, D. Luis de Cala-
tayud, D. Ramón Carroz. Todos estos apellidos, que
^on de los más ilustres de Valencia, prueban el carác-
ter esencialmente aristocrático que tuvo allí, como en
Portugal, la imitación de los trovadores castellanos*
Foco y centro de esta rezagada escuela trovadoresca,
que conservó sus prácticas hasta muy entrado y aun
mediado el siglo xvi, fué la corte de los Duques de Ca-
labria, retratada tan al vivo en El Cortesano de Luis
Milán, que, como poeta y como músico, fué uno de los
principales ornamentos de ella, juntamente con su
émulo Juan Fernández de Heredia. Este figura ya en
el Cancionero de 1511; pero sus obras más importantes
y la colección de todas ellas pertenecen á tiempos muy
posteriores, para los cuales reservamos el análisis de
este curioso grupo artístico y social.
Hemos dicho que en Barcelona fué menos activa
que en Valencia la propaganda de la poesía castella-
na. Sin embargo, ya en el Cancionero de Slúñiga, cuyo
contenido pertenece casi por completo al reinado de
Alfonso V, hay .versos castellanos de trovadores cata-
lanes, como Mosén Juan Bibelles, y el famoso detrac-
tor délas mujeres Pedro Torrellas (1). No son de poeta
catalán, como creyó su editor, sino aragonés, las nota-
(1) Véase el prólogo del tomo V de .esta Antología (pági-
nas 285 á 288;.
PHÓLOGO GCXLI
hlea estancias de arte mayor (!) con que en 1472 el
-cronista del principe D. Fernando exhortaba á la ren-
(1) Este poema de 225 versos fué pablicado y doctamente
ilustrado por A. Morel-Fatio, en la Romanía, Abril de 1888, con
-el titulo de Souhaif» de bienvenue addressés a FercUnand le Ca-
iholique par un poeta barcelonais, en 1478. B^ctifícó la fecha y
ocasión del poema, y también la patria del autor, S. Sampere
y Miguel en la Revista de Ciencias históricas de Barcelona
(IV, 188 y siguientes).
Ya Morel-Fatio, en el delicado análisis lingüístico que hiiso
de la pieza, habia notado que' la mayor parte de los catalanis-
mos que contiene pueden ser también formas del castellano
dialectal de Aragón. Seria inverosímil, además, que un escritor
barcelonés, y más en aquella hora en qne predicaba la concor-
dia, hubiese prorrumpido contra su ciudad natal en una serie
de invectivas, que recuerdan las más vehementes de Ezequiel y
«otros profetas de la Ley Antigua :
¿Pues qué diré yo de ti, Barcelona,
Giudat más perdida de cuantas lo sop?
Sino que trocaste tu noble corona
Por otra muy negra de gran confusión;
Cruel, deshonesta, que por tus maldades
Ficiste peccado de gran adulterio,
Seguiendo pasiones de tus voluntades,
Buscando franquezas de más libertadas,
Tú mesma ganaste mayor cautiverio.
La dueña casada, muy rica, potente.
Dont>sa, graciosa, de mucho valer.
Que ser namorada de alguno consiente,
La llaman la sucia, la mala mujer;
Dexando su casa, después de salida,
La ponen de dentro del sucio borde!,
^ Jío muchos rufianes, gastando su vida,
La facen con pena vivir dolorida
Y darle dineros en son del broquer.
Mas no le proveclia, que mil bufetadas
Y palos y coces le dan por los ojos.
También otras veces asaz sofrenadas.
Azotes y colpes con otros enojos.
Sus incomparables, terribles dolores,
Su mucha fortuna, su poca ganancia
Le causan que busque diez rail amadores
Y andar la modorra, buscando señores
De Portogaleses, Castilla, de Francia...
Hállase tan desaforada composición en el manuscrito 305 del
fondo español de la Biblioteca Nacional de París.
Tomo vn. 16
€GXLII LÍBICOS CASTELLANOS
dición á la ciudad de Barcelona, después de la san—
grienta y porñada guerra civil de los diez años, for-
mulando en noble estilo una especie de programa de
política monárquica :
Con armas en guerra, en paz con las leyes
Se quieren .los reynos, Señor, conservar.
Mas ¡guay de la tierra do todos son reyes,
Do todos presumen regir e mandar!
Un Dios en el cielo, un Rey en la tierra
Se debo por todas las gentes temer.
Quien esto no teme, comete gran yerra;
Por cuanto do tanta malicia se encierra
No pueden los reynos. Señor, florescer.
Pero al tiempo de los Beyes Católicos pertenece xm
poeta indisputablen^ente catalán, y por añadidura ca-
talán del Bosellón, que escribió en nuestra lengua la
mayor parte de su Cancionero, y es el más digno de-
ser citado antes de Boscán. Llamóse Pedro Moner : su
libro es de los más raros de la poesía española. Las-
noticias biográficas del autor constan en una carta, á^
modo de dedicatoria, escrita por Miguel Berenguer de*
Barutell, primo hermano del autor ya difunto en 1529,
á D. Hernando Eolch, duque de Cardona.
«Las obras de Moner, primo hermano que fué mío,
como yo mejor las he podido haber á mis manos, he
acordado, muy ilustre Señor, de poner por orden y en-
mendallas y hacer que se imprimiesen. Hame movido-
á esto la obligación de deudo que con él tuve. D&
quienquiera hubiera lástima que se perdieran, cuanto-
más de un pariente tan cercano, que la honra de un
ingenio que en la vida tanto ñoreció no era razón que
en la muerte donde había de crecer se perdiese... El
PRÓLOGO GCXLIII
en todas sas cosas vivió ganando honra, y asi es razón
qne agora después de muerto no se la quitemos siendo
tau suya...
»Nacido en tiempo que enemigos tenían cercado el
' castillo de Perpiñán y su padre dentro y todos los su-
yos sufriendo los trabajos y peligros del cerco por ser-
vicio del Rey don Johan de Aragón, padre del Rey
Católico, de edad de diez años le recibió el Rey por
paje, al cual no sirvió más de seis años, porque]el Rey
se murió ; fuese luego después, desto á Erancia y sir-
vió allí dos años á un gran señor de aquel Reino, adon-
de aprendió la lengua francesa, y vuelto anduvo en las
galeras del Conde de Prades cerca de año y medio
para probar su fortuna, porque había perdido su pa-
tria y sus bienes por servicio de su Rey : sucedió des-
pués la guerra de Granada y fuese allá porque yió
cuan buena obra era servir en tal necesidad á Dios y
á su principe. Después, recebida alguna merced del
Rey Católico, vino á Barcelona y asentó con el Duque
de Cardona, padre de Vuestra Señoría. En este tiem-
po amó una señora de su tierra con tanta verdad, que
basta para descargo de las liviandades que suelen traer
los amores. Después de haber andado en esto mucho
tiempo, probada su persona así en hechos de esfuerzo
como en otras obras de virtud y de honra, y en fin,
menospreciando el mundo, de edad de veintiocho años
se metió fraile en la religión de San Francisco en el
Monasterio de Jesús en Lérida, á donde con mucha
constancia y alegría hizo penitencia. Murió en esta
casa de Barcelona de la misma Orden, á do vino por
serle más natural, y parece que no sin misterio, por-
que murió al cabo del año ó poco más el día mismo
ccxLiv líbicos castellanos
que le hicieron profeso, en tiempo que el hervor de su
devoción se mostraba en mayor grado y le tenia más
ocupado su juicio... De hombre que así vivió y murió
no me ha parecido que su fama se callase, y así, como
arriba dije, he querido publicar sus obras y agora en-
derezallas á Vuestra Señoría... Sus obras, aunque en
algunas cosas traten materias livianas, son tratadas
con tan gentil ingenio, con tan próspera invención,
con tan graves sentencias, con tan derecho juicio, y en
fin, con tan buen estilo, que la liviandad cesa y todas
estas cosas quedan : cuanto más que no ha sido poca
dificultad lo liviano tratallo gravemente sin pesadum-
bre. Dígolo de lo que menos él ha escrito : que de lo
más que él compuso, y quizá todo, si bien se conside-
rase, podráse muy bien ver que al cabo se reduce en
cosas graves, y de donde se puede sacar mucho pro-
vecho, si en manos del que lo leyere no se pierde» (1).
(1) Obras nueuaméíe imprimidas assi en prosa como en metro
de Moner, las más deltas en lengua castellana y algunas en su
lengua natural catalana, compuestas en diverso^ tiempos y por di-
versos y nobles motiuos : las guales son más para conoscer y abo-
rrescer el mundo q. para seguir sus lisonjas y engaños.
Colofón.) Áqui acaba las obras y. se han podido hallar de Mo-
ner en prosa y en metro.,. emSdadas có harto trabajo por ser en
los traslados t¡, se ha hallado deltas corruptas y muy mal escri-
tas. Imprimidas en la insigne ciutat de Barcelóa por Garles Amo-
ros a gastos de quien hoy más ama y deue al auctor deltas. Laño
de la nativitat de nuestro Redemptor. M.D.XXViij.
Fól. Letra gót., 52 hs. Con un grabado en madera alusivo á
La Noche de Moner.
lío he visto más que dos ejemplares de este rarísimo libro :
uno que perteneció á la Biblioteca de Salva, y otro que poseía
D. Manuel de BofaruU. Torres Amat (Diccionario de escritores
catatanes) cita otros dos : uno de la Biblioteca del Cabildo de
Toledo, y otro de la Episcopal de Barcelona.
PRÓLOGO CCXLV
Empieza este volumen con una visión ó fantasía mo-
ral en prosa: Obra intitulada tLa Noche de Moner^^
más propiamente llamada Vida Humana; la cual el au-
tor dedicó & la Duquesa de Nájera Doña Juana de
Cardona. En este castillo alegórico que sigue la traza
y pauta de las composiciones de su género, aparecen
personificados el odio, el deseo, la pasión, el deleite,
la tristeza, la esperanza, la desesperación, el temor, el
descuido, la ira, la mentira, la pobreza, y todo género
de vicios y virtudes.
Las poesias castellanas, que son en bastante núme-
ro, pertenecen todas á la escuela de fines del siglo xv,
entre cuyos autores el predilecto de Moner parece ha-
ber sido Juan .del Enzina, á quien manifiestamente
imita, sobre todo en los versos cortos, que son en uno
y otro poeta mejores que los largos. Ni la versificación
ni la lengua de Moner son intachables, y con frecuen-
cia se conoce que no había vivido en Castilla, por lo
cual claudica á veces en el legitimo acento no menos
que en la propiedad de las palabras, pero tenia oído
musical, y remeda con bastante soltura la manera de
las canciones y los villancico» de Enzina. Citaré dos
ejemplos, uno profano y otro sagrado. Sea el primero
parte de un diálogo bastante fácil y gi^acioso entre un
cazador y una águila, símbolo de la egregia señora á
quien el poeta amaba y servía con poca fortuna :
# ¿Dónde irás á posar^
Aguililla caudal?
Polla zahareña.
¿Quién detrás te corre?
Deja la cigüeña
Del nido en la torre ;
CCXLVI LÍRICOS CASTELLANOS
Mas por {Din volar
Que las nubes pasa,
Mi vista es escasa,
No puedo alcanzar
Dónde irM posar.
Las alas al cielo,
No temes pihuelas :
Es gran desconsuelo
Que siempre más vuelas ;
Por ver dónde tiras
Yo me fago mal.
Tú muy bien lo miras,
Aguililla caudal.
¿Qué gloria sería
Poderte cebar,
Donde irás posarf...
Reina de las aves
En todas maneras.
Mis pasos son graveb,
Tus alas ligeras...
Aguililla ajena,
Que en las nubes luces,
' No hay carne tan buena
Que no la rehuses;
No espere ninguno
Que quieras bajar,
Pues si vas de ayuno,
¿Quién puede acertar
Dónde iras posarf
Entre las hermosas
Tú sola hermosa,
Si en cumbre te pones
No sea fragosa :
(1) Inccrrección catalana : por en vez de para.
PRÓLOGO CCXLVII
Pósate donde era ,
El verde pradal,
Si fuere ribera
No sea arenal,
Aguililla caudal.
Aguililla esquiva,
Pósate en poblado,
Mientras qiie yo viva
Temé este cuidadp;
No espero que vea
Cuál querrás tomar,
Mas cualquier que sea,
Bendito el lugar ;
Donde irás posar.
Oontesta el ave :
Déjame volar.
Cazador de mal.
En balde te quejas
Por cosas que sueñas,
Ni es mucho si dejas
Por mí las cigüeñas ;
Mas de mi vida
No cures pensar,
Que llevo por guía
Mi vista sin par.
Déjame volar.
Encubre rodeos
De tantos amaños,
Que vuestros deseos
Son todos engaños ;
Soy suelta aguililla,
No me he de trabar,
Ni tengo mancilla.
Pues vas á engañar :
Déjame volar.
Cetrero dudoso
€CXLVIII líbicos CASTELLANOS
Que mal fantaseas,
Tú estás peligroso
Si más me deseas ;
Según vas á tranco
Y á más m^s andar.
El llano es barranco.
Podrás tropezar :
Déjame' volar.
El cuitado amador responde :
No puedo olvidarte
Después que te vi ;
Caer por mirarte
Es bien para mí ;
Si estás enojada
De mi porñar,
No pierdes tú nada,
. Déjame mirar
Dónde irás posar,
t'
ELLA.
Si tú ves tan poco
Y yo voy tan alta,
Dirán que eres loco
Que miras en taita ;
En tal cetrería
No hay buena seBal:
Deja la porfía.
Que es negro caudal»
Cazador de rrcU.
ÉL
Aguililla ufana,
Cuant más alta vas
Me pone más gana
De irte detrás :
Qu' en sola fianza
D' en ti contemplar
PRÓLOGO GGXLIX
Mayor bien se alcanza
Que de otra gozar :
¿Dónde irás volar? ,
Paréceme que el trovador rosellonés se acordaba de
aquel lindo villancico de Juan del Enzina :
Montesina era la garza
Y de muy alto volar,
¡Quién la pudiera alcanzar!
La imitación del poeta salmantino es todavía más vi~
sible en estas Coplas á Nuestra Señora :
Tú me guia, reina mia.
Tú me guia.
Tarde me vuelvo, señora,
Pero más vale algún hora
'Que jamás ;
Porque eres dulce ó muy pía,
Todavía,
Tú me guia, reina m,ia,
Tú me guía.
Tú no eres desconocida
Á ninguno,
Ni es cualquiera que te pida
Importuno;
Quien te sirve no desvía
Oe alegría ;
Tú me guía, reina mía^
Tú me guia.
Tú nunca juzgas con ira
Las personas;
A aquel que por ti sospira
Qualardonas;
Tú no sigues fantasía
Ni porfía;
€GL líbico» castellanos
Tú me'gtAa, reina mta.
Tú me guia.
Sin zeloa son X\xa amores
Escogidos;
Por ser tus altos valores
Infinidos;
Cuantos siguen esta vía
Van de día;
Tú me guia, reina mia.
Tú me guia.
Entre Dios y mí te pone,
Rein& pura,
Haz que tn hijo perdone
Mi locura,
Porque si más la seguía
Hundirme hía;
Tú ms guia, reina m,%a.
Tú me gula.
Sácame, Virgen, d' aquí
D' esta selva.
Haz que el que murió por mí
Que me absuelva,
Destmve la idolatría
Que tenía;
Tú me guia, reinfl mia,
Tú me guia.
Hoy comienzo, te sirviendo,
Libro nuevo,
En tus manos encomiendo
Lo que llevo;
Mi ahna que se perdía
Tú la guía,
Tú me guia, reina mia.
Tú me guia.
Basta con los trozos transcritos para estimar que
• PBÓL060 GGLI
Moner, aunque bastante incorrecto (en lo cual tiene
disculpa), no es un poeta indigno de memoria, siquiera
por haber sido el primer catalán que hizo versos cas-
tellanos tolerables.
Entre las pocas obras que compuso en su lengua
nativa, merece especial atención U anima de Oliver,
que es una imitación del famoso Sompni de Bernat
Metge. Supone el autor que se le aparece el alma de
un caballero amigo suyo ya difunto, y que disputa con
él copiosamente sobre el libre albedrio.
En Mallorca, cuyo aislamiento geográfico hacia más
lentas las evoluciones literarias que en Cataluña y Va-
lencia, no hubo poetas castellanos hasta muy mediado
el siglo XVI, y después del triunfo definitivo del en-
decasílabo y de la escuela italiana, siendo Jaime de
Oleza el primero digno de mención, como á su tiempo
veremos.
La influencia de la poesía castellana en las regiones
orientales de la Península á fines de la centuiia déci-
maquinta, se manifiesta no sólo por la existencia de
poetas biUngües, sino por la introducción y el empleo
cada vez 'más frecuente del verso castellano de arte
mayor, que Mosén Buiz de Gorella usó por lo menos
una vez :
Ma gran caritat, amor é larguesa...
y que sirvió á FenoUer y á Escrivá para su famoso
diálogo sobre la Pasión, compuesto todo en estrofas
como ésta :
Qui, DeU) vos contemple | de la creu en 1' arbre
Penjat entre ladres, | per nostra salut,
Tanchats te los uUs | e lo cor de marbre
Ab ingratitut,
GCLII LÍRICOS GASTELLálTOS
Si tostempa no plore d' amor gran vencut,
Pensant qcina mort | volgués hamil pendre
Per sois a nosaltres | la vida donar
Ab cap inclinat | los brassós estendre
Mostrant-nos amar-,
Perque-ns desijam | en crea abrassar.
Hasta en Mallorca había penetrado el verso de doce
silabas, como lo prueba el Menysprewdd mon de Pran-
cisco Oleza :
Ab manto de plors | el cel se cobría
Y tota la térra | mostrava^gran dol...
contestado en el mismo metro por Benito Espanyol.
Había nna razón más para que la poesía castellana
faera infiltrándose rápidamente en la cultora del Le-
vante de la Península. La Corona de Aragón era nna
monarquía federativa, que comprendía cuatro estados
autónomos : tres de ellos de lengua catalana (el conda-
do de Barcelona, el reino de Valencia y el de Mallor-
ca), y otro de lengua castellana hablada con variantes
de dialecto, que era el reino' de Aragón propiamente
dicho, destinado por su posición intermedia á servir
de lazo entre ambas lenguas y literaturas. Este dialec-
to, que suele calificarse como de transición (aunque en
rigor filológico sea muy dudoso que tal género de dia-
lectos Qxistan), tuvo en la Edad Media uso no solamen-
te jurídico y diplomático, sino literario, como lo acre-
ditan las numerosas traducciones y compilaciones his-
toriales mandadas hacer por el famoso Maestre de San
Juan, Fernández de Heredia. Pero parece que este
cultivo se limitó á la prosa, puesto que los poetas ara-
goneses, ya bastante numerosos en el Cancionero de
Stúñiga, en el llamado de Herberay, y en otros de la
PROLOGO GGLIII
segunda mitad del siglo xv, si bien atentamente
examinados pueden ofrecer algún provincialismo, en
general se sujetan á la norma de los trovadores caste-
llanos y escriben en la lengua común y ciJ^riente, es
decir, en la insípida lengua de los cancioneros,, que de-
bía de ser muy fácil de manejar cuando cpn tanta pres-
teza se la asimilaba todo el mundo (]). Hemos dado á
conocer, en Prólogos anteriores, á algunos de e^tos in-
genios, tales como Pedro de Santafé, Mosén Hugo de
Urríes, D. Juan de Sessé, Pedro de Moncayo. Pero
bien puede decirse que antes de la aparición del nota-
bilísimo Cancionero de D. Pedro Manuel de IJrrea
(1) Esta xxiisma facilidad existia respecto de la lengaa tro-
vadoresca catalana, no menos monótona y convencional que
la nuestra. Por eso vemos fígarar entre sus poetas del siglo xv,
algún que otro aragonés como el escudero Martin Garcia, Mo-
sén Rodrigo Diaz (amigo de Ansias March), Mosén Navarro y
pocos más, notándose en ellos que tienen predilección por los
géneros musicales como la dansa y el lay (Véase la Resenya deis
«nticJis poetas catalans de Milá y Fontanals, en el tomo S.^ de sus
Obras nompletas). En la poesia á modo de centón de Francesch
Ferrer, titulada Conort, se encuentran algunos versos castella-
nos muy estropeados de poetas aragoneses. Pero es singular
que á pesar de haber vivido en unión paciñca y gloriosa Aragón
y Cataluña durante toda la edad heroica de su historia, jamás
los dos pueblos se identiñcaron, ni siquiera se asimilaron el
uno al otro, continuando cadfft cual su desarrollo propio, y te-
nsando muy poco de casa del vecino. La verdadera afinidad de
los aragoneses era con los navarros de la Ribera, y con los cas-
tellanos, especialmente de la Bioja.
' Dióse también el caso rarísimo de uno ó dos trovadores na-
varros (probablemente del séquito del Principe de Viana), que
usaron el catalán como lengua poética : un Valtierra y ua
Francisco de Amescua. Creemos que este hecho puramente ac-
cidental nada tiene que ver con el uso mucho más antiguo del
provenzal en el Burgo de Pamplona, de que el poema de Ane-
liers (siglo Xiii) da testimonio.
GCLIV LÍRICOS CASTELLANOS
(1513), aunque hubiese versificadores en Aragón, na
/ hubo propiamente poesía. La de Urrea lo es algunas
veces, y con una sinceridad de sentímiento á que no
nos tienen muy acostumbrados los líricos de la Edad
Media.
Era este poeta hijo segundo del Conde de Aranda
D. Lope (primero de este título), y su nacimiento pue-
de fijarse aproximadamente en 1468, puesto que él
mismo dice que contrajo matrimonio á los diez y nue-
ve años de edad, y la fecha de las capitulaciones es
de 1 505. Era muy niño cuando murió su padre, cir-
cunstancia á que alude en una notable composición que
citaremos después, en la cual finge que en sueños se le
aparece su sombra :
Díxome : «¿No me conoces,
D. Pedro Manuel de ürrea?
Á quien gran bien te desea,
Óyele y no te alboroces.
Soy aquel que te engendró,
Que mi sangre en ti se encierra
Según -vi;
Soy aquel que se partió;
Cuando veniste á la tierra
Me partí, »
Oyendo yo estos antojos
Con esfuerzo no liviano,
Llegué y bésele la mano
Con lágrimas en los ojos...
Viendo lo que hubo hablado,
De rodillas á el llegué *
Y las manos le besé
Con el corazón quebrado;
Dízele: € Señor, señor,
En mi desdicha partiste
Tú dichoso :
PRÓLOGO GGLV
Fuiste á ver al Salvador;
Yo, ttiste, quedé en lo triste
Sin reposo.
Un dolor me yeo tener :
Entrando tú en blancos paños,
Por no pasar de cuatro años
No te pude conocer,, .
Mas cuando sin ti me vi
Que tan triste yo quedé,
¿Por qué yo no te alcancé
Ó tú no alcanzaste á mí?
'Que en quitar lo que baldona,
Excusado es ya que ande
Mi porfía;
Que en perder yo tu persona
{Oh qué pérdida tan grande
Fué la inía!...
Al tiempo de tu subida
Comenzaba yo á subir :
Comenzaba mi vivir
Cuando se acabó tu vida..,» '^
Su padre no le había dejado más señorío que el de
Trasmóz, por lo cual su fortuna nunca fué muy hol-
gada, contristando además su generoso ánimo, cuando
llegó á la edad de la razón, las disidencias de su fami-
lia, y sobre todo el largo y empeñado pleito que su
hermano mayor sostuvo contra su madre Doña Catali-
na de Urrea, pleito escandaloso que fué para nuestra
poeta una pesadilla, como Ío declara á cada momento
en sus versos, y hasta en la dedicatoria que de ellos
hizo á la mifima señora, á quien profesaba filial ternu-
ra: «Siendo el señor Conde tan cuerdo y sabio caba-
ollero como en nuestro linaje lo haya habido, enaje-
»narse de sí en tal manera, mucho se debe hombre de
»
CGLYI LÍRICOS GASTBLLáNOS
)»maravillar. Tal madr^ Yaestra Señoría nos lia sido,
que erraríamos nosotros en ser desobedientes, por
»hab.er sido madre con Dios, y por ser tal para con el
»mnndo. Los bienes que Vuestra Señoría nos ha pro-
acorado, aunque la memoria de mí no los quita, no de-
»bría decirlos, porque se tiene por yerro y por propias
^alabanzas las de los padres y madres. Después que
:»yuestra Señoría ha levantado nuestro linaje de
»Urrea, ¿de quién otri nos ha venido consejo para los
^negocios y fuerza para las obras? ¿Quién otri nos ha
»dado la honra, hermana del alma?... Estos enojosos
«negocios de Vuestra Señoría por haber sido por
)»pleyto, se conoce claramente ser más procurados por
apuntos de letrados, que por voluntad de las partes,
»porque ellos no pueden perder y olvidan la ganancia
»de los otros.»
Nada menos que una larga composición en coplas
de pie quebrado, imitando el estilo y la filosofía de
Jorge Manrique, escribió sobre este pleito, desahogan-
do en el pecho de su tío, D. Luis de Hijar, Conde de
Belchite, el desconsuelo que aquella guerra doméstica
le causaba, y rogándole que interviniera como media-
nero y reparador en aquel litigio. Con esta ocasión dis •
curre largamente, mostrando más seso y madurez de lo
que de sus verdes años podía esperarse, sobre la vani-
dad de los bienes de este mundo y sobre lo incierto y
variable de la fortuna, con aquel mismo género de es-
toicismo senequista que hemos reconocido en el diálo-
go de Bias contra Fortuna del Marqués d^ Santillana,
y en otros poemas análogos, con los cuales, este de
Urrea, á pesar de ser obra de principiante, puede ser
"in gran desventaja comparado, á lo menos en algu*
' PRÓLOGO CGLVII
nos lugares y sentencias, expresados con macho brío:
' El que cococer desea
El varón que vive fuerte,
' Mírelo
Cuando le viere en pelea.
Porque vea si su suerte
Teme, ó no.
¿Quién será flaco varón,
Si \eL fortuna le dexa
Sosegar?
* Mas el recio corazón
Huelga que fortuna tesa
Su telar.
Los corazones muyeres
Nunca suelen desmayar
Viendo la muerte;
Que los buenos luchadores
Siempre huelgan de luchar
Con lo más fuerte.
Estas cosas van en rueda;
Dan, pues no están en un ser,
De bien en males :
La rueda nunca está queda,
Siempre la vemos mover
En los mortales.
Cuándo abaso, cuándo arriba.
Siempre va dando sus vueltas,
Muy redondas;
Uno sube, otro derriba,
Sus cosas van desenvueltas,
Van en ondas.. .
No sabemos á panto fijo cuáles fueron los estadios
de Urrea, pero no hay duda que su educación fué más
caballeresca que literaria. Tuvo algunos prindpios de
la lengua latina, pero nunca llegó á dominarla, según
él mismo confiesa con la simpática ingenuidad de que
Tomo VII. 17
CGLYIU líricos CASTELLANOS
BO se aparta nunca. Sus obras manifíestan que le eran
familiares los poetas italianos, especialmente el Pe-
trarca, cuyos Triunfos imita y aun traduce en su poe-
ma de las Fiestas de amor. Su vocación poética y mu-
sical fué nativa y aun puede decirse que hereditaria»
Su padre habla sido trovador, y su hermano lo era
también, pero como solían serlo los grandes señorea
de entonces, es decir, como meros aficionados, y en com-
posiciones breves y efímeras. Nuestro D. Pedro, por
oculta é irresistible inclinación de su estrella, tributa
á las musas culto mucho más formal y asiduo; y eso
que tenia que luchar, de una parte, con su grandísima
y no afectada modestia, y de otra con cierto género de
altivez aristocrática, que le hacía considerar como de
menos valer el ejercicio de hacer coplas, aterrándose^
sobre todo ante la idea de que llegaran á anda^ en
manos de la plebe y á ser pasto de las venenosas len-
guas de los maldicientes. Todo esto se halla expresa-
do con el más delicioso candor en sus prólogos :
«Yo siempre, de muy pequeño, he sido muy codicio -
»so de la lengua latina, y aunque carezca della,'queno-
»haya alcanzado tanto como quisiera y para esto me
»fuera necessario, con lo poco que della he oído, la do-
»blada afición ha consentido uua poca obra al mucho-
» deseo : no que sea cosa merecedora de alabanza. Y
»cierto, señora, hoy va tan abaldonado el dezir, y má&
s>en metro, que ninguna cosa s' estima considerando s&
»halla en poder de hombres soezes. Yo debría callar,.
Ao uno por mi dezir no ser bien dicho, lo otro porque
»el Conde mi señor, que santa gloria possea, ha dicha
»tan bien que ha dexado tanta memoria de sí por aque-
Alo para entre trovadores, como por lo otro para en-
PROLOGO CGLIX
»tre caballeros. Pues si digo del señor Conde mi her-
»mano, no nieno*s dezir se puede. Lo que yo hasta aquí
»lie hecho no ha sido otra cosa sino una esperanza de
»ser algo... ¿Cómo pensaré yo g^e mi trabajo está bien
^empleado, viendo que por la emprenta ande yo en bode-
y>gones y cozinas, y en poder de rapaces , que me juzguen
»maldicientes, y que cuantos lo quisieren saber lo sepan
»y que venga yo á ser vendido? í>
No es difícil adivinar cuál seria la principal materia
de sus versos juveniles. Fueron de amor casi todos, y
como el poeta contrajo matrimonio en edad temprana,
y parece haber sido apasionadísimo galán de su legi-
tima mujer Doña María de Sessé, debemos pensar pia-
dosamente que son anteriores otros devaneos suyos, de
que su Cancionero nos da testimonio. Urrea es nn poQta
tan absolutamente sincero, tan incapaz de fingir lo que
no siente, que erraría mucho el que creyese que son
mero, tributo pagado á la moda literaria los versos que
dedica á sus amigas. Pero si tales versos hubiesen sido
escritos después de su casamiento, nunca un hombre
de tanta rectitud moral se hubiese atrevido á incluir-
los en un Cancionero que formó principalmente para
obsequiar á su madre. La soltura de las costumbres de
aquel siglo toleraba muchas cosas, pero no tanto.
Que no eran iel todo platónicas estas pasiones ni
quiméricos los objetos de ellas, lo prueban los singula-
rísimos versos que Urrea compuso á una gentil mora
que se llamaba la Moragas* En un villancico exclama :
Mahoma, cuéntame nuevas
De la mora tan nombrada.
—Juro á Alá qu' es desposada.
Desposaron la una aljoma
GGLK líricos GASTflLLANOS
Con un morillo extranjero;
Llámase también Mahoma,
Tan manso comp cordero.
Bayló con mi compaBero
Con una saya pintada,
Dichosa más que entallada.
Guando murió la linda mora, el po^ta se afligió mu-
cho, no sólo por el amor que la tenía, sino por el des-
consuelo de que se hubiese ido al otro mundo sin bau-
tizar. Entonces compuso estas coplas, donde expresa
con ingenuidad una pasión muy verdadera :
¡Qh que mal tan fatigoso
Para -mí,
Que tu cuerpo tan gracioso
Esté en lugar tan dañoso
Para ti!
No alegrarán jamás
Ya mis días,
Cuando pienso que do estás
Ya levar no me podrás
Como podías.
No holgabas con mis canciones
De tormento,
Ni agora mis oraciones
No quitarán tus prisiones
Que JO siento.
¡Qué tan triste y cuan en calma
Fué tu ida!
Mis ojos limpia mi palma,
Que lo que siente tu alma
Siente mi vida.
Mi amor no pudo crecer,
Mas creció
Cuando no te pudo ver;
Mi mal con tu fenescer
Se dobló.
PRÓLOGO GGLXI
El mismo poder llevaste
Que taviste;
En vida me cati vaste,
Y con muerte me dexaste
Muy más triste;
Y aunque el daüo que he tenido
Tú consientes,
El fuego que te ha venido
Sentiré, siento, he sentido
Lo que sientes.
¡Oh! ¡Si yo fuera Orfeo '
Cómo entrara
Con este fuerte deseo
A sacarte do te veo
Cuerpo y cara!
Y las furias infernales
Pararía;
Si entrase yo con mis males
Entre todos los mortales
Te vería.
Queda tan atribulada
Mi persona
Como tu triste morada;
Viéndote tan desdichada
Se baldona
Mi vida, con el pensar
Donde moras.
Con tu gracia singular
¡Ay! do te veo estar
Me enamoras.
Mas yo de tu desventura
Me fatigo :
¡Ver que dio poder natura
En tu gracia y hermosura
Al enemigo!
Y luego prorrumpe en invectivas contra el falso re-
GCLxri líricos castellanos
negado- Mahometo, que se llevó tal mujer á las llamas
donde arden sus secuaces.
No era la primera vez que un trovador español se
confesaba enamorado de una mora. Antes que Urrea
lo habían sido, entre otros, el Arcipreste de Hita, . Al-
fonso Alvarez de Yillasandino y el estrafalario Garci
Ferrandes de Jerena; pero lo que en ellos fué pasajero
capricbo (y en el último cálculo interesado, aunque le
salió fallido), parece haber sido muy otra cosa en el in-
fantil corazón del hijo de la Condesa de Aranda.
Con la inconstancia, sin embargo, propia de tal edad
y de tales amores, se declara prendado de otras varias
bellezas, ya populares, ya cortesanas, y canta en dono-
sos villancicos, de tono muy realista, á las zagalas de
Trasmoz y de lUueca y á las gallardas bailadoras de
Zaragoza :
Con gran placer y alegría
Tu grande gracia retoza.
Pues en toda Zaragoza
No hay tu par en lozanía.
Eres linda en demasía;
Ninguna zaragozana
No puede ser más lozana.
Con tu saya la amarilla
T tus chapines pintados,
A todos das mil cuidados,
De nadi tienes mancilla.
La sortija y la manilla
Te hacen ir muy lozana,
Hermosa zaragozana.
Vas, estirada la zanca,
Con largo y justo calzado,
Y tu bailar mesurado
Gran sobra de tierra atranca.
Tan colorada y tan blanca
PBOLOGO GGLXHI
Como una liada manzana,
Hermosa zaragozana.
Sales tan chapa dorada '
Cuando sales los domingos,
Haziendo dos mil respingos,
Que turbas la garzonada.
Hazes tú con tu bailada
La sonada más galana,
Hermosa zaragozana.
La gente que se percata
Lieva pasmadas las gastas,
Porque de cara y. de cuestas
Pareces hecha de plata.
Bailando, alzas la pata
Como zagala lozana,
Hermosa zaragozana. ^
Bailas coi^ tantos antojos
Cuando en el mandil te tocas,
Que te miran con las bocas
Abiertas como los ojos.
Tú quitas todos- enojos
Con tu vuelta tan liviana,
Hermosa zaragozana.
Hemos escogido de intento lo qne tiene más color y
brío, lo que más se aparta de la trivialidad ordinaria
de los Cancioneros; pero aun en aquellas poesías ama-
torias que más participan del amaneramiento de es-
cuela, tiene á veces rasgos felices, como éste :
vieja os vea jo esa mata
Crecida como mi lloro,
I Mata de cabellos de oro;
Hasta ser color de plata!
Hemos dicho que D. Pedro Manuel de Urrea era
muy joven, casi niño, cuando hizo todos estos versos.
Los hombres de aquel tiempo madrugaban mucho en
CGLXIY líricos GáSTELLAl(OS
amores, como puede inferirse por lo que de si propio
cuenta Lope Garcia de Salazar en su libro de las Bie-
naJidanzas é fortunas.
Por lo que toca á ürrea, parece haberse enmendado
de todo punto desde que en Abril de 1505 casó con>
Doña María de Sessé, á quien debió la felicidad domés-
tica y á quien consagró desde entonces los más delica-
dos sones de su lira :.
A TOS que* sois mi alegaría
Que jamás no me dejáis
Ver querella j^
y Vos que hacéis mi fautasía
Alegre, sabiendo estáis
^ Vos en ella.
A vos, cordura y razón
Os andan siempre llevando
El cuerpo preso:
Honestidad, discreción
Andan siempre acompañando
A vuestro seso.
Lo que agradezco á ventura
Es que me dio por mujer
La hermosura y el valer,
La riqueza y la cordura.
Y el que con esto se halla
Puede decir se libró -
De Ja guerra
D' este mundo, que es batalla,
Y que Dios más bien le dio
Que há en la tierra.
Karos son los poetas, ni de nuestra literatura ni de
las extrañas que han cantado á su mujer (salvo des-^
pues de muerta), y rarísimos los que han expresado
PRÓLOGO CCiXV '
este puro y limpio afecto (tan difícil de tocar sin pro-
fanación) con la plena sinceridad, con el noble candor,
con la sana alegría, con la eíasión de alma con que lo
hace el aristocrático trovador aragonés. Leyendo tales
versos, lo mismo que los que dirigió á su madre, es im-
posible dejar de estimar á tan excelente y honradísimo
caballero. Sin que valgan contra esto, por ser fruta del
tiempo, algunos desaguisados que cometió como ban-
derizo, según vamos á ver.
Hemos dicho que su padre no le había dejado más
heredamiento que el de Trasmoz, que tras de no ser
muy pingüe, le obligaba á residir en la aldea la mayor
parte del año, lo cual en su mocedad debía de hacérsele
muy cuesta arriba, según se inñere de una deisenfadada
composición en que desahoga cómicamente su aburri-
miento de la vida monótona ^e lugar:
Nunca medréis vos, Aldea,
' Y tan bien quien os fundó.
¿Por qué tengo de estar JO
Donde nadi Odiar desea?
Que cualquiera que me vea.
Dirá estoy más retraydo
Que ninguno nunca ha sido
De mi linaje de Urrea.
Ir de collado en collado
Siempre en monte como zorro,
Juzgadlo vos, aldeorro,
Si estaré yo descansado.
Según me habéis enojado
En ver esta cuesta arriba,
Si fuérades cosa viva,
Ya os. hubiera degollado.
Pues andar siempre en la huerto
Tras zarzales con el arco,
Bien veis que tan poco abarco, %
CCLXVI LÍRICOS CASTELLANOS
Qu' es cosa poco despierta:
Pues tal vida desconcierta
El deleite más altivo,
¿C;6mo puedo estar yo vivo
Estando en la cosa muerta?
¡Y que por tiempo de un aüo
Me teng&is vos aqtií preso!
¿Quién dirá que tengo seso
' Haciendo yerro tamaño,
Donde, ni seda ni paño
lío vestiré, sino cuero,
Pues que no soy caballero
Con la vida de hermitaño?
¡Cazar liebres ni conejos,
Cuando va mucho á la larga!
¡Es la vida muy amarga
Ir tras grajas ni vencejos!
Los que entienden mis arrejos
Irán por alto volando.
Sin holgar d' estar hablando,
En la plaza, con los viejos...
Sentíase capaz de grandes cosas, aspiraba á una vida
de acción, pero los tiempos no se lo consintieron:
Yo con muy gran intención
Me muero aquí sepultado,
Como en guerra el mal armado
Con valiente corazón-
Pensarán más de quinientos
Por qué estoy yo retraído:
¿Será baxo mi sentido?
¿Pequeños mis pensamientos?
Alguna parte, aunque secundaria, tomó en la política
de Aragón. Consta su asistencia á las Cortes de 1502»
en que fueron jurados los Archiduques D. Felipe el
Hermoso y Doña Juana, Principes de Aragón y here-
PRÓLOGO GCLXVII
deros de la corona. Los bandos de la Edad Media vi-
vían aún, aunque menos encarnizados que antes; y es
sabido que en Aragón tuvieron un retoñar terrible á
unes del siglo xvi con las turbulencias del Condado
de Ribagorza, que abrieron caminó á los tumultos de
Zaragoza y al allanamiento según unoá, reforma se^gún
otros, que Felipe II hizo de una parte de la antigua
constitución del reino. Pero mucho antes de esta for-
midable explosión hubo chispazos de anarquía, asi en
tiempos del Bey Católico como en los del Emperador.
En una de estas contiendas domésticas, pequeña por
su origen, pero que llegó á degenerar en guerra civil
entre las casas de Aranda y de Bibagorza, intervino
nuestro poeta, y no á la verdad con la moderación y
parsimonia que de su carácter debiera esperarse; si
bien ha de tenerse en cuenta que la relación más deta-
llada que tenemos de estos acontecimientos, escrita por
nn monje de Yeruela, és altamente sospechosa de par-
cial, por proceder de una comunidad notoriamente in-
teresada en el litigio y muy apasionada de los Duques
de Villahermosa por el apoyo que entonces la presta-
ron. De todos modos es tan curioso lo que refiere, que
conviene extractarlo (1).
«Moviéronse cuestiones entre Litago y Trasmoz en
el mes de Marzo del año 1510, sobre el derecho de regar
( I ) Escribió esta relación Fr. Atilano de Espina; y tomán-
dola del tumbo ó Registro universal de todas las escrituras que se
hallan en el Archivo de este santo y Real Monasterio de Veruela,
la ha dado á conocer D. Martin Villar distinguido oatedr&tico
de la Universidad de Zaragoza, en el curioso prólogo que an -
tecede k la reimpresión del Cancionero de Urrea en la Biblioteca
de Escritores Aragoneses.
GCLXVIII LT|lIGOS CASTELLANOS
las eras los de Litsgo con agua de Alara, y, usando más
de su fortaleza que de la razón, D. Pedro de Urrea,
señor de Trasmoz, hizo una compañía de gente y la
envió armada á Litago, para que ofendiesen á los
que encontrasen; los cuales hirieron cinco de nuestros
vasallos que no pudieron guardarse de aquella tan in-
tempestiva resolución: formaron éstos queja al Monas-
terio, y temiendo no hiciese algún estrago el de Tras-
moz, se hizo levantamiento de hasta quinientos hom-'
bres por nuestra parte, para resistir al dicho D. Peidro
de Urrea y defender nuestro lugar. .
«Estando en esta disposición las materias, vino por
parte del reyno á componerlas y asentar treguas el Viz-
conde de Biota, diputado de Kobles, y las asentó por
seis meses, y aunque vinieron en ello las dos partes,
las quebrantó el dé Trasmoz, enviando su gente á Li-
tago una noche, y, entrando en la casa de Juan Jaime,
mataron un hijo de dicha casa, é hirieron á otro, el cual
se les fué de entre las manos, y por temor de su aviso
se volvieron á su lugar los agresores.
»E1 Monasterio, viendo tal alevosía y que con sus
fuerzas no lo podía remediar por ser hombre temerario
el de Trasmoz, ordenó volverse á Dios, nuestro Señor,
y maldecir aquella perversa gente públicamente en la
iglesia, cantando el salmo de la maldición...
»necha esta diligencia se dio noticia á S. M., y vien-
do que tardaba el remedio y que D. Pedro de Urrea
siempre proseguía en sus temeridades, se tomó iresoln--
ción de valemos del patrimonio del Sr. D. Alonso de
Aragón, Conde de Eibagorza y señor de Pedrbla, para
lo cual fué allá el Sr. Abad (lo era D. Fr. Pedro Ximé-
nez de Embún) y le representó lo sucedido y el temor
PRÓLOGO C€LX[X
<ie lo qu^ había de suceder; y obligado este caballero,
ofreció su vida y estado en defensa de tan justa queja:
para lo cual despachó á Pedro de Erla, ciudadano de
Borja, con cartas suyas al de Trasmoz, significándole
estabs^n el Monasterio y todos sus lugares y vasallos
debajo su protección, y que defendería con su estado y
vida todas las vejaciones que les fuesen hechas. Escri-
bió á más de esto á todos nuestros lugares para ani-'
marlos, que á la verdad tenían hartos liobresaltos.
»Los efectos de esta carta fueron el enviar á Anón
quinientos hombres armados, acaso porque eran de
nuestra parte, y les talaron las viñas porque habían
regado con el agua sobrada, y Anón, viéndose agravia-
do, se valió de nuestros vasallos y de los de Torrellas j
y Los Fayos y Santa Cruz, y en despique talaron todo
cuanto hab{a en Ips términos de Trasmoz... .
»A 13 de Diciembre del mismo año vino á visitar al
Sr. Abad y Convento el Sr. D. Alonso de Aragón, el
cual hizo nuevos ofrecimientos en defensa del Monas-
terio y Lugares, tomando por su cuenta los agravios
hechos y los que se podían hacer; de lo cual, teniendo
noticia el de Trasmoz, se fué á Epila, y dio cuenta al
Conde de Aranda, el cual juntó todos sus deudos...
Juntaron éstos 2.000 infantes y 250 de á caballo, los
cuales, puestos en orden y gobernándolos el de Tras-
moz, tomaron el camino de Pedrola á 1 9 de Febrero
del año 1512, y luego que llegaron á una casa de re-
creo que tienen los señores de dicha villa, cortaron dos
pinos é hicieron fuegl para guisar la comida.
»Dieron noticia del caso á nuestro D. Alonso, el cual
envió un criado á saber qué es lo que buscaba aquella
gente; el cual, llegando y preguntando quién era el ca-
GGLXX LÍRICOS CASTELLANOS
pitan para darle la embajada, respondió D. Pedro de
Urrea: Dedd que soy yo que tomo satisfacción de la tala
que, los de Añón^ Torrellas y Abadiado de Veruda hi-
cieron en mi lugar de Trasmoz; y con esto se fueron.
» Ofendido el Conde D. Alonso de este agravio junta
su gente, al cual favoreció I). Francisco de Luna, Con>
de de Kicla y señor de Muel y Villafeliz, y se juntaron
3.000 infantes y 450 caballos, de los cuales estaban
por Veruela 330 hombres armados y 1 6 caballos: los 120^
envió Anón, y los otros fueron vasallos del Convento.
»Con esta prevención salió de Pedrola el Conde
D. Alonso á 4 de Julio de 1512, y á título de haber
quebrantado las paces y treguas el de Aranda, se fué
á Epila á desafiarlo, y pasando por Lumpiaque, lugar
de dicho Conde de Aranda, dieron sobre él y lo derro-
taron : desde allí pasó á la fuente de Epila, y le envió
un trompeta con recado de desafío, al cual respondió
el de Aranda que no estaba dispuesto para salir, con
lo cual se hubo de volver á Pedrola; pero D. Francis-
co de Luna, que estaba en Calatorao con un trozo de
gente, viendo que no había salido, por despicarse que-
mó el lugar de Luceni y derrotó á Salillas, ambos lu-
gares del de Aranda, y dio la vuelta con el resto de
gente á Pedrola.
^No quedó satisfecho con esto nuestro D. Alo^iso, y
así estaba esperando que se previniese para batalla el
Conde de Aranda, y habiendo aguardado hasta 8 de
Julio, salió segunda vez y se puso entre Pedrola y
Lumpiaque, desde donde con un trompeta envió se-
gundo desafío al de Aranda, el cual respondió eritaba
indispuesto, y con esta respuesta se volvió á su villa
de Pedrola.
PRÓLOGO GGLXXI
.:»Oorrian estas materias tan sangrientas, que faé ne-
cesaria )a autoridad del Reyno segunda vez, y la del
mismo Rey, con lo cual se sosegaron y despidieron la
gente de guerra que cada uno tenia prevenida.
«Llevaba nuestro D. Alonso de Aragón un estan-
darte pequeño de damasco naranjado y morado, en el
cual llevaba, de famosa bordadura, á la una parte la
imagen de Nuestra Señora de Veruela, y á la otra al
glorioso patriarca San Josef, con las armas de su real
estirpe, el cual se puso colgado en Ja capilla mayor de
la Iglesia, y hoy se conserva, y se debe conservar para
perpetua memoria de tan generosa acción.
3» Erigióle el Monasterio, en señal de agradecimiento^
á este esforzado caballero, un suntuoso sepulcro de ala<
bastro blanco, para si y para toda su familia, en el cual
están grabadas sus armas, y lo puso en el segunda
arco del presbiterio, hacia la parte de la Epístola. > .
A pesar de lo que dice el cisterciense, Fernando el
Católico dio la razón á los de ürrea. Zurita, que de-
dica un capítulo entero (X — 80) á la relación de esto»
porfiados bandos, nos informa que se terminaron por
sentencia del Rey Católico dada en Buengrado á 6 de
Octubre de 1513, declarándose en ella que el Conde
de Ribagorza había sido el quebrantador de la tregua,,
por lo cual se le condenó á destierro de todo el reino de
Aragón, y á resarcir los daños que había causado.
Aquel mismo año apareció de molde en Logroño el
Cancionero de las obras de D, Pedro Manuel de Urrea^
bien contra la voluntad de su autor (cuyos escrúpulos
conocemos ya), y sólo por maternal solicitud de la
Condesa de Aranda, á quien debemos, por tanto, la^
conservación de las obras de uno de los poetas máa
GGLXXfl LÍRICOS CASTELLANOS
personales y simpáticos de las postrimerías de lalSdad
Media (1). Pero es cierto que él se resistió hasta el fin
¿ la divulgación de sus versos, presumiendo más de
caballero que de trovador : «Bien conozco á mi manera
no ser conforme el trovar tanto en cantidad, sino en
calidad, porque yo necesidad no tengo de hacerme
nombrar por muchas coplas, porque no es cosa que se
allegue á las cosas de galán, sino una copla ó un mot^^
un villancico , una canción para entre caballeros, ó
cuando hombre mu^cho se alarga, un romance, y esto
que sea tan bien dicho, que ande entre caballeros, por-
que^ los caballeros han de hacer un mote ó una cosa
breve, que se diga no hay más que ser. Y cierto la
otra prolijidad no conviene; que yo más debria usar
de la gala del Palacio que del Arte de la Poesía; pues
que de todo junto muy pocos pueden usar. Después de
haber acabado el Caucionero,., conocí su voluntad (la
de su madre) estar deseosa de publicaí: mis bajas obras
(1) Cancionero \ de las obr<¡8 de \ do Pedro Máu \ el de Urrea.
Colof. tFué la presente obfa emprentada en la muy noble y
muy\leal ciudad de Logroño á costa y espesas de Arnao Gui-jllen
de Brocar maestro de la emprenta en la dicha ciudad. \ E se aca-
•¿ó en alabanza de la Santissima Trinidad á siete di \ as del mes
de Julio. Ano del nascimiéto de^ nuestro Señor \ Jesucristo Mil y
quinientos y treze anos. > Folio, letra gótica, 49 hojas foliadas, á
■dos y tres columnas. Hermosamente impreco, como cuadraba
& la condición aristocrática del poeta.
A personas entendidas en libros he oído asegurar que existe
otra edición antigua de este Cancionero; pero yo nunca he visto
más qué ésta, que es, poi^ cierto, de gran rareza, como la mayor
parte de los libros de su clase.
Ha sido reimpreso en Zaragoza, 1878, formando pai*te de la
Biblioteca de Escritores Aragoneses que, con grande utilidad de
las letras y de la historia, publica años hace la Diputación Pro*
vincial de Zaragoza. Éste es el verdadero y útil regionaUsmo.
PRÓLOGO GGLXXIlí
^or el arte de la emprenta; y como á mi en esta oca-
•;8Íón acaeciese un voluntario desastre de una obrecilla
que di á 'la emprenta, que era el Credo glosado, el cual
con una carta enderezó á la señora Doña Catalina mi
hermana; y cierto, señora, la obra no tiene tantas le-
tras, cuantas yo veces me he arrepentido, aunque por
ser cosa de Dios me queda consuelo dello. Agora mi-
rando que con aquello poco debo escarmentar lo.mu-
^ho, no solamente á todos, pero á ninguno querría
mostrar nada.»
Hay en este Cancionero una parte considerable que
es labor de imitación y, por tanto, de muy relativo mó-
rito. El autor, como modesto aficionado que era, se
creyó obligado á seguir las huellas de los trovadores
castellanos que tenían más crédito, y malgastó gran
parte de su ingenio en composiciones alegóricas y di-
dácticas, como el Peligro del Mundo, las Fiestas de
Amor, la Sepultura de Amor y el Testamento ^de amo-
res. Tampoco tienen mucho espíritu poético las coplas
contra la seta de Mahometo, y, en general, todos sus
versos á lo divino, tales como el Credo glosado y la tra-
ducción del Stahat Mater, Son más bien ejercicios de
piedad que de literatura, y lo que principalmente res-
plandece en ellos es la robusta fe del poeta :
Pues basta sola la fe
Que tuve, tengo y tendré :
Si mis días mal obraron,
Como sombras se pasaron,
Yo, como flor, me soqué.
Pero lo que da originalidad y positivo valor al Can-
-dañero de TJrrea son las poesías, casi familiares, pero
-en el más noble sentido de la expresión, en que se
Tomo VIT, 18
CGLXXIV LÍRICOS CASTELLANOS
deja llevar de la espontaneidad de su genio, y nos»
maestra sin disfraz ni retórica sa alma entera, sencilla
y buena, desinteresada y noble. Entonces es un poeta-
natural, aunque nunca llegue á ser un gran poeta-
Pero es tan raro encontrar en la fastidiosa y contrahe-
cha lírica del siglo xv, en aquel erial de sentimientos-
falsos y de frases hechas, en aquella hueca gimnasia
de rimas, algún acento que brote del alma, que sólo-
por haber reintegrado algunas, veces los derechos de-
la verdad humana, es Urréa merecedor de grande es—
tima. Ya hemos tenido ocasión de citar las mejores-
entre estas composiciones, porque son páginas de la-
vida moral de su autor : los versos á su mujer, los dei
pleito de su hermano, los de la vida de la aldea, y aun-
pueden añadirse otros, por ejemplo, las graves y sen-
tenciosas coplas que dedicó á su madre con motivo"" del
incendio de su castillo :
Qae los pintados palacios
Do est& la delectación,
Do todos vicios despiertan...
También les vendrá sazón
Que en no nada se conviertan.
• Que todo acaba en tristura :
¡Qué placeres y dolores
En pintados corredores!
¿Qué se hará aquella pintura?
¿Qué ha sido de los pintores?
Por haber herido diestra y gentilmente esta cuer-
da del sentimiento humano, D. Pedro de Urrea sus-
cita desde luego el recuerdo de Jorge Manrique, pero
es claro que la comparación tiene que serle desfavora^
ble. Urrea es poeta á largos intervalos, escribe con di-
PRÓLOGO GCLXXV
fusión y desaliño, no tiene el instinto de la forma períec»
ta: ninguna de sus composiciones largas está inmune de
caídas y prosaísmos; y carece, además, de la profunda
melancolía, del inefable hechizo lírico que tienen las
coplas del que bien podemos llamar su maestro.
Lo fué también Juan del Enzina en otros géneros
de poesía ligera, y es evidente que Urrea \p imita, no
fiólo en sus disparates (que bien pudo haber puesto á
un lado), sino en sus canciones, en sus villancicos y
aun en sus romances. Estos son nueve, y á excepción
de uno de asunto histórico (sobre la muerte del Condes-
table de Navarra)^ todos pertenecen al género erótico-
sentimental, según estilo de trovadores. Pero uno de
ellos se abre con una introducción deliciosa (hasta por
la mezcla de algún rasgo realista), introduccción que
tienp todo el sabor del buen lirismo popular, que cuan-
do describe lo hace de un modo rápido é intenso :
En el placiente verano,
Do 6on los días mayores, » i
Acabaron mis placeres.
Comenzaron mis dolores.
Cuando la tierra da yerba,
Y los árboles dan flores ;
Cuando aves hacen nidos
Y cantan los ruiseñores-,
Cuando en la mar sosegada
Entran los navegadores ;
Cuando los lirios y rosas
Nos dan los buenos olores ;
Y cuaiido toda la gente
Ocupados de calores
Van aliviando la ropa
Y buscando los frescores;
Do son las mejores horas.
Las noches y los albores.
GGLXXVI LÍRICOS CASTELLANOS
En este tiempo que digo
Comenzaron mis amores... «,
Los villancicos son lo más selecto del Cancionero de
IJrrea. El poeta aragonés, qne era á la par músico, pa-
rece haberles tenido especial predilección, y no sólo
los multiplicó sin medida, sino qué hizo de ellos espe-
cial ramillete para obsequiar á su hermana^ Doña Bea-
triz, condesa de Fuentes. «Como se cantan (dice) pa-
»rece que llevan consigo más placer y bullicio que nin-
»guna de las otras obras. » Lo^ hay exquisitos.de gracia
y soltura : la mayor parte son amatorios : alguno frisa
. con lo picaresco, como el de las viudas de Zaragoza (1).
Pero el más digno de citarse, por haber dado motivo á
una célebre imitación, es el que principia
Ayer vino un caballero
Mi madre á m* enamorar :
No lo puedo yo olvidar.
Soy del servida y amada,
É! es de mí muy amado,
•w • Tan cortés y bien criado
Que me tiene sojuzgada.
Juró en la cruz de su espada
Nunca jamás me dejar ;
No lo puedo yo olvidar.
Su vista ya me consuela
Tanto cuanto me consuelo...
Que viene con su vihuela
(1) Madre, cuando enviudaré,
A Zaragoza me iré.
Allí las viudas holgadas,
Mucho más que las casadas,
Allí son muy visitadas
De los que les tieneu fe--
Viuda huelga en Zaragoza
Más que casada ni moza,
Cada cual dellas retoza
Oon mil cosillas que sé...
PUÓLOUO GCI.XXV{I
Cada noche aquí á cantar :
No lo puedo yo olvidar.
Es sabida que nuestro insigne bibliógrafo D. Bar-
tolomé Gallardo, que sin presumir de poeta hizo á ve-
ces apreciables versos, hábil remedo de lo mejor que
en los libros antiguos encontraba, tuvo la suerte de
acertar un día á componer una primorosa canción r<h
mántica que tituló Blanca-flor, la cual no podrá sin
injusticia ser omitida en ninguna colección selecta de
nuestrq Parnaso. Pues bien, la planta (como diría Ga-
llardo) de esta composición, ó á lo menos la primera
idea de ella está tomada del citado villancico de Urrea,
aunque el autor moderno le mejorase mucho :
Yo me levantara un día
Cuando canta el ruiseñor,
EL mes era de las flores,
Á regar las del balcón.
^ Un caballero pasara,
Y me dijo : «Blanca Flor»,
y de par en par abrila
Las puertas del corazón.
Otro día, á U alborada.
Me cantara esta canción :
«¿Dónde estás'la blanca niña,
Blanco de mi corazón?»
En laúd con cuerdas de oro,
Y de regalado son,
Que de par en par abrióme
Las puertas del corazón.,.
Hay finalmente en el Cancionero de Urrea, y no es
la menor curiosidad de él, una versificación del primer
acto de la Celestina^ tan fiel, tan ceñida al texto, que no
discrepa de él en lo más mínimo, siendo una de las
CCLXxviii líricos castellanos
más relevantes pruebas, tanto de la popularidad, que
ya lograba aquel insigne monumento de nuestra lite-
ratura dramática, como de la rara pericia y destreza
de versiñcador que tenia Urrea. Del encabezamiento
de esta pieza, que lleva el título de égloga^ introducido
por Juan del Enzina, se deduce que fué escrita para
ser representada en dos veces, es decir, dividida en dos
escenas ó pequeños actos (1).
(1) Égloga de la Tragicomedia de Calixto y Melibea^ de prosa
trovada en metrot por D, Pedro de UrreOt dirigida á la Condesa
de Arando^ su madre.
«Esta Égloga ha de ser hecha en dos veces : primeraxnente
> entra Melibea, y Inego después Calixto, y pasan alU las raso-
>ne8 qué aqui parecen ; y al cabo despide Melibea & Calixto
»con enojo, y sálese él primero, y después luego se va Melibea,
>y torna presto Calixto muy desesperado á buscar ¿ Sempronio
>8U criado ; y los dos quedan hablando hasta que Sempronio
» va á buscar á Celestina para dar remedio á su amo Calixto.
>Y allí acaba : y por no quedar mal, vanse cantando el villau-
>cico que está al cabo.»
Hubo otros que intentaron dar forma poética á la Celestina,
En el Registrum de D. Femando Colón se menciona una Farsa
en coplas sobre la comedia de Calixto y Melibea, por Lope Ortiz
de Stúñiga. Inc.
Hi de sam, y qué floresta
Y qué floridos pradales...
Yo poseo un pliego suelto gótico que contiene un compendio
«n verso de toda la famosa tragicomedia con este título :
Romance nueuaméte hecho de Calisto y Melibea g. trata de to-
'dos sus amores y de las desairadas muertes suyas y de la muerte
de aquella desastrada mujer Celestina, intercessora en sus amores.
Está en forma de relación de ciego y principia asi :
Un caso muy señalado
Quiero, señores, contar.
Como se iba Calisto
Fara la caza cazar :
En huertas de Melibea
Una garza vido estar... ^
El grabado que precede á las coplas está también en la Celes^
PRÓLOGO GGLXXIX
No hemos visto más obra de D. Pedro de Urrea que
su Cancionero; pero Brunet cita una Penitencia de
amor (probablemente en verso), impresa en Burgos
'en 1514, á la cual siguen diversas composiciones poé-
ticas (1). ¿Será ésta una segunda edición ó un suple-
mento del Cancionero? En el primitivo índice de la In-
quisición se registra como prohibida otra obra de nues-
tro autor Peregrinación á Iherusalem (Burgos, 1523).
Es de suponer que Urrea hiciese en persona la pere-
^inación que describe, del mismo modo que Juan del
J]nzina hizo su Trivagia antes de narrarla.
No se sabe la fecha precisa de la muerte de nuestro
poeta, pero seguramente fué anterior á 1536, puesto
-que en 17 de Noviembre de dicho año otorgó testa-
mento su viuda Doña María de Sessé.
Breve fué la vida de D. Pedro de Urrea, pero de
ningún modo estéril, ni para la gloria de su linaje ni
para la de las letras. Modestamente se contentaba eon
que su Cancionero fuese una esperanza de ser algOy pero
en verdad fué mucho más que eso, puesto que en él se
manifestó y afirmó por vez primera el genio poético
aragonés con algunos de sus esenciales caracteres. La
4ina de Sevilla 1502, lo oual paede servir para fijar aproximada-
mente la fecha de este pliego, qae está encuadernado con la
Éffloga de Oristino y Febea, con el Romance de Gaiferos, etc.,
todos del mismo aspesto tipográfico.
Finalmente, existe la Tragicomedia de Calixto y Melibea :
nueuamente trabada y sacada de prosa en metro cistellano, por
Juan Sedeño, vezino y natural de Arévalo (Salamanca, 1540), toda
-en versos octosílabos. Barísimo libro.
(1) Penitencia de amor copuesta por don Pedro de Urrea,,.
Fué la presente obra emprétada en Burgos, á costa y espensas de
Fadrique alemán de Basilea... a vliij dios del mes de Junio, año de,„
mili y quintetos y quatorze años. 4.^ gót., 8S hs.
GGLXXX LÍIUGOS CASTELLANOS
patria de Marcial y de Prudencio no había tenido voz:
hasta entonces en el coro de las literaturas vulgares.
La tuvo por primera vez con Urrea, que por la espon-
tánea gravedad moral sin mezcla de dogmatismo pe-
dantesco, por la rectitud de sus propósitos, por la
franca y sana alegría, por la constante y honrada lla-
neza de su estilo, por el predominio de la razón sobre
la íantasia, fué digno intérprete del sentir y del que-
rer de su pueblo, en la brillante corte literaria de lo»-
Reyes Católicos.
M. Mekendez t Pelato.
JÜM DEL MZm
IMITACIÓN DE LAS ÉGLOGAS DE VIRGILIO
/
A LOS MUY ESCLARECIDOS
Y SIEMPRE VITORIOSOS PRINCIPES
DON HERNUNDO E DOÑA ISABEL
C^omlen^a el prólogo de la translación
de las «Bucólicas» de l^lrglllo por Juan
del Enzlna.
La grandeza de vuestras hazañas, digfnas de inmortali-
dad, muy altos e muy poderosos reyes, despierta las len-
guas de los dormidos corazones e no dexa tener sufri-
miento para que puedan callar avn los que hablar no sa-
ben; mas ¿quién será tan digno, por mucho saber que
alcance, que deue tener confianza en su ingenio para
dignamente llegar á contar el menor quilate de las exce-
lencias de vuestra real majestad? Quanto más yo, que aun
agora soy nueuo en las armas é muy flaco para nauegar
por el gran mar de vuestras alabanzas? ¡O inuitíssimos
príncipes! ¿quién supiese recontar las Vitorias e triunfos
que en los reynos, por vuestra mano conquistados, hauéys
recebido; (fue no solamente el reino de Granada, más
avn, el vuestro de Castilla, casi todo ganastes con fuerza
de armas, queriendo Dios ayudaros? e avnque aquesto
Bgora nos parece mucho, es cierto después nos parecerá
casi nada en comparación de las victorias que os están
guardadas. ¿Pues qué diré de vuestra poderosa justicia, e
«on quánta paz e sosiego vuestros reynos son regidos, ha-
4 líricos castellanos
liando como los hallastes tan estragado?, que, según el
gran daño que en ellos estaua, no se espera ua remedio, e,.
sobre todo nuestra fe, que ya estaua puesta en despeña-
dero donde muchos deslizauan. Vosotros, cristianísimos
reyes, la restaurastes y esclarecistes, que quiso Dios esco-
geros para remedio <ie tantos males. Vosotros sois la cum-
bre de todos los príncipes é reyes á donde la fe e la jus-
ticia se conoce bien quien son, á donde la munificencia
tiene su^ fuerzas enteras, soys la mesma libertad en las co-
sas que lícitamente podéis usar della; no sé para qué me
pongo en alabaros, pues entrar por este camino es querer
agotar el mar, ni mi saber da lugar para ello. Mas como
el desseo de seruir á vuestra alteza >sea mayor que el temor
de descubrir mis defetos, avnque grandes, no quiero es-
cusarme de salir á barrera y ensayarme primero en algún
baxo estillo, más alto si en ello mostráis seruiros. E por-
que mi desseo consiga effeto más concertado, acordé dedi'
caros las Bucólicas de Virgilio, que es la primera de sus-
obras, adonde habla de pastores, siguiendo, como dize el
Donato, la orden de los mortales, cuyo exercicio primera-
mente fué guardar ganados, manteniéndose de frutas sil-
uestres; é después siguióle la agricultura, é andando má» '
el tiempo nacieron batallas. Y en esta manera el estilo del
gran Homero mantuano en sus tres obras principales pro-^
cedió. De las quales, por agora, para entrada y prelu-
dio de mi propósito, estas Bucólicas quise trasladar, tro-
badas en estillo pastoril, aplicándolas á los muy loable%
fechos de vuestro reynar, según parece en el argumenta
de cada vna. E dexadas otras muchas razones que á ella
me mouieron, parecióme ser deuda muy conocida általes
príticipes é reyes, que tan gran primado y excelencia tie-
nen sobre todos los otros, se ouiesse de consagrar é diri-
gir obra de tan gran poeta, á quien el nuestro Quintiliana .
da la palma entre los latinos, y esso mesmo Macrobio e-
Seruio e todos los que se pusieren á cotejar los estilos-
JUAN DEL ENZINA 5
poéticos. E assí coma haziendo mención de poeta sin aña-
dir otro nombre, entendemos de Virgilio por excelencia,
assí es mucha razón que haziendo mención de reyes, por
s^xcelencia entendamos de vuestra real corona. ¿Quién ouo
que tan gran magostad de palabras alcangasse como Virgi-
lio? ¿Qué sentencia ó que seta de fílósofos ouo que él no
<;omprendiesse? No sin mérito, dize Cicerón auerle llama-
do segunda esperanza de Roma cuando en su mocedad pro
nunciaua ciertos versos en el teatro romano. No tengáis
por mal, magnánimos príncipes, en dedicaros obras de
pastores, pues que no ay nombre más conuenible al es-
tado-real, del qual nuestro Redentor, que es el verdadero
rey de los reyes, se precia mucho, según parece en mu-
chos lugares de la Sagrada Escritura. E las alabanzas de
la vida pastoril, no sólo Virgilio é otros poetas, más avn
Plinio, grauíssimo autor, las pon^ en el décimo otauo libro
de la natural hystoria, hablando muy largamente de la vida
rústica e no menos de agricultura; e testigo es Catón el
mayor en el libro De rebus rusticis, adonde dize que cuan-
do antiguamente alabauan algún hombre, llamáuanle buen
laborador. E avn los poetas é hombres doctos desseauan
lugares apartados, assí como bosques e montes e otras
siluas'e arboledas, e con este desseo dezía Virgilio : O qui
me sütat in vallibus Hemi. Mas tornando en mí quiero saber
quién me traxo en tan gran cuydado, que á reyes tan ex-
celentes mi pluma osasse llenar nueuas de mi desseo; que
no soy digno para ponerme en aplicar esta obra á vuestros
tan altos primores. ¡O, quántas vezes me paro á pensar,
de^sconfíando de mi ingenio, quién me puso en este traba-
jo, auiendo otros muchos que muy mejor que yo lo pu-
* dieran tomar! Mas consuéleme con aquello que dize Tulío
en el libro De perfecto oratore á Marco Bruto, diciendo que
^ninguno deue desesperar de trabajar on las letras, e si no
pudiere llegar al más alto escalón, llegará al segundo ó
tercero ó quarto; que en tiempo de Homero fueron otros,
6 LÍRICOS GASTfil.LANOS
avnque no tan notables, y esso mesmo quando Archiloeo
e Sófocles e Píndaro florescleron, no faltaron otros que es'
criuiessen, avnque no pudieron bolar tan alto, que ni el
gran estilo de Platón espantó á Aristóteles, ni el mesmO'-
Aristóteles e otros muchos sin cuento, ni Demóstenes, que*
fué el más excellente orador de Grecia, espantó á otros al-
gunos de su tiempo, e no solamente fué esto en las artes ex-
celentes, más avn entre los maestros de otras obras, según
parece en los pintores que avñ no pudieron imitar la her-
mosura de vna ymagen que estaua en Rodas, ni ]a de Yenu»
que estaua en la insola Coo, ni la de Júpiter Olímpico, no
por esso dexaron de pintar. É assí yo, aunque mi obra no
merezca ser muy alabada en perfección, á lo menos no de-
xaré de tentar vados para ver si podré alcanzar algún poca
de loor con esfuerzo de aquellas palabras que Virgilio
dice : Tentanda via est qua me quogue possim toüere humo,
victorgue virum volitare per ora. E muchas dificultades
hallo en la tradución de aquesta obra por el gran defeta
de vocablos que ay en la lengua castellana en compara-
ción de la latina, de donde se causa en muchos lugares'
no poderles dar la propia significación, quanto más que
por razón del metro e consonantes será forjado algunas
vezes de impropiar las palabras e acrecentar ó menguar,
según fiziere á mi caso, e avn muchas razones aura que
no se puedan traer al propósito; mas aquellas tales, según
dice Seruio, auémoslas de tomar como razones pastoriles,
assí simplemente dichas; e si fuese necesario vsar de*
aquello que vsan los eclesiásticos, diziendo vn psalmo por
vn solo verso que haze al caso de la fiesta. Mas en quanta
yo pudiere e mi saber alcanzare, siempre procuraré se-
guir la letra, aplicándola á vuestras más que reales perso-
nas y enderezando parte dello al nuestro muy esclarecido
príncipe D. Juan, vuestro bienauenturado hijo. E atribu-
yendo cada cosa al que mejor se pudiere atribuyr. E
avnque en los más de los lagares no hable sino de vno,
JUAN DEL ENZINA 7
será por más verdaderamente seguir al poeta, e porque^
son vuestras virtudes y excelencias tan pareadas e pues-
tas en vnidad, que no se pueden tocar las del vno sin que
suenen las del otro. E pues el grandíssimo desseo de seruir
á vuestra alteza me puso en este cuydado, con aquella
humildad e acatamiento que deuo, suplico á vuestra real
magestad quiera recibir este pequeño presente de su sier-
uo con aquellas manos triunphales e bulto sereno con
que yllustra toda la monarchía de España e modera e rige
la occidental región, e con que combida á su amistad, na
solamente á los príncipes de la religión cristiana, mas
avn á gran parte de la barbárica gente.
Al MUY ESCLARECIDO
Y BIEJÍAÜENTÜRADO PRÍNCIPE DON JUAN
Comienza el prólog^o en la traslación de
; las «Bucólicas» de Vlrg^ilio por Juan del
Envina.
Suelen aquellos que dqin obra á las letras, príncipe
muy excelente, esperimentar sus ingenios en trasladar li-
bros e autores griegos en lengua latina, e assí mesmo los
hombres de nuestra nación procuran tomar experimento
de su estudio, boluendp libros del latín en nuestra lengua
castellana. Y no solaikíente los hombres de mediano saber,
mas avn entre otros varones muy doctos no rehusó aqueste
ejercicio Tulio, puesto en la cumbre de todos los ingenios,
que boluió á la lengua latina muchas obras griegas ya
perdiclas por negligencia de nuestros antecessores, princi-
palmente aquellas muy altas oraciones de Esquines e Dé-
mostenos, cuyo argumento parece; las quales nuevamente
tirasladó Leonardo Aretino poco tiempo ha e la Ethica de
Aristóteles que agora se lee, e otros libros de Platón e avn
entre los santos doctores no dio pequeña gloria á San
Hieronymo la interpretación é tradución de la Biblia; y
en este trabajo se ocuparon^ Aquí la é Symaco, teodoción,
Orígenes y Eusebio. E de los modernos, no solamente Leo-
nardo e Filelpho se pusieron á trasladar de vna lengua en
otra, mas también otros muchos gastaron parte de su tiem-
po en semejantes exercicios, dedicando sus obras á quien
Tomo VII. 19
40 LÍRICOS CASTELLANOS
SU desseo les aconsejaua. E como quiera que yo sea tan des-
seoso del servicio de vuestra alteza como el que más, con
aquella fee que á vuestros claríssímos padres, procurando
mostrar algo de mi desseo, en las Bucólicas de Virgilio
metí la pluma, temblando, con mucha razón, viendo el
valer de vuestro gran merecimiento, e amonestado por
Orado en el arte de poesía, donde dize los escriptores
hauer de elegir materias yguales á las fuergas de sus in-
genios.
O bienauenturado príncipe; esperanza de las Españas;
espejo e claridad de tantos rey nos e do otros muchos más
merecedor, e quién será tan fuera de sentido, que qnanto
más piense que sabe, tanto más no tema de escriuir obra
de vuestro nombre? No con poco temor mili vezes boluiera
las riendas si no me atajara Marcial, que en sus epigramas
e título de baxas obras y entre sus procaces é desuer-^
gonzadas palabras entretexiera el noríibre áe Domiciano^
el más soberuio e vanaglorioso de todos los emperadores
romanos. El qual pestífero vicio está muy alongado de la
real magostad de vuestros padres e vuestra.
Assí que con este esfuerzo, mi verdadero desseo é vues-
tras muy claras virtudes me dieron atreuimíento para di-
rigir e consagrar estas Bucólicas á nuestros muy poderosos
reyes e aplicaros parte dellas. Porque creo que en vuestra
tierna niñez os auréys exercitado en las obras de aqueste
poeta, e porque fauorecéys tanto la sciencia andando
acompañado de tantos e tan doctíssimos varones, que no
menos dexaréys perdurable memoria de auer alargado y
estendido los límites y terminas de la sciencia que los del
imperio; mas por no engendrar fastidio á los lectores des-
ta obra, acordé de la trobar en diuersos géneros de metro
y en estilo rústico, por consonar con el poeta, que intro-
duze personas pastoriles. Aunque debaxo de aquella cor-
teza e rústica simplicidad puso sentencias muy altas e ale-
góricos sentidos, y en esta obra se mostró no menos gra-
JUAN DEL ENZIKA 11
cioso que docto en la Geórgica e graue en la Eneyda. E no
en poca estimación era tenida la vida rústica antiguamen-
te, que de allí nacían e se engendrauan los varones e ca-
pitanes fortíssimos, según dize Catón el Censorio en su 11-
bro de agricultura; e aquesta fué la que dio nombre á las
familias de los sabios Pisones, Cicerones e Léntulos, y eii
este exercicio estaua ocupado Cincinato quando lo denun -
ciaron de parte del Senado romano ser criado dictador; e
aquesta agricultura sustentaua á Marco Régulo, cuyo ma-
yordomo muerto quiso dexar la capitanía e hueste que en
África gobernaua para venir á labrar sus tierras; mas el
Senado e pueblo romano no ouo vergüenza de ser su ma-
yordomo e labrarle las tierras. ¿Pues qué diré de aquel
primer justo Abel, que guardando estaua ganado quando
su hermano le mató? E Noé labrador era; e Abrahan e Isaac
e Jacob con sus doce hijos pastores fueron; e Moysés en
su vida pastoril estaua metido cuando vio aquella visión
de la ^arga; » Dauid, siendo pastor e andando con sus ga-
nados, exercitaua las fuergas matando ossos e leones e otros
fieros animales, e de allí fué vngido por rey, del qual dixo
Dios Inueni virum secundum cor meum. Y todos los más de
los patriarcas e profetas beuieron en semejantes vidas. Ni
t unieron por mal muchos grandes filósofos oradores e poe-
tas escriuir de pastores e ornamento del campo; mas dexa-
dos agora todos los otros, assí griegos como latinos, que en
esta facultad escriuierón libros que á nuestras manos no han
venido, yo hallo aquel Marco Varrón, á quien Sancto Agus-
tino, en el tercero de La Cibdad de Dios llama el más enso-
ñado de los romanos, auer escrito d'aqueste rústico exer-
cicio, siendo de ochenta años, assí como él confíessa en el
prohemio de vna obra que compuso, enseñando á su mu-
ger cómo labrasse vna heredad que auía mercado, e tam-
bién Tulio en el De Senactute faze mención de las alaban-
gas de la rústica vida, e no menos Paladio ocupó su plu
ma en semejante estilo; e assí mismo Plinio e Columela es-
42 LÍRICOS CASTELLANOS
criuieron largamente de agricultura, e, según ellos dizen,
mochos culpan agora á la tierra, porque no dé tanto fruto
como en otro tiempo, e dize que lo causa estar ya cansada
de engendrar; mas estos dos claros varones dañan la tal
opinión, e afirman ser la causa porque agora las hereda-
des e tierras son labradas por manos de sieruos e hom-
bres viles e de baxa suerte, e no dan tanto fruto como
cuando las labraban aquellas manos que regían las rien-
das de los carros triunphales; porque entonces, con aquel
cuydado e diligencia que tratauan las guerras, con aquel
labrauan el campo, e de aquí dauan las coronas cínicas mu-
rales e obsidionales gran ornamento de la milicia, e aquí
mandauan las leyes de Licurgo que se criasen los hijos de
los espartanos fasta que fuessen para tomar las armas. E
pues tan excelentes cosas se siguieron del campo e tan gran-
des hombres amaron la agricultura e vida rdstica y escriuie-
ron de ella, no deue ser despreciada mi obra por ser es-
crita en estilo pastoril, e no dudo que mi trabajo sea iré
prehendido de muchos por auerme puesto á trasladar con
mi poco saber obra de tan gran poeta, mayormente atre-
uiéndome á dedicarlo á los más altos principes del mun-
do; mas los que maliciosos no fueren, no la obra, sino la
voluntad e desseo deue juzgar, e consuéleme con esto que
avn á Sant Hierónymo, en quien ninguna causa de re
prehensión auía, no faltaron maldizientes y embidíosos
que le reprendiessen, según él se quexa en diversos luga-
res; ni menos careció Virgilio de quien le motejasse, e avn,
según dize Quintiliano, no se pudo defender Cicerón, en
cuyo ingenio las virtudes oratorias e retóricas se encerra-
ron sin que detratores le tocassen. Mas si vuestra alteza
mi baxo seruicio manda recibir por suyo, lo cual le su-
plico con el temor e vergüenza que á príncipe tan escla-
recido se deue, podrán muy poco dañarme quantos mal-
dizientes biuen.
ÉGLOGA PBIMEBA
Aquí comienzan las Bucólicas de Virgilio, repartidas en
diez églogas, bueltas del latín en nuestra lengus^ e troba-
das en estilo pastoril por Juan del Enzina : dirigidas á los
muy poderosos e cristianísimos reyes D. Fernando e Doña
Isabel, principes de las Españas, reyes naturales y se-
ñores nuestros, señores de las ynsulas de nuestro mar,
etcétera. Van esso mismo algunas de las dedicadas al muy
esclarecido y hienauenturado príncipe D. Juan, y en esta
primera égloga se introduzen dos pastores, razonándose
el vno con el otro como, que acaso se encontraron *. vno
llamado Melibeo, que habla en persona de los cavalle-
ros q ue fueron despojados de sus haziendas por ser re-
beldes, conjurando con el rey de Portugal que de. Cas-
tilla fué al gado e con él anduvieron amontados e corri-
dos, perseuerando en su contumacia. Y el otro pastor, que
Tytiro fué llamado, habla en nombre de los que en arre-
pentimiento vinieron y fueron restituydos en sü prime-
ro estado e ya tocando el tiempo que reynó el señor rey
D. Enrrique quarto, comenzando su reynar con tanto ri-
gor de justicia, que no -menos de temido que de pode-
roso pudiera ser alabado; mas en el fin, atauiando su
poder y afloxando su justicia, dio lugar á que los corazo-
nes de sus súditos á vanderas desplegadas, vicios e ro-
bos, se apoderassen, para cuyo remedio tan cathólico3 e
tan excelentes príncipes Dios por su misericordia nos qui-
so dar, e agora Tytiro por más lastimar á Melibeo, que era
del vando contrario, muestra á quánta mejoría e excelen-
44 LÍRICOS CASTELLANOS
oía lleua la realeza deste nuestro muy victorioso rey á la
de todos los otros, doliéndose porque tarde vino en el
verdadero conocimiento e marauillándose en persona del
poeta cómo tuuo atreuimiento para escriuir hazañas de tan
alto príncipe, e dando gracias por las mercedes recebidas.
Tptire tu paháe reeuboM sub tegminefagU efe.
Melibeo.
jTy tiro, quán sin cuydado
Que te estás so aquesta haya,
Bien tendido e rrellanado!
Yo triste descarriado
Ya no sé por do me vaya.
;AyI Carillo,
Tañes tú tu caramillo:
No hay quien cordojo te traya.
Yo lazerado, abcrrido,
He dexado ya mi tierra;
Ando acossado e huydo,
Y tú estáste aquí tendido
A sabor por esta tierra
Canticando,
Por las siluas retumbando;
No tienes quien te dé guerra.
Cantas dos mil cantilenas
De Amarilis, tu adamada,
Deslindándole tus penas,
Tus prisiones é cadenas;
Tienes la bien canticada
JUAlr DEL EIVZINÁ 4 5
Con reposo;
A la sombra gasajoso
No te das nada por nada.
Tytiro.
;0 buen zagal Melibeo,
Quánto bien noa hizo Dios!
Diónos rey de tal asseo
Que todo nuestro desseo
Se nos cumple, juro á nos;
E le amamos ^
Tanto, que por él rezamos
Primero que no por nos.
El nos dexa andar paciendo
Al ganado por do quiere,
Bien assí como estás viendo,
Y estar nos tanto tañendo
Cuanto á nuestra gana fuere,
E cantar,
Cada cual de buen vagar.
Cual cantar por bien tuuiere.'
Melibeo,
Embidia no te la tengo,
Mas antes me marauillo;
Que por todo allá do* vengo
Tienen vn temblor muy luengo
Y es muy fuerte el omezillo.
Ay cuytado,
Con este poco ganado
Ando triste e amarillo.
46 UBICOa CASTELLANOS
Apenas puedo aballar
Por los cerros ni los llanos;
Desta .cabra he gran pesar.
Que comienza de anaziar,
No me doy con ella á manos;
Que parió,
E dos mielgos me dexó
Entre aquellos auellanos.
E pariólos hembra e macho
Que era verlos marauilla,
Do pudiera auer buen cacho
Para campo sin empacho
O para vender en villa.
lAy cuan cruda,
En vna peña desnuda
Los parió que era manzilla!
Muchas vezes he membranga
Del cielo venir señales
Que nos dauan íiguranga
De la mal auenturanza
De nuestras cuy tas é males.
Digo hey
¿Quién es ora aquesse rey
De tan buenos temporales?
Tytiro.
O Melibeo, solía
Yo de muy bouo pensar
La que corte se decía
Deste rey, que parezía
Aqueste nuestro lugar,
T en su corte
JUAN DEL BUZINA - 17
Que no auía más deporte
Del que acá suelen tomar.
For estos valles e cerros
Do guardamos los pastores,
Vemos perritos a perros,
E á las madres los bezerros
Semejar, avnque menores.
Bien assí
Al lugar en que nascí
Comparaua á los mayores.
Tan gran diferencia ya
De otras villas e lugares
Al lugar do el rey está.
Todo te parecerá
Qual el placer con pesares:
Bien como es
Con el viburno el ciprés.
Que acá todos son casares.
Melibeo,
E dime qué te mouió
O qué caso tan profundo
Por ventura te acuntió
Que en cariño te metió
De ver corte e tan gran mundo?
Por tu fe
Que me digas cómo fué;
Que de pasmo me perhundo.
Tytiro,
A la mi fé tú te sabe
Que por verme en libertad,
4^ • LÍRICOS CASTULLAROS
Que es lo que más oy se alabé
Y el libre do quiera cabe
E le dan autoridad,
He buscado
Cómo me ver libertado,
Fuera d^ catiuidad.
Mas esta jibertad mía,
Porque yo me emperezaua
E mostraua cobardía,
Vino algún poco tardía,
Ya que la barua rapaua,
E ha traydo
Vn gasajo tan eomplido
Quanto yo lo desseaua.
Desque aqueste rey nos tiene
E al otro señor dexamos,
Mudio ganado nos viene
E avn á Dios como conuiene
Harto diezmo lo pagamos
De buen peso.
Ya podremos hazer-queso
Para en villa que vendamos.
Mas en el otro poder
Libertad no se esperaua;
No gozáuamos plazer,
Nada osáuamos vender,
Porque no se nos pagana;
Las haziendas.
Con trabajos e contiendas.
Ninguno nos las labraua.
X
JUAN DEL BNZIICA 49
Ti^tiro al rey.
Marauillado me siento, .
O gran rey, qué cosa fuesse
Passarnie por pensamiento
De tener atreuimierito
Que en tus hechos yo escriuiesse.
Tu justicia
A todos pone codicia,
Que en loarte nadie cesse.
En tu virtud trasportado
. Me paraua yo á pensar
Que^estarías enojado
En verme tan descuydado
No escriuir de tu reynar,
E aun asmaua
Que tu gloría me llamaua
Que la aprendiesse á contar.
No sé para quién guardauas
Que estas églogas trobasse,
Según las obras obrauas
Tal obra se te aplicasse.
Juro á mí,
T y tiro no estaua aqui
Para que su fe mostrasse.
Tytiro vía dezir
Arboles, pinos e fuentes;
Vía tanto reluzir
La virtud de tu biuir
Que alumbrabas td las gentes;
No sabía
so LÍRICOS CASTELLANOS
Escriuir, avnque quería,
Tus hechos muy excelentes.
Mas agora ya que entiendo
Algún poco deste oficio,
Ya que voy más conosciendo,
Fauor te pido siruendo,
Porque luzia mi seruicio.
Quien te quiere
Símate como supiere,
Que yo seruirte codicio.
Tytifo á Melibeo.
Aquí le vi, Melibeo,
Este rey siendo zagal
/ E cada mes le ofrendeo,
Le rezo con buen desseo
Que Dios le guarde de mal,
E que vea,
Tanto quanto bien dessoa
Su persona muy real.
Si mercedes le pedí
Luego me las otorgó,
Á otros mogos e á mí,
Los ganados por aquí
Como de antes nos dexó;
E l&s vacas,
Dexar hacer alharacas
Con los toros nos mandó.
Melibeo.
Viejo bienauenturado,
Luego tus tierras te tienes
J'JAN DEL BNZINA * 21
Que te las han ya tornado,
Avnque son de mal labrado,
Ya con ellas te sostienes;
Mas yo triste,
De quantos bienes me viste,
No tengo ningunos bienes.
Los pastos no acostumbrados
Á las tus reses preñadas,
Ni avn á todos tus ganados
No los teman destemplados,
Ni teman malas majadas;
Ni maldad,
De la res de vezindad
Terna las tuyas dañadas.
Bienauenturado viejo, ^
Entre estas fuentes e ríos,
Estarás tu muy sobejo
Tendido sin sobrecejo,
Cogiendo los ayres fríos;
Dormirás,
Con los sones que oyrás
De las auejas sordíos.
El que cortare la rama
Mientras duermes, cantará.
Ni porque estés en tu cama,
La que paloma se llama
Entretanto dexará
Los ronquidos,
Ni la tórtola gemidos
Desde el olmo cessará.
22 LÍRICOS GÁSTEÍLLAXOS
Tytiro.
E avn por esse tal consuelo
Primero podrán pacer,
Los cieruos allá en el cielo,
E el mar secarse en el suelo
Y en seco los peces ver,
Que yo pueda,
De rey que tal fama queda,
Partirme de le querer.
Primero beoerá el Parto
En Araris desterrado, \
Y el Germán primero harto
Beuerá en el río quarto.
Que fué deiparayso dado
Que es el tygre,
Primero que yo peligre
De auer al rey oluidada.
Melibeo,
Ay que nosotros yremos
Vnos por Lybia sedientos,
E otros en Cytia daremos,
E otros á Creta vernemos
Por Oaxes con tormentos
Muy perdidos,
Por los britanos partidos,
;Ay que grandes perdimentosl
Algún tiempo por ventura
Ya después de algún agosto,
Si veré la labradura,
La cabana é lindadura.
JUAN DEL ENZINA 23
De mi padre e mí regosto,
• Yo bien creo,
Ser asmado si lo veo,
Fe por esta tierra abosto«
¿El hombre darmas feroz
Ha de auer estas labranzas,
Y el extraño con su hoz
Mis mieses siegue en su hoz?
¡Ó que malas ordenanzas
Que con guerra,
Nos echen de nuestra tierra
£ de nuestras heredan gasl
Habla consigo,
;Ay qué tierppos son ya tales!
¡Mirad para quién sembramos!
Melibeo, pon parrales,
Enxiere agora perales
Agora, agora medramos
[Desdichadosl .
Por nuestros malos pecados
Ya nunca cabera algamos.
Aballa, aballa, ganado,
Andad, andad, mis cabritas.
Que en algún tiempo passado
Siendo yo más prosperado
Fuystes vos otras benditas.
No os veré r
Por las peñas, ni estaré
Ya tendido en belloritas.
Ya no cantaré mis trobas,
Ni tañeré caramillo.
\
24 LÍaiGOS CASTELLANOS
Ni vosotras cabras bouas
Paceroys ya las escobas,
Ni las flores del tomillo,
Ni vereys
Los salzes de que cortéis
Con la boca algún ramillo.
Fin,
Si aquesta noche conmigo
Aluergar á ti te plega,
Daré te mi buen amigo,
Manganas e pan de trigo,
E avn miga cocha te cuega
E avn castaña; ,
Vamonos á mí cabana,
Que ya la noche se allega.
ÉGLOGA SEGUNDA
Argumento.
AKlonde en persona del autor de aquesta presente obra»
€íe introduze un pastor llamado Coridón, el cual, como
desseasse cantar y escriuir las hazañas tan dignas de per-
durable memoria de nuestro muy esclarecido rey D. Fer-
nando, podiendo callar la grandeza de su fama que por
todo el mundo da bozes e sacude sus alas con aquexado
pensamiento e continuas vigilias se congoxaua temiendo
su baxo saber para escriuir de tan alta magostad no sería
fauorescido. Mas lidiando con él la fuerga del aficionado
desseo, no pudo resistir la pluma sin entrar en el gran mar
•de sus alabanzas, para las quales proseguir, inuoca e pide
su fauor, suplicando no desprecie los seruicios pastoriles
e protestando gastar todo el tiempo que biuiere en la cuen-
ta de sus victorias.
Formosum pastor Corydon ardebai Mexim,
Coridón siendo pastor,
Trobador,
Muy aficionado al rey,
Espejo de nuestra ley,
Con amor
Desseaua su fauor;
Mas con mucha couardía,
No creya
De lo poder alcangar.
Tomo Vn. 20
26 LÍRICOS GASTELLáNOS
Por los montes, se salía T
Cada día
Entre sí solo á pensar.
Entre las hayas metido
E tendido
Por las sombras muy señera
E sin ningún compañero;
Con gemido,
Aquexado é afligido,
Cercado de pensamiento,
Con tormento,
Congoxado de passiones
Echaua bozes al viento
Muy sin tiento,
Diziendo tales razones.
Ó rey de reyes primor,
E señor
De las tierras e los mares,
No curas de mis cantares
Ni has dolor
De aqueste tu seruidor;
Dexasme triste morir
E sufrir
Por no me fauorecer,
Para te auer de scruir
Y escriuir
Algo de tu merecer.
Ora en estos temporales
Tan mortales,
Los ganados con calores
Buscan sombras é frescores
Muy frescales.
JUAN DEL E.NZINA 27
E los lagartos gargales,
Ragoza en aqueste estío
Tan crudio,
Testiles coge Jas. rosas
Por dar al segador frío
É amorío,
E otras yeruas olorosas.
Mas por triste sin consuelo,
Con recelo
En ti mi memoria puesta
Andome toda la fíesta
Por mi duelo,
E avn de noche me desuelo
Porque fauor no posseo:
Yo rodeo
Las arboledas e parras.
No veo lo que desseo.
Antes veo
Gomigo cantar cigarras.
¿Piensas quigá por ventura,
La escritura
De los cantos pastoriles,
Avnque en palabras más viles
Te figura
Que no requiere cordura?
Avnque tu muy gran poder
Deua ser
Más loado, e más mereces,
Doblarás con tu querer
Mi saber.
Si ttí, rey, me fauoreces.
Ó gran rey de gran potencia
28 LÍRICOS CASTELLANOS
E prudencia,
Por la color no te creay.
Aunque ser pastor me veas,
Tu excelencia
Me dará gran elocuencia:
Por ser rústico zagal
E assi tal
De ti desechado estoy,
No hazes de mi caudal
Por mi mal,
Nunca preguntas quién soy.
Quán rico soy de ganado
E abastado
De leche en todo tempero.
Mil borregas he de apero
Bien chapado,
E todas á tu mandado*.
Tengo te mucha afición.
Con razón.
Rey sobre todos los reyes;
Canto la mesma canción
Que Anfión
Cuando llamaua sus greyes.
Ni yo soy tan bouo afé.
Que no sé
Conocer menguas e sobras.
Que no ha mucho que en mis obras
Me agradé
Sino me cegó la fe:
Mas á ti para alabarte
Sin errarte.
Más é más sabef deuiera;
Más no cesaré loarte
JUAN DEL ENZINA 29
De mi parte,
Avnque me juzgue cualquiera.
Plega á Dios que en nuestra aldea
Yo te vea,
Ver las obras de tus sieruos '
E andar á ca^a de ciemos,
Porque sea
Como mi gana dessea:
Mira que Pan inuentó
E ordeñó
Los albogues tañedores,
E ouejas apacentó
Y el tomó
La guarda de los pastores.
^0 te deue de pesar
Semejar
Al nuestro Pan en cantares;
Por las siluas e lugares
Sin dudar .
Me dexa de ti cantar;
No recibas por enojo
Ni cordojo
Tocar nuestro caramillo;
Que Amintas con gran antojo
Abre el ojo ,
Por semejar pastorcillo.
#
Tengo una flauta muy buena,
Que bien suena,
De siete diverisas bozes,
Para que tú della gozes
Muy sin pena:
Tañe cualquier cantilena.
30 LÍBICOS CASTELLANOS
Dametas cuando murió
Me la dio,
Porque mucho me quería,
E avn Amintas que lo vio
Rescibió
Gran embidia en demasía.
Dos cabritos buenos he,
Que apañé
Cn no muy seguro valle,
Manchados e de buen talle
Los hallé.
Con ellos te seruiré:
Nunca cessan de mamar
Y engordar,
Que ya por ellos me ruegan;
Quigá los auré de dar
Y endonar
Si tus favores me niegan.
Ven agora, rey precioso,
' Poderoso,
E á mis obras da fauores.
Las ninfas, lirios é flores
Con reposo.
Te traen, o rey gracioso,
Violetas amarillas
E pardillas;
Náyade la más luziente
Dormideras marauillas
De rodillas
Te presenta por presente.
Para ti coge la rosa
Muy hermosa
De aquel narciso color,
JUAN DEL ENZINA 34
Y el eneldo con su flor
Olorosa
E cassia muy virtuosa:
Siempre piensa en contentarte
E lleuarte
Flores blandas e alagueras;
Nunca cessa de ayuntarle
E buscarte
.Yeruas de dos mil maneras.
Yo también con vna gana
Muy vfana
Para tu real corona
Cogeré por mi persona
La mangana.
Con su flor e muy lozana.
Cogeré del castañal
Y enzinal
Las bellotas e castañas,
Pues tu fama es inmortal,
Triumphal,
Con Vitorias muy estrañas.
E otras frutas más e más
De mí auras,
Dexándonos Dios beuir,
Si con gana recebir
Las querrás,
Muy gran merced las harás:
También os he de cortar
E podar,
O laureles e arrayhanes.
Porque siempre soléis dar
E mezclar
Olores dulces galanes.
32 LÍRICOS CASTELLANOS
Habla consigo.
No cura el rey de tu don,
Coridón,
Que eres rústico aldeano;
Otro aura más cortesano
De afición
De quien haga más mención:
;Ay mezquino, en qué cuydado
Tan penado
He puesto mi pensamiento!
Mal he sido aconsejado,
Lazerado,
Yo mesmo busqué tormento.
¡A quién huyes? ¿con qué guerras
Te destierrasl
Encubre, encubre tus faltaa
E no escriuas cosas altas.
Que lo yerras.
Ni huyas de por las sierras: .
Que los dioses no huyeron,
Antes fueron
De las siluas moradores;
Los que á Páris conocieron
Me dixeron
Que vino con labradores.
Palas, que torres labró
E fundó.
More en las torres pomposas,
Y escriua las grandes cosas
Quien buscó
Gran saber e lo alean gó.
Mas nosotros los villanos
/
JDAN DBL BNZINA' 33
Rusticanos
Mpntes é siluas busquemos: '
Pongamos en fechos llanos
Nuestras manos:
De los grandes no curemos.
La leona sigue al lobo j
Por el robo,
Y el lobo sigue á la cabra
Porque la come e la labra '>
De su adobo,
La cabra al florido escobo:
E á ti rey muy virtuoso
Yo cuydoso
Por escriuir tus arreos;
Que en este mundo penoso
Sin reposo
Son dioersos los desseos.
Mira que sufren colgados
Los arados;
Los toros el tiempo andando,
Y el sol se va derrocando:
Mis cuydados
No los puedo ver domados:
En mi penada passión
E afición,
¿Qué modo terne mezquino?
¡Ay, Coridón, Coridón,
Buen gargón,*
Que locura que te vinol
Fin.
Agora ya comenzada
V en lazada
34 LÍRICOS CASTELLANOS
Mi gana en tan gran dezir,
Cúmpleme de proseguir
La jomada
E buscar fuerga esforzada.
Hari cuanto más pudiere
E supiere;
Mostraré mi buena fe;
Si con esto no compliere
Ni sirviere,
Otro modo buscaré.
EGLOQA TERCEEA
Argumento.
En la qual se introduzen tres pastores^ Menalcas e Dá-
melas e otro ñamado Palemón, que fué elegido por juez
entre ellos, porque, después de auerse motejado e vitu-
perado, vinieron en apuesta á cantar: mas Palemón, que-
riendo complír con ambos, á ninguno quiso assignar me-
joría. Esto se puede aplicar á los primados del señor rey
D. Enrique e á muchos grandes que con envidia dellos e
avn ellos mismos entre sí sembraron gran discordia en
nue&tra Castilla; e algunos dellos tentaron algar por rey
al príncipe D. Alfonso, su hermano, por poner en obra sus
malos pensamientos:. de manera que el muy magnífico rey
D. Enrique, andando ya acouardado e temeroso de aque-
llos que temer le solían, no osaua ni curaua essecufar jus-
ticia, ocupado en otros exercicíos, dexando á cada uno fa-
cer lo que quería, e con esto las maldades tanto se multi-
plicaron y enxambraron en este reyno, aque no solamente
lo de la corona real, mas avn las' propias haciendas unos
á otros se robaban, e como malos pastores ordeñaban aje-
nas ouejas. Assí que al tiempo que nuestros muy podero-
sos príncipes D. Fernando y Doña Isabel á suceder vinie-
ron, tnuchos ouo que por malicia ó por mal conocimien-
to ayudaron e fauorecieron al rey de Portugal dándolo
entrada en Castilla adonde no poco peligrosa le fué des-
pués la salida. E otros también auía que jugauan de dos
manos, queriendo complir con vna parte e con otra : de
suerte que en esta guerra cada qual, presumiendo de más
sabio e poderoso, cantaua e alabaua su partido, fauore-
ciendo sus reyes, mostrando priuar con ellos.
36 líbicos castellanos
Die mihi Dameta etiium pecuM <m Melibei, etc.
Melibeo.
Dime, Dametas mateo,
¿Cuyo te es esse ganado?
Soncas, soncas mal pecado,
Quigá que es de Melibeo.
Dametas, •
Juro á diez que tal no creo;
Antes es de Egon romacho, ,
Que por él lo pastoreo,
Y él me lo dexó en oteo
Ora aura no muy gran cachó.
Menalcas,
¡Ó ganado desualido.
Quejas descarriadas!
Él allá por las majadas
Con nevera embouescido:
De mi miedo amodorrido
No osa desaprir della,
Teme ser yo más querido
Y él por no ser aborrido
Todo aburre por querella.
E aqueste ageno pastor
Las ouejas empeora;
Qué dos vezes cada hora
Las ordeña sin temor;
Desfloréales la flor
Que el ganado no aproueche,.
JUAN DEL BNZINA 37
De boca siempre peor, ,
Los corderos sin sabor
Ya descruzian de la leche.
Dametas.
Cata, cata, mira bien,
Atempérate en \a llotro,
E no desmalingres de otro,
Que avn de ti sabemos quién...
E por ser sabido ten
De traués estar mirando,
X-os cabronesspor desdén
E las ninfas doiHe e^tén,
Ellarán de ti burlado.
Menalcas.
Asmo que en aquellos días,
Quando ^\ árbol de Micón
Cortaste en el fegurón,
E las vides no valías.
Dametas.
Ó quando con tus porfías
El arco á Danés quebraras,
Que las saetas le vías,
E de enbidia te morías
Si en algo no le dañaras.
•
Menalcas,
. ¿Qué chufas se harán los amos
Quando tal osa el collago?
38 LÍBICOS CASTELLANOS
1 f) no te vi lladrona^
Hurtar el cabrón digamos;
Hizo nos que te oteamos
La perra con su ladrido.
Yo dixé: «guarda veamos,
Do va aquél», e te haUamos
Tras vna mata ascendida.
Dámelas.
i
Lo que gané canticando
No me lo auian de dar;
Que á Damón gané á cantar
£1 cabrón albogueando:
Si no lo sabes, jurando >
Te digo me lo deuía,
Y él lo andaua confessando,
Mas andáuase escusando
Que dar no me lo podía.
Menalcas.
¿Tú venciste á Damonillo?
Calla, calla, no te alabes,
Que de albogues tú no sabes
Ni menos de caramillo:
No solías mogaluillo
Aullar por los caminos
Engrillando el cantarcillo,
Llateoso é tristezíllo
De aquellos llantos llorínos.
Dámelas,
Daca, daca, pues que estás
En repuntas atufadas.
JUAN DEt ERZINA M^
Gantiqüemós a vegadas,
Veremos quién sabe más:
Aposfemos si querrás
Venir conmigo en desgarro,
Tú dime lo que pomas;
Que esta vaca ganarás
Que dos veces viene al tarro.
• )
Menalcas,
•
Del ganado no osaría
Ninguna cosa apostarte,
Avnque supiese ganarte,
Nada yo no te pornía:
Quel padre e madrasta mía
Son, ahotas, tan caseros.
Que dos vegadas al día
Me cuentan en estrechía,
El ganado e los corderos.
Mas pues tú con desuarío
Presumes de tai locura, -
Yo te apostaré postura
De mucho más valorío:
Poner te he en el desafío
Ta^^a de haya tapada,
E de muy fuerte natío.
Su labrangg e atauío
Por Alcimedóñ labrada.
Tiénete mili quellotran^as
Alderredor añedidas,
E vnas de yedra esparzidas '
Y en medio dos figurangas,
Y el otro se me destella
40 LÍRICOS CASTELLANOS
Que escriuió las rodeangas,
Los tiempos de las labranzas
E avn nunca beuí por ella*
Dametas,
De essas ta^as dos posseo
Que las hizo que es espanto,
Alcimedón e de canto
Las asas cercó en rodeo:
Y en el medio puesto Orfeo
E las siluas bien abondo,
Ni por ellas beuer reo,
Que las guardo e las asseo.
Mas la vaca es más en hondo.
Menalcas.
No te puedes perllotrar
Ni me puedes rehuyr;
Yo te porné sin mentir
Lo que querrás apostar:
Quien viniere puede vsmar
Nuestras repuntas e aqüestes;
Bete Palemón andar,
Yo te quiero escarmentar,
«Que después con nadie apuestes.
Dametas.
¡He allál di, di, zagal,
' Abune si tienes algo,
Que yo sin tardar te salgo
Á qualquiera bien ó mal:
£ tu Palemón Pascual
^(JAN DEL ENZINA / 44
Descruziame deste loco,
Con hemencia natural,
Da sentencia general
E no cuydes que es tan poco.
Palemón.
Si vos praz, carillos, he;
¡Á ello jufo, á sant pravios!
Y en este prado assentavos,
Que yo me rellenaré:
Que nunca tal año fué
De flores e garatusas,
Di, Dametas, algo que
Tú, Mena]pas, tras él ve,
Que aquesto quieren las musas.
Dametas,
Las musas tienen su ser
De Júpiter y él lo es lodo:
En mi cantilena e líiodo
Él quiera gracia poner:
Febo me tiene querer
Y en sus dones me repinto.
Son sus lauros mi plazer,
E he gasajo de traer
Belloritas de jacinto.
/ Dámelas,
Á mí la mi Galatea
Con la mangana me da,
E á los salzes se me va,
E antes quiere que la vea:
Tomo VII. 21
4^ LÍBICOS CASTELLANOS
Tanto, Amintas, me dessea,
Que si quiero tras los cerros
De su grado se me emplea,
E avn más conoscida sea
Que no Delia de mis perros.
Menalcas.
¿Con la mía tú la ayomas.
Que las donas pernotadas,.
Te le tengo aparejadas
En vn nido de palomas?
Dametas.
¿E comigo tú te tomas,
Que mi zagala embié
Diez manganas sin carcomas?
E avn por más que te carcomas,
Más mañana embiaré.
Dametas.
\Ó quantas vezes qué cosas,
Calatea me ha habladol
Ó vientos, tened cuydado
De llenar parte á las diosas.
Menalcas,
No me desprecias ni osas
Negarme, Amintas, mercedes;
Dasme las tan cariñpsas.
Que tras cieruos no reposas
Mientras yo guardo las redes.
JUAN DEL ENZIN4 43
Dametcts.
k Filis me enbia lola
Oy que hago mi natal,
Mientras rezo al temporal,
Por yenirte desmostola.
Menalcas.
Más que todas me empiola
La mi Filis sin dudanga,
Que en venir me se destrola,
E al partir de mí tan sola,
Chapóme gran saludanga.
Dametas.
•
Lobo entrista la majada,
E agua los frutos maduros,
E árboles los vientos duros,
E á mí Amarilis yrada.
Menalcas.
Dulce es agua á la sembrada,
E las matas al cordero,
E á cordera destetada,
Y el salce á la res preñada
E Amintas á mí señero.
Dametas.
Polio tiene gran amor
Y en mi musa descordoja,
Ó masas, cría vna anoja, ^
Aqueste vuestro lector.
44 LÍRICOS CASTELLANOS
Menalcas,
Es Polio gran trobador
Y en muy grandes /trobas lee,
Criadle un toro á sabor,
Que acornee sin temor
Y en el arena cocee;
Dámelas,
Ó Polio, quien bien te quiere
Venga do te goza ver,
, Vea amonio e miel correr.
Allí de ^ar^al que hiere.
Mendcas,
Quien á Bauio no aborriere,
E ama, Meuio, tus versónos,
Tras las raposas lazere.
Por vnirlas desespere
Y él ordeñe los cabrones.
Dametas,
Ó zagales que cortays
Flores moras sin corrida, *
Aballad que está metida
Vna sierpe aquí do estáis..
Menalcas,
Las ouejas no metays
Á b^uer avnque ayan gana,
En agua no os atreuays;
JUAJS DEL ENZINA 45
Que el carnero que oteays,
Avn ora seca la lana.
Dametas.
Titiro, carea e vente,
Quita las cabras del río;
Que en siendo tiempo e natío,
Yo las lauaré en la fuente. ^
Menalcas.
Recoged muy prestamente,
Zagales, esse ganado;
Que en el estío valiente.
Si viene tiempo caliente,
No ordeñaremos bocado.
Dametas.
;Ay quan magro que desbarda
Mi torillo en yeruos gruessosl
Amor lo tiene en los huessos.
Como el pastor que lo guarda.
Menalcas,
Yo te juro á santa albarda
Que tal mal de amor no viene,
Wi ganado se deslarda;
No se qual ojo lo escarda.
Que aojado me lo tiene.
Dametas,
Dime «gora, tú moQuelo,
E serás mi gran Apolo,
46 LÍBICOS CASTELLANOS
¿Donde no verán tan solo
Sino tres bragas del cielo?
Menalcas.
Dime qué tierra ó qué suelo
Da en la flor escritos nombres
De reyes, e sin recelo,
De Filis auras consuelo, /
Tú solo que no te asombres.
Palemón.
No me es dado deslindar
Entre vos tanta alharaca,
Tú meresces bien la vaca
Y él también, pues sabe amar:
E avn qualquiera del lugar
Que sepa ser namorado,
E del cariño gozar,
Ó por lo gozar penar,
Merece ser alabado.
Fin.
Ó lAogos, ya esto atordido.
Cerrad los ríos en paz,
Que ya los prados assaz
Abondo tienen beuido:
Bien os tengo per oydo
Vuestras temas e pendencias.
Harto aueys ya debatido.
Deslindado e descutido.
No passen más percundencias.
ÉGLOGA CUAETA
Arigameiito*
En alabanza y loor de los muy vitoríosos e cristianísi-
mos príncipes D. Fernando e Doña Isabel, reyes naturales
y señores nuestros. Aplicada al nacimiento bienauentura-
do del nuestro muy esclarecido principe D. Juan su hijo,
adonde manifiestamente parece Sibila profetizar dellos; e
Virgilio auer sentido de aqueste tan alto nacimiento, pues
que después del en nuestros tiempos auemos gozado de
tan crecidas Vitorias e triunfos e vemos la justicia ser no
menos poderosa en el mayor que en el menor. Ya los me-
nores no saben qué cosa es temer las sin razones e dema-
sías que en otro tiempo los mayores les hazían, ya con la
sancta inquisición han acendrado nuestra fe e cada día la
van más esclareciendo. Ya no se sabe en sus señoríos e
reinos qué cosa sean judíos; ya losypócrítas son conosci>
dos e cada vno es tratado según biue. Las virtudes son por
su prouidencia benigníssi mámente fauorescidas e los vi-
cios severíssimamente castigados. Ya Dios nos da los tiem-
pos á su causa como nosotros los desseamos*
SiceUdes mtuae paulo maiora eanamus, etc.
Musas de Sicilia, dexemos pastores,
Alcemos las velas del nuestro dezir,
Razón nos combida auer de escriuir
Mysteríos más altos de cosas mayores;
Ni á todos agradan los grandes primores
48 LÍBICOS CASTELLANOS
Ni á todos tampoco las cosas palpi^bles.
Cantemos estilo notable á notables
E suene el menor allá con menores
Si siluas cantamos, las siluas merecen
De rey tan notable gozarse e dar gloría,
Pues reyna tal rey de tanta vitoria
Los grandes triunfos á él se enderecen;
Los bienes comiencan, los males fenecen.
Según, que Sibila lo canta e lo reza,
Gran orden comienza en su realeza.
Los rey nos saturnios en él rebiuecen.
La mesma justicia con él ha venido.
Del cíelo nos vino tal generación.
O Uírgen María tú da perfeción.
' Al príncipe nuestro Don Juan ya nascido :
Por ti le veamos muy fauorecido.
Pues reyna en la tierra tan cristiano rey.
Tal reyna, tan santa luz de nuestra ley.
Que en todas sus obras es Dios muy seruido.
Al rey e reyna.
O rey Don Hernando e Doña Isabel;
En vos comentaron los siglos dorados;
Serán todo tiempo los tiempos nombrados
Que fueron regidos por nuestro níuel;
Tenéys él e vos e assí vos como él
Con Dit)S tanta fe, que sus deseruicios
Aueys destruydo e todos los vicios
E alguno si queda daréys cabo del.
Bíuáys muchos años acá en este suelo ;
Reynando e saliendo con cuanto quisierdes,
JUAN DEL ENZIN4 49
Mas ya Dios queriendo después que partierdes
Coronas de reyes auréys en el cíelo;
Auréys con los santos su mismo consuelo
Gozando. en presencia la vista de Dios, ,
Y el príncipe acá después ya de vos
Los reyiios seguros terna sin recelo.
Al principe.
A vos, principado, por daros holgan(;a
En vuestra niñez la tierra os dará
Yedras e nardos e más mezclará
, Acanto e más pilantas sin darle labranza;
' Las cabras darán muy gran abundan^a,
. Las tetas tendidas con leche á montones;
No temerá nadie los grandes leones,
Aura muchas flores en vuestra crian ga.
Ninguna pongoña podrá pongoñar;
Ninguna serpiente aura ponzoñosa;
Será destruyda la yerua engañosa, .
Podremos do quiera de amomo gozar;
Después que mayor sabréys ya mirar
Los hechos antiguos e de vuestro padre.
La gran excelencia de vuestra gran madre
Yeréys las virtudes, sabréys las obrar.
Yréys poco á poco creciendo e mostrando
Gordura, s^ber, virtud e bondad;
Los campos darán de su voluntad
Nascidos los panes creciendo e tostando,
Las gargas y espinas, las vuas colgando
De grandes razimos muy mucho cargadas,
Maduras e dulces no siendo labradas.
Los robles muy duros, las mieles sudando.
50 LÍaiGOS CASTELLANOS
Algunas pisadas del mal ya passado
Podrá ser que queden de aquel siglo duro:
Que manden lugares cercarse de muro
E pongan las ñaues por mar en cuydado;
E hagan hacer con reja e arado
Los surcos hendidos por baxo de tierra
Dó sereys ávido en esta tal guerra
Por el gran Archiles a Troya embiado.
Después que la edad más hombre os hiziere,
Ni aura marinero ni ñaue ninguna;
Tern^ cada tierra tan buena fortuna,
Que tenga abundancia de quanto quisiere;
Entonces la tierra, cualquiera que fuere,
No aura menester de ser ya labrada,
Ni viña ninguna de ser ya podada:
Darán tan buen fruto qual hombre pidiere.
Y entonces también qualquier labrador
Soltará sus bueyes sin darles más pena,
No aura menester el yugo é melena,
Dexarlos ha libres de toda lauor;
No aura ya tintura de ningún color,
No aura menester teñirle de lana,
El mesmo camero de púrpura e grana
Tema vellocino teñido e con flor.
También Ips corderos serán reuestidos
De aquella color qual yerua pacieren,
Color sandicino si sandís comieren
De su natural sin tinta teñidos;
Con firme concierto los hados mouidos
Dixeron conformes las parcas fatales,
Hilemos los siglos agora ya tales
Que bueluan de nueuo dorados polidos.
JUAN DEL BNZIN4 54
O claro linaje, victoria escogida,
Los grandes triunfos e nmcha alabanza
Á vos que se deue se dé sin dudanga,
Ya vienen los tiempos de gloria crecida;
Mirad toda España que estaua perdida,
Las tierras y el mar, la fe no constante,
Alégrense todos por lo de adelante,
Que el bien se nos viene con vuestra venida.
O Dios, quién pudiesi^e biuir tantos días,
Que bien vuestros hechos podiesse contar;
Ni Orfeo ni Lino podría ygualar
Gomigo tan dulces cantando armonías;
Avnque sabemos de sus melodías
E Orfeo ser hijo de Caliopea,
E a Lino su padre Apolo le sea.
En esto les puedo licuar mejorías.
E aquel Pan Cilenio si quiere su vez
Comigo apostar, yo tengo creydo
Que el mismo á sí mesmo se de por vencido
E avn siendo entre nos Arcadia juez;
O niño gracioso, en vuestra niñez
Riendo mostrad'plazer desde agora;
Quitad los fastidios de vuestra señora,
Pagadle el trabajo del parto e preñez.
Fin,
Mostralde comiendo de bienes extraños.
Pues deuen los hijos gran deuda á las madres;
Que á los que no ioman plazer con sus padres.
Aquellos da Dios trabajos e daños;
Comiencen verdades; fenezcan engaños;
Fenezcan pesares; comienzen plazeres;
O rey na tan santa, primor de mugeres,
O rey excelente, biuays dos mil años.
ÉGLOGA QUINTA
Arigamento.
Adonde se introducen des pastores muy amigos, el vno
Menalcas y el otro llamado Mopso, los quales cantando
lloran la muerte de Danés, pastor entre ellos muy nom-
brado; en cuya persona podeínos entender la desastrada
muerte del muy desdichado príncipe de Portugal, á quien
la fortuna se quiso mostrar muy envidiosa eji su mayor
prosperidad, ya que auia casado con la esclarecida infan-
ta Doña Isabel, hija de nuestros muy poderosos reyes :
princesa de Portugal, á cuya causa con mucha razón nos
cupo gran parte de su dolor.
Cur non Mopse boni quonias eowuenimus ambo, etc.
Menalcas,
¿Por qué no, mi buen carillo,
Pues aquí nos perj untemos
Tú á tañer tu caramillo,
Yo á cantar vn cantarcillo
Por aquí no nos tendemos
Entre aquestos auellanos
Muy lóganos
Y á estos olmos nos sentemos ^
Porque más nos gasajemos
E cantemos como hermanos?
JUAN DEL BNZINA 53
Mopso.
Tú Menalcas mayoral
Como quier que se te deua,
Pues eres tan buen zagal
Para bien ó para mal
Por do quisieres me lleua;
O nos vamos á la sombra,
Tú lo nombra,
O mira en aquella eueua
Si quieres que yo me mueua
Tú te aballa e te descombra.
Menalcas.
No hay en toda aquesta sierra,
Júrete para Sant Polo,
Ni por toda nuestra tierra,
En cantar quien te dé guerra,
Saluo si es Aminta solo.
Mopso»
Si él osa cantar comigo,
Yo te digo
Que se yguale con Apolo,
Mas aquesse Amintas, do lo,
Venga, venga aquí contigo.
Menalcas,
Comienza, carillo, luego
Si sabes de amor passión
De Filis é de su fuego,
O si no di, yo te ruego.
54 LÍRICOS CASTELLANOS
I
Las alaban gas de Alcón;
Di de Codro las renzíllas
Omezillas;
Quel buen Titiro gargón,
Mientras cantas algún son,
Te guardará las cabrillas.
Mopso,
Antes otras cantilenas
Te quiero agora cantar,
Que cuydo que son muy buenas,
Que avn agora, agora apenas
Acabo de pernotar;
Quiero te dezir lo que es
E después.
Si cuydares de ganar.
Manda que venga apostar
El tu Aniintas de traués.
Menalcas,
Tanta quanta diferencia
Va de oliua á salce ser
Rosal o mala eruolencía.
Canta puja tu excelencia
Sobre Amintas á mi ver;
En la cueua nos entremos,
Aballemos,
Sin más razones poner
Para cantar e tañer;
Comienza, no nos tardemos.
Mopso.
Llora, ninphas, sin abrigo
Cruel muerte de un moguelo
JUAN DEL ENZIN4 55
Á hotas que deys testigo
Ríos e árboles comigo
De Danés muerto en el suelo,
Que su madre le lloraua
E afora9aua,
Dando bozes contra el cielo
Con tan gran dolor e duelo, |
Que á todos nos lastimaua.
Lloraua su muerte tal ^
La triste Doña Isabel,
Nuestra infanta principal,
Princesa de Portugal,
Porque era su mujer dól.
Yo la vi tan dolorida
Que en la vida
Estaua más muerta que él,
Haciendo llanto cruel <
Por tal pérdida perdida.
Ay Danés que en aquel día
E avn después ya de tu muerte,
Ningún animal pascía
Ni de las aguas beuía
Con nüeuas de mal tan fuerte;
Los montes siluas e fieras
Muy de veras,
Por tan desdichado verte
Llorauan tu mala suerte
Con bozes muy lastimeras.
Danés un zagal chapado
Fuera de la palaciega.
En todo muy pernotado
Vn gargón tan repicado
56 LÍBICOS CASTELLANOS
Que en todo el mundo se entrega,
Juro á diez gran alboroto
To pernoto
Que en su muerte se nos pega
Hasta el alma nos allega,
¡O qué zagal tan denoto!
Soncas bien cómo florecen
Los toros en el rebaño,
Bien assí como parecen
Las miesses quando más crecen
Por las sembradas cada año,
Como en el campo los panes
Assí Danés
Era de mirar extraño.
Sin auer otro tamaño
Entre garlones galanes.
Desque tú, Danés, moriste
Aburrió los campos Pales,
E Apolo por ti muy triste
Can tu muerte le heziste
Dexar las cosas campales;
Teruas'nos dauan maluadas
Las sembradas
En aquellos temporales;
Traxo tu mal muchos males
Con desdichas desdichadas.
En lugar de trigo dauan
Magarza, jollo e auena.
Yemas que flores lleuauan,
Cardos y espinas mostrauan
Fruto de dolor e pena;
O vaqueros ó pastores
«»
•
JUiN OBL EKZINA 57
Con dolores,
Pues Danés assi lo ordena,
Que por todo el mundo suena,
Cercad. las fuentes de flores.
Danés manda que hagáys
Sus hoñrras e se[5ultura
Según vosotros Ysáis,
E alrededor que pongáys
Estas letras y escritura:
En las qoales letras diga
Con fatiga,
Con fatiga e con tristura:
Yo soy Danés sin ventura,
Ventura me fué enemiga.
Yo soy Danés desdichado,
Sin dicha triste nacido,
En las siluas muy nombrado,
Pastor de galán ganado,
Yo galán muy más polido:
Que con nú muerte percundo
Todo el mundo.
Con dolor muy dolorido
Hasta el cielo conoscido.
Sin tener par ni segundo.
Menalcas.
Tal ha sido tu cantar
Para darme saborío,
Qual es para descansar
El dormir al trabajar,.
En el tiempo del estío:
Como quándo el muy sediento
Tomo VII. 22
5S LÍRICOS CASTELLANAS
Que sin tiento,
Mata la sed en buen río,
Asdí contento e harlío
Con tu canto yo me síenlo.
Eres tan buen mo^aluillo,
Tan chapado e tan diestro,
Que no sólo en caramillo.
Mas en la hoz é grítillo
Yguales con tu maestro:
Tú sos el más buen zagal
Principal .
De todo el terruño nuestro,
E avn te quiero más que muestro
Quo no te sienta tu ygual.
Yo también quiero ayudarle
Bien ó mal, como yo sé.
Responder te e remedarte,
E cantar hasta hartarte
De Danés, pues ay perqué:
Porque mejor le alabemos,
Cantiquemos
Boz en grito poT tu fe,
Pues ya tan bien suyo fué.
Con plegarias le ensalcemos.
Mopso,
Yo te juro a Sant Simón
Que era él para ensalmar,
Di tus trobas e canción
Que avn agora Stimicón
Te me acaba de alabar:
Pues eres cantor valiente»
JUAN DEl. ENZÍNA • 59
Di pariente,
No te quieras excusar,
Canta, canta sin dudar,
Pues cantas chapadamente.
Menaicds,
El cielo se marauilla
E se muestra muy asmado
De Danés nuestra manzilla
Que ya tiene allá su silla
Con los santos colfocado:
Fué de virtudes tan bellas.
Que por ellas.
Para siempre está ensalgadv;,
Ensalmado y assentado
Sobre las nuues y estrellas.
•
Pues él goza de tal gloria,
Siluas, campos, Pan, pastores,
Todos canten su victoria,
Las ninphas en su memoria
Muestren plazer e fauores:
E no cuyden hazer robos
E álos lobos.
Los lobos falsos traydorea
Dexen de ser robadores.
De robar ganados bouos;
Los ciemos no teman ya
De las redes e armaduras,
Pues que arriba Danés ha,
Gasajo de ver acá
Las cosas todas seguras:
Montes, tierras, arboledas,
GO LÍRICOS CASTELLANOS
Ya muy ledas,
Alegrando las tristuras
Resuenen por las verduras,
Por los prados e veredas.
Van mostrando el alegría
Con mucho plazer e canto.
Mopso.
Menalcas, tenlo por santo,
Que santo me parecía.
Menalcas,
Por tus sieruos e gañanes,
Ó buen Danés,
Á Dios ruega cada día,
Ruega, ruega todauía,
Por tus pastores e aldranes.
Cata, cata aquí entre nos
Quatro altares de notar,
Para te offrendar los dos,
Dos para seruir á Dios,
Por mejor assolazar:
E dos barreños de leche
Que aproueche
Para tus honras honrrar,
E azeyte te quiero dar,
Dos tagas con que te peche.
En tu memoria yo quiero
Hazerte cada año fiesta,
JUAN I>BL ENZÍNA: Gl
Combidar muy plazentero,
Tras fuego en frío tempero,
E á la sombra sí haze fíesta:
E de dulces vinos buenos,
Vasos llenos
Verteré con fe muy presta,
Prestamente sin requosta,
E antes de más que de menos.
Allí Dametas mateo
Ahotas que cantará,
E avn Egon con buen desseo
Y el pastor Alfesibeo
Sátiro semejará:
Siempre aquestos prometemos
Te daremos,
E cada año assí será.
Que á las nínphas se dará
Quando los campos cerquemos.
Mientra el jaualin crudío
Ha cariño del collado.
Mientra el pece quiere el río,
E las cigarras rocío.
Por el rastrojo y el prado:
Mientra pacen las ouejas
Tominejas,
Siempre tú serás loado,
Muy loado e alabado.
Con que gocen tus orejas.
Loado siempre serás:
Assí como Baco e Ceres,
Jus votos recibirás.
Cada año te offrendarás
62 LÍBICOS CASTELLANOS
De los hombres e mageres:
Daránte los labradores
Mili loores,
Con sus haziendas e aueres,
Para te dar más plazeres,
Plazeres mucho mayores.
¿Que donas te endonaré
Por tu buen cantar contento?
Que te juro e jurare
Que más gasajo tomé,
Que con siluo de buen viento:
Ni suenan tan plazenteras
Las riberas,
Quando el río correr siento
Por peñascos muy.sin tiento,
Entre valles é pedreras.
UtíM!i\a\ca&.
Mas yo te quiero endonar
Mí caramillo gracioso
Con que yo aprendí á cantar
El cantar e canticar
De aquel Condón hermoso:
Y el cantar de Melibeo
Según creo.
Que suena muy gasajoso,
Oasajoso e deleytoso,
Que me pone gran desseo.
1%!».
E tú tona mi cayado»
Oaes lo iMJor de nos bienes»
JUAN DEL BKZIN4 63
Bien ñudoso e bien herrado, '
Que avoque me fué demandado
No me lo sacó Antigenes:
Cn tiempo que con gran fe
Yo le amé;
Más si tú gana lo tienen,
Menalcas^ por él no penes,
Que luego te lo daré.
ÉGLOGA SEXTA
Argumento.
I
Donde se contiene la seta de los filósofos epicúreos que
creyeron ser los elementos criados de los átomos que en
Ja raya del sol parecen, e por consiguiente de Tos elemen-
tos todas las otras cosas. Contiene esso mismo muchas fá-
bulas e historias diuersas. Va aplicada á nuestro bienauen-
turado príncipe D. Joan; porque los pr/ncipes e reyes de-
uen ser en su mocedad instrutos en la filosofía y en las»
hazañas e ystorias de sus antepasados, para que sepan
apartar de sí lo malo y echar la mano á lo' bueno según
en los muy excelentes reyes sus padres se puede tomar
exemplo.
Prima shraeurío dignata est ludere versu, etc.
Mi primer musa Talía
Ha gasajo e alegría
Á Teócrito imitar,
E por las siluas morar
Sin empacho e medrosía:
Mas quando cantar quería
De batallas e de royes,
Á Febo no le plazía,
Antes luego me dezía:
Tyro, guarda tus greyes,
Tus ouejas e tus bueyes.
JUAN DEL BKZINA <)5
Dezía: guarda el ganado,
Tenlo gordo e bien guardado,
Canta cantos pastoriles,
Dexa las cosas sotiles,
Descruzía de tal cuydado:
Assí que por su mandado
Con el mí son pastoril
Cantaré y^o de buen grado,
Tú Don Juan serás loado
Por otros, después cien mil, .
En otro estilo gentil.
Si alguno mirar querrá, i
Avn los bosques hallará
Llenos de tus cantilenas,
Porque canto en que tú suenas
Á Dios le contentará:
E más gradosa será
La carta de tu nombrar,-
Más e más le agradará
Que cuantas acá verá, /
Mas por más te gasajar
Agora quiero cantar.
Leuantad vuestro saber^
Ó Musas para poder
Cantar en mi baxo estilo,
Quando Cromes e Mnasilo
Fueron á Sileno auen
Que ellas le uieron yazer
En vna cueua tendido,
Perturbado el entender,
Con el contino beuer
Del mucho vino beuido,
Con gran sueño amodorrido.-.
<»6 LÍlfOOS CÁSTELLASOS
Las guirnaldas por el suelo.
Desgreñado todo el pelo,
Dormiendo de tal manera.
El jarro á la cabecera
Por dormir con más consuelo:
T entraron aynqne á recelo
Los zagales do dormía,
E con sus befas sin duelo
Ataron al vegeznelo
Que borlan de él cada día,
Diziendo que cantaría.
Con estos dos mozaluillos
Temerosos e amarillos,
Egle se juntó adesoras,
E al viejo con muchas moras
Pintóle frente e carrillos:
Desque comentó á sentiUos,
Díxoles: ¿qué me posistes.
Qué cadenas ó qué grillo.*^?
Desatadme ya, carillos.
Pues me atastes e prendístcs,
Que bien basta que me vistes.
Los cantares que queréys
Escuchad e oyr los hey»,
Mas á la Musa maluada
Otra será su soldada,
Soncas porque no penséis:
Dicho lo que oydo haueys
Comentó el viejo su canto,
Allí entonces ¿qué díréys?
Fieras é Faunos verevs,
E robles gozarse tanto,
Que era vna cosa de espanto.
JUAN DEL BNZINA 67
/
Nunca vio tal gasajado
Aquel Parnasio collado
Con el su Phebo Cirreo,
Ni fué tanto con Orpheo,
Ismaro y Rodope asmado:
Que no fué jamás halli\do •
PIa2er de plazer tan lleno,
Quando el mundo fué gozado
En aquel tiempo passado
Con el canto de Sileno,
Cantador muy más que bueno.
Cantaua de qué manera
De los átomos saliera,
Al criar del mundo luego
Tierra, e aire, e agua, e fuego.
En la criación primera;
E también de cómo fuera
Hecho destos elementos,
Quanto después se hizif^ra
Y el mundo cómo creciera
Desde sus tiernos cimientos
En mayores fundamentos.
Cantaua de cómo el mar
Se quiso luego apartar,
E dexar la tierra aparte;
Cada cosa por tal arte
Su forma quiso tomar:
El sol comentó á alumbrar
Las tierras que se espantauan,
E las nuues á nublar,
Á llouer, á llouiznar,
Á montes se leuantauan
Por do animales andauan.
6$ LÍRICOS CASTELLANOS
E después también cantó
Las piedras que Pirra echó,
É las aves Caucáseas
É las flamas prometeas
Que Prometeo hurtó:
E con esto perjuntó
Cómo los nautas llamaban
Á Hylas que se perdió
Y en una fuente cayó:
, Las riberas resonaban,
Hylas, Hylas retumbaban.
E Pasife ser dichosa,
Si no supiera qué cosa
Fuera amor de blanco toro.
¡Ó muger digna de lloro,
Desdichada e dolorosal '
Que avnque por Juno sañosa
Las Proetides bramaron,
Ninguna fué desseosa
Ni do toros amorosa j <
Avnque vacas se euydaron
E los cuernos se atentaron^
E tú, muger desdichada,
Andas por montes errada
Tras un toro por le ver,
Y él no dexa de pacer
Ni por ti no se da nada :
Tú, triste, descarriada,
Y él por las yeruas tendido
So el enzina que le agrada,
Buscando buena majada
Por el jacinto florido
Ó con vacas encendido.
JüAN DEL E.NZINA 60
TÚ. dando, bozes tras él,
Más amarga que la hiél
Por los boscages corriendo,
<(Ninphas Diteas, diziendo,
En cerrad me esse cruel :
Si algunas pisadas del
Hallo á casso desastrado,
Rastreando por niuel
Lo veré en algún tropel
De vacas encariñado
Ó paciendo en algún prado.» '
E también, también caniaua
Cómo se marauillaua
La moQa muy corredera
De las ínanganns que viera
Que, al correr, Venus echaua,
E cantó cómo cercaua
Las hermanas de Fetón
El vello que encima estaua
De corteza que amargaua
Cantaua su conuersión
Las que en olmos bueltas son.
Cantaua con amorío •
Dñ Galo que cabe el río
De Par miso fué tomado
E de vna Musa lleuado
Con todo su poderío :
Por los montes en desuío
En Aonia lo lleuó
Donde el Febeo gentío
Le cantaua señorío.
Que todo se leuantó
Al tiempo quando él llegó.
7(^ líricos castellanos
C cantó como un pastor, '
' Las crines llenas de flor
E de apio coronado,
Tal cantar ha comentado
Comentando en tal tenor :
Las ninfas con mucho amor
Estos albogues te dan
Con que cantes á sabor,
Tú los toma sin temor,
Que muy bien se sonarán;
Su sonido es muy galán.
Aquestos don los que creo
Que dieron al viejo Ascreo
Conque de antes él tañía
E por los montes solfa
Cantando poner desseo,
E con ójstos, según veo,
Ternas comiendo e Vitoria
De aquel boscage Grineo
Que no aura soto Febeo
Donde Apollo en su memoria
Goze más que aquí de gloria.
¿Qué diré que ya no siento
Quien deuina tanto cuento
Quanto Sileno contó?
La Cila también mentó
La de Niso y su tormento,
La que se ciñe sin tiento
De perros e cosas feas,
La que causa perdimiento,
Gran temor e pensamiento
Á las ñaues e galeras
Que quebró las vlixeas.
JUAN DEL C.XZfNá
También se puso á contar
La mudanza y el mudar
De los miembros de Teseo,
Y el cruel manjar yteo
Que le dieron á cenar,
Hizo se lo aparejar
La triste de Filomena,
B cantaua en qué lugar
La cuñada fué forjar
Que en aue mudó su estrena
Andando volando en pena.
Aquel bienauen turado
Que Eurotas fué llamado,
Todo aquesto bien oyó.
Lo que Febo ressonó
En otro tiempo passado :
E mandó por su mandado
Los laureles aprender.
Aprenderlo pernotado.
Lo cantado e canticado
Para conoscér e ver
El saber de su saber.
Fin. .
Quando Sileno cantaua
En los valles retumbaua, '
Cantando por este modo
Hasta que el ganado todo
Ya recoger lo mandaua :
E por cuento se contaua
Ya que la noche venía;
Mas el cielo que escuchaua
Aquel dulzor que sonaua,
Muy forgado se partía
Porque el día fenecía.
EGLO&A SÉPTIMA
Arg^umento*
En la qual tres pastores se introducen, Melibeo e Cori-
dón e otro llamado Tyrses : de aquestos dos postreros,
cada qual, presumiendo de más sabio, cantauan muy á
porfía; e Melibeo, andando en busca de su ganado, se de-
tuuo á escuchar el canto por mandado de otro pastor que
se llamaua Danés. Esto se puede aplicar, entendiendo por
Danés á nuestro muy esclarecido príncipe D. Juan, que
goza e quiere que todos gozemos de ver las excelencias
que de sus padres, no sin méritos, los poetas e oradores
cantan, los quales, procurando unos á otros exceder en
esta égloga, muestran el gran gozo e alegría que tiene
cada reyno e señorío de aqu/BStos muy poderosos reyes
quando ellos en él están : e la soledad e tristeza que sien-
ten quando se parten : e Coridón„ en persona del autor de
aquesta obra, canta la soledad que Castilla sentía quando
los reyes iban á Aragón : e Tyrses, en nombre de los ara-
goneses, muestra quán-deseados allá los tenían, de mane-
ra que cada qual presume de tenerles más amor.
Forte sub argüía eonstderat iUce DaphniSj etc.
Melibeo,
Vino á caso e á sazón
Que estava Danés sentado
So una enzina de buen son,
Que Tyrses e Coridón
Recogeron su ganado :
V jiUAN DEL ENZr^íA 73
Tyrses chapadas ouejas,
Coridón cabras luzientes,
Ambos mogos ñorecientes
Y en cantar boze's parejas
Gomo Arcados respondientes.
Estando por aquí yo
Mis arrayhanes cubriendo,
Vn cabrón se me perdió,
£ Danés como' úíie vio,
Luego me llamó dizíendo:
<(0 Melibeo, anda acá
Si vagar tienes de veras,
Vente á estas solombreras;
Que no se te perderá
El cabrón ni las corderas.
Porque aquí por estos prados
Suelen venir á beuer,
Á beuer, acodiciados,
Los nouillos e ganados
Desque hartos de pacer,
E aquí Mincio verderío
Tiene riberas tendidas
Con cañas tiernas texidas
E anejas suenan sordío
En sacro roble metidas.»
Con esto que me decía
No sabía que hiciesse,
Alcípe me fallecía, .
Filis ajlá no tenía
Que los corderos cogesse :
Y estaua de fuerte modo
Coridón por apostar
Tomo Vil. 23
74 LÍRICOS CASTELLANOS
Con Tyrses sobre cantar;
Yo dexé el ganado todo
Con cariño de escuchar.
Comenzaron luego allí
Ambos sus trobas cantadas^
Cada qual su vez por sí;
Que á las musas place assí
Cantar el canto á vegadas;
Aquestos versos cantaua
Coridón muy á plaziente
E otros Tyrses otramente
En orden le replicaua •
Por este modo siguiente :
Coridón.
O vos, ninphas, nuestro abrigo
De la fuente de Lybetros,
Repartid tal don comigo,
Que, como Codro, mi amigo,
Sepa yo trobar los metros;
Que tan buenos versos haze,
Que ya Febo no le cede;
Mas si alcanzar no se puede,
Esta mi nauta me plaze
Que en este pino se os quede.
Tyrses»
O vos acá. Dios pastores,
Ornad mis nueuos cantares
Con yedra, me dad fauores.
Porque Codro con rencores I
Rebiente por los yjares.
JUAN DEL ENZINA 75
Si SU lengua maldiziente
Con color de me alabar
Ouísiere de mi burlar,
Poned bácare en mi frente,
Que no me puedan aojar.
Coridón,
Del jaualin que cacamos
Auras, Delia, de Micón
La cabera, e de los gamos
Los cuernos llenos de ramos
Si me otorgas este don :
De mármol te alabaré
Á las marauilias mil,
E buen borzeguí gentil
En las piernas te porné
De color de buen brasil.
Tyrses.
O Priapo,. ten por cierto *
Vn tarro bueno de leche
Cada año sin desconcierto,
Pues guardas mi pobre huerto
Y esto basta que te peche :
Tu vulto tengo labrado
De buen mármol por agora;
Mas si mi caudal mejora,
Haréte todo dorado
Queriendo Dios en buen hora.
Coridón,
Dulce me eres, Galathea,
Más que miel de tomillar.
76 LÍBICOS CÁSTKLLASOS
Blanca más qae el cisne sea.
Más hermosura te assea
Que á cualquiera yedra aluar.
Si por yo penar por ti
Se te pega algún cuydado
Al repastar el ganado,
Vente, vente para mí
Coridón tú enamorado.
Tyrses.
Yo te parezca" en tus ojos
Más amargo que el tomisco,
De más ásperos cordojos
Que las hortigas é abrojos -
Horribles de gran arrisco,
E de más poca valía
Que la yema más cuy dada
Si no siento más tardada
Que de un año en este día,
Yd bueyes, id ya á majada.
Coridón.
Vosotras, fuentes limosas,
Yerua más muelle que sueño,
Arboledas muy vmbrosas,
Quitad siestas calurosas
Á mi ganado estremeño :
Que ya viene á más andar
El estío muy tostado,
Las parras con gasajado
Comienzan de rebentar
Las gomas que ya han echado.
JUAN DEL ENZINA
Tyrses,
Aquí tengo en mis hogares
Gruessas teas e gran fuego,
Siempre los postes e llares
De muy gruessos hollinares
Cargados, juro á sant Eego,
Es mi cuydado tamaño
En curar del cierno frío,
Como el lobo muy hambrío
Suele curar del rebaño
E de riberas el río.
Coridón,
Téngole yo muy ahondo
Peruétanos e castañas
Esparzidas en redondo
De los árboles que ascondo
En mis erencias estrañas :
Agora en gran alegría
Todas las cosas estáh;
Mas si Alexis muy galán
Destos montes se desuía,
Los ríos se secarán.
Tyrses,
La tierra seca, perdida,
La yerua de sed se pierde^
La viña toda marrida;
Mas Filis con su venida
Todo lo tornará verde,
Buen Viento decenderá
Con agua muy gasajosa,
78 LÍBICOS CASTELLANOS
Toda cosa virtuosa
Con su venida verná
Que del bien no falte cosa.
Condón.
El álamo agrada Alcides,
E á Venus el arrayhán,
E á Baco parras e vides,
E al buen Febo e Perionides
Los laureles plazer dan :
E á Filis quien bien mirare
Los auellanos dan gloria
Y ellos leuan la vitoria
Mientra que ella los amare;
De los otros no ay memoria.
Tyrses,
En siluas, fresno es hermoso,
C por los huertos el pino,
Y en ríos oltno gracioso,
E abíes muy gasajoso
Por los montes de contino.
Si tú, Lycida, querrás
Yerme con ojos despiertos.
En las siluas y en los huertos
Fresno e pino vencerás:
Mis seruicios tienes ciertos.
Fin.
Melibeo.
Estas cánticas oí,
Según cada qual cantaua,
JNAN DEL BNZ1N4 79
E vencido á Tyrses vi ^
Y en su canto conocí
Que por demás apostaua:
Desde allí quedé agradado,
Que Coridón, Goridón
Me semeja buen garlón;
Porque canta repicado
Le tengo mucho afíición.
ÉGLOGA OCTAVA
Argumento.
Dirigida á nuestro bienauenturado príncipe D. Juan, en
la que- se introducen dos pastores, uno llamado Damón,
que cantando quexa los grandes tormentos e passiones que
sufría por amores de su amiga Nísa, la qual le posseya
otro pastor que llamauan Mopso, siendo muy feo e sin nin-
gún merecimiento. Esto se puede aplicar al muy crecido
amor que nuestro cristianísimo rey D. Hernando tenía con
la conquista del rey no de Granada, por lo sojuzgar e traer
al yogo de nuestra verdadera ley, penando muy sin me-
dida en verlo de paganos ocupado, señoreándolo rey es-
tranjero de nuestra fe, e muestra cómo luego en principio
desta guerra, pasados ya quasi doce años de su reinar en
Castilla, después que Alhama se tomó, estando muy ena-
morado de seguir la tal empresa, la primera vez que asen-
tó real sobre Loxa allí dexó parte de la flor de su gente^
donde murió el maestre de Calatraua e otros algunos con
él: lo qual en su corazón puso tan penado desseo por ven
gar aquellas muertes e acrecentar nuestra fe, que fasta
conseguir entera vitoría de todo el reyno no cessó de con-
quistar. El otro pastor, llamado Alfesibeo, cantaua unas
hechicerías y encantaciones que hazfa una mugor para
traer á sí á Danés, otro pastor enamorado suyo, pensando
que la tenía olvidada, lo qual podemos entender por el
gran tiempo que auía que el reyno de Granada esperaba
á nuestro muy victorioso rey Don Fernando e las hechizo-
rías que le hacía para más le acodiciar, permitiendo Dios
algunos furtunios e avn casos desastrados; assí como en
JUAN DEL ENZINA 81
las Lomas de Málaga, donde faé preso el conde de Cifuen-
tes e otros muchos caualleros é señores: e agora Granada,
viéndose inficionada de aquella maluada seta, cuenta de
cómo Mahoma le enseñó todos aquellos hechizos, porque
los moros dan fe mucho al exercício de la mágica sciencia.
Pastorum Muawn Damonis et Alphesibet, etc.
Del cantar áe los pastores
Alfesibeo e Damón
La nuuilla se embagaua
Asmada de sus dulzores,
Oteando su canción,
De pacer se le oluidaba:
Á las fieras espan'taua,
E á los ríos en" oteo
Sin correr hazía estar
El sonido que sonaua
De Damón e Alfesibeo,
De lo qual quiero cantar.
Tú, príncipe principado,
Hijo de reyes tan altos
Quanto jamás nunca fueron
Reyes de bien acabado,
Muy per fetos, nunca faltos,
Nunca tales dos so vieron.
-Pues tal príncipe nos dieron.
Siempre quiero ser tu esclauo;
Con. fe más que verdadera
Sírvante quantos nascieron,
Avn que vayas á Timauo
E á la Ylírica ribera.
82 LÍaiGOl^ GA8TKLLAHOS
Si aqael día ya yiniesse
Que tos hazañas contasse .
E tus hechos e Vitorias;
Si en tal edad ya te viesse,
Juro á diez, yo pregonasse
Por todo el mundo tus glorías:
Dígote que tus hystorías
Serán dinas de cantar
Por estilo sofocleo;
Cosas dinas de memorias
En ti quiero comentar
Porque goce mi desseo.
•
Reciba mi voluntad
Tu poderoso poder,
Tu perfeción y excelencia;
Confiando en tu bondad.
Quiere mi poco saber
Que te escriua con hemencia;
Toma de mi poca sciencia
Estos versos, e perdone
El primor de tus primores;
Déxame, con tu licencia,
Que de yedra te corone
Entre lauros vencedores.
Apenas la sombra fría
De la noche se apartaua,
Quando el alúa se alteraua
Ya quel rocío caía
Que á las reses agradaua
En la yerua pacedera:
Entonces, entonces era
Quando aquel Damón nombrado
Sus cantilenas cantó.
JUAN DEL BNZINA 83
Bien assí desta manera
Sobre un bordón arrimado
Boz en grito comengó.
Damón,
Nasce, nasce ya, lucero,
Venga presto tu venida,
Mientras mi querer se quexa
.Del amor crudío e fiero
De Nisa la mi querida >
Que sosegar no me dexa,
Pues mortalmente me aquexa:
A Dios quiero dar clamor,
Finalmente, que me ayude
E la acerque si se alexa,
E le ponga tal temor
Que á querer me se trasmude.
Tú, mi caramillo empieza
Á decir como yo digo
Versos menalios comigo.
Menalo tiene lugares
De boscages que resuenan,
E pinos que buen son dan;
Oye siempre los cantares
De los pastores que penan
Y enamorados están:
Oye también siempre á Pan,
El que en Arcadia inventó
Primero que en otra parte
El caramillo galán.
Aquel que no sintió
Los albogues ser sin arte.
Tú, mi caramillo, empieza
A dezir como yo, etc.
84 LÍRICOS GASTBLLAKOS
' A Mopso Nisa fué dada;
^ ¿Qué razón pudo juntallos?
¿Amadores, qué esperamos;
La contrariedad juntada.
Los grifos con los cauallos,
E con los perros los gamos?
¡O MopQo! corta, veamos,
Las hachas nueuas de tea;
Pues cobraste tal niuger,
Esparce nueces: digamos
Que ya el Héspero dessea
Yrse tras Eta á poner.
Tú, mi caramillo, empieza
Á dezir como, etc.
O mal empleada Nisa;
Tal varón meresces tú,
Pues que desprecias á todos.
Pues aburres por tal guisa:
Por quien no sabes quién fu
Desamparaste los godos;
Mis caramillos e modos
No te agradan de buen rejo;
Con mis cabras tienes yra;
Menosprecias más que lodos
Mis baruas e sobre cejo:
Cuydas que Dios no lo mira.
Tú, mi caramillo, empiega
A decir como, etc.
En nuestros huertos un día,
Tú, pequeña niña siendo.
Con tu madre yo te vi,
E avn era yo vuestra guía;
Andando fruta cogiendo
JUiN DEL EMZINA S5
De la más fresca te di:
E luego sentí de mi,
Avnque mogo de doze años
Que los ramos yo alcan^aua,
Cómo en verte me prendí
Con amores muy estraños:
Errado e perdido andaua.
Tú, mi caramillo, etc.
Agora sé qué es amor:
Vn gargón fiero en desseo
Contra los buenos amantes;
O criaron tal rigor
\ Yismaro e Rodope, creo,
O los duros garamantes:
Yo no sé si fueron antes
De ponzoñoso potage
Sus galardones tan llenos;
Sus engañosos semblantes
No son de nuestro linage
Ni de nuestra sangre menos.
Tú, mi caramillo, empie9a
Á dezir como, etc.
El amor cruel mostró
La madre ensuziar las manos
Con la sangre filial;
De la madre lo tomó
Ser sus hechos inhumanos.
Que eres tú su madre tal:
De vosotros no sé quál
« Juzgue ser el más cruel,
Tú su madre y él tu hijo.
Él es crudo e muy mortal,
Tú también menos que él:
86 líricos castellanos
Ambos soys de mal litijo.
Tú, mi caramillo, empieza
Á dezir como, etc.
Pues qae á Mopso Nisa quiso.
Corran ouejas á lobos,
Huyan de sus propias ganas,
Y el olmo lleue narciso,
Suden ámbar los escobos,
Echen los robles manganas,
E las vlulas búfanas
Como cisnes quieran ser,
E Tytiro como Orfeo,
Orfeo en siluas lozanas,
Y entre delfines tañer
Arión nombrado veo.
Tú, mi caramillo, etc.
Ya todo se torne mar,
Ya, siluas, quedar con Dios,
Nise, ya dexaros quiero.
Que en el mar me quiero echar:
Lo que passa aquí entre nos
Tomadlo por don postrero,
Que de amores yo me muero;
Ya mi muerte e omecillo
Viene por modos diuersos,
Que ya casi desespero:
Dexa ya, mi caramillo,
Dexa los menalios versos.
Esto todo ya contado t
Quanto darriba aueys vido
Es lo que dixo Damón,
Yn zagal bien repicado,
JUAN DEL ENZINA 87
Muy penado y encendido
De enamorada passión;
E pues Dios tal perfeción
En vosotras, musas, puso,
Recontad por dulce modo
La respuesta e la razón
Que Alfesibeo repuso:
No todos podemos todo.
Alfesibeo.
Trae, trae agua luego
E ciñe con tocas buenas \
Todos aquestos altares,
Y enciende con biuo fuego
Enciensos machos, verbenas,
Las que más gruesas hallares:
Anda presto, no te pares.
Que quiero esperimentar
Ynos hechizos que sé;
No faltan sino cantares
Para la fe. trastornar
Del que no me tiene fe.
Vosotras, encantaciones,
Á Danés acá me dad; ^
Sacadle de la ciudad.
Los cantos pueden traer
Desde los cielos primeros
Á la luna prestamente;
Con cantos mudó su ser
Circes á los compañeros
De aquel Ulixes prudente,
E cantando, la serpiente
Vencer se dexa en los prados
S8 LÍRICOS CASTELLANOS
De qualquier encantador;
E assí, por el consiguiente,
Los que son desamorados
Se vencerán del amor.
Vosotras, encantaciones,
Á Danés, etc.
Primeramente comiendo.
Porque vayan por más arte
Mis hechizos e mejores,
Estos tres lizos de liento;
Agora quiero cercarte
Con tfes diuersas colores:
Y, en nombre de mis amores.
Con esta ymagen rodeo
Tres vezes estos altares;
Que Dios goza más loores
E cumpla más el desseo
Con los números impares.
Vosotras, encantaciones, etc.
Amarilis, toma e ata
Aquestas colores tres
Con tres ñudos bien atados;
Ata presto, mira e cata
Que en atarlos no te estés,
E vayan muy añudados;
Aguza bien tus cuydados
En atarlos bien assí,
E no te tardes gran rato,
E antes que estén apretados
Aquestas palabras di:
Cadenas de Venus ato.
Vosotras, encantaciones, etc.
JUAN DEL ENZINA 89
Como aqueste barro endura
E se ablanda aquesta cera
£ todo con una lumbre,
Assí Danés con mesura
Ablanda e por mí se muera
£ con otras nunca en3umbre:
Derrama como es costumbre
Harina e sal con gran tema,
Y enciende mucho laurel
Con betumen porque ahimbre.
Pues Danés á mí me quema,
Yo quiero lauros por él.
Vosotras, encantaciones,
Á Danos acá, etc.
Tal amor vencido tenga
/ A Danés por mi querer
Que me quiera á marauilla
Y él mismo á buscarme venga,
Yo no cure de le ver
Ni quererle auer mánzilla :
Ande como la nouilla
Cuando algún nóuillo busc.a
Por los bosques, muy cansada,
Que de cansada arrodilla
E avnque la noche se enfosca
No cura buscar majada.
Vosotras, encantaciones,
A Danés acá, etc.
Aquel muy desamorado
Me dexó aquestos despojos.
Prendas quél mucho estímaua
Quedaron de lo passado
E ora yo con los enojos
Tomo Vn. 24
90 LÍBICOS CASTELLANOS
So el vmbral las soterraua .-
Pu^s él tanto las amaua
Ellas me darán á Danés
Si las quisier recobrar,
Mas ya mucho retardaua;
Que aquestas guerras e afane»
Ya deurían acabar.
Vosotras, encantaciones,
A Danés acá, etc.
Estas yeruas que me dieron
Son ponzoña todas ellas:
Aquel Meris me las dio,
E para mí se cogieron
En Ponto, que nacen dellas
Más que nadie nunca vio :
E vi muchas^ vezes yo
Con estas lobo tornarse
Meris por siluas e sierras,
E biuir quien ya murió,
E las sembradas mudarse
De vna tierra en otras tierras.
Vosotras, encantaciones^
A Danés acá, etc.
Amaríllis, Ueua á fuera
Para que á Danés empega
Esta encina caliente,
Y héohala de tal manera
Por detrás de la cabega
En algún río corriente :
Has de ser tan diligente
Que mirar atrás no oses
Porque venga sus porfía»;
Que se siente tan valiente
JUAN DEL ENZINA 91
Que no cura de mis dioses
Ni de mis hechízerías.
* Vosotras, encantacionesi
A Danés acá, etc.
Fin,
Mira que aquesta ceniza
Mientras llenar se tardó
Vna llama algo mortal
De suyo que me eneriza
Que los altares ardió,
No sé si es buena señal :
Hilas ladra en el vmbral,
Creo que, alguno está allí,
O me míente el corazón,
O los que de amor han mal
Fingen sueños ser assí
De las cosas que no son.
Vosotras, encantaciones,
A mi Dañes, etc.
ÉGLOGA NOVENA
Adonde se introducen dos pastores moros que camino
de Granada se encontraron. El vno, moro de allende que
Lycida se llamaua, el qual como que no supiera los triun-
fos e Vitorias de nuestros reyes, comenzó de preguntar al
otro que le dixesse para dónde caminaua, y el otro, llama-
do Meris, en cuya persona podemos entender el mesmo
Mahoma, como muy lastimado e triste, le respondió ser su
camino para la ciudad de Granada, pdr lleuar algún ser-
uício h reconoscimiento de seruidumbre á nuestros muy
poderosos príncipes D. Fernando e Doña Isabel, que ya
dentro de la ciudad estauan apoderados. E Lycida mués-
trase muy marauillado de tales nueuas, porque auía oído
dezir de muchos tiempos antiguos que Menalcas, otro pas-
tor, señoreaba toda aquella tierra; por el qual se entiende
el rey moro de Granada que en todos los reinos de allen-
de solía ser muy nombrado, de manera que Lycida no
puede creer auer hombre tan poderoso que á Menalcas
vencer pudiesse ; mas Meris, auiendo visto muchas seña-
les e agüeros de su perdición, temiendo que aquestos cris-
tianísimos reyes han de sojuzgar todos los reinos de su
seta, duélese en ver sus términos tan cercanos de los
nuestros, e querría e á siquiera tener cierto le dexaría un
solo lugar donde su seta quedasse. En fin, que Lycida,
después de auer auísado á Tytira'^astor como á rey más
comarcano de los de allende, para que procure seruir e
no enojar á nuestro rey D. Fernando, con mucha importu-
nación ruega á Meris que cantando le cuente las hazañas
del su rey de Granada con el nuestro de Castilla.
JUAN DEL ENZINA 93
Quo te Meris pedes ; an quo vía ducü in vrbem.
-Lydda,
¿A dónde aballas la pata
Meris, dime la verdad,
Dónde vas?
¿Dónde vas, di meló, cata?
¿Vas de cara la ciudad?
Di verás.
Meris.
O Lycida, ¿qué diré?
Quantas herencias me viste
Siendo biuo,
Quanto en mi vida gané
Me tomaron, e avn yo triste
Soy catino.
¡Qué cosa tan mala e fea
Cosa que nunca temimos
Ni pensamos.
Que vn estrangero possea
Lo que nosotros hezimos
'E ganamosl
Que vn estrangero nos diga:
Botad, viejos labradores,
Botad presto;
Que nos hephe con fatiga,
Nos diga siendo señores:
Mío es esto.
94 LiaiCOS CASTELLANOS
Agora tristes, malditos,
Vencidos que assí nos vemos
En tal mal,
Lleuamos estos cabritos ;
En mal hora se los demos
E avn en tal :
Pues á la fortuna plaze,
Que buelue todas las cosas
Con su rueda,
De fazer lo que ella ha2e,
Contra sus fuergas forzosas
No hay quien pueda.
Lycida.
Cierto ya yo aufa oydo
Todos aquestos lugares
Hasta el mar,
Vuestro Menalcas sabido
Regirlos con sus cantares
E guardar,
Desde donde los collados
Cuesta abaxo me semeja
Cómo va ;
Todos eran sus guardados
Hasta aquella haya vieja
Que allí está.
Yo bien creo que lo oyesses,
Tal fama solía ser,
Mas agora
Verías si bien supiesses
Que en nosotros tal poder
\
JUiN Í>EL B.NZINA 95
, Ya no mora :
Y^ nuestro cantar si oteas.
Tal valor Lycida tiene
Con carcomas,
Entre las marcias peleas
<}ual tienen sí aquila vi^ne,
Las palomas.
Lo qual si no me anisara
Desde la cóncaua encina
La corneja,
<}ue á la siniestra volara,
Tuuiéramos más mezquina
La pelleja :
<Jue si yo no conoscíera
£1 fin de las nueuas guerras
Según yua
Menalcas e avn yo muriera, '
Sin quedar en estas tierras
Cosa biua.
\, .
Lycida,
¡O qué mal tan fiero e crudo,
O qué desdicha tan fuerte
Que pudiesse
Auer hombre tan sañudo
Que á Menalcas dar la muerte
Se atreuiesel
¡O Menalcas mi dulgori
¡Que te pueda mal hazer
Ningún hombre!
Quien matasse tal pastor
Robaua nos tu plazer
Con tu nombre.
96 LÍRICOS CASTELLANOS
¿Quién ouiera que cantara
Ninfas e regara yflores
Florecientes,
Quién ouiera que plantara
Sombras verdes e frescores
Por las fuentes :
Quién ouiera que escriuiera
Los versos que te apañé
Poco auía,
Quando te partías fuera
Para Amarilis su fe
E avn la mía?
Tytlro, mientras yo vengo.
Las cabras Ileua á pacer,
No te tardes;
Que mi camino no es luengo,
E dales luego á beuer,
Mas no aguardes :
E procura entre éstas y éstos
Seruir al fuerte varón
Sin dentera;
Huye de estar en requestas.
Trátale de muy buen son,
No te hiera.
Meris,
Mas dime quién cantaría
Avn los versos que él canta ua
No limados,
Los que Menalcas hazía,
Estos que á Varro mostraua
No acabados :
Yerro si á Mantua me das»
Cisnes te pornán corona
JUAN DEL ENZINA 97
Hasta el cielo; • '
¡GHay de ti Mantua que estás
Tan vezina de Creraona,
Que te he duelol
Lycida,
Assí huyan tus abejas
Los texos porque aproueche.
Su buen pasto,
Assí tus vacas e ouejas
Con cítiso den la leche
Muy abasto :
Que comiences sin falseta
Si de tus cantares vsas
«
A cantar; '
Que yo también soy poeta
Que me mostraron las musas
A trobar.
E avn algunos versos hago
E me llaman los pastores
Trobfedor,
Mas yo dellos no me pago ,
Que bien se de los menores
Soy menor :
Que avn agora no son dinas
Mis trobas ni dan descanso
Que no se,
Para con Varro ni Ciñas;
Mas como cisnes con ganso
Gaznaré.
Meris,
Harto trabajo comigo,
Lycida, por me nembrar
98 LÍRICOS CASTELLANOS.
Algún canto,
De Menalcas nuestro abrigo;
Mas no puedo acordar
Que era espanto :
«Aquí te ven, Galatea,
Que en mar cosas plazenteras
No has de ver;
Ya el verano vermegea,
Que aquí verás las riberas
Florecer.
Aquí está vn álamo blanco .
En una cueua parrada
Muy sombría,
Vente aquí de tranco en tranco.
Que en el mar no gozas nada
De alegría :
Dexa ya las brauas ondas,
Hieran riberas del mar
E tú vente,
Que allá gasa jo no abondas
E aquí te podrás holgar
Reziamente.»
Lycida.
¿Que dizes que no te acuerdas?
No creo que tales versos
Los olvidas,
O tienes las mientas lerdas
O por lugares diuersos
Repartidas :
Pues avn yo, que soy más lerdo,
De vna noche clara e buena
Que cantauas.
JÜA^ DEL ENZINA '99
Del estío bien me acuerdo,
Pero no la cantilena
S f
Que lleuauaSi
Al principe.
Danés, que te estás mirando
en las antiguas hazañas,
Mira acá,
Las del Cesar Don Fernando
Rey de todas las Españas
Estas ha :
Estas son cosas de ver
Con que gozan los labrados
De las miesses,
E las vnas dan plazér
En los abrigos collados
Si las viesses.
Enxere, Danés, perales
Que tus nietos^ gozarán
De las peras,
E serán tantos e tales,
Quel mundo sojuzgarán
Muy de veras :
Enxere ya sin temor
En la hystoria de tu madre
Tus hystorias,
Comienga á ser vencedor
Que semeges á tu padre
Con Vitorias.
Meris á Lycida.
Todo lo quita la edad.
Que ya estoy desmemorado;
too LÍBICOS CASTELLANOS
Mira quanto
. Que te juró en mi verdad
Mil cantares he oluidado,
• Ya no canto:
Quando zagal yo solía
Repicarte dos mil trobas
Muy de grado,
Hasta que el sol se ponía^
Algunos lobos ó lobas
Me han aojado. ^
Mas conténtate con esto,
Bien basta lo que has oydo;
Juro á diez
No me acuerdo más de presto.
Yo estaré mejor prouido
Otra vez:
A Menalcas oyrás,
Muchas vezes te dirá
Mil cantares,
Muchas vezes le verás,
Mucho te contentará
Si escuchares.
Lycida.
¿Por qué te estás excusando,
Dilatando el dessear • ,
Que desseo
Gozar de estar escuchando
Tu cantar e resonar
Ques asseo?
Hora que está sosegada
La marea e todo. el mar
Sin rumor,
JUÁX DEL .ENZIRA fOt
De aquí es la media jornada;
Ya parece el monumento
De Bianor.
•
Aquí que los labi;adores
Cortan rama, demos gritos
E cantemos,
Pues somos buenos cantores;
Tú pon aquí tus cabritos,
Y empecemos:
Si temes agua venir
Que nos tome antes de rato,
No temamos:
Cantando podemos ir,
Yo te llenaré tu hato
Porque vamos.
Que si cantando entre nos
Caminamos con gasajo
De contino,
Yremos ambos á dos
Sin que sintamos trabajo
Del camino:
E si en aquesta arboleda
Quisieres por tu bondad
Que paremos.
Después harto tiempo queda
Para yr á la ciudati;
Descansemos.
Fin.
Meris.
Déxate desso, zagal,
Déxate de más querer ,
t02 LÍRICOS CASTELLANOS
Que tardamos,
Y en aqaeste temporal.
En lo que es más menester
Entendamos:
Los cantares muy mejor
Cantará quien biuo fuere
Si lo otea
Más aplazer e á sabor
Desque Menalcas yiniere,
E-assí sea.
V
ÉGLOGA DECIMA Y FINAL
Argfumento*
En la qual se cuentan vnos amores muy apassionados
que tenía el poeta Galo con su amiga Licoris, á cuya causa
él estaua tan triste e tan perdido, que ningún consuelo le
aprouechaua; los quales amores se pueden aplicar á la
más que aficionada fe que con nuestra esclarecida reyna
tienen los que están catiuos entre los moros de allende,
esperando ser redimidos con el poder de sus victorias e
que ella mesma en persona, assi como hizo sobre Málaga
e Granada, juntamente con el rey ha de.passar allá, po-
niendo esfuerzo á su gente con tanta diligencia e oracio-
nes, que con ayuda.de Dios su vencer será el rescate de
quantos catiuos allá están. Mas agora Galo, como en per-
sona dellos, muéstrase muy desconsolado porque se sonaua
e tenían por cierto que con algún rey no de acá se les atra-
uessaría guerra que su libertad retardasse, assí que Gala
combatido de aquexados pensamientos, unas veces como
muy desesperado se quexa mostrando que quisiera ser de
tan baxa suerte e condición que amor de tan altos reyes
no le traxera á ponerse donde le pudieran catiuar, e otras
veces se muestra con tan crecida esperanza que, aunque
lo teme, no puede creer ninguna guerra de acá pueda es-
tornar la conquista de allende> antes se le antoja que ya
libertado goza de triunphos e Vitorias con mucho plazer e
alegría. E otras veces parece que se le torna amortiguar su
esperanza, la qual espero yo en Dios veremos presto com-
plída.
404 ÚRICOS CASTELLANOS
Extremum htine Arethusa mihi concede labore m,
TÚ me concede, Arethusa,
Aqueste postrer trabajo
Porque escriua con gasajo
De Galo que amores vsa.
Licoris la que él dessea
Porque lea
Mi cantar ya no se excusa,
Que en Galo muy bien se emplea.
Allí Dios te dexe andar
Quando corras e te as^condas
Debaxo sicanas hondas
Sin Doris se te mezclar.
Sin mezclar amargor malo;
Que de Galo
Comiences cantar su amar,
Cantemos sin ínter uallo.
Cantemos de sus amores
Mientras mis cabras chapadas
Las narizes arrufadas
Pacen las yeruas e flores:
Pues que no á sordos cantamos
Si miramos
Las siluas e los verdores
Responderán si sonamos.
¿Qué boscajes e qué sierras,
Ó ninfas, os han tenido
Que jamás no aueys venido
Ni assomado en estas tierras?
¿No venís á consolar
E ayudar
JUAN DBL ENZINÁ 405
Á Galo, que tiene guerras
Con amor de gran penar?
Ni os detuuo aquel collado
Del monte parnasio lindo,
Ni os hizo tardar el Pindó
Ni Aganipe os ha tardado:
Los lauros e las yniestas
Muy más prestas
De manzillas le han llorado
A botas con tristes gestas.
Ménalo lleno de pinos,
Miefe, tstmbién le lloró
So vna peña que le hallo
Con tormentos muy continos;
Los peñascos de Liceo
También creo
Llorando con lloros finos
\ Por amor de su desseo.
Las ouejas te rodean,
'O poeta deuinal,
No te pese de lo tal,
Pues ellas verte dessean:
Adonis galante vio.
Mas guardó
Ouejas que no le afean
E al río las pascentó.
^ Viniéronte auer pastores,
Los pastores e vaqueros.
Los vaqueros e porqueros,
E otros más consoladores:
E Menalcas muy abotas
Tomo VIL 25
406 LÍBICOS CASTELLANOS
Con bellotas,
E .todos de tusfdolpres
Preguntándote mil notas.
Apolo te vino á ver
E te dixo manzilioso;
Galo, ¿por qué estás penoso.
Por qué quieres padecer?
Que Licoris tu cuydado
Te ha oluidado;
Sigue á otro su querer
Por las nieues muy de gradou
También te vino Siluano
Con campesina corona,
Sacudiendo su persona
Cañas lirios en la mano:
Pan arcadio más bermejo
Del consejo
Vino^ dixo muy lozano:
¿Qué aprouecha aquí consejo?
¿Qué aprouecha consolar?
Que el amor es tan cruel
Que al más más sujeto á él
Jamás harta de llorar:
Ni jamás yerua se enoja
Do se moja,
Ni abejas en tomillar
Ni cabras en pacer hoja.
Dixo el triste Galo allí:
Arcadíos, pues soys cantores,
Cantaréys estos amoi^s
En vuestrcs montes de mí;
J
N
r.
,JtJAN D8L EKZIN4 407
Que si vuestra flauta suena
" Mi gran pena
Haréys mis huessos assí
Que sientan holgura buena.
E avn pluguiera á Dios que fuera,
Como vosotros, vaquero,
O pastor ó viñadero,
Que cierto ii^s me pluguiera,
O con Filis amador
Con fauor, <?
O con Aminta siquiena,
O con otro algún amor.
Porque Amintas siendo Éiiía,
Por muy negra que ella fuesse.
Doquiera que yo estuuiesse,
Ya oomígo la temía;
Bien parecen las violetas
Aunque prietas.
Filis befas me daría
£ Amintas mil chanconetas.
Aquí están fuentes muy frías,
Lycores, y muelles prados,
£ buenos bosques chapados.
Ven e acaba aquí mis días:
Agora que el amorío
Muy crudío iy
En armas fieras crudías
Me detiene sin desuío. V
Tú lexos de aquesta tierra
E avn no lo puedo creer
Que sin mí te puedas ver
408 LÍBICOS GAST1U.LAK0S
Passando níeues de sierra:
jAy que los fríos del Reno
Temo e peno
No temperan e den guerraf
¡Ay quel yelo no tes buenol
Iré yo que cantaré
Mis versos en tu seruicio
E por estilQ teocricio
Con la flauta tañeré
De aquel síeulo pastor;
Con heruor
Cierto yo padeceré
Entre fieras sin temor.
E mis amores porné
Con los árboles más bellos:
Irán creciendo con ellos
Los amores e la fé;
Y entre tanto por los cerros
Con mis perros
Jaualines cacaré
Cercando yermos destierros.
Que ya me semeja que ando
Por los bosques^ á cagar
E he gasajo ya de andar
Con arco parto tirando:
Bien como si á mi tristura
Fuesse cura
O si el amor fuesse blando.
Y en él ouiesse cordura.
Ya las ninphas no me plaze
Ni tampoco los cantares,
J'JIN DEL EXZINA 409
Según pesan mis pesares,
Ni siluas me satisfazen
Mis trabajos trabajar
E penar,
Mas ninguna mella hazen
Ni pueden amor mudar.
Ni avnque el Ebro yo gustase
Con fríos muy trabajosos
Y en los yuiernos Huwiosos
).as nieves tracias passasse:
Ni avnque el ganado boluiesse
Donde fuesse
Quando la vid se secasse,
Yo librar no me pudiesse.
Todo lo vence el amor
Que en qualquier lugar está,
E á mí de fuerca me va
De tenerle por señor:
Que es forgíado obedecer
E querer,
Pues se esfuerza mí dolor
Dar lugar á su poder.
Musas bienauen turadas,
Basta ya lo que ha cantado
Vuestro poeta sentado;
Texé cesticas chapadas,
Vosotras á gala hareys
Si quereys
Estas cosas ser nombradas
E las engrandeceréys.
Daréys á Galo esperanza.
Cuyo amor siempre en mí mora.
440 LÍRCCOS CASTELLANOS
E tanto crece cada hora
Quanto aquexa la tardanza:
Su creer es muy búfano,
No liuiano,
Tanto crece e se abalanza
Como el olmo en el verano.
\
Fin,
Ya me quiero leuantar,
Que la sombra es enfadosa
£ suele ser graue C9sa ^
A los que suelen cantar:
Ni á mieses proueeho tiene,
Ni conuiene;
Andad, cabras, al lugar,
Que ya la noche se viene.
índice
*
PAGINAS
I.—Jaan del Enzina. i
II. — La poesía castellana en Portugal. — Los
poetas bilinfi:(les del Cancionero de Be-
sende, .* ci
III.— Gil Vicente clxiii
IV. — La poesía castellana en los^reinos de la
Corona de Aragón. — Poetas bilingües
en Valencia y Cataluña. — Poetas ara-
goneses. — El Cancionero de Urrea. . . . ccxxvi
Imitación de las Églogas de Virgilio por Juan
del Enzina . . . ; S